junio 02, 2006

EN "EL DINTEL TRAGICO" DE MARIO NEGRO ZEDOG/ ARMANDO ARTEAGA

APROXIMACION A LA LITERATURA PIURANA

EN “EL DINTEL TRAGICO” DE MARIO NEGRO ZEDOG
Por Armando Arteaga 


FOTO: Revista Epoca.

Desde que era “churre” me emocionaron los poemas de Mario Negro Zedog, estos tenían un aroma diferente a las demás cosas que pude leer en la infancia. Lo recuerdo por esa singularidad. Siempre que vuelvo a leer los “simbólicos “ versos del poeta de Catacaos, no puedo dejar de remitirme –de la misma manera- a los primeros impulsos poéticos del uruguayo Julio Herrera y Reissing, que tenían esa pasión y ese desarraigo intelectual de confrontación con respecto al ambiente pueblerino de su “arcilla fosfórica y sonámbula, errante sobre un empedrado de trivialismo de provincia...”.

Los poemas de Mario Negro Zedog están llenos de una “desolación absurda” que nos van convenciendo que algo malo está pasando, que hay un deterioro en el mundo interior del poeta, pero que este permanece ileso en su propio lenguaje. Son imágenes “in illo témpore” e inimaginables acciones -soñadas y vividas- para “epater le bourgeois”...

Mario Negro Zedog es en realidad el seudónimo de Mario Mendoza Carrera, un hombre que se dedicaba a diversas actividades comerciales. Contador de profesión. Nació en Catacaos el 9 de marzo de 1901 y falleció en 1969. Autodidacta confeso, artista creativo, inconforme, y ciudadano de la República de las Letras. Publicó dos libros de poemas: “Camino hacia la luz” (1956) y “Sonetario” (1965) (1). Nunca abandonó su militancia y su compromiso con la poesía, a pesar que tuvo “razones y sinrazones” que pudieron abrumar su propia vocación literaria.

José H. Estrada Morales -al describir una carta del poeta a su hermano Alfredo Ramos Cabrera fechada el 15 de junio de 1947- realiza un perfil del poeta que siempre debe tenerse en cuenta para indagar con mayor responsablidad sobre su obra poética:

“Fueron sus padres: Víctor Mendoza Morales y Laura Carrera Morales. No obstante ser hijo natural tuvo una infancia feliz gracias a los esfuerzos y desvelos de su madre, católica y hacendosa. Amó el estudio desde niño y guarda los mejores recuerdos de su maestro primario, Roberto Viera que le enseñó las primeras letras, así como de educadores como Cesar Padro Castro, David Calle y Agustín Blanco Azcona, “ante cuyo recuerdo me postro agradecido...” Restituido al seno paterno viajó al campo, a la hacienda Palo Parao, donde durante veinte años se confundió con la naturaleza, avivó sus sentimientos y abrió su alma a los problemas de las gentes desposeídas. Vivió en la abundancia y se identificó desde entonces con las gentes de pobre condición, con los hombres menos afortunados que sufrían miseria e ignorancia y eran escarnio de los poderosos. Los conocimientos adquiridos en las aulas san miguelinas fueron enriqueciéndose con las nuevas lecturas, con el acercamiento a novelas de carácter social, especialmente rusas, y a las fuentes bibliográficas de las nuevas doctrinas que agitaban el mundo. De entonces datan sus primeros versos: como todo adolescente, primero a la estrella de sus sueños, y después a los amigos y a los maestros. Sus iniciales raíces poéticas tienen sabor de sentimiento de amor a la vida y a la esperanza. Maduro ya se dedicó, para defenderse de la vida, a la contabilidad y a los números. Fue empleado de diversas casas comerciales. Pero así jamás abandonó la creación literaria. Fue un hombre institucional y de tertulias”. (2)

Mario Negro Zedog nace al empezar el siglo XX –época de grandes tensiones y desconcertantes acontecimientos sociales y políticos-. Más tarde, este siglo, apretujado por el positivismo, el anarquismo, el socialismo y el fascismo, estalló en grandes revoluciones políticas, sociales y culturales. Luego vino, la deslumbrante actitud y la beligerante nueva visión, de los individuos, para enfrentar la convulsionada realidad que los volvía a convocar y a trastocar como protagonistas sociales, invitados por cierta apertura del expansivo capitalismo: el impulso del abstencionismo burgués, el consumismo y el desarrollo urbano, que empiezan a manifestarse en la efervescencia de las masas migrantes que abandonaran el campo empobrecido, y que terminaron por conglomerarse en “ghettos” marginales en las periferias de las nuevas ciudades.

Por estas circunstancias -generacionales- le tocó vivir –a nuestro poeta- en un mundo convulsionado por los acontecimientos más importantes que registra la historia contemporánea, en el plano internacional: la Primera Guerra Mundial de 1914, la Revolución Bolchevique de 1917, la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial, y en lo nacional: el Apra de 1932, la propuesta de “El antimperialismo y el Apra” por Víctor Raúl Haya de la Torre, y el viraje màs tarde a la derecha en “30 años de Aprismo” del mismo Haya; la publicación de la “Escena Contemporánea” y de los “Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana” de J..C. Mariategúi, “Amauta” y la fundación del Partido Socialista, y más tarde la conversión en el Partido Comunista; el llamado de atención de los europeizantes-académicos-novecientistas-arielistas-futuristas de “Contemporáneos” y el surguimiento de los escritores emergentes de “Colonida”, el reconocimiento internacional de la obra poética de Cesar Vallejo por “Trilce”, el Grupo Norte y la nueva mirada del vanguardismo literario latinoamericano: Huidobro, Borges, Paz, Lezama; la lucha por la jornada de las 8 horas de trabajo y la división del movimiento sindical-obrero, la adhesión masiva de los trabajadores petroleros talareños a la propuesta socialista de Luciano Castillo y el desafío del movimiento de campesianos y yanaconas piuranos con Sinforoso Benites Algalobos.

Y aún, en la aureola regional y norteña, en la agreste Piura, estaba -fresco y traumático- el recuerdo del despertar de ese impulso por la renovación social y cultural de la nueva democracia peruana que había desarrollado el parlamentarismo y la jurisprudencia del piurano Luis Antonio Eguiguren Escudero, siendo alcalde de Lima en 1930 y Presidente del Congreso Constituyente en 1931. Llegó, nuevamente, más tarde ese reflejó del impulso provinciano: Eguiguren ganó las elecciones para Presidente de la República que fueron anuladas en 1936. Le tocó vivir a Mario Negro Zedog desde su juventud, un país de muchas frustraciones y de “la promesa -incierta- de la vida peruana”.

Esta actitud de soslayo por la realidad, casi predestinado de “poeta puro”, salvó la imagen de Mario Negro Zedog, que de no ser así, ya hubiera sido catalogado en el “tacho de la basura” de la historia de la literatura peruana como un “poeta social”, mal visto y olvidado. Una posición –estrictamente- neutral en política y una militancia –desmedida- en poesía salvaron su largo y silencioso itinerario. Caso raro, pues, a decir verdad, fue un hombre de izquierda. Ni radical, ni conservador. Viviendo en su jardín de flores, vivió completamente para la poesía.

Carlos Robles Rázuri en su “Breve Antología de Poetas Piuranos” (3) recoge el Tríptico: “Verdad”, “Libertad”, y “Eternidad”, donde destaca ya cierto escepticismo: “La verdad en la tierra es cosa grave; la miseria del hombre la confirma”. De estos poemas, refiere Robles Rázuri que: “se advierte la preocupación que siente el vate por los problemas sociales, el dolor y la amargura que le causan las injusticias y los abusos”.

En la antología “Poetas Piuranos Contemporanes” de Federico Varillas C. (4), aparecen nuevamente allí poemas de Mario Negro Zedog, en su “Tríptico de Primavera”: “La Flor”, “El Trino”, y “El Amor”; donde destacan además los poemas “En el dintel trágico”, “El arriero” y “Siempre viva”, que son casi los únicos poemas que conoce el público y el lector profano de la obra del poeta cataquense. Los poetas de su entorno literario de entonces y los posteriores de la región Piura, mal llamados “poetas sociales”, han minimizado el “sencillismo” de este lenguaje, no han sabido valorar el aporte “poético” de Mario Negro Zedog perteneciente a este proceso discursivo de la poesía piurana.

Resulta sorprendente el hecho de que en la obra de Mario Negro Zedog, pese a su respectivo carácter autobiográfico, no se tenga en cuenta el escenario político que le tocó vivir y padecer. No solo con respecto a su militancia absoluta en la poesía de cierta prescripción política independiente, resulta increíblemente e interesante esta posición en un hombre que debió desarrollarse en un medio cuasi arribista en donde no debieron faltar presiones coyunturales, por parte del protagonismo social del momento político; y de aquel afán cuasi oportunista de sus contemporáneos por la demode literaria que les imponía poner los ojos de atención en un Maiakovski, o en un Esenin, o en un Neruda o en un Guillen. Como se puede entrever, el prestigio social ganado por la posición política partidaria y el “contenido social” de la obra de otros poetas que asumieron (para bien o para mal) una militancia en el Apra (Luis Carnero Checa) o en la línea del Partido Socialista (Emilio Saldarriaga), siempre fue una piedra en el zapato; cosa que no es un denuesto, ni hace esto a cualquiera más poeta que a otro, sino que son los casos más públicos y reconocidos, y que en Piura, eran fuertes ambas posiciones: radicales y comprensibles, pero desastrosas para el porvenir de la poesía.

En cambio, una posición libre, de no adhesión a una ideología imperante o de recusar a cualquier facción partidaria, resulta sorprendente, hasta extravagante, pero a la luz del tiempo, los días son siempre iguales, lo único que importaba era el compromiso con la poesía. Tremenda madurez, resulta una actitud de impenitencia. Fue esta poesía de Mario Negro Zedog una reacción normal contra el estridente escaparate del modernismo, un rechazo natural contra cierto vanguardismo insulso. Esta poesía, de aparente simplicidad expresiva y temática, tiene un solo nombre: el “sencillismo”. Poesía realista, casi como en el neorrealismo italiano, en lo cinematográfico, que escribía sobre la realidad sosegada y directa, descriptiva, íntima y cotidiana.

Pero, mi exposición -de rescate- acerca de la poesía de Mario Negro Zedog, tiene una actitud de polémica, un sentido de volver a llamar la atención sobre su obra, que la considero valiosa; reconsideración –tal vez- tardía, pero valida, su voz trae el equivalente del “sencillismo” argentino de Fernández Moreno, voz de aparente demora, pero que no significa silencio absoluto, y menos pobreza literaria. La voz de Mario Negro Zedog (donde no existen marcos de referencias para comparar su aporte literario) trae un hálito de visión científica y de opción racionalista dentro de la poesía piurana, que ya empezaba a empalagar con su retórica modernista.

Y, hago esta comparación, nuevamente, con la expectativa de revalorizar su aporte poético que se da con otros ejemplos –similarmente- en el proceso diverso de la poesía latinoamericana, donde tiene un equivalente muy parecido, tal vez por influencia de este, en Julio Herrera Reissing. Tiene este poeta uruguayo en sus “Eglogónimas” (5) una enorme semejanza con el piurano Mario Negro Zedog. En su poema “Claroscuro” y “Dintel de la vida” donde también Herrera Reissing –mucho más antes- retuerce el cuello al cisne del modernismo y se aproxima a la nueva estética del simbolismo, para llenar a la poesía de mucha expresión vivida:

“¡Ah, dicha analfabeta, sin resabios ni hieles!”

Aunque el poeta Mario Negro Zedog es más directo, menos barroco: claroscuro –ha observado Estrada Morales-, para enfrentar por contraste a la desvanecida muerte como parte final del viaje por la vida:

“Y sólo ya transpuesto ese dintel finito,
reposará en mi sueño, mi sueño de infinito”.

Pareciera, siempre, que la poesía de Mario Negro Zedog nos estuviera oportunamente resaltando mejor la parquedad de su lenguaje, que la otra poesía exuberante de los llamados “poetas sociales”, tan aparente y glorificada por la situación de la mediocre actitud que actuaba y escribía “por consigna” en ese momento.
Mario Negro Zedog escribió poco, pero de lo poco: bueno. Ante el cadáver aburrido de lo romántico, vino a darle la mano en su poesía: algo de la gracia gramatical y del nuevo movimiento literario, el simbolismo.

En Piura, el simbolismo, fue visto como algo casi extraño, con desdén y muy huraño. Se le llamó despectivamente: el parnaso tropical (si los maestros eran locos, los alumnos eran idiotas). No prosperó. Pero el simbolismo traía la superstición de que la vida se desvanecía, y vino la muerte a darle un rol más protagonico a la vida. Si hay pueblo supersticioso, ese es el piurano. Si hay pueblo donde se puede aguantar el hambre pero no el chisme, ese es el piurano. La ciencia avanza, la vida universal se vuelve foco de proyección cultural donde la muerte del individuo recobra protagonismo. La mansión cerrada de la poesía romántica abrió sus puertas pesadas para que entre la nueva poesía que llegaba atribuida de múltiples metáforas difíciles y con un afán diferente por simbolizar las cosas.

Si el simbolismo de Mario Negro Zedog, por momentos. parece decadente, lo salvan sus arrebatos líricos de contenido ético y social, una tendencia anarquista ocupa siempre sus torturantes metáforas y su preciosismo verbal. Mario Negro Zedog escribe muy bien, trae un aporte más matemático al lenguaje: la liberación moral del individuo. El positivismo entró –desde luego- en la poesía de Mario Negro Zedog:

“Hoja será del árbol del viento sacudida
tal como este sino de mi agitada vida!”

Nunca rebaja el discreto sentido lírico de sus palabras en el poema, ni el pesar existencial del poeta que es muy lucido y terrenal cuando nos explica:

“la vida es un constante dignificar humano...”

No hay ningún prurito –estridente- al tocar el tema social. Este contenido –suasorio- se observa muy bien en su poema “El arriero”, donde confronta allí un mensaje de gran fraternidad humana:

“Y el arriero en tráfico de vida
con eslabones de jornada diaria
encadena pueblos.
¡Alabaremos en él, al trabajo que redime!.”

Aunque siempre es un poeta desencantado, romántico, simbolista, mallarmeano y baudeleriano. Se da tiempo para filosofar -como Verlaine- sobre “El amor”:

“Y en medio de este oasis de enervada calma,
la mariposa, el ave, el ramaje, la flor
han oído el arpegio del himno del amor!.”

Mario Negro Zedog es un tímido afrancesado, su poesía puede estar ubicada en cualquier parte del mundo, pero también está soslayada en Piura, criolla y churriguresca.

El simbolismo se ocupó de temas algunos subyacentes al romanticismo desgastado, y buscó nuevas asociaciones y sensaciones (6). Propuso una nueva estética más allá de lo racional y de los valores tradicionales, abriendo espacio para el surrealismo: el camino inquietante de la exploración del cuerpo humano, la mente, el sueño y la memoria. Poesía de lo absoluto, que rechazaba el dictado del pensamiento y de la inspiración, suponía una relaboración del poema que quedaba limitado por la ambigüedad y la interpretación “abierta” de lo expontaneo. El significado inteligible quedó exterminado en ventaja de la “armonía” de las nuevas palabras que deben surgir a través de sus propias sonoridades.

El poeta deja la iniciativa del significante al nuevo léxico y le abre paso a una interpretación ilimitada, multiplicada, hiperbólica. Desfilaron por esta escuela: Charles Baudelaire, Paul Verlaine, Arthur Rimbaud, Isidore Ducasse (Lautrémont), Stéphane Mallarmé, Jules Laforgue, Albert Samain, Saint-Pol Roux, Emile Verhaeren y Francis Viele-Griffin. Muy cerca –y por la autopista- de las bondades de esta poesía simbolista y extraña, de estilo tenso y lleno de imágenes insólitas, no apta para iniciados y profanos, viajó provincianamente -sin rumbo y sin proponérselo- la poesía de Mario Negro Zedog.

Siguiendo las teorías de Paul Verlaine, Mario Negro Zedog realizó la “mise in page” de una nueva estética poética. La puesta en práctica del impulso, de la sensibilidad, y de la sonoridad de la nueva palabra exacta y sincera para una semántica diferente, y para otra significación del texto. Repulsión a la poesía brillante, heroica, incendiada de rimas difíciles, “esas joyas de pacotilla que saturaban el poema”. Su trabajo se volvió artesano, cantó a la vida con un verso directo y sencillo. Desarrolló un lenguaje moral (nunca moralista), con visión social y metafísica del hombre contemporáneo. Rechazó –como Stéphane Mallarmé- la secuencia lógica del pensamiento y el influjo de la inspiración, dejando abierta la interpretación del texto y circunscrito a la proyección de la ambigüedad, y de lo hiperbólico.

Tenía cierto desprecio por la crítica, y no le faltaba razón para esta actitud. La crítica literaria de su tiempo fue muy mala y flexible a cierta mediocridad local. La poesía de Mario Negro Zedog es hasta cierto punto: conmovedora, simbólica, directa, sencilla, filosófica, y por momentos expresionista. Es uno de los pocos poetas piuranos que viajó con elegancia muy diurna por el fino erotismo literario con su poesía amorosa, que también escribió.
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(1) Ambas libros “Camino hacia la luz” (1956) y “Sonetario” (1965) fueron publicados en el respectivo Primer Festival del Libro Sanmiguelino. Piura, 1956-1965.

(2) José H. Estrada Morales. “Mario Negro Zedog: El claroscuro de su poética”. Revista Epoca. Pág. 27-29. Agosto-Setiembre 1991.

(3) Ver también , Carlos Robles Razuri, “Panorama de la Literatura en Piura”. Pág 195-200. “Prosistas Piuranos”. Primer Festival del Libro Piurano. Piura. 1958.

(4) Federico E. Varrillas C. “Poetas Piuranos Contemporáneos”. Primer Festival del Libro Piurano. Piura. 1958.

(5) Alberto Zum-Felde. “Indice de la Poesía Uruguaya Contemporánea”. Ediciones Ercilla. Santiago de Chile. 1935.

(6) A. Verjat Mussmann. “Antología de la Literatura Francesa. Prosa y Poesía. Desde los orígenes de la literatura hasta nuestros días”. BOSCH, Casa Editorial, S:A: Barcelona. 1975.

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POEMAS DE MARIO NEGRO ZEDOG

TRÍPTICO


VERDAD

¿Qué es la verdad que al hombre tanto afana?
¿En dónde está ese bien bajo del cielo?
¿Existe la verdad o es ansia vana
que para el hombre sirve de consuelo?

¿Es la verdad como esa luz temprana
que extiende el sol con deslumbrante celo?
¿Es la verdad esa conciencia humana
con que el hombre se ufana en este suelo?

¡La verdad! ¡La verdad! Sólo el cosmos sabe
describirla en lo infinito que la afirma
y a la mente del hombre sólo abisma.

La verdad en la tierra es cosa grave;
la miseria del hombre la confirma
y su injusticia, el juez de ella misma.


LIBERTAD

¡Libertad! ¡Libertad! El hombre exclama
entre las rejas estatuídas del Estado;
de la cárcel que el minino se ha creado
en la ambición desmedida que le inflama.

¡Libertad: Su aspiración suprema llama
y vive infeliz y siempre esclavizado
en el instinto de su egoísmo entronizado
que en su corazón odio derrama...

!Libertad!... Jamás tan grande idea
será para el hombre siendo LOBO,
o mientras su obsesión el ORO SEA.

¡Libertad;... Sin esclavitud, calvario o cruz,
será para el espíritu, noble y probo:
eterno vuelo de amor y luz.


ETERNIDAD


Has de venir, Muerte, algún día,
a dar reposo a esto que es mi vida.
Y mi materia en una muda orgía.
ha de verse en otras vidas convertida.

Así a la vida, piadosa Muerte mía,
mi materia ha de ofrecerse conmovida
y entre tus manos de alfarera fría,
al darle muerte le darás más vida.

Si mi barro a tu conjuro informa,
un tributo de vida hacia lo eterno
entre tus manos de piadosa calma.

Así mi mente en su vibrante forma,
da a la vida su tributo tierno;
a ti mi cuerpo y a lo eterno mi alma.

( En “Breve Antología de Poetas Piuranos, por Carlos Robles Razuri”).


EN EL DINTEL TRÁGICO

Un día se hará en mí un muy hondo silencio
y mi musa no tañerá más la Lira de Prudencio.

Estaré lívido y frío y en mi frialdad inerte
iniciará su sueño telúrico la muerte!

Y ya no seré nada. Mi forma será lodo,
materia disgregada, volviéndose hacia el todo.

Y llenarán las sombras las cuencas de mis ojos
y un festín los gusanos harán de mis despojos!

Y así esta forma triste, afirmada un momento,
aliviará su peso de vida y pensamiento.

Y sólo ya traspuesto ese dintel finito,
reposará en mi sueño, mi sueño de infinito.

Tal así es como ansío sea mi humilde fosa
ese benigno seno de la tierra piadosa.

Allí su sabio tacto trasmutará mis huesos
en átomos distintos que informen otros nexos!

Y tornará a la vida en savia de otras vidas
este agitar que llevan mis venas encendidas.

Volverá a afirmarse, múltiple y diversa,
esta materia de hoy, tan compleja y adversa.

Hoja será del árbol del viento sacudida
tal como este sino de mi agitada vida!

Germen será en la espiga, el insecto o el ave,
o será en la flor como un hálito suave.

Así seré yo algo, ya en la flor, ya en el nido:
nunca será mi tumba una cuna de olvido!

Ah, qué espléndido sería si, sobre mis restos,
nacieran muchos árboles, vigorosos y enhiestos. ..

Así volverá la brisa, la lluvia o el rocío,
a pulsar el cordaje sensible que fue mío.

Y volverá el sol, el cielo o los paisajes
a vestirse en los tonos divinos de sus trajes.

Y volverá el rumor, la onda o el sonido
a acuñar mi longevo en sueño adormecido!

Y volverá la noche, la luna y los luceros
y me darán la calma de sus himnos austeros.

Y estaré en los átomos de lo que hoy presencio
y no será absoluto en mi tumba el silencio!

Y en vosotros mis hijos será mi informe ausencia
la brújula que guíe vuestra sana conciencia.

No se apenen si efímera mi existencia fenece:
cuando una vida se apaga en otras vidas florece!

Seguid siempre mi ejemplo y mi consejo sano:
la vida es un constante dignificar humano...
Y así cuando ya sea mi viaje definitivo
estaré con vosotros siempre feliz y vivo...!


EL ARRIERO

Sobre el sombrero trae
la madrugada fría y huérfana de luceros.

Su poncho serrano prendido en los hombros
le recuerda un nuevo chaparrón
u otro sueño no dormido.

Sobre la paciencia de su acémila
su paciencia rumia y solba
su pobreza feliz, sin mañana
y con hoy de chichería.

Y el chasquido del beso de su arreo
muere en el anca del jumento
en un eco de cabestro.

Así la piara alegra
con su rumor de pasos, chillidos de carga
y quejidos de peso
la cansada monotonía del camino.

Del camino que en muda encrucijada
le da más de una sorpresa
de triste muerte o miserable robo.

Y el arriero en tráfico de vida con eslabones
de jornada diaria encadena pueblos.
¡Alabemos en él, al trabajo que redime!


SIEMPRE VIVA

Me iba del pueblo. Lloró la mañana.
Lloró la campana, metálica voz.
Salió a despedirme la torre lejana.
Llevaba en el alma tu último adiós.

Quizá ya no vuelvas, dijiste llorando;
tu ausencia me deja muy hondo dolor.
Hace mucho tiempo y sigo aun soñando
el eterno ensueño del primer amor.

Pasaron los años con sus graves daños.
Volví hacia el pueblo. Sólo desengaños
encontré en todo. Y no estabas tú.

El amor es fuerte y también es triste.
Por eso sepulto lo que me dijiste
en este cariño, que es su ataúd!

Tríptico de Primavera

LA FLOR

La caravana blanca de la escarcha pasa;
con su poncho de frío, el invierno se va.
Nueva aurora extiende su purpúrea gasa
y es más suave el aliento que la brisa nos da.

El jardín melancólico despereza su sueño;
en alas el insecto agita su tambor.
Es más vivo el ropaje, multiforme y sedeño
con que a cada capullo va vistiendo la flor.

Habrá gracia y encanto, colorido y fragancia.
El alma de natura en la lírica estancia
su sensible cordaje más dulce pulsará.

Y a medida que el séquito primaveral avanza
un horizonte nuevo de dicha y esperanza
sus mansiones de ensueño a la vida dará.

EL TRINO

Ahora cuando es bello el jardín florecido
y es azul más intenso el zafiro del cielo,
la grácil pincelada del ala se hace vuelo,
la música inefable de trino se hace nido.

En el rumor, la soledad, el silencio adormido,
en la humedad que exhala su perfume incisivo,
en el cristal del agua, como un hálito vivo,
en todo, está latente el alma de Cupido.

El ave ahora canta y es su canción dulzura.
La mariposa teje, feliz, en la espesura
su leve entretejido de ala y de color.

Y si hay néctar, perfume, trino, color o vuelo
es porque se ha desprendido su túnica de cielo
y está desnuda y púdica la Diosa del Amor.

EL AMOR

Hay inquietud y misterio en el jardín ameno;
todo aduerme el silencio en sus brazos de seda
y flota en el ambiente, plácido y sereno,
un hálito excitante de humedad y reseda.

La palidez de luna sobre el ramaje es queda;
el cielo aun sostiene los reflejos postreros
y en su cóncava mano se desparrama y rueda
un brillante tesoro de estrellas y luceros!

Se oye un rumor de frondas, de tiernos embelesos:
dos bocas que se juntan en encendidos besos,
dos almas que se unen en una sola alma...

Y en medio de este oasis de enervadora calma,
la mariposa, el ave, el ramaje, la flor,
han oído el arpegio del himno del amor!

(De “Poetas Piuranos Contemporaneos” de Federico E. Varillas C.)



"El Ave Fénix"
(Al terminar la Segunda GuerraMundial)


La muerte estaba colmada ahora.
Su mandíbula insaciable no tubo más que roer.
Los huesos combatientes desparramados,
insepultos,
igoran su trajín en las calles,
los caminos,
los refugios.
El sol lloró por muchos días tanta inútil miseria
La faz ajada de la tierra en "fosas colectivas",
huía de la mirada del sol.
Sangre, Muerte, Dolor.
Era lo único que quedaba.
eternos traficantes de la guerra
estaban inmensamente satisfechos.

El odio encarnado en buitres y cuervos
tuvo alas
con ansias de altura
vanidad de infinito
y predominio universal.

En el macabro paraíso
de este festín de comandos
el cuervo se sintió "AVE FÉNIX"
y quiso cantar

Enmudeció la tierra para oír
el canto heroico.

Enmudeció la vida:
las aves,
los cielos
los mares,
los ríos
el mismo germen vital.

Solamente los hombres no enmudecieron
quisieron acompasar la guerrera sinfonía.

Ante tanto silencio elocuente
la falsa ave glorificada, graznó
únicamente su abundante carnaza,
defraudando a los hombres. .

Para suplir el chasco:

¡Gloria a la ave simbólica!
Exclamaron los hombres.!

"El romance de las Armas "


Fabricante de armas,
Mariscal de la muerte,
apaga la llama negra
que impulsa tu furia de armas:

Por cada cañón que haces,
por cada avión o metralla,
por cada bomba o cohete,
estás negando la vida
y el destino de lo humano.

Apaga la llama negra
de tu ambición desmedida,
la llama que quema tu alma
en el altar del dinero.

Apaga tu sed de sangre,
de oro, que te hace fiera
y te hunde en la miseria
de tu trágico pantano.

¡Tú fabricante de armas!
constructor de tantos males
que estás fabricando el hambre
y la guerra entre los pueblos.

Fabricante de armamento,
monstruo de fuego y acero,
apaga, digo, tus sombras
que están nublando la tierra.

La tierra que te da la vida
que te nutre y te cobija
y que en su virtud te exige,
sus virtudes dignifiques.

¡ Apaga tu fuego negro!
te lo reclama el cultivo,
te lo reclama la hormiga,
te lo reclama el progreso.

Te lo reclama el gusano
que llevas en tus entrañas
y que te afirma en el lodo
que has de ser cuando mueras.

¡Apaga digo la hoguera
que va atizando tus manos;
y la codicia desmedida
de tu locura homicida.!

¡Apaga digo la furia
de tu conciencia caverna
saturada de uniformes
y diplomacia del dollar.!

Apaga, digo, el fantasma
de tu poderío atómico
que ha de acabar en cadáveres
desolación y carroña.!

¡Apaga, digo la hoguera
que siembra hambre y miseria
en el Vietnam, Egipto, Siria,
en fin en toda la tierra.!

Por tu diabólica obra
la historia está levantando
sus monumentos de huesos
de soldados desconocidos.!!!

MARIO NEGRO ZEDOG

Piura, 1967.

(De Revista Epoca, Agosto- Setiembre 1991).