agosto 24, 2026
AMANTES TRISTES// ARMANDO ARTEAGA
enero 06, 2026
LIBROS PIURANOS DEL AÑO 2025 / POR ARMANDO ARTEAGA
LIBROS PIURANOS DEL AÑO 2025
POR ARMANDO ARTEAGA
La literatura piurana en el año
2025 que pasó se mantuvo fuerte: es la primera y más fuerte de todas las
literaturas regionales del país, por la calidad de sus obras literarias y el
prestigio vigente de sus escritores y/o poetas, la calidad editorial de sus
libros publicados, por el aumento de nuevos lectores que en gran
proporción numérica se van incorporando
como sujetos importantes del consumo cultural en Piura, si medimos este rango
con la producción literaria de años pasados y de otras regiones. Este proceso, es un aporte social que viene
incrementándose desde los años setenta: a partir de las primeras iniciativas
del CIPCA.
La primera y significativa
sorpresa se da en la novela “Los Funerales de Montero, Cien años de olvido”
(Arcano 47 Editores, 2025) de Roberto Talledo, narrador piurano que reside más
de veinte años en Quito. La novela va tras los pasos históricos del famoso
pintor piurano, desde sus primeros años por la ardiente Piura, la Lima de los
mediados del siglo XIX, hasta la bohemia europea de sus años florentinos. La
pasión por identificar detalles de la vida de Montero se expresa en Talledo
desde la minuciosa observación del cuadro “Los funerales de Atahualpa”, tal
como también mucho antes realizo esa atenta mirada el poeta Antonio Cisneros en
un poema del mismo nombre al referirse al óleo de Montero: “La luz se tambalea
en el lugar del crimen”. Detallada persecución biográfica y bibliográfica de
Talledo acerca de la vida de Montero.
Otro libro “en rescate” contra el tiempo, y en busca de nuevos lectores, fue la publicación de los relatos de “Simache” de José Ortiz Reyes. Existía solo una edición agotada (del año 1941) de esta gran narrativa lirica del agro piurano. Los caballos del tiempo se acercaron -este año- a Simache para ver las casas entre árboles, y a lo lejos, entre brumas, el caserío. Editado por José Carlos Vilcatoma, fue presentada en la Casona de San Marcos, y comentaron las bondades literarias de los relatos: FrançoiseAubes (Universidad de Paris) y el escritor piurano Christian Fernández (Universidad de Lousiana, EE.UU). Quiero recordar que José Ortiz Reyes fue amigo de José María Arguedas, se conocieron cuando estuvieron presos en El Sexto por sus actividades políticas.
Otro destacado narrador piurano (aunque nació en Jaén) es Teófilo Gutiérrez, este año nos volvió a sorprender con sus cuentos de “El mundo que a escondidas miro” (Hipocampo Editores, 2025). Por allí asoma todavía Piura en sus relatos, donde la memoria es un ejercicio de la vida (dice Diego Trelles Paz), los territorios rurales y la violencia política: escritor que goza meritoriamente de los elogios de Miguel Gutiérrez y Antonio Gálvez Ronceros, maestros y amigos, de nuestro narrador, poeta y editor.
Este año 2025, fue también de auge y apogeo para las librerías de viejo. En la Librería de Lima, inaugurada recientemente, encontré un libro casi imposible de leer: “Jililí, Motivos Ayabaquinos” (Biblioteca Peruana en Marcha, 1955) de Dagoberto Torres, narraciones dedicadas al terruño ayabaquino. Subrayo este episodio vivencial porque creo que es un libro que también requiere ahora un “rescate literario"
“Canibalismo Moderno y otros relatos” (Grupo Grafico J& J S.A.C., 2025) del escritor de Sullana, Eduardo Borrero Vargas: es un libro que trasunta algo de irónico, tiene buena parte de testimonios narrativos que son mitos, leyendas, y destilados cuentos de la cultura ancestral tallan. Remota en su imaginario un realismo de memorias condensadas en realidades puras y en sucesos fantásticos, de recuerdos históricos. Estas ficciones presentan un historicismo y un costumbrismo virtuoso. Sus personajes viven en un juego lúdico descriptivo que viene del mundo de los espejos.
En el mes morado del año, llegó Pedro Elera, el primer poeta de nuestra vida republicana, el poeta ciego, el poeta marginado por Ricardo Palma en “La Bohemia de mi tiempo”, el poema huancabambino, con su poesía romántica y elegante.
“María o Escenas de la
montaña” (Hipocampo Editores, 2025), es un libro que se publicó en 1871, vuelto
a publicar, para su reconocimiento literario. Es un poema largo de 34 cantos,
al estilo de la Divina Comedia, dedicado a la dulce y angelical María. Trae un
presentación de Rodomiro Elera Gómez, me parece bisnieto del poeta, y unas
palabras liminares de Julio A. León. Fui uno de los primeros en reconocer la
importancia de la poesía de Elera: “Su poesía es humanista y de gran nivel, de
vasta cultura, a pesar de su premura profana y autodidacta, de un variado
ímpetu creador que ya avizoraba su modernidad”.
Hubo más libros piuranos que llamaron mi atención profana por la literatura piurana. Pero hay que dejar que el banquete literario sea también compartido por otros.
agosto 27, 2025
POSTDATA / ARMANDO ARTEAGA
junio 19, 2025
PIURA EN UN MUNDO AJENO:
SIN “PIAJENOS” POR SUS CALLES
Armando Arteaga
Otro escritor piurano que
refiere a la presencia del burro piurano en su libro “Romancero Piurano”, es
Teodoro Garcés, como un icono notable en “El escudo de mi pueblo”. Al igual que el algarrobo, y los Seminario:
familia multiplicada, que Seminario es de Piura, ó es Piura de Seminario. Donde
el algarrobo es el árbol plebeyo, hijo de la arena del desierto inmenso. El
burro piurano, es un filósofo paciente, no tiene descanso en trabajo rudo, no
entiende de treguas en su amor de fuego. Aguatero del pueblo, sufrido arriero, alcalde del progreso, Cuando el cansancio lo deja muerto, festín de
carne, para el gallinazo hambriento. “Lo que hizo el burro, no lo hizo nunca
ningún diputado”, refiere en un verso
solemne Teodoro Garcés.
febrero 11, 2025
VASIJA DE BARRO / ARMANDO ARTEAGA
septiembre 29, 2024
Ruth Hurtado, poeta paiteña
septiembre 22, 2024
EL TAXISTA / POR ARMANDO ARTEAGA
EL TAXISTA
Observó que el desconocido
que fumaba era algo extraño. No estaba en regla la noche. Estar debajo de sus
piernas en unos cuantos segundos, caído del cielo, tirado en el suelo, sin
conocimiento, mientras volaba por los aires, sobre el tiempo perdido, en un
instante que parece un siglo, era un suceso desprevenido.
La muerte parecía
explotar de sus labios que temblaban.
- ¿Qué está
pasando, Jefe?
El desconocido
golpeaba el rostro del muchacho.
- ¡No sé nada,
Jefecito!. Y el tumulto de la gente
creció como un inesperado tumor en el instante mismo de la noche. Al filo de la
navaja, en otro abismo.
Con discreción, el
muchacho deslizó por su pierna el pequeño paquete que le fastidiaba en el sexo,
mientras fingía morirse. El muchacho
caído en el suelo no daba señas de nada.
- Está frío.
Alcanzó a escuchar
la voz del desconocido que fumaba. .El muchacho sintió morirse más, estaba
haciéndose el muertito, no estaba en la playa para flotar como un corcho, sin
embargo flotaba, se estaba haciendo el muerto. Y lo estaba logrando.
- Cojudo, lo
has enfriado. El Jefe solo quería
que lo acaricien. Se te ha pasado la mano. Le has dado vuelta.
- Vámonos - ordenó
una voz rígida que venía de la parte de atrás.
Y de pronto, por
arte de magia, se hizo el silencio. Solo que el muertito empezaba a estar con
roche. Un cúmulo de gente lo empezaba a rodear haciendo una circunferencia. El desfile de piernas no lo dejaba divisar ni
calcular a cuántos metros estaba el sardinel del paso de los vehículos que van
por la autopista.
- ¡Traigan una
ambulancia!.
- ¡Llamen a un
patrullero!.
Un ligero pestañeo
le permitió ver un cerco luminoso al fondo del terreno baldío que besaba la
calle oscura. La gente estaba ahora mas
empecinada en buscar auxilio que en mirar al muerto. Fue entonces que el
muchacho se decidió por hacer el milagro de Lázaro, levantarse, ahora o nunca,
y salir corriendo, estando muerto, volar por los aires, a volar joven. Y
correr, correr, no mirar hacia atrás, podría petrificarse, subir al primer taxi
que encontrara por la autopista, que lo liberara del tumulto y del escándalo.
Al mirar hacia
atrás, divisó una mancha amorfa que chillaba: ¡auxilio!, ¡auxilio!; ¡se ha
escapado el muerto!, gritaba una mujer.
Un volkswagen rojo
apareció por la autopista.
- Lléveme a
Ventanilla- le suplicó al chofer.
Este parcero está
pal gato, pensó
el fercho.
- Puta madre, qué
tal paliza le han dado, cumpa, será por alguna falda, seguro, lo interrogaba
amistosamente el hombre del timón. Yo por eso, fiel a una sola jerma. Lo han masacrado, paisa, no se vaya a quedar
dormido, mientras sorteaba a los otros vehículos que serpenteaban la carretera
de asfalto mojado.
-Ya estamos en
Nuevo Perú. En dónde lo dejo, tigre.
El muchacho
argumentó estar en las últimas -suplicó-, no tener plata para pagar. Dios se lo
pagará, cumpita.
- Vaya nomás, la
próxima me paga, me debe una, compadre. No se me vaya a morir en plena calle,
y aquí never.
El moribundo se
perdió por la calleja polvorienta llena de casas de esteras. De la penumbra brillante de las casas asomaba
discretamente un hilo de luz de Petromax.
El muchacho
avanzaba adolorido, hasta llegar a la última cumbre del arenal. Tocó una
destartalada puerta de madera y latón.
- Abre la puerta.
Una mujer
desgreñada y marchita lo acogió con voz llena de susto:
- ¡Jesús!. Te han
sacado la eme.
El muchacho se
desplomó en los brazos de la mujer.
En “Radio Mar”, la
vida era sabrosa, Rolando Laserie
cantaba El Muerto se fue de Rumba (en realidad.: El Muerto
Vivo). Larga había sido la
noche. Empezaba un nuevo amanecer. De nuevo
a la vida, el muchacho se recuperaba
de la paliza.
La mujer en la
cocina -un par de adobes y leña- preparaba un caldo de gallina, el wallpa caldo
que le devolverá la vida al muchacho.
Afuera, de la
pequeña choza, otra gallina picoteaba y se banqueteaba persiguiendo un gusano
en el arenal.
julio 27, 2023
ARGUEDAS: EN LA TEXTUALIDAD DE LA LITERATURA EN QUECHUA Armando Arteaga
ARGUEDAS:
EN LA TEXTUALIDAD DE LA LITERATURA EN QUECHUA
Armando Arteaga
El primer libro que se imprimió
en el Perú fue un catecismo en quechua, la primera expresión literaria
realizada por los misioneros para la conversión de pueblos originarios al
catolicismo, fue la creación de “himnos” en quechua. Arguedas notifica entonces
el sincretismo entre el mundo antiguo andino y la visión occidental de los
misioneros españoles, en esta aproximación “Sobre la literatura quechua”.
El sincretismo cultural y religioso empezó a funcionar desde la llegada
de los españoles, lo mismo que la extirpación de idolatrías, ante la resistencia cultural de algunos
pueblos andinos. Arguedas rompió esa supuesta “marginalidad” atribuida por los
historiadores y críticos oficiosos de una castellanidad absoluta de nuestra
textualidad literaria.
En el antiguo Perú existieron
diversas literatura nativas, las culturas anteriores a la literatura incaica
tuvieron distinguidas expresiones literarias que se han ido olvidando en la
noche de la historia. Estas expresiones
literarias, más o menos diferenciadas existieron. Se desprenden estas certezas de las
manifestaciones descritas por los cronistas, y de las investigaciones
lingüísticas y arqueológicas vigentes.
Existieron además grandes
espacios culturales de oralidad, aparte
de la incaica. Diversos fueron -a
grandes rasgos y vestigios- los espacios culturales expresados en Chavín,
Paracas, Vicús, Recuay, Mochica, Nazca, Pachacamac, Caxamarca, Tiawanaku,
Puquina, y Wari, entre otras culturas y lenguas. Estas literaturas iníciales:
autóctonas, vernáculas, de ciertas originalidades y de gran diversificación
idiomática, se han perdido. Se fue perdiendo toda esta diversidad
lingüística, desde la unificación incaica, cuando empezó a oficializarse el
quechua.
La oralidad poética del “Periodo
Clásico” de los incas asumió convivencia social de integración en algunos
casos, aún friccionando en otros: con otras lenguas nativas en pugna por
hegemonía cultural, con otros pueblos coexistentes que alternativamente
desarrollaron también símiles creaciones literarias a los incas, tales como:
Collas, Lupacas, Soras, Rucanas, Pocras, Wanucus, Wancas, Chimús, Chachapoyas,
Cañaris, Yauyos, entre otros. De estos
pueblos quedan aún vestigios arqueológicos, lingüísticos y literarios.
La literatura quechua empieza en
el siglo XII D.C. Por exacta
coincidencia histórica dura casi 900 años, empieza desde cuando Manko Kkapak
(amauta y harawiku) funda el Tawantinsuyo.
Y, en este siglo también, empiezan los primeros cantares de gesta
españoles. Este periodo clásico empieza
desde 1200 D.C. a 1532 D.C.: desde los inicios de la fundación del Tawantinsuyo
hasta la captura del Inca Atahualpa. La
oralidad poética la realizaban los
sacerdotes, los amautas, los kipukamayos y los harawikus. Aparte de la oralidad poética, existieron
otros géneros literarios: la oralidad narrativa y la oralidad dramatúrgica.
La poesía de este instante del
“Periodo Inicial Clásico Inka” era espontánea y original, sin influencia española,
expresada en la tradición oral, relacionada con el canto, la música y la danza
de los pueblos. Era una poesía épica y
mítica, de celebración de las hazañas sociales: su tema era la guerra, y la agricultura. Se expresó
también una poesía colectivista de cantos: a festividades especiales a
la tierra, la lluvia, y las montañas. Y,
una poesía subjetiva y personal, de
carácter lírica y amorosa.
La prosa era de gran contenido
fantástico y de mucha imaginación literaria en donde se desarrolló el mito, la
leyenda y los cuentos. Hubo también aquí
una prosa moralizante y de carácter didáctico: frases, refranes, y apologías.
La prosa fue realizada y usada con fines pedagógicos.
La dramaturgia desarrolló sus
propios temas, eran cantos propios representados en la “aránwa” o espacio
dedicado para la representación teatral, con textos de dramas dedicados a la
vida normal y la las hazañas cívicas de los incas. La muerte también fue un tema abordado, se
entendía de manera ritual el manejo de las relaciones con los difuntos.
La obra literaria de José María
Arguedas ocupa casi todos los géneros literarios de cierto prestigio y
actualidad, creo que excluyendo solo la dramaturgia. Aunque, es cierto, junto a sus “Cantos y
Narraciones Quechuas” (1962), con el Patronato del Libro Peruano, donde se publicó Ollantay (en
versión de César Miro y Sebastián Salazar Bondy), a sugerencia de Arguedas,
participó tangencialmente en esta tarea de adopción del guión teatral teniendo
como punto de partida el “texto” de las traducciones de Gabino Pacheco Zegarra
y José Sebastián Barranca.
Este drama teatral es el pórtico
(o el puente) por donde suelen empezar
los manuales de enseñanza de nuestra literatura peruana que se estudia desde el
colegio, ignorando “la otra literatura peruana” como ha llamado Edmundo
Bendezú, a la literatura escrita en quechua, suponiéndola algunos con cierta
“malevolencia” de una existencia
marginal.
Pocos son los textos que han
estudiado el proceso de la poesía quechua.
Arguedas tiene un escrito “Sobre la poesía quechua”, en sus “Cantos y Narraciones quechuas (Desde
la época incaica hasta nuestros días” (1962): Selección, traducción y notas de
José María Arguedas. Este “texto”:
“Sobre la poesía quechua”, a manera de
prólogo, describe el primer impacto del
encuentro de dos lenguas en el proceso
de la colonización española impuesta a los pueblos que conformaban el
Tawantinsuyo (donde la variedad lingüística era múltiple y diversa, donde
predominó el quechua y el aimara).




















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