abril 26, 2012

MARTES ESCUCHANDO A TCHAIKOVKY / ARMANDO ARTEAGA


 Imagen: José Diez.


 MARTES ESCUCHANDO A TCHAIKOVKY / ARMANDO ARTEAGA

¿De qué color es el tiempo?.
¿Cómo se llama la muerte?.
¿A qué viene el intruso señor Tedio?.
               
Me pregunto esta mañana
sin discurso, y antes de entrar al baño
mientras me afeito y me cepillo los dientes.

¿Qué noticias traerán hoy
-día de muertos-
los periódicos?.
¿Cuantos suicidas van a incrementar
la Antología de Poetas Suicidas?.
A estas alturas
Me olvido de mi nombre.

Un tranvía llamado deseo.
Un hombre llamado caballo.
La dama del perrito.
Redes para captar la nube.

Todos libros míos asumiendo el polvo
de mis preguntas. No tengo plumero.
Ya sin respuesta exacta voy en el dilema
de un desayuno rápido y sincero
para seguir la duda
de escribir -al rojo vivo- de este tiempo:
piedras, silencios, perfumes, primaveras
y palabras, materias de  las que están llenas los edificios
de este burgo, el pan, mis paltas.
Las silvestres mentiras de las fresas.
Poesía del poeta sin poemas.




 Imagen: Armand.

abril 21, 2012

HOY ME DECLARO SALVAJE / JOSÉ DIEZ

¡AY, MUERTE! ESPELUZNANTE Y LOCA
VAS TEJIENDO EN TUS REDES EL OLVIDO.
EN ELLA ATRAPAS TODO LO VIVIDO
HASTA EL ABSURDO PENSAR QUE ME SOFOCA.
atawallpac


Homenaje a los indios de Norteamérica.
A mi padre.
Y al poeta Alejandro Romualdo.

Escrito el 17 de abril 2012


JOSÉ DIEZ

POEMA

HOY ME DECLARO SALVAJE



Públicamente...un salvaje completo.

Vivo entre animales domesticados con astucia,
neuróticos e inteligentes desde 1948.

Son fieras categóricamente racionales, en estas
sociedades civilizadas, cultas y modernas.

Viven seguros portando su AK-47 y sus caza-
bombarderos F14-15-16 y los temibles Phantom,
el júbilo creado.

Los demonios sensibles recorren mis venas
y me alucinan excitados de grandeza y horror.

Ríos de halógenos surcan mi cuerpo.

Me transparento y resplandezco como un fantasma
de avisos luminosos en la espesa jungla de comercios
y negocios de ayer y de hoy.

Entre la híbrida temperatura de la maleza muestro
mis colmillos que arden por el intenso fuego interior.

Mis garras persistentes rasgan murallas celestiales
donde naufraga la memoria, el olvido, el recuerdo,
el dulce amor.

Soy un salvaje ante la imaginación que nos condena
a vivir de esta manera, estoy seguro.

Con el divino placer soy un maldito.
Soy la bestia de cada día, horas y minutos, porque me
negaron disfrutarla en el sentido más puro.

Mis versos tienen heridas de cuchillo.

Se siente el golpe del machete abrir caminos
en la aturdida selva de este siglo.

El mundo aborta las contradicciones propias
de su enfermedad.
El diagnóstico a su obra dramática, obstinada
de ideas absurdas.

A los caprichos maniáticos y ortodoxos de la mente
ante el cobarde estilo de modernidad que imponen
los heterodoxos y subnormales anglosajones
de doble filo.

Hay que imitar o hay que ser originales.

Para imitar hay que lamer el culo a dios, a marx,
a los católicos, a los comunistas, al poder, a los señores
de la dialéctica.
Rendir culto a los apóstoles, a las masas,
a las fosas comunes.

De lo contrario no perteneces al reino de los originales.

A los confabuladores de las comunicaciones restringidas.
Al capitalismo de beatos y carniceros.
A la sucia política internacional.
Al diluvio de embargos que imponen los demócratas.
A los putos cruceros de verano, el holocausto total.

Originales confiscando las cuentas de los “dictadores”
a Hussein, Gadaffi, Bin laden, Noriega, García,
Somoza, Marcos, Chauchescu.
A mafiosos como Escobar, mosca loca, los hermanos
Ochoa y puntos suspensivos

Y seguiré siendo un salvaje sin haber enloquecido
entre neuróticos, contradictorios e inteligentes
desde 1948.
Por eso soy salvaje y soy propio.


Armando Arteaga, José Diez, Alberto Colán

abril 17, 2012

EMILIO SALDARRIAGA GARCIA Y EL GRUPO LITERARIO "LIBERACIÒN" / ARMANDO ARTEAGA

LA LITERATURA EN PIURA

Ponencia: I Congreso del Consejo Hispanoamericano de Artes y Letras  
15-17 de Agosto del 2008
Piura-Perú. 

Gutierrez, Briceño, Cortés, Arteaga: I Congreso del Consejo Hispanoamericano de Artes y Letras 


EMILIO SALDARRIAGA GARCIA Y EL GRUPO LITERARIO "LIBERACIÒN".

Por Armando Arteaga

Por motivo del 126º Aniversario de la creación política de la provincia de Ayabaca, fui invitado para la presentación de mi libro “Los orígenes formativos de Ayabaca”, editado por la UNI., y la Municipalidad Provincial de Ayabaca, a fines de 1987.

Al pasar, rumbo hacia la sierra de Ayabaca, por la calurosa Sullana, por no sé qué razón muy especial, y tal vez, por algo sentimental, quise dejar algunos ejemplares de este libro acerca de la historia de Ayabaca, para los anaqueles de la Biblioteca Municipal de Sullana. Aún recuerdo, este detalle, de esta rápida visita realizada hacia el recinto de la destartalada Biblioteca Municipal de Sullana.

Recuerdo haber sido acompañando por mi tío Leonardo Núñez Palacios (hermano de mi madre Dolores), quien gentilmente concurrió conmigo a esa aventura, algo disparatada, motivada por mi desvergonzado entusiasmo de novel escribiente. El binomio: tío y sobrino, desfiló en aquella oportunidad, como en imágenes de cine mudo que tiene algo de un gag impromptu del neorrealismo italiano, y en blanco y negro. Y que, ahora, ad libitum: me parecen imágenes de una escena notoriamente provinciana y nostálgica, cuando echamos cuesta abajo por las bucólicas calles de Sullana (La Perla del Chira), cargando en nuestros brazos varios paquetes de libros que esa mañana llevamos para aquella desavenida biblioteca. Asunto que, por momentos, me parece, mirando hacia atrás: algo birrio, a la distancia, fomentado por mi irreverente esnobismo literario de entonces: caminata de varias cuadras que realizamos con un entusiasmo de ceremonia ritual, y del convencimiento: que son los libros -esos agentes intrusos-, los que enriquecen el contenido total de una biblioteca en cualquier parte del mundo, y que son sus lectores, los que se benefician con ese contenido de los libros. 


Cuál sería mi fructífera sorpresa esa mañana alborotada, por la inesperada presencia de estos dos extravagantes visitantes, diplomáticos de alguna lejana teneduría imaginaria de Babel, encontrar al poeta talareño Don Emilio Saldarriaga García entre los lectores de aquella franciscana, medrosa y distraída Sala de Lectura de la Biblioteca Municipal de Sullana, quien además para mi suerte: era amigo personal de mi tío Leobardo Núñez Palacios. Siendo él, quien me presentó ipso facto: a este legendario personaje.

 Este encuentro, misterioso y fallido, con el poeta Saldarriaga (nacido en Talara: 06-10-1920, y fallecido en Sullana: 05-04-1990), y que, varios años después me empuja a escribir, y a pronunciar este simbólico miserere del recuerdo para que la gente más joven conozca sus hazañas literarias, trajo inmediatamente hacia mi memoria algunas imágenes de mi infancia piurana. Esa parte de mi vida -más omnipresente- que he pasado divagando hasta este renglón de mi inconfidente etapa estudiantil universitaria -y desde hace mucho tiempo- acerca de los rústicos, pero contundentes, libros de la poesía social de Saldarriaga, y de los acérrimos poetas del Grupo Literario Liberación: el olvido en la literatura suele ser un duro látigo con indiferencia acumulada.

Era cierto, el personaje, intelectual y luchador social, que representa Saldarriaga, por momentos, opaca y diluye la imagen, para algunos: dimorfa, del poeta. Ese gran poeta del “sencillismo” literario piurano. El “sencillismo” es una escuela de extenso raigambre y contenido descifrable dentro de la poesía piurana compitiendo siempre con el racionalismo existencial vigente de la poesía contemporánea, otorgándole un sentido emocional y una expresión de lirismo. Pero, el personaje, escritor comprometido, ésta lleno de humanidad. Aunque, áspero poeta, como lo han resaltado malévolamente, sin ninguna ingenuidad, algunos críticos lenguaces: que de críticos tienen solo la lentejuela del lenocinio y la mala lengua, para disminuirlo, para hacerlo in icono mínimum, para echarlo al olvido dentro del parnaso literario piurano. Esas diminutivas expresiones sobre su obra poética pasan, a partir de ahora, como misceláneas literarias de la incomprensión, son desacertadas injurias, contra un hombre de letras, contra un intelectual a la prueba de fuego: un autodidacta. Su obra literaria y política, ocupa una parte importante de la historia de la literatura piurana y de la historia de las luchas reivindicatorias del proletariado petrolero talareño.

  Saldarriaga: apunte de Jorge Burgos 70.

Por todo esto, a ese instante de mi encuentro fugaz e inédito en aquella mañana sullanense con Saldarriaga, que me resultaba sorprendente, estar frente a un personaje mítico, una leyenda en vida. Además, yo había vivido, en una parte de mi infancia en la casa de la abuela Carmen, en Sullana, hojeando sus “Versos Sencillos” (1952), tomados de un viejo estante biblioteca de la sala de la casa familiar de la calle Ugarte, del lado antecesor materno.

Los “Versos Sencillos” de Saldarriaga: “en el papel verano”, siempre los he asociado al suceso de mirar, en esa sala de la casa familiar, el retrato del abuelo Don Ramón Núñez Luna: desde cuyos ojos irradiaba una luz muy especial, casi metafísica. Mientras husmeaba otras revistas y papeles donde alguna vez fui aprendiendo acerca de las hazañas sindicales de Sinforoso Benítez Algalobos y de Alejandro Taboada Crisanto. Memorable río de palabras que fui escuchando de parientes y de vecinos cercanos al entorno familiar de Don Ramón Núñez, quien había sido un impecable técnico y trabajador petrolero. Ya había fallecido, hace buen tiempo, pero fue testigo presencial de esa parte de la historia talareña, hoy apenas recordada por pocos.

Hildebrando Castro Pozo y Sinforoso Benítez.  Socialismo peruano y piurano.


Haré un margen para decir algo sobre Sinforoso Benítez, quien abre la puerta de la historia del movimiento proletario petrolero talareño que más tarde va a sopesar: el suasorio de esta poesía social de Saldarriaga. Es Sinforoso, un espartano luchador social de los campesinos yanaconas piuranos y del proletariado petrolero talareño, ligado a los inicios del socialismo de Hildelbrando Castro Pozo y de Luciano Castillo, líder sindical perseguido por las dictaduras de todo pelaje y por las componendas de todas esas épocas difíciles de contubernio político. En su largo batallar, Sinforoso alternó situaciones de riesgo de vida con Froilán Alama (personaje retomado en la novela “Froilán Alama, el bandolero” (1975) de Carlos Espinoza León, y "El Gran Bandolero Froilán Alama" de Raúl-Estuardo Cornejo).



Froilán Alama se conoció con Sinforoso Benítez.  Froilán Alama,  ha inspirado dos novelas,  en torno a la semblanza de su personaje, de dos escritores piuranos: Carlos Espinoza León y Raúl-Estuardo Cornejo.

Y, en una de las tantas arbitrarias deportaciones que padeció, sucedió también este episodio: en un barco noruego, hacia Guayaquil, fue asistido con una ayuda económica por el poeta José Santos Chocano, mientras viaja a Colombia invitado a presenciar la coronación del poeta Flores. El poeta de “Oro de Indias” al comprender la situación de injusticia y de represión social que se le aplicaba a Sinforoso, lo recomendó con ciertas autoridades y amistades que tenia en el Guayas. 
 
Sinforoso se encontró un día con Froilán Alama y con Chocano: en varios de sus avatares políticos.

Sinforoso gustaba de los poemas de Federico García Lorca, y cantaba las canciones de la guerra civil española. De estos avatares de Sinforoso dan testimonios los libros de Dagoberto Torres y de A. Humberto Velarde. Sinforoso es el precursor de la protesta social y literaria que lideró más tarde Saldarriaga.

Jacobo Cruz Villegas: maestro e historiador de "Catac Ccaos"
 
Otros de los episodios que destacan como antecedentes a la presencia de la poesía Saldarriaga, son los acontecimientos de la huelga petrolera de 1931. Ese movimiento fue encarnado por el mártir petrolero Alejandro Taboada Crisanto, y fue el elemento continuador de las hazañas de lucha social que encabezó más tarde Sinforoso. De estos sucesos que cuentan los acontecimientos del sindicalismo talareño de Alejandro Taboada Crisanto, son varias las paginas impresas por varios escritores locales y foráneos que se han ocupado de esta época social, y a quien Saldarriaga dedicaría mas tarde un libro de poesía “Elegía…” sobre este mártir talareño. Y de quien, con acierto, se ha ocupado también del mismo tema: Don Jacobo Cruz Villegas en su libro “Catac Ccaos” (1982), donde se ha realizado un “testamento abierto literario” de esa masacre fatídica. Lo mismo que, en la novela “Jijuneta y Alma Mía” de Víctor Borrero Vargas, donde se exaltan y se perennizan recuerdos. Se da también, un episodio traído del vox pópuli transformado en inolvidable anécdota, en otra novela sobre Talara, “Así es la pena en el paraíso” (1983) de Carlos Calderón Fajardo, donde aparece Saldarriaga con esta semblanza: “El poeta Emilio Saldarriaga, que dirigía el Grupo Liberación y que vivía dando clases de mecanografía, le dedicó una oda lírica a su belleza”.


Dos novelas sobre Talara y la IPC.

Fidel y Velasco: socialismo .

Es así, que sobre este proceso de lucha social del proletariado talareño, y sobre Saldarriaga, existen muchas versiones, y sucesos: el más caro, que va a terminar con la expulsión de la IPC. del país, y con la revolución de los militares nacionalistas que encabezó el general Juan Velasco Alvarado.

Velasco: en olor a multitud.

Saldarriaga ha sido para el imaginario popular piurano siempre un poeta de los más representativos, aunque sus “Versos Sencillos” (1952), los conocen muy pocos. Y, es este personaje algo mitológico de la historia de la poesía piurana ligada a la historia del sindicalismo petrolero talareño, este viejo “lobo estepario”, que ahora tenía frente a mí, conversando, animadamente. Así fue que estuve, de pura casualidad, frente a este legendario personaje histórico, poeta, intelectual autodidacta, y luchador social. Saldarriaga ya andaba algo achacoso para entonces, pero seguía dándole al vicio de la lectura de los libros raros, mejor si eran de poesía, emoción alturada de sus palabras que automáticamente comprendí y celebré obsequiándole “Los orígenes formativos de Ayabaca” (1986), además de mi primer libro de poesía “Callejón sin salida” (1986).

Echamos una conversación muy rápida en un aparte del mediodía sullanense. Por esos detalles difíciles de la vida, Saldarriaga había recalado antes como bibliotecario –para ganarse los garbanzos- en la Biblioteca Municipal de Talara, pero ahora en el reposo del guerrero, ya en sus cuarteles de invierno, leía todavía con gran pasión en esta Biblioteca Municipal de Sullana. No ha podido zafarse de los libros –me decía-. Pero, ya andaba retirado de todo bullicio del mundo, venia solo a leer a esta biblioteca, y a conversar con algunos amigos, rara vez lo rodeaban los jóvenes estudiantes del Colegio Salaverry para hacerle preguntas difíciles que él contestaba con mucha paciencia. La vida le parecía aburrida, sin cultura, y solo los libros lo entretenían, lo sacaban de la abulia y de la prosaica manera tan vulgar de vivir que tiene algunos terrestres y otros pedestres sacrílegos, seguidores de cierto fariseísmo sin Cristo. Así mismo asumía la crítica como forma de la razón pura de vivir.

Fue en esta conversación muy rápida y espontánea, acompañada de una “primera” de cañazo mezclada con cremolada de tamarindo, unos tamales verdes, y unas lonjas de pavo, que nos enredamos en aquella conversación que aún recuerdo. Algo sonrojado por mis comentarios sobre lo que decía, me daba respuestas cortas a mis pesadas preguntas, esa mañana que lo abordé para preguntarle por el Grupo Literario Liberación. Ha pasado mucho tiempo de eso, le reprochó al tiempo.

Genaro Carnero Checa: Lucha nacionalista por el petróleo de Talara.

Escribo, todo esto, con un afán de reivindicación: para con la obra poética de Saldarriaga y para con las hazañas literarias locales de sus compañeros del Grupo Literario Liberación, que lo acompañaron en su aventura de agitación cultural anti-imperialista. Eran, entre otros, recuerda estoicamente: Danilo Valladares, Agustín Silva, Juan Palacios Moscol, Alberto Mazza López, Eduardo Farro Castillo, Guillermo Carnero Hoke: (“Crecimiento de la palabra (1940), Agrocantos (1945), “Poemas de un desterrado aprista” (1942), “Epopeya de Atahualpa” 1944), y la antología “Portada de fe” (1944), donde también aparecen poemas suyos), Lina Burneo, Julio Alarcón Carrera, y Eusebio Arias Vivanco, los llamados “poetas petroleros”. 

Habló, de la misma manera, de Genaro Carnero Checa, alabándolo por ser consecuente con la causa de los trabajadores petroleros, al autor de “Corazón bandera” (1960) y de “Los Peces Infernales” (México, 1979), llamándolo “El Negro”. Y, de su hermano Luís Carnero Checa, a quien consideró uno de los poetas más representativos de la poesía social de Piura, por sus libros: “Estancia de la voz” (1941), “Constancia del gesto” (1941), “La ciudad profunda” (1958), los “Poemas leales” (1944), y sonrió al citar: “Poesía y papel sellado” (1960), obra maestra.


Luís Carnero Checa: Poeta social y su obra maestra: "Poesía y papel sellado".

Poesía del desencanto, la de Saldarriaga, que había seguido a través de algunos contactos literarios desde la cada vez más americanizada y cosmopolita ciudad de Talara, la polémica literaria entre “floridistas” y “boedos”, por eso adoptó como pose literaria el “sencillismo” tardío de Baldomero Fernández Moreno, al publicar sus “Versos sencillos” luego de probar suerte con la novela “Los amantes” (1950). La influencia del “sencillismo” argentino venia acompañada de su entusiasmo por Oliverio Girando y por Macedonio Fernández. Su poesía asumiría después un protagonismo humanista, de versos cortos y libres. Pasando por los predios de Vladimir Maiakovski, Sergio Esenin, Bertolt Brecht, Nazım Hikmet, y Marcos Ana.

Hijo de aquel ahondamiento del estado de depresión y pesimismo de la posguerra europea, vio aparecer el cosmopolitismo del “boom” petrolero en la ciudad de Talara y el "American way of life" que empezaba a imponerse como forma de vida, ver las fotos del libro “Ensayo Histórico Geográfico de Talara y sus Distritos” de Baudilio Chapilliquen Chapilliquen, así como la amargura de la penetración imperialista de la Standard Oil, ávida de chuparse hasta la última gota del petróleo talareño. Empieza en él, como poeta, una toma de conciencia crítica frente a esta actitud prepotente de esta empresa norteamericana para con el pueblo talareño y los trabajadores petroleros.

La obra de Saldarriaga es extensa, llena de varios libros recordados, muchos de ellos editados a mimeógrafo: “Poemas selectos” (1955), “Poema de un Adolescente” (Trujillo, 1966) con Prólogo de Henri des Lescoët, “Petróleo” (Trujillo, 1967), “Renacer” (Quito, 1967), “Poetas Petroleros” (Talara, 1067), Símbolos y Trompos” (Trujillo, 1968) con Prólogo de Miguel A. Varillas, “El” (Piura, 1969), “Réquiem Para El Ángel Barbado” (Talara, 1971), “Elegía a Alejandro Taboada” (Talara, 1976) con la "Presentación de Luís Ricardo Furlán" e ilustraciones de Agustín Silva, y por ultimo “Dorian” (El Ángel Indómito) editado en Sullana, en 1979. Saldarriaga fundó el Grupo Literario Liberación el 1ro. de Julio de 1956, convirtiéndose este grupo literario en el primero conformado desde sus inicios por trabajadores, mucho antes que el Grupo Primero de Mayo de Víctor Mazzi. Pruebas al canto, la mejor manera de recordar al poeta Emilio Saldarriaga García, es entrando "de llano" al esplendor de su propia poesía. Veamos, por ejemplo, este “Poema”, dedicado a Julio Arpistidis:

Este verso mío
que escribe este verano
en el papel verano
en el papel muerto,
verso triste,
verso inédito del presente
verso que se avergüenza
de llorar la lágrima de su tiempo.

Verso rebelde,
verso de soledad,
verso que le duele mucho al corazón
verso que protesta
verso que no se arrodilla
ante los poderosos
verso mío para los pobres
verso mío para los niños del mundo
verso en fin verso,

Verso rebelde, soberbio, solo,
verso sin banderas, sin fronteras,
verso lleno de amor, para todos,
verso en fin verso

Saludamos el protagonismo histórico de esta transparente y robusta poesía de Saldarriaga, llena de contradicciones humanas, como una parte importante de la poesía piurana, y como uno de los más altos exponentes de la “poesía social” latinoamericana. 


 Talara, provincia petrolera de Piura, distrito de El Alto: muestra como parte de su paisaje, estos "martillo" o "caballitos" o "burritos",  con lo que se extrae el Petróleo frente al mar piurano, imágenes que aún quedan de la devoradora obsesión monetaria por el petróleo de la IPC, dejando explotación y destrucción del medio ambiente contra la cual luchó con su poesía y con su "revolución cultural" el poeta Saldarriaga.


Final del Congreso.

Con éxito terminó el I Congreso Ordinario “José Estrada Morales-Antonio Negrete Pérez-Sergio Mouat” del Consejo Hispanoamericano de Artes y Letras que se desarrolló durante la semana del 15-16-17 de Agosto del 2008 en la calida ciudad de Piura, evento de hermandad literaria a nivel internacional donde destacaron las ponencias literarias y recitales de escritores y poetas latinoamericanos representados por Perú, Ecuador, Argentina y Colombia. Cada uno de ellos encarnó las palabras de afecto y solidaridad de sus respectivos pueblos, países hermanos, que se unieron para forjar los lazos de amistad y fraternidad, esgrimiendo los ideales la paz, la literatura y el arte.

abril 16, 2012

TABAQUERÍA/ FERNANDO PESSOA

TABAQUERÍA/ FERNANDO PESSOA

 



 TABAQUERÍA/ FERNANDO PESSOA


No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
A parte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.

Ventanas de mi cuarto,
del cuarto de uno de los millones en el mundo que nadie sabe quién es
(y de saberse, ¿qué sabrían?),
dais al misterio de una calle cruzada constantemente por gente,
a una calle inaccesible a todos los pensamientos,
real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta,
con el misterio de las cosas bajo las piedras y los seres,
con la muerte manchando de humedad las paredes y blanqueando
[los cabellos a los hombres,
con el Destino que guía el carro de todo por el camino de nada.

Estoy hoy vencido, como si supiese la verdad.
Estoy hoy lúcido, como si estuviese a punto de morir,
y no tuviese más hermandad con las cosas
que la de una despedida, tornándose esta casa y este lado de la calle
en el convoy de un tren, y el silbido de su partida
desde dentro de mi cabeza,
sacudidos mis nervios y chirriantes mis huesos al arrancar.

Hoy estoy perplejo, como quien pensó y halló y olvidó.
Hoy estoy dividido entre la lealtad que debo
a la Tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.

Fracasé en todo.
Como no hice ningún propósito, tal vez todo fuese nada.
Con el aprendizaje que me dieron,
me descolgué por la ventana trasera de la casa.
Fui al campo con grandes propósitos.
pero allí sólo encontré yerbas y árboles,
y si había gente era igual a la otra.
Abandono la ventana, me siento en una silla. ¿En qué he de pensar?

¿Qué sé yo lo que seré, yo, que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? ¡Pienso ser tanta cosa!
¡Y hay tantos que piensan ser la misma cosa que no podrán serla
[tantos!
¿Genio? En este momento
cien mil cerebros se conciben en sueños genios como yo,
y la historia no señalará, ¿quién sabe? ni a uno,
ni quedará sino estiércol de tantas conquistas futuras.
No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay tantos locos descerebrados con tantas
[certezas!
Yo, que no tengo ninguna certeza, ¿soy más cierto o menos cierto?
No, ni en mí...
¿En cuántas buhardillas y no buhardillas del mundo
no están en esta hora genios-para-sí-mismos soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas
—sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas—,
y quién sabe si realizables,
nunca verán la luz del sol real ni llegarán a oídos de nadie?
El mundo es de quien nace para conquistarlo
y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga razón.
He soñado más que cuanto Napoleón hizo.
He abrazado contra el pecho hipotético más humanidades que Cristo.
Hice filosofías en secreto que ningún Kant escribió.
Pero soy, y tal vez seré siempre, el de la buhardilla,
aunque no viva en ella;
seré siempre el que no nació para eso;
seré siempre tan sólo el que tenía cualidades;
seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie de una
[pared sin puerta
y cantó la cantiga del Infinito en un gallinero,
y escuchó la voz de Dios en un pozo cerrado.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Derrámeme la Naturaleza sobre la cabeza ardiente
su sol, su lluvia, el viento que me despeina el cabello,
y lo demás que venga si viene o tuviera que venir, o no venga.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
conquistamos todo el mundo antes de levantarnos de la cama;
pero nos despertamos y él es opaco,
nos levantamos y él es ajeno,
salimos de la casa y él es la tierra entera,
más el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.
(Come chocolatinas, pequeña;
¡Come chocolatinas!
Mira que no hay más metafísica en el mundo que la de las
[chocolatinas.
Mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, pequeña sucia, come!
¡Si pudiese yo comer chocolatinas con la misma verdad con que tú
[las comes!
Mas yo pienso y, al quitarles el papel de plata, que es de hoja de
[estaño,
arrojo todo al suelo, como arrojé la vida.)

Pero al menos queda de la amargura de lo que nunca seré
la caligrafía rápida de estos versos,
pórtico quebrado hacia lo Imposible.
Mas al menos dedico a mí mismo un desprecio sin lágrimas,
noble al menos por el gesto de largueza con que arrojo
la ropa sucia que soy, sin motivo, para el discurrir de las cosas,
y me quedo en casa sin camisa.

(Tú que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
o diosa griega, concebida como estatua con vida,
o patricia romana, de improbable nobleza y nefasta,
o princesa de trovadores, gentilísima y colorida,
o marquesa del siglo dieciocho, escotada y distante,
o cocotte célebre del tiempo de nuestros padres,
o no sé qué moderno —no concibo bien qué—,
todo eso, sea lo que sea, que seas, si puede inspirar ¡qué inspire!
Mi corazón es un balde vacío.
Como invocan espíritus los que invocan espíritus me invoco
a mí mismo y nada encuentro.
Me acerco a la ventana y veo la calle con una nitidez absoluta.
Veo las tiendas, veo las aceras, veo los coches que pasan
veo los entes vivos vestidos que se cruzan,
veo los perros que también existen,
y todo esto me pesa como una condena al destierro,
Y todo esto me es ajeno, como todo.)

Viví, estudié, amé y hasta creí,
y hoy no hay mendigo al que no envidie sólo por no ser yo.
A cada uno miro los andrajos y las llagas y la mentira,
y pienso: tal vez nunca vivieses ni estudiases ni amases ni creyeses
(porque es posible hacer la realidad de todo eso sin hacer nada
[de eso);
tal vez hayas existido apenas, como una lagartija a quien cortan
[el rabo
y es sólo un rabo retorciéndose más acá de la lagartija.

Hice de mí lo que no supe,
y lo que pude hacer de mí no lo hice.
El disfraz que vestí era equivocado.
Me tomaron enseguida por quien no era, y no lo desmentí,
[y me perdí.
Cuando quise arrancarme la máscara,
estaba pegada a la cara.
Cuando la arrojé y me vi en el espejo, ya había envejecido.
Estaba borracho, y no sabía vestir el disfraz que no me había
[quitado.
Arrojé la mascara y dormí en el vestuario
como un perro tolerado por la gerencia
por ser inofensivo
Y voy a escribir esta historia para probar que soy sublime.

Esencia musical de mis versos inútiles,
quién pudiera encontrarte como cosa que yo hice,
y no quedarme siempre enfrente de la Tabaquería de enfrente,
pisoteando la conciencia de estar existiendo,
como una alfombra en la que un borracho tropieza
o el capacho que los gitanos robaron y no valía nada.
Pero el Dueño de la Tabaquería llegó a la puerta y se quedó
[en la puerta.
Lo miro con la incomodidad de la cabeza vuelta
y con la incomodidad del alma que mal entiende.

Él morirá y yo moriré.
Él dejará el letrero, yo dejaré versos.
Un día morirá el letrero también y mis versos también.
Después morirá la calle donde estuvo el letrero,
y la lengua en que fueron escritos los versos.
Morirá después el planeta girante en que todo esto sucedió.
En otros satélites de otros sistemas cualquier cosa como gente
continuará haciendo cosas como versos y viviendo debajo
[de cosas como letreros.

Siempre una cosa frente a la otra,
siempre una cosa tan inútil como la otra,
siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
siempre el misterio del fondo tan cierto como el sueño del misterio
[de la superficie,
siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni otra.

Pero un hombre entró en la Tabaquería (¿para comprar tabaco?),
y la realidad plausible cae de repente sobre mí.
Me incorporo a medias enérgico, convencido, humano,
y voy a intentar escribir estos versos en los que digo lo contrario.
Enciendo un cigarro al pensar en escribirlos
y saboreo en el cigarro la liberación de todos los pensamientos.
Sigo el humo como una ruta propia,
y gozo, en un momento sensitivo y adecuado,
la liberación de todas las especulaciones
y la conciencia de que la metafísica es una consecuencia de estar
[mal dispuesto.

Después me reclino en la silla
y sigo fumando.
Hasta que el Destino me lo permita continuaré fumando

(Si me casase con la hija de mi lavandera
tal vez fuese feliz.)
Visto esto, me levanto de la silla. Me acerco a la ventana.

El hombre salió de la Tabaquería (¿guarda el cambio en el bolsillo
[del pantalón?).
Ah, lo conozco: es el Esteves sin metafísica.
(El Dueño de la Tabaquería asoma a la puerta.)
Como por instinto divino, el Esteves se volvió y me vio.
Hizo una señal de adiós, le grité ¡Adiós, Esteves!, y el universo
se reconstruye en mí sin ideal ni esperanza, y el Dueño de la
[Tabaquería sonríe.


Nota: Opto por no traducir TABAQUERÍA por “estanco”, su lógico castellano, al considerar que es el título del poema, uno de sus pilares más firmes.
Versión: C. Dolores Escudero

abril 08, 2012

LA “TEOLOGÍA DEL SOL” DE FELIPE BUENDIA / ARMANDO ARTEAGA


LA “TEOLOGÍA DEL SOL” DE FELIPE BUENDIA / ARMANDO ARTEAGA




 “Teología del sol” (Paris, 1952), novela-poema de Felipe Buendía, es una especie de “Nadja” de André Bretón.  En esta propuesta literaria se nota el mejor momento de la escritura surrealista de Buendía. Originalmente “Teología del sol” fue escrita en Paris y dedicada a Carlos Rodríguez Saavedra: llevaba otro titulo y quizá otro asunto, luego fue rehecha en Lima a base de la misma sintaxis y guardando su calidad primigenia posiblemente distinta pero fiel.  Carátula de Bracamente.  Una rareza literaria, publicada en mimeo. 

Aquí observamos los mejor de la prosa-poética de Buendía (el agitador literario de “La conspiración del silencio”, esa columna periodística leída por mí desde mis tiempos de colegio):

“Aguas de otra manera traslúcidas y penetrantes
como el acero,
aguas Bahamas
aguas bermudas
bahías abiertas a la pasión americana, el músculo negro que busca monedas en las fauces de los tiburones, la garganta que modula el ritmo de palmera, la piel, la futa, el estertor, la secreta oración de las colinas, y finalmente la boca que expele esa cadencia de caderas, el oído de nácar, secretamente dicho, la pupila”

Buendía es uno de los escritores más representativos de la Generación del 50, conocido como escritor de literatura fantástica, pero en esta novela-poema se ve su verdadero talante literario, haciendo una estupenda escritura automática, tal como quería Bretón y los surrealistas. Tuve la suerte de compartir muchas conversaciones de café con él, y ambos compartimos y escribimos nuestras opiniones periodísticas durante muchos años en el diario Expreso.

Buendía ha sido además un escritor muy prolifero, escribió teatro, hizo cine y pintura.

abril 06, 2012

EL MANIFIESTO / Por Armando Arteaga

Cuento


EL MANIFIESTO / Por Armando Arteaga



No hay más razón para no darse cuenta que algunas cosas están bien muertas.  Muerto está el pasado de este pueblo.  Nadie se acuerda cómo era la vida en este pueblo hace solo veinte años atrás.

Divagaba el estoico Tacho Salhuana mirando por la celosía de la ventana sentado desde su escritorio de periodista pueblerino en la redacción de su diario La Calle.
-Este pueblo no solo es una porquería  -volvió a divagar-. Tiene dos caras, un día es azul y al siguiente es rojo.  Nada tiene sentido con un pueblo así.  Estamos condenados al infierno. Ni Madre, ni Dios. La selva es un dédalo.

-La selva es el infierno –volvió a divagar- siempre en su soledad Don Tacho Salhuana, el único hombre de letras de este averno tropical.

En el pueblo de Fitzcarrald empezó a llover a cántaros sobre los techos de shapaja de las casas.  Todos se paraliza en este pueblo cuando llueve.  Es la hora –nuevamente- para divagar.  Y empezar a poner las cosas en orden.
-¿Porqué se  llama Fitzcarrald, el pueblo, papá? –preguntó la niña-.
-Era un gringo loco, aventurero, que llegó hasta aquí buscando oro y caucho –respondió Tacho Salhuana-.  Anda a merendar, niña, acotó.
Va a ser hermosa, divagó, se casará con algún apuesto turista y se largará de este infierno.
-Yo no me voy a ir de este lugar –advirtió la niña como si estuviese leyendo el pensamiento de su padre-.
-Esta niña, tiene el don de leer el pensamiento de los adultos –volvió a cavilar el director del diario  La Calle-.
-Papá.
-Que.
-Hay un hombre tocando la puerta.
-Pregúntale qué desea.
-Papá, está con una capucha –alcanzó a decir la niña.

El hombre encapuchado había forzado la puerta de un puntapié, entró hacia el centro del recinto de la oficina.  Tenía una metralleta en la mano.  La niña se apachanó hacia el más cercano rincón como dejando que este ajuste de cuentas sea –exclusivamente- entre los dos hombres mayores.
Salhuana no se amilanó ante la presencia del encapuchado.
-¿Qué se le ofrece?.
-Queremos que se publiqué El Manifiesto.
-Es ilegal.
-Entonces, es Ud. hombre muerto.
-Me voy a demorar un par de horas por lo menos en publicarlo.
-No importa,  Todo la casona está rodeada por mi gente.
-Esta bien, siéntese.

Salhuana también se sentó frente a su máquina de escribir, y empezó a transcribir el documento a mano escrito -con tinta seca roja sobre un papel cuadriculado y arrugado- que le entregó el hombre encapuchado.
Mientras iba por el sexto renglón medio borroneado del documento, el encapuchado le alcanzó una cajetilla de cigarros.
-Me hacía falta –dijo Salhuana-.
-Fúmese todos los que pueda, son suyos –le confirmó el advenedizo-.
¿Esta voz me parece que la conozco? –volvió a divagar Salhuana-.
-Listo.
Salhuana se levantó de su madero sillón y caminó hacia la otra sala en donde estaba la máquina de la imprenta.
-Hemos batido récord –dijo Salhuana-.
-Es un buen Manifiesto- dijo el encapuchado.

La niña que había permanecido estática sentada en la perezosa del rincón izquierdo de la oficina se había quedado dormida. La niña soñó que ya era una señorita, que se casaba con un turista francés como Jean Lonzoy, ese hippie medio loco que anda por el puebo de Fitzcarrald con una motoneta coleccionado mariposas de toda la amazonía, y  que luego las manda disecadas para Miami.
(Con ese gringo loco me casaría, porqué qué no...,  podría ser novia de ese gringo, cómo dicen que se llamaba, F-i-t-z-c-a-r-r-a-l-d..., buscador de oro, rico, loco, aventurero...).

-Hemos terminado –dijo Salhuana.
-Quedó bien.
-Soy un profesional en esto.
-No sé cómo agradecérselo.  ¡La revolución se lo agradece!.  Se lo agradecerá después.
-Cuando triunfe la revolución, ya seré hombre muerto -divagó Salhuana-.

El hombre encapuchado salió corriendo con el paquete del Manifiesto publicado.  En la esquina  de la redacción de La Calle lo esperaban otros cinco hombres en tres motonetas que se perdieron por el fin de la calle principal del pueblo de Fitzcarrald.

Salhuana le tocó el hombro a la niña.
-Despierta.
-Papá, qué pasó.
-Eran los cumpas, los tupac´s...

Unas ratas salvajes haciendo ruidos chillones  en el depósito de papeles viejos frente al patio cauteloso de La Calle, imaginó  Salhuana, su pesadilla kafkiana: el final de este episodio.

-¿Qué querían?.
-Nada. Ya se fueron.  Sembrar terror, pánico entre los habitantes  del poblado. La vida pasa en las canoas de los piros. No has probado bocado todavía en todo el día, y ya es tarde.

-Papá.
-¿Qué?.
-Soñé que me casaba.
(Con ese gringo loco se casaría, ¿porqué no?...)
-Ya sé, hija, y te ibas lejos de este infierno. Yo también sé leer el pensamiento. ¿O no es verdad?.

La lluvia acabó de llorar.  El pueblo estaba nuevamente mojado, y la calle era todo un lodazal.

Diciembre. Año 1999...



Del libro: "Los pobres diablos".

abril 05, 2012

“CESÁREO MARTÍNEZ: EL POETA Y SU ÉPOCA” / POR JUAN CARLOS LÁZARO.



“CESÁREO MARTÍNEZ: EL POETA Y SU ÉPOCA”
Por: Juan Carlos Lázaro
Cesáreo Martínez nació en 1945 en Cotahuasi, distrito de la provincia de La Unión, en el sureño  departamento de Arequipa. Establecido en Lima, ingresó a la antigua universidad  de San Marcos y por un tiempo siguió estudios de Letras, en cuyas aulas adhirió a las posiciones políticas de un sector radical de la izquierda que se identificaba con la experiencia revolucionaria del maoísmo. Paralelamente a este episodio estudiantil, se sumió en una intensa bohemia cuyo punto neurálgico era el tradicional bar Palermo, en el centro de la ciudad. En esta etapa trabó gran amistad con otro poeta provinciano como él, de sorprendente parquedad y que solía  vestir de negro: Juan Ojeda. Pese a su extracción social netamente popular, tanto Martínez como Ojeda eran unos sibaritas de la palabra, artífices de la magia verbal, cultores de imágenes soberbias y rebuscadas. Con el paso del tiempo –del breve tiempo de su vehemente juventud–, Ojeda se adentraría en una poética de honda connotación metafísica, en tanto que “Chacho” –como también llamábamos sus amigos a Cesareo Martínez – experimentaría en los derroteros de la poesía amorosa y de la protesta política. Ojeda, que había nacido en el puerto pesquero de Chimbote en 1944, concluyó sus días prematura y trágicamente a los 30 años de edad, lo cual no le impidió concretar una obra sólida y bien cincelada que se reunió y publicó póstumamente bajo el título de Arte de Navegar. Martínez murió víctima de un aneurisma cerebral el 29 de enero del 2002, antes de cumplir los 57 años. En vida llegó a publicar cuatro libros de poemas1 y tres plaquettes que propiciaron su reconocimiento como una de las voces más propias de la Generación del 70. Los dos autores, desde sus respectivas poéticas, recusaban el orden social existente y postulaban la revolución de signo marxista. Y es que ambos amigos –poetas, bohemios y socialistas– vivieron convencidos de que la poesía debía cumplir un papel fundamental en la lucha por la construcción de un nuevo orden de justicia social.

El contexto social que inspiró a Martínez sus dos notables libros de poesía política fue el de la dictadura militar inaugurada por el general Juan Velasco Alvarado en 1968, que seguía –según sus voceros políticos– un proceso revolucionario  nacionalista y antioligárquico. En la oposición al velasquismo se ubicaban tanto la derecha civilista desalojada del poder, como el APRA de ambiguo predicamento populista, y la recalcitrante izquierda maoísta y trotskista. El 29 de agosto de 1975 Velasco Alvarado fue derrocado por su primer ministro, el general Francisco Morales Bermúdez, quien encabezó un proceso encaminado a desmantelar “la obra de la revolución”. Aplaudido y respaldado por los rezagos de la derecha oligárquica, el nuevo dictador pretendió atornillarse en el poder, pero en sus cálculos no consideró la oposición de un vasto movimiento popular, forjado sobre todo en los años del velasquismo y organizado en activos gremios de trabajadores, campesinos y estudiantes. Lo novedoso es que esta vez al frente de ese movimiento popular ya no estaba solo el APRA, sino también una izquierda renovada, joven y radical, además de la vieja izquierda estalinista. Fue este conglomerado izquierdista y sindical el que el 19 de julio de 1977 paralizó unánimemente al país en abierto desafío a la dictadura. Herida de muerte y sin el respaldo de quienes la aplaudieron en sus comienzos, la “segunda fase” del gobierno militar anunció la devolución del poder a los civiles y convocó a una asamblea constituyente para el año siguiente.

El más espectacular y rotundo paro protagonizado por el pueblo peruano en el siglo XX abrió así un nuevo escenario de incesante protesta social en el Perú, en el cual la izquierda ganó un protagonismo de primera línea e involucró al poeta en cuerpo y alma. Cinco razones puras para comprometerse (con la huelga), publicado en Lima en 1978, surgió precisamente como un llamado a solidarizarse con una huelga del gremio magisterial en ese año. Los resultados de las elecciones para la asamblea constituyente revelaron a la izquierda como una verdadera fuerza política pese a su fragmentación. La esperanza popular crecía en torno a esta izquierda. Sin embargo no pasó mucho tiempo para que dentro de ella empezaran a primar los apetitos personales de sus dirigentes, lo mismo que las luchas facciosas motivadas por sus dogmatismos ideológicos. Hacia 1980, teniendo a la vista las elecciones presidenciales, los diferentes partidos de este conglomerado izquierdista  intentaron la unidad en una frágil Alianza Revolucionaria de Izquierda (ARI). Los continuos forcejeos por el liderazgo de la ARI hicieron cada vez más precaria esta alianza, la cual  finalmente estalló, dando al traste con las aspiraciones de un importante sector del país. Este fracaso sería el tema de Donde mancó el árbol de la espada y arcoíris en el que “Chacho” despotrica contra el sectarismo y la inconsecuencia de las dirigencias izquierdistas y, haciéndose eco de las demandas del pueblo, las conmina por última vez a la unidad so pena de ir a parar a un lugar aún más abyecto que el basurero de la historia. Huelga decir que las elecciones presidenciales de ese año le devolvieron el poder a la derecha.

Como bien observó la crítica en su momento, la poesía política de Cesareo Martínez fusiona el lenguaje coloquial con el estilo narrativo, así como la imprecación lírica con las imágenes de la naturaleza. Esta síntesis se plasma con gran equilibrio en Cinco razones puras para comprometerse (con la huelga), en cuya lectura resulta inevitable la evocación de la poética arguediana. En Donde mancó el árbol de la espada y arcoiris, el poeta insistirá en la misma empresa, aunque deslizándose adrede en el panfleto y la diatriba. Al empezar, el poeta se anuncia con el mismo verso de Dante en La Comedia: “En medio del camino de mi vida…”. Su crítica contra los dirigentes de la izquierda, directa y áspera, va al meollo del problema: “Han discutido sobre un charco repetidas veces, y repetidas veces se han peleado por las puras”. También les recuerda la voz de quien los demanda: ¿Quién desconoce mi partido? Mi partido son esos infinitos rostros regados entre el bullicio de las calles, preñando las puertas malditas de la miseria”. Pero este libro es también una magnífica muestra de la mentalidad y del estado de ánimo de las izquierdas de los años 70, de sus equívocos y de sus excesos, de sus dogmas y de sus sueños. Y es que así pensaba y sentía una generación que por mucho tiempo creyó que la revolución estaba a la vuelta de la esquina, pero en cuyo tránsito extravió el camino, cayó en la tentación del establishment político y finalmente se desfiguró. El tiempo y la realidad se encargarían del respectivo ajuste de clavijas, hasta volverla anacrónica y dejarla fuera de juego. El poeta lo advirtió a tiempo y, aunque siendo parte de esa izquierda, no le faltó razón en su crítica a la deshonestidad y el “oportunismo” que ya se anunciaba entre sus dirigentes que alguna vez postularon una revolución socialista. Por esto, intuyendo acaso el desenlace de esta historia, al cerrar su poema puso a buen recaudo su esperanza mediante la plena identificación con la comunidad: “En la construcción de los cielos redondos / En la construcción de las aguas nuevas / Y en la producción de los nuevos sueños / Todo con nosotros, nada sin nosotros”.

La reedición de este poema, tres décadas después de su primera publicación, confirma a Cesareo Martínez como la voz política por excelencia de la Generación del 70.
Lima, marzo 2012
Notas:
*Juan Carlos Lázaro, Poeta, editor y periodista peruano. Autor de Gris amanece la urbe del hambre (1978), La casa y la hojarasca (2001) y Entre la sombra y el fuego (2008). En 2010, en colaboración con Héctor Rosas Padilla, publicó el volumen antológico Andanzas, travesías y naufragios. Dirige la revista de arte, cultura y utopías Sol & Niebla.
1 En vida publicó los libros: Cinco razones puras para comprometerse (con la huelga) (1978); Donde mancó el árbol de la espada y arcoíris (Bando para que la dirigencia se alinee con las masas) (1980); Celebración de Sara Botticelli (1983) y El sordo cantar de Lima (1993). Póstumamente se publicó Sol de ciegos (2008).