diciembre 31, 2010

PENSAMIENTOS EN LA HABANA / JOSÉ LEZAMA LIMA


 
PENSAMIENTOS EN LA HABANA

Por José Lezama Lima


Porque habito un susurro como un velamen,
una tierra donde el hielo es una reminiscencia,
el fuego no puede izar un pájaro
y quemarlo en una conversación de estilo calmo.
Aunque ese estilo no me dicte un sollozo
y un brinco tenue me deje vivir malhumorado,
no he de reconocer la inútil marcha
de una máscara flotando donde yo no pueda,
donde yo no pueda transportar el picapedrero o el picaporte
a los museos donde se empapelan asesinatos
mientras los visitadores señalan la ardilla
que con el rabo se ajusta las medias.
Si un estilo anterior sacude el árbol,
decide el sollozo de dos cabellos y exclama:
my soul is not in an ashtray.

Cualquier recuerdo que sea transportado,
recibido como una galantina de los obesos embajadores de antaño,
no nos hará vivir como la silla rota
de la existencia solitaria que anota la marea
y estornuda en otoño.
Y el tamaño de una carcajada,
rota por decir que sus recuerdos están recordados,
y sus estilos los fragmentos de una serpiente
que queremos soldar
sin preocuparnos de la intensidad de sus ojos.
Si alguien nos recuerda que nuestros estilos
están ya recordados;
que por nuestras narices no escogita un aire sutil,
sino que el Eolo de las fuentes elaboradas
por las que decidieron que el ser
habitase en el hombre,
sin que ninguno de nosotros
dejase caer la saliva de una decisión bailable,
aunque presumimos como las demás hombres
que nuestras narices lanzan un aire sutil.
Como sueñan humillarnos,
repitiendo día y noche con el ritmo de la tortuga
que oculta el tiempo en su espaldar:
ustedes no decidieron que el ser habitase en el hombre;
vuestro Dios es la luna
contemplando como una balaustrada
al ser entrando en el hombre.
Como quieren humillarnos, le decimos
the chief of the tribe descended the staircase.

Ellos tienen unas vitrinas y usan unos zapatos.
En esas vitrinas alternan el maniquí con el quebrantahuesos disecado,
y todo lo que ha pasado por la frente del hastío
del búfalo solitario.
Si no miramos las vitrinas charlan
de nuestra insuficiente desnudez que no vale una estatuilla de Nápoles.

Si la atravesamos y no rompemos los cristales,
no subrayan con gracia que nuestro hastío puede quebrar el fuego
y nos hablan del modelo viviente y de la parábola del quebrantahuesos.
Ellos que cargan con sus maniquíes a todos los puertos
y que hunden en sus baúles un chirriar
de vultúridos disecados.
Ellos no quieren saber que trepamos por las raíces húmedas del helecho
-donde hay dos hombres frente a una mesa; a la derecha, la jarra
y el pan acariciado-,
y que aunque mastiquemos su estilo,
we don't choose our shoes in a show-window.

El caballo relincha cuando hay un bulto
que se interpone como un buey de peluche,
que impide que el río le pegue en el costado
y se bese con las espuelas regaladas
por una sonrosada adúltera neoyorquina.
El caballo no relincha de noche;
los cristales que exhala por su nariz,
una escarcha tibia, de papel;
la digestión de las espuelas
después de recorrer sus músculos encristalados
por un sudor de sartén.
El buey de peluche y el caballo
oyen el violín, pero el fruto no cae
reventado en su lomo frotado
con un almíbar que no es nunca el alquitrán.
El caballo resbala por el musgo donde hay una mesa que exhibe las espuelas,
pero la oreja erizada de la bestia no descifra.

La calma con música traspiés
y ebrios caballos de circo enrevesados,
donde la aguja muerde porque no hay un leopardo
y la crecida del acordeón
elabora una malla de tafetán gastado.
Aunque el hombre no salte, suenan
bultos divididos en cada estación indivisible,
porque el violín salta como un ojo.
Las inmóviles jarras remueven un eco cartilaginoso:
el vientre azul del pastor
se muestra en una bandeja de ostiones.
En ese eco del hueso y de la carne, brotan unos bufidos
cubiertos por un disfraz de telaraña,
para el deleite al que se le abre una boca,
como la flauta de bambú elaborada
por los garzones pedigüeños.
Piden una cóncava oscuridad
donde dormir, rajando insensibles
el estilo del vientre de su madre.
Pero mientras afilan un suspiro de telaraña
dentro de una jarra de mano en mano,
el rasguño en la tiorba no descifra.

Indicaba unas molduras
que mi carne prefiere a las almendras.
Unas molduras ricas y agujereadas
por la mano que las envuelve
y le riega los insectos que la han de acompañar.
Y esa espera, esperada en la madera
por su absorción que no detiene al jinete,
mientras no unas máscaras, los hachazos
que no llegan a las molduras,
que no esperan como un hacha, o una máscara,
sino como el hombre que espera en una casa de hojas.
Pero al trazar las grietas de la moldura
y al perejil y al canario haciendo gloria,
l'etranger nous demande le garçon maudit.

El mismo almizclero conocía la entrada,
el hilo de tres secretos
se continuaba hasta llegar a la terraza
sin ver el incendio del palacio grotesco.
¿Una puerta se derrumba porque el ebrio
sin las botas puestas le abandona su sueño?
Un sudor fangoso caía de los fustes
y las columnas se deshacían en un suspiro
que rodaba sus piedras hasta el arroyo.
Las azoteas y las barcazas
resguardan el líquido calmo y el aire escogido;
las azoteas amigas de los trompos
y las barcazas que anclan en un monte truncado,
ruedan confundidas por una galantería disecada que sorprende
a la hilandería y al reverso del ojo enmascarados tiritando juntos.

Pensar que unos ballesteros
disparan a una urna cineraria
y que de la urna saltan
unos pálidos cantando,
porque nuestros recuerdos están ya recordados
y rumiamos con una dignidad muy atolondrada
unas molduras salidas de la siesta picoteada del cazador.
Para saber si la canción es nuestra o de la noche,
quieren darnos un hacha elaborada en las fuentes de Eolo.
Quieren que saltemos de esa urna
y quieren también vernos desnudos.
Quieren que esa muerte que nos han regalado
sea la fuente de nuestro nacimiento,
y que nuestro oscuro tejer y deshacerse
esté recordado por el hilo de la pretendida.
Sabemos que el canario y el perejil hacen gloria
y que la primera flauta se hizo de una rama robada.

Nos recorremos
y ya detenidos señalamos la urna y a las palomas
grabadas en el aire escogido.
Nos recorremos
y la nueva sorpresa nos da los amigos
y el nacimiento de una dialéctica:
mientras dos diedros giran mordisqueándose,
el agua paseando por los canales de los huesos
lleva nuestro cuerpo hacia el flujo calmoso
de la tierra que no está navegada,
donde un alga despierta digiere incansablemente a un pájaro dormido.
Nos da los amigos que una luz redescubre
y la plaza donde conversan sin ser despertados.
De aquella urna maliciosamente donada,
saltaban parejas, contrastes y la fiebre
injertada en los cuerpos de imán
del paje loco sutilizando el suplicio lamido.
Mi vergüenza, los cuernos de imán untados de luna fría,
pero el desprecio paría una cifra
y ya sin conciencia columpiaba una rama.
Pero después de ofrecer sus respetos,
cuando bicéfalos, mañosos correctos
golpean con martillos algosos el androide tenorino,
el jefe de la tribu descendió la escalinata.

Los abalorios que nos han regalado
han fortalecido nuestra propia miseria,
pero como nos sabemos desnudos
el ser se posará en nuestros pasos cruzados.
Y mientras nos pintarrajeaban
para que saltásemos de la urna cineraria,
sabíamos que como siempre el viento rizaba las aguas
y unos pasos seguían con fruición nuestra propia miseria.
Los pasos huían con las primeras preguntas del sueño.
Pero el perro mordido por luz y por sombra,
por rabo y cabeza;
de luz tenebrosa que no logra grabarlo
y de sombra apestosa; la luz no lo afina
ni lo nutre la sombra; y así muerde
la luz y el fruto, la madera y la sombra,
la mansión y el hijo, rompiendo el zumbido
cuando los pasos se alejan y él toca en el pórtico.
Pobre río bobo que no encuentra salida,
ni las puertas y hojas hinchando su música.
Escogió, doble contra sencillo, los terrones malditos,
pero yo no escojo mis zapatos en una vitrina.

Al perderse el contorno en la hoja
el gusano revisaba oliscón su vieja morada;
al morder las aguas llegadas al río definido,
el colibrí tocaba las viejas molduras.
El violín de hielo amortajado en la reminiscencia.
El pájaro mosca destrenza una música y ata una música.
Nuestros bosques no obligan el hombre a perderse,
el bosque es para nosotros una serafina en la reminiscencia.
Cada hombre desnudo que viene por el río,
en la corriente o el huevo hialino,
nada en el aire si suspende el aliento
y extiende indefinidamente las piernas.
La boca de la carne de nuestras maderas
quema las gotas rizadas.
El aire escogido es como un hacha
para la carne de nuestras maderas,
y el colibrí las traspasa.
Mi espalda se irrita surcada por las orugas
que mastican un mimbre trocado en pez centurión,
pero yo continúo trabajando la madera,
como una uña despierta,
como una serafina que ata y destrenza en la reminiscencia.
El bosque soplado
desprende el colibrí del instante
y las viejas molduras.
Nuestra madera es un buey de peluche;
el estado ciudad es hoy el estado y un bosque pequeño.
El huésped sopla el caballo y las lluvias también.
El caballo pasa su belfo y su cola por la serafina del bosque;
el hombre desnudo entona su propia miseria,
el pájaro mosca lo mancha y traspasa.
Mi alma no está en un cenicero.


diciembre 23, 2010

OH ESTRUENDO MUDO: ¡ODUMODNEURTSE! / Armando Arteaga

A.A. en el claustro antiguo de la Universidad de Trujillo donde estudió César Vallejo.

*
La esfera terrestre del amor
Armando Arteaga, autor de esta Ponencia, en la Pza. de Armas de Trujillo, 1972.

*

OH ESTRUENDO MUDO:  ¡ODUMODNEURTSE!

Por Armando Arteaga.

Muchas veces en algunos de mis profanos viajes de  mi peregrina vida: "Rumbé sin novedad por la veteada calle que yo me sé". La verdad, no sé que extraña herida estrega en mí cuando camino siempre por las calles de Trujillo, tal vez vuelva la infancia perdida, los años vacacionales vividos en el Barrio El Recreo: en la calle Estete, tantos sueños sentados en el sillón ayo de los más soberbios bemoles, tantas ilusiones ídas.

Allí están los desayunos dormidos, los panes dulces y las aceitunas secas con cebollas que tanto le gustaban a mi tía Luzmila, sus dormidas manos, explorando ternura y tremenda humanidad.

Después, amistado otra vez con la fatalidad de los ofendidos, quién hubiera pensado me fui volviendo escritor de domingos. Esperaba los domingos para escribir lisuras casi sin novedad en el frente: mirándome en el espejo eterno de la adolescencia, frente al mar, o al bodegón triste que las moscas se cagaban en la sala de la casa.

Podría decir para salvarme: César Vallejo, te odio con ternura. En suma, el verbo con que escribo fue el mismo escándalo de miel de los crepúsculos. Mi generación fue parricida, es cierto. Me he puesto a roer los días. Me he puesto a recordar los días de veranos idos, tu entrar y salir, Vallejo, hermano, poeta, amigo de las tardes, siempre galoneándome de ceros a la izquierda.

Viví siempre cerca de Vallejo, aunque no niego, me alejé de él en los caminos iníciales de la escritura por quítame esta paja, por nada, César, no tenía fuerza de razón distanciarse. Uno amanece a ciegas muchas veces.

Vusco volvvver de golpe siempre a Vallejo. Tardaron siempre los lenguajes explicados entre mis parientes por el lado familar paterno: los Arteaga, los Paredes, los Urquizo, los Zavala, los Valderrama, los Delgado, los Blas, los Rodríguez, me hablaron siempre de tu invicto lenguaje, cautivo, libre, pálido, rojo, celeste, taciturno, bueno como el pan del burgo. Explicación: esta lágrima que brindo por la dicha de los hombres.

Viví parte de mi infancia por parajes y lares de Otuzco, Huamachuco y Santiago de Chuco. Allí en el paisaje metafísico andino pasé fugaz jugando con mis hermanas Ayda y Alicia entre vacas que comían flores. Vi como pasaban volando las vagonetas llenas del metálico -argumento- mineral de Quiruvilca. Quería volar también, libre, subido en su vagabundear, por el cielo azul serrano donde -hoy- toda esa belleza se ha perdido para siempre. Más tarde leí El Tungsteno.

Mi padre Américo me contaba, después, que le pasaba lo mismo: se acostaba niño sobre una enorme piedra milenaria, cerraba los ojos y se iba por otros mundos desprendidos de la lluvia que siempre lo despertaba.

En suma, no poseo sino para expresar en esta parte de mi vida, que explicar el testimonio del saqueo de la escalonada naturaleza, lo que es vivir libre: que se lleven todos los minerales del país los usureros pero que no se lleven la alegría de mi infancia, pensaba. Después vino la muerte del abuelo Manuel, al viejo le importaban los otoños, un oxido profundo de tristeza fue volver a su extenso comedor rural junto a Juanita, la mejor amistad admitida en esa infancia: carpintera y alfarera. Me convidó claridad esa tarde en el loco postulado de esa fonética liberteña: ¿poesía, di?.  Lección de filosofía en el cementerio de Casmiche.

Bueno, digo que Vallejo me es tan familiar como el sombrero negro en la percha de la casa trujillana, el poncho de nogal, los zapatos mineros, la bufanda. Por eso, ya universitario, más tarde fui también a mojarme por los caminos de Santiago, y aún:

Estoy cribando mis cariños más puros.
Me despedí una tarde de Santiago de Chuco, de su sabor de cañas de
Mayo del lugar, de sus choclos en la cocina a oscuras, conversando
contigo y sentado en aquel poyo cerca de la tía Julia dando vueltas en tu
casa. Te recuerdo siempre César Vallejo.

Me esperará el patio, el corredor de abajo con sus fonos y repulgos de fiesta. Y llorará en las tejas un pájaro salvaje. Mi testimonio habla de frío serrano y de un canto rural de un gallo al alba en estos versos:

Madre voy mañana a Santiago,
a mojarme en tu bendición y en tu llanto.
Acomodando estoy mis desengaños y el rosado
de llaga de mis falsos trajines.

 Vallejo 1924.

Ponencia en

ENCUENTRO INTERNACIONAL/ CAPULÍ 6/ VALLEJO Y SU TIERRA/

TELÚRICA DE MAYO EN SANTIAGO DE CHUCO

20, 21, 22 DE MAYO, Año 2005.
 *

En el patio antiguo de la Universidad de Trujillo.

diciembre 19, 2010

LA POESÍA DE GUILLERMO FALCONÍ Y EL HABITO DE MIRAR AL HOMBRE COMO INSECTO EN EL DEVENIR HISTÓRICO

LA POESÍA DE GUILLERMO FALCONÍ Y EL HÁBITO DE MIRAR AL HOMBRE COMO INSECTO EN EL DEVENIR HISTÓRICO



Por Armando Arteaga


Foto: Ana María Chagra. Armando Arteaga y Guillermo Falconí: "Cazando la noche" en Canta.

Desde los tiempos del filósofo francés Augusto Comte el estudio de lo social para analizar los fenómenos que accionan el avance de la sociedad se ha sustentado en la sociología como el centro principal del acontecimiento de lo científico-social: desde el estudio teológico hasta el estudio metafísico, en lo sucesivo. Comte aportó el estudio positivista: “los hombres buscarían leyes sociales científicas de la vida social y serían capaces de guiar su destino en términos de las leyes descubiertas y verificadas”. Lo social empezó a ser determinado como una filosofía de la historia, en un intento de explicar las leyes del desarrollo biológico del hombre y aún la adaptación de nuevos conceptos de la biología hacia la sociedad. Para los evolucionistas “lo social” es un “proceso”. La sociedad es un ente orgánico y funciona así. Se pueden explicar los procesos sociales mirando la vida de lo animal sin importar mucho lo imaginativo y racional del hombre. El hombre es animal puro y en muchos casos, como registra su historia, un animal compulsivo y peligroso, e inconsciente frente a su propia conciencia histórica, socialmente hablando. Este sentir parece ser el aporte reflexivo de la “visión poética” del libro “Cazador de la noche” (Lima, Diciembre, 2009, ediciones Sol & Niebla) de Guillermo Falconí (Canta, 1950).

Guillermo Falconí mira nuestra historia actual con una mirada de entomólogo desde su propio discurso “social”, “político” y “poético”, enfrentando el proceso de socialización indicado, del hombre contemporáneo,dentro del esquema también de la antropología cultural. El hombre “cazador de imágenes” desde la noche de la historia tiene en lo “mitológico” un potencial imaginativo para su propio “desarrollo cultural”. Narrador de historias, cazador de imágenes, o poeta, debe dar testimonio de su paso por la historia, debe hacer siempre un inventario de su vida. Guillermo Falconí, cazador “nómada” o “sedentario” de la sociedad moderna, se ha propuesto seguir cazando imágenes poéticas en sus “textos” literarios como un diestro campesino espanta luciérnagas en el infinito de la noche o atrapa “estrellas móviles” en el cielo serrano. Falconí, en “Cazador de la noche”, ha expresado las propias inquietudes de algunos maestros como George Simmel, o Max Weber, o Leopold von Wiese, o Emile Durkheim, o Hobhouse, para citar algunos “pocos” alucinados, capaces de incendiar la pradera “cultural” desde su propia visión de la historia humana (como acontecimiento nefasto).

La conciencia de lo mirado y la travesía de la experiencia social vivida que se refleja en la escritura, denota la inminencia de cierta lucidez para observar la historia. Es cierto, no es tampoco, un “Informe para una academia”, algo kafkiano. Es más bien, un esfuerzo para entablar un dialogo. Hurgar en lo histérico de lo histórico para atrapar el eslabón del discurso histórico del horror y del error humano. Eso es lo que aporta la poesía de Guillermo Falconí. La palabra mirándose en su propio espejo, como en “La Mirada” del venezolano Guillermo Sucre, nos deja una “summa” de visiones para ser rechazadas o aceptadas -a regaña dientes-en la memoria de sus atentos y escardados lectores a quienes hieren los desastres sociales e históricos. Renace en estas imágenes el fulgor de una poesía hecha para volver a la contemplación de la naturaleza de las cosas, para recobrar el instante del pasado: encontrar cada una de las heridas narcisistas de toda una generación (la del 70) donde navega el poeta. Guillermo Falconí, poeta setentero, provinciano (pero metropolitano), nacido en Canta (la sierra de Lima), pero que, participó activamente en la acción callejera y poética del centro de Lima, y militó en la movida contestataria de la contra-cultura de los poetas urbanos “antiestablisment” del final del Siglo XX.

"Cazador de la noche", libro surrealista.

Guillermo Falconí vuelve, para removernos todos los escombros históricos acumulados de este siglo del cambalache. Es uno de los poetas: llegando tarde a publicar en los horarios actuales, aunque estuvo desde muy temprano con nosotros al empezar la década del setenta. Estudió antropología en San Marcos. Falconí, acaba de reunir algunos de sus inhallables poemas que fueron publicados en las revistas locales desde la década del setenta en este libro llamado “Cazador de la noche”. Ha regresado, con su poesía, casi en el último adiós de la Generación del 70, cuyos integrantes ya están en la madurez de sus hazañas literarios. El poeta Jorge Pimentel abre el libro con un poema “recordando al agitado ángel”, empujando las puertas del activismo literario, de entonces, cuando éramos “poetas de Café”, recordando El Cordano. Y, Falconí, ha regresado, para ser, tal vez, en este todavía adiós proteico, el último mohicano que apague la luz de esa casa ilusoria de ciertas “iluminaciones” pasando por el infierno de nuestra conciencia social. Es un provocador –todavía- que quiere despertarnos con bruma inconsciente, incluyendo al vecindario, para fregarnos la onda de viejos infalibles. Falconí tiene una ventaja para mirar desde la poesía el suceso histórico diferente, tiene la instrumentación científica y técnica de la antropología, aunque le pone el lado sentimental y emocional de ser el veedor precavido de lo eugenésico de nuestra especie, présbita para horrorizarse con las desfachateces de la estupidez humana, y para tener también su propia versión de las cosas.

La poesía de Falconí es heredera de la tradición de los mayores aportes de la poesía norteamericana: Roethke, Bishop, Rukeyser, Schwartz, Shapiro, Viereck, Nemerov, Wilber, Levertov, donde aveces el poema se escribe de manera irracional, hasta hacerse un “texto” de carácter surreal e ilógico, aparentemente, donde se puede leer o encontrar otros contextos culturales, otros códigos y otras significaciones, autónomas y tipologías claras del concepto extremo de la libertad creadora, de una escritura cuasi automática, siempre cerca del verso proyectivo experimental que impulsó Charles Olson, precursor de los beatniks y de toda esta nueva poesía moderna que impuso la fuerza de la imagen en lo poético.
Foto: Armand. Guillermo Falconí: Poeta de la Generación del 70.

Sabemos que la crítica literaria en nuestro medio se halla mediatizada, colabora con la distorsión que le conviene al sistema. En nuestro país la ausencia de una posición crítica y la transformación de esta en una disparatada charlatanería periodística, que solo asume el contraste: o la diatriba, o la desmesurada franela, a cargo de personajes literarios que fuguen de promotores literarios de editoriales y vendedores de libros, han sembrado la mediocridad en nuestro panorama literario actual. Esta situación innoble no permite ver con objetividad el suceso literario independiente, libre de perjuicios y de resueltos intereses, que nada tienen que ver con la poesía y la literatura, impidiendo tener claridad objetiva respecto al nivel valorativo de cualquier escritor.

Lo ideológico, también pesa, impidiendo una sinceridad diáfana ante la obra literaria. Tal ha sido el caso, para impedir ver calidad literaria en el prestigio literario de varios poetas de la Generación del 70 como Guillermo Falconí, Ugo Carrillo, Juan Carlos Lázaro, Oscar Aragón, Luis La Hoz, Patricia Saldarriaga, Inés Cook, Abelardo Sánchez León, Mario Montalbetti, Bernardo Álvarez, Walter Márquez, Omar Aramayo, Sigfredo Burneo, Eduardo Ninamango, Juan Félix Cortés, José Enrique Briceño Berrú, Boris Espezúa, Cesáreo Martínez, Jorge Roncal, Nicolás Matayoshi, Gonzalo Espino, Cromwell Jara, Vladimir Herrera, José Luis Ayala, Otilia Navarrete, Gaspare Alagna, Luís Alberto Castillo, y Fredy Roncalla, entre otros, poetas de gran nivel con obras consagradas que casi nunca son tomados en cuenta  ni estudiadas con el debido respeto, disturbando el verdadero proceso literario de esta poesía del setenta, apareciendo versus otros poetas de obras raquíticas, endebles, sosas y mojigatas, como parte de una versión oficial, sin tener en cuenta la aptitud cuestionadora de esta poesía frente a los valores confusos que le deparan al individuo como ser social.

De esa dura adversidad, Guillermo Falconí levanta su propia mirada para volver la vista atrás del tiempo vivido, sin el temor de convertirse en estatua. Falconí pertenece a esa estirpe de poetas que toda realidad la ve desde lo dialectico, desde el sentimiento critico de la observación despiadada de los seres humanos y las cosas de la vida, sometiéndolos al devenir de la historia. Muy bien, para él, se cayó el Muro de Berlín, pero allí está su testimonio de lucha contra todas las taras e idioteces que impone este capitalismo devorador y estúpido, lo mismo contra el totalitarismo stalinilista, burocrático que impidió el verdadero desarrollo de la libertad creadora de los desposeídos, para llegar a un nivel de vida donde se respete la critica, la discrepancia, la diferencia, y el aporte nuevo de la creación: asuntos que todavía no han sido superados a pesar de que la guerra fría ya pasó.

Con una visión de entomólogo, Falconí ve a los seres humanos como insectos. Empieza su viaje por la historia como testimonio en el embrollo bélico de Afganistán donde contrastan: “los peces y los barcos que naufragan”. Bangladesh, es otra parte de este atropello contra la ecuanimidad de la humanidad: “donde un viejo busca fortuna en el fondo del mar”. Hace un rescate de lo rural, indagando en la belleza de la naturaleza misma, a la manera de Robert Frost: “contempla los arroyos y se cubren de blanco las cascadas”. El mito del vacío existencial en la selva de la vida del poeta también es asumido, simplemente el poeta acepta su vida exagerada: “Ahora estoy agitado”, expresa. Dos poemas de gran fábrica expresan la madurez, pero también la manera surreal de enfrentar la realidad: “Un caracol en la niebla” y “Tarde de perros”, son poemas que convocan la fiebre interior que padece el poeta frente a su tiempo vivido, ante la historia que mueve los trotes humanos. Falconí no parece haber perdido el humor, para ser irónico frente a la posición soluble y solvente desde la izquierda, al recordarnos que por boca del viejo Karl Marx: “El hombre es un ser genérico”. El poeta, como ser social, no le teme ni siquiera a “Las puertas de la nada” donde va sediento de “rock and roll” y de verano asfixiante donde aspira a beber el jerez mediterráneo. El amor, tiene varias paradojas y parajes, tropezándose y citando a G. Bataille, a Borges, a Kafka, a Pound, a Artaud, asume la vocación libertaria del poeta excelso, su militancia para con la vida libre y la belleza de las cosas: “La construcción de diferentes tonos en la memoria”. Lo cierto que este “Cazador de la noche”, nos pone frente a la historia con su poesía recordada, por momentos llena de escenarios oníricos donde todo es posible, a lo Fellini, a lo De Sica, a lo Visconti. Su “Luna temprana”, con la que siempre han soñado los verdaderos poetas, extraviándonos en un indescifrable bosque de versos barrocos y neo-realistas.

Salve, poeta Guillermo, después de leer tu libro, también “Golopa mi corazón en la cerveza: On the black magic woman…” La memoria, también, se me deshoja en el espacio literario de la vida. Mirando las estrellas que traerán también los grandes pronósticos de los “pobres diablos” del mundo en las fiestas andinas del futuro que todavía nos esperan. Eres el penúltimo surrealista de nuestra generación. Los hombres como los poemas son los cadáveres exquisitos de la historia.

Foto: Ana María Chagra. Guillermo "Zorro"  Falconí: ¿De dónde son los canteños?.

diciembre 17, 2010

HOMENAJE AL CENTENARIO DEL POETA LUIS NIETO MIRANDA


ENCUENTROS ARGUEDIANOS Y LA DERRAMA MAGISTERIAL, PRESENTAN: HOMENAJE AL CENTENARIO DEL POETA LUIS NIETO MIRANDA-LUNES 20 DIC 7 PM


 ENCUENTROS ARGUEDIANOS Y LA DERRAMA MAGISTERIAL

PRESENTAN:


HOMENAJE AL CENTENARIO DEL POETA

LUIS NIETO MIRANDA


PROGRAMA:

1. La poesía de Luis Nieto Miranda: Hildebrando Pérez Grande

2. Presentación de la revista Arteidea: Oswaldo Reynoso y José Luis Ayala

3. Lectura de Poesía: Julio Nelson, Armando Arteaga, Jorge Luis Roncal, Ernesto Montero

4. Testimonio de Virgilio Roel Pineda

5. Declamación de poemas de Luis Nieto Miranda, por Ricardo Elías Roselló

6. Entrega de óleo/ retrato de Luis Nieto Miranda, por Bruno Portuguez

7. Expresión artística: Jaime Guardia, Julio Humala, Jesús Palomino, Leo Casas, Margot Palomino, Piero Bustos, Los Heraldos Negros, Los Torres, Conjunto de Zampoñas de San Marcos.

LUNES 20 DE DICIEMBRE - 7 PM
AUDITORIO DE LA DERRAMA MAGISTERIAL
 Gregorio Escobedo 598 - Jesús María

INGRESO LIBRE



diciembre 11, 2010

JUSTINO MIGUEL RAMÌREZ Y LA LITERATURA HUANCABAMBINA / ARMANDO ARTEAGA

LA LITERATURA EN PIURA

EL PADRE JUSTINO MIGUEL RAMÍREZ Y LA LITERATURA HUANCABAMBINA

Por Armando Arteaga


  Padre Justino Ramírez


Los pueblos -remotos y originarios-, para ser respetados y considerados en los estudios de una realidad histórica concreta(que caracteriza cada una de sus expresiones literarias), tienen que tener siempre una continuidad literaria. Para Georg Lukács: la naturaleza popular de la literatura significa la continuación de la tradición cultural.

La critica reciente, ha notado un singular interés en la producción literaria hacia las más diversas comunidades lingüísticas y culturales (internas) de una región de campo ampliado, que ante el rigor académico cesionario con el centro del poder, no tenía en cuenta las pequeñas y diversas expresiones localistas, ignorando las sobresalientes literaturas regionales.

Una literatura regional es interesante cuando tiene obras literarias de interés universal que mostrar. El caso de Piura, es de tomar en cuenta, tiene dos partes segmentadas muy claras: el mundo de la costa y el mundo de la sierra. Piura muchas veces le ha dado las espaldas a las expresiones literarias de sus serranías: Ayabaca y Huancabamba. Ha sido egocéntrica con su mirada costeña, propinándose un duro perjuicio social.

Un caso de perseverancia es la constancia por publicar sus obras literarias de los escritores huancabambinos. Huancabamba tiene una literatura importante desde lo arqueológico, lo sociológico y lo histórico. Ese pedazo de tierra serrana que se llama Huancabamba también ha realizado su aporte hacia la literatura nacional con gran fascinación imaginativa, probatoria de su vieja raigambre y de su identidad campesina maravillosa. Huancabamba, la tierra que se mueve, ha caminado con éxito por los predios literarios.

Yo creo que, inicia esta apertura hacia la literatura huancabambina este poeta llamado Pedro Elera Molina que sucumbió con su perniciosa ceguera en Lima, pero que nos dejo dos poemas fascinantes, dignos de antologías: “A una estrella” y “Huancabamba”, el primero de una visión planetaria y crepuscular, y el otro, de enorme contenido cívico y amical para con el terruño. Elera es aún un poeta poco conocido y leído en la región, apenas tuvo el reconocimiento literario en la “Breve Antología de Poetas Piuranos” (Piura, 1950) de Carlos Robles Rázuri, y también Edmundo Cornejo Ubillús incluye su poema “Huancabamba” en el “Calendario Cívico Cultural de la Provincia de Huancabamba (Lima, 1991).

José Eulogio Garrido Espinoza, Huancabamba (1888-1967). Perteneció al Grupo Norte. Carleton Beals en “Fuego sobre los andes” lo describe como un personaje mítico cuando vivía en Trujillo, ciudad a la que llamó “cementerio de hacendados”. Garrido hizo bohemia con Vallejo. Publicó “Carbunclos”, un estupendo libro de prosa y narrativa donde Garrido se explaya como un gran escritor, y “Visiones de Chan” (Trujillo, 1981), un libro póstumo de poemas donde puede apreciarse sus atributos de un excelente poeta.

Néstor S. Martos, Huancabamba (1904-1973). Profesor, periodista y escritor. Publicó varios libros, entre ellos un “Homenaje a Ignacio Merino”, “La ciudad volante”, y las novelas “El cheque falso” (19439 y “El correo de la Gasca” (1965). Llegó a ser director del diario “La Industria”,como escritor vanguardista, celebramos su cuento “¿Y si la tierra cesara de rotar?”, texto de ciencia-ficción publicado en la revista “Jarana” (Lima, 31-09-1927. / N- 1). José Estrada Morales en su libro “Néstor Martos, aproximación a su vida y a su obra” le ha dedicado varias páginas brillantes a la semblanza de este escritor. Profesor en el Colegio “Ignacio de Loyola” y en el “San Miguel” donde entre sus alumnos de Historia estuvo Mario Vargas Llosa. Vargas Llosa nos ha dejado para nuestra memoria su imagen perdurable de maestro en un episodio de la novela “Lituma en los Andes” (“la historia vista en tecnicolor contada por Martos”), y otra de hábitos y costumbres en “El pez en el agua”: “Teníamos también un excelente profesor de Historia, Néstor Martos,que escribía a diario en “El Tiempo” una columna titulada “Voto en contra” sobre temas locales. El profesor Martos, de figura desgarbada, bohemio impenitente, que parecía llegar a clases, a veces, directamente de alguna cantinilla donde había pasado la noche entera tomando chicha, despeinado, barbicrecido, y con una bufanda cubriéndose media cara -¡una bufanda en la tórrida Piura!-, en la clase se transformaba en un expositor apolíneo, un pintor de frescos de los periodos preincaico e incaico de la historia americana. Yo lo escuchaba embelesado y me sentí un pavo real una mañana, en aquella clase en la que, sin mencionarme, se dedicó a enumerar todos los argumentos por los que ningún peruano de casta podía ser un “hispanista” ni elogiar a España (que era lo que había hecho yo, ese día, en mi columna de “La Industria”, con motivo de la visita a Piura del embajador de ese país). Uno de sus argumentos era: ¿se dignó algún monarca, en los trescientos años de colonia, visitar las posesiones americanas del imperio español?”.

 Padre Justino Ramírez: Arriba a la derecha.

El padre Justino Miguel Ramírez, Huancabamba (1907-1986). Sacerdote y escritor. Es el abanderado del costumbrismo literario piurano, despertó desde sus inicios literarios un inusitado interés por antropológico y el folklore de Huancabamba. Publicó obras como la novela “La atrapadora. Los Alcaldes de Juego de Sondorillo” (Lima, 1958); “Cuentos de Don Miguel“(Lima, 1963); “Huancabamba, su Historia, su Geografía, su Folklore (Lima, 1966), que es la monografía de la provincia; y “Acuarelas Huancabambinas, Vol. II (Piura, 1970), donde reúne escenas literarias de “Danzas, Fiestas y Brujerías”. Su aporte literario reúne: amor al terruño, veneración a su padre y religiosidad cristiana.

Alfonso Vásquez Arrieta, Canchaque (1912-1976). Abogado, periodista, escritor y poeta. Publicó “Estancias de la voz”, “Reflejos de la sombra”, “Dialogo contigo”, y “Orquídea y teoría del deshielo” (Poesía).

Edmundo Cornejo Ubillús, escritor, y periodista huancabambino. Publicó “Paisana” (Lima,1961): ocho cuentos de estirpe costumbrista; la revista “Rumitana” (1958-1961) para divulgar el folklore y los valores del pueblo de Huancabamba; y la selección y prólogo de una singular antología “Páginas literarias de J.C. Mariátegui” (Lima, 1985).

Armando Rojas Adrianzén, Huancabamba (1945-1986). Diplomático, profesor universitario y poeta. Realizó estudios de Literatura Hispanoamericana en San Marcos. Compartió con Javier Sologuren, y Ricardo Silva Santisteban la edición de la revista “Creación y Crítica”. Publicó “Bosques” (Lima, 1973); “S&Q” (Lima, 1979), “El sol en el espejo” (1983). En Paris integraba el comité de redacción de la revista literaria “Alta Forte” donde murió.

Miguel Segundo Ciccia Vásquez, nació en Canchaque  18-04- 1946, compositor de música popular,  autor del valse “Rosal Viviente”. Publicó el libro titulado ¨Mi amigo camión¨, donde recoge las experiencias y anécdotas de los camioneros  como verdaderos actores vivientes de las autopistas,  donde resaltó  su espíritu emprendedor y provinciano.  Falleció el 23-06-2006 cuando destacaba como prospero empresario del trasporte urbano nacional e internacional.

Dimas Arrieta Espinoza, n. en El Faique (1964). Profesor universitario, narrador y poeta. Publicó en poesía: “Concierto de la memoria” (1987); “Orientación de las señales” (1991). En narrativa: “Camino a las Huaringas” (1993) y “En el reino de los Guayacundos (2003).

Huancabamba, viene desde la noche de la historia, es “cultura viva” de la región Piura, queda aún, hurgar en su pasado tal como Alfonso Vásquez Arrieta en su ensayo “El Inca Túpac Yupanqui y la incorporación de Huancabamba y Ayabaca al Imperio del Tahuantinsuyo”; queda aún, soñar con su futuro, y en eso siempre puede ayudar la literatura y sus escritores.


Conferencia en el Club Provincial Huancabamba (San Miguel-Lima) el 11 de diciembre del 2010.

diciembre 07, 2010

IMAN DE IMAGENES / ARMANDO ARTEAGA

IMAN DE IMÁGENES *


Por Armando Arteaga

Imagen: Armand.

Uno cree descubrir a veces en el reflejo opaco -con cierto aburrimiento- de la ventana del hotel Collage en donde habito por estos días, ese rostro de hembra que nos trae el cinema anunciado por las utopías gráficas que llevan de cuando en cuando los objetos que se mueven, un neón de Canada Dry, Lufthansa, la congestión de un tránsito de formas marginales, un mensaje que alguien dejó en la pared “por aquí pasaron Grimanesa y Paola. Por Paola pasamos todos”; luego los centros de decisiones: smog, basura el sonido de la ducha que jode tó la noche, una adopta una posición, el agua, los espejos:

Pakistán queda lejos de Bolivia. Incoherencias del hombre, la esposa hermosa: Ali Bhuto en la horca, si el muerto levantara la cabeza, y Banzer de candidato a la presidencia,  ¿no puede ser?, y luego el taxi que transporta alguna imagen recurrente del sistema establecido: el nuevo nombre de relojes y ese hijo de perra que se llama Somoza, en fin,...“hemos disfrutado de la atención del personal de Lufthansa durante todo el viaje”. Todo se mueve en este caos urbano, esta asfixia. río de imágenes, la sociedad dual: capitalistas, proletariado, y al fondo un afiche que nos habla de un condenado a muerte en el Perú: Zanabria. La crueldad de siempre, el hombre jugando a víctima y a verdugo. Netza, población, o ghetto con chabolas, de esteras donde los niños toman el quaker en latas inservibles de cerveza. Pero en los techos que finalmente solo los gatos como yo reconocemos fácilmente: centros de decisión del quijotismo, el conformismo, la vida sigue muelle, un colchón destartalado, una llanta de tractor, una flecha, ¿signos de qué conceptos? y eso lugares comunes que nos trae nuestra propia actividad de militantes clandestinos y que en estos días, siempre, ocupan a lo largo de las horas, la violencia de las horas, las semanas o tímidamente el ojo de la lectura veloz por librerías: Regís Debray, André Malraux y un film de Buñuel. Probablemente hice algún ruido, pues el hombre que iba durmiendo a mi costado enderezó la cabeza y quedó mirándome perplejo como si me hubiera adivinado el pensamiento: ...estamos volando sobre Nicaragua, mire yo no soy comunista pero a ese hijo ‘e’ perra de Tachito lo parió una rata, e hizo el gesto triunfal de los Black Panters. El gesto lo interprete como algo solidario, aunque se que el era un liberal burgués, se le veía en los ojos, pero le daba asco recepcionar imágenes esa mañana de (puta o pura) casualidad en el aeropuerto de Managua.


*Publicado en la revista Penélope N- 3 (Lima, Julio 19, 1979) firmado con el seudónimo de Denis López.


diciembre 06, 2010

BOLETO DE REGRESO / ARMANDO ARTEAGA

BOLETO DE REGRESO

Por Armando Arteaga



El hombre que apareció en la puerta del Versalles -ese café de los portales de la Plaza San Martín- tenía una corbata Pierre Cardin y un terno de El Corte Inglés, cosa rara en el 1975 de esta tres veces coronada villa. El recién llegado de la corbata Pierre Cardin y olor Paco Rabanne (pour homme) se veía que venía del extranjero, no sólo por los signos exteriores para nuestro ámbito tropical, sino porque en verdad era un recién aterrizado, de esos que se ven agitados y extraños en los aeropuertos. El hombre del terno de El Corte Ing1és se acercó a la mesa más concurrida esa noche de viernes, de fin de semana.

- Son ustedes poetas, ya veo -exclamó-.

Jaló una silla y se sentó sin que nadie de la mesa lo invitase. Los de la mesa más concurrida siguieron hablando como si no hubiese ocurrido nada. El hombre de la corbata se integró fácilmente al grupo. Luego de diez minutos de discusión sobre el “ello freudiano con corbata en el cinema de lo cotidiano”, uno de los poetas que había entablado conversación a media voz, por estar ubicado a su costado, se animó a presentarlo al grupo en tono alto de voz, haciendo énfasis en aquel verso de Nicanor Parra: “hoy es un día azul de primavera, creo que moriré de poesía”.

Para involucrar al recién llegado, le preguntó, como para que todos oyéramos la identidad del intruso, algo extravagante, de aquel distinguido personaje de esa noche.

- ¿Así que usted viene desde México?.

- Así es. Aunque vivo en España, vengo ahora de México, asintió, solemnemente, con elegancia de hábil intruso que se confiesa rápidamente. Insistió en tono de broma: He regresado al Perú a conspirar.

- Aquí todos somos conspiradores -respondió otra voz-.

- Ya sé, dijo el hombre de la corbata, todos ustedes tienen “spleen” de poetas malditos. El hombre de la corbata, se apoderó entonces del timón de la conversación y quedó como único expositor de la mesa. Todos los demás asistieron en silencio.

Pidió whisky Glen Elgin, o si quieren vodka Smirnoff, para ser democráticos, insistió.

Siempre con los yankies y también con el oro de Moscú. Hubo risas. Algunos de los poetas pidieron whisky y otros, no sé si por discrepancia, vodka, más cigarros. Hubo varias ruedas.

El hombre de la corbata era un escritor nostálgico, ilusionado por la credencial literaria, aquí chupaba con J. R. Ribeyro, aquí, como ustedes, perdí parte de mi juventud, hasta que Odría me deportó.

Era la primera vez que estaba frente a un silencioso escritor que volvía desencantado del exilio. La música de este pasado a veces vuelve como respuesta de papagayo, y que, por Dios, aunque así sea, solamente, que nunca más el fantasma de la dictadura asuste a esta joven democracia.

Del libro ¨Cuentos de cortometraje¨.

diciembre 05, 2010

HOMENAJE AL PADRE JUSTINO RAMÌREZ ADRIANZÉN EN EL CLUB HUANCABAMBA

CENTRO SOCIAL Y CULTURAL PROVINCIA DE HUANCABAMBA
Av. Alfonso Ugarte 130 
SAN MIGUEL


diciembre 03, 2010

SUEÑO DE LA MARIPOSA/ CHUANG TZU

SUEÑO DE LA MARIPOSA/ CHUANG TZU

*CHUANG TZU, filósofo chino, de la escuela taoísta, vivió en el siglo cuarto y tercero antes de Cristo. De su obra, que abunda en alegorías y en anécdotas, sólo nos quedan treinta y tres capítulos. Hay versiones inglesas de Giles y de Legge; alemana, de Wilhelm.


Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu.



Foto: Armand.

*Del libro de CHUANG TZU (300 A.C.)

noviembre 27, 2010

LA GENERACIÓN DEL 70: LECTURA Y CONVERSATORIO EN LA BIBLIOTECA NACIONAL

LA GENERACIÓN DEL 70:
LECTURA Y CONVERSACIÓN EN LA BIBLIOTECA NACIONAL

Marko Ruiz

Exposición de libros de poesía del 70.

En un ambiente de cierta solemnidad, pero de gran expectativa, se desarrolló la lectura de poemas y un conversatorio con el público asistente al SUM de la Biblioteca Nacional -al costado del Auditorio Mario Vargas Llosa-, con la presencia de tres poetas de la Generación del 70: Ricardo Falla, Sonia Luz Carrillo y Armando Arteaga. El critico y poeta neoyorkino Richard Cacchione (que también ha curando la exposición de libros de varios poetas de esta generación que va en paralelo a este conversatorio) hizo una semblanza de los sucesos más destacados que vivieron y conmovieron la experiencia poética de esta generación contestataria, llena de grandes episodios y acontecimientos culturales que sacudieron al mundo de esa época, así como los aportes de la opinión mundial ciudadana para enfrentar los problemas que vivieron con desenfado social. Cacchioni, conocedor profundo de los aportes de esta generación poética  subrayò la personalidad literaria de los tres participantes.



Más libros del 70.

Ricardo Falla destacó el marco de referencia cultural y político de ese momento post-Mayo del 68, ola de protesta social que llegó con vigor hasta la caída del Muro de Berlín , la Revolución de militares nacionalistas con el General Velasco a la cabeza, Woodstock, el Che Guevara y la revolución cubana, Mandela y el anticolonialismo, el “boom” latinoamericano, la guerra de Vietnam, la China de Mao, el Premio Nobel de Neruda, el neo-realismo italiano y el cine de Buñuel, el suicidio de Arguedas, entre otros sucesos, que ocupan desde Mayo del 68 y que llegan hasta el año 2000: cerrando el siglo XX. El poeta Ricardo Falla recordó la efervescencia de los años setenta por la publicación de revistas y manifiestos de grupos como Gleba, Estación Reunida y Hora Zero, y definió el componente migrante y provinciano de los activistas literarios de entonces.


Ricardo Falla, Sonia Luz Carrillo y Armando Arteaga.

Sonia Luz Carrillo recordó con beneplácito sus tiempos de lectora en la Biblioteca Nacional de la Av. Abancay desde sus tiempos de colegio, su paso por la Universidad Villareal y la publicación de la revista “Paramo” donde publicaron los periodistas Cesar Hildebrandt y Juan Paredes Castro, lo mismo que el poeta Manuel Morales, explicó las expectativas de cada nueva generación para con el desarrollo social y el desarrollo tecnológico, asunto que comprende muy cercanamente por su trabajo de profesora universitaria, resaltó también la presencia de la mujer en la poesía reciente comparándola con la exaltada soledad que sintió ante la falta de presencia femenina en los recitales del 70. Sonia Luz Carrillo celebró haber tenido el coraje de publicar sus libros de poesía donde están presentes las motivaciones más sinceras de su razón de ser: escritora, periodista y poeta.

Conversatorio.

Armando Arteaga explicó la bigamia de su carácter creativo: haber optado por la poesía y haber estudiado arquitectura con los ingenieros, caos y orden: son espacios que se encuentran en una buena obra de arte o de literatura. Los tiempos de la generación del 70 han sido abrumadores, pero los mejores de su vida. Recordó no haber formado parte de ningún grupo ni haber firmado ningún manifiesto por considerarlo innecesario, el acto creativo poético es individual, le bastó eso: ser amigo de todos. Lo único que importa es ser autentico en la poesía, lo demás lo consigna el tiempo y el buen gusto por la poesía. Hizo la revista “Auki” (cinco números) con Luis La Hoz. Recordó, al igual que Ricardo Falla, el kiosco del señor Jáuregui, la librería de Juan Mejía Baca en Huérfanos, lo mismo que una librería de viejo del señor Romualdo que desde muy temprano se empilaba sus mulas de pisco entre rumas de libros viejos donde eran asiduos concurrentes el historiador Juan José Vega y el antropólogo Fernando Silva Santisteban, cerca al Parque Universitario y La Colmena, donde estaban los cafés El Palermo y El Tivoli.

Fue un conversatorio de mucha remembranza, el público preguntó lo que quiso y tuvo a los poetas de buen ánimo a su disposición. Entre el publico destacaron con su presencia el poeta Bernardo Álvarez (del 70), el poeta ayacuchano Urbano Muñoz , y el periodista Jorge Zavaleta Alegre, así como un gran numero de miembros entusiastas de la Asociación de Amigos de la Biblioteca.

Poetas del 70.

noviembre 23, 2010

TRIBUTO A LA GENERACIÓN DEL 70 EN LA BIBLIOTECA NACIONAL






En tercera Noche de Gala de la Biblioteca Nacional

TRIBUTO A LOS POETAS DE LA GENERACIÓN DEL 70





La generación de poetas peruanos del 70, considerada por la crítica especializada como una de las más vigorosas de América Latina, recibirá el homenaje de la Biblioteca Nacional del Perú (BNP) este miércoles 24, a las 7.30 p.m., en la tercera jornada denominada “Noche de Gala” organizada por la Asociación de Amigos de la BNP (AABNP).




Ricardo Falla, Magister en Literatura Peruana y Latinoamericana.

Dirigirá esta mesa de la Poesía Peruana el destacado poeta Ricardo Falla, profesor de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Asimismo, participarán como expositores los también poetas Sonia Luz Carrillo, docente de la misma casa de estudios; Enrique Sánchez Hernani, destacado periodista; el arquitecto Armando Arteaga; y Richard Cacchione Amendola, investigador, periodista y representante de la AABNP.



Sonia Luz Carrillo, periodista, docente e investigadora.


Los más notables representantes de esa etapa post Mayo 68 pertenecen básicamente a tres grupos, cada uno conocido por singulares y valiosas creaciones: Gleba Literaria, Hora Zero y Estación Reunida. Sus más representativas obras podrán ser apreciadas en la muestra bibliográfica preparada especialmente para la jornada.

Poeta y arquitecto Armando Arteaga.



Cabe mencionar que los dos anteriores y concurridos homenajes de la BNP fueron dedicados a los poetas de la Generación del 50 y la del 60.


San Borja, 23 de noviembre de 2010

Oficina de Imagen Institucional y Extensión Cultural

Biblioteca Nacional del Perú

NP Nº 182-2010 OIIEC-BNP

Ver:

y/o


noviembre 15, 2010

PROSPECCIÓN ISOMORFA DE LA POESÍA EN LAMBAYEQUE/ ARMANDO ARTEAGA

PROSPECCIÓN ISOMORFA DE LA POESÍA EN LAMBAYEQUE *
Por Armando Arteaga

A.A.: En la Pza. Matriz de  Chiclayo, en  el emporio de la clásica tertulia literaria

La prospección, es la exploración de posibilidades futuras basada en indicios presentes. Lo isomorfo, es la cualidad de los cuerpos de distinta composición química e igual forma cristalina. Unión libre de consideraciones que usamos para contemporizar ideas a contracorriente, aunque con ojo avizor, acerca de la poesía de la región de los hijos de Naymlap. Sin ninguna pasión literaria por lo anacreóntico, y menos, por buscar Albión distante. Pero sí, por acometividad de conceptos y por acomodación de mis lecturas anárquicas, emprendí esta necesidad de ordenación de lo sucedido: para este caso de la poesía en Lambayeque, que ocupa el espacio cultural e histórico desde fines del siglo XIX con la apertura romántica de Emiliano Niño Pastor hasta la experiencia poética personal que desarrolló Juan Ramírez Ruiz, actitud que sobrepasó el Siglo XX,  y la posmodernidad actual, teniendo en cuenta algunas motivaciones para el estudio del poema como objeto estético.


Paginas de Oro de Lambayeque.

Cultura Popular e Identidad.

Todo poema expresa un significado, es un sistema emotivo-dinámico de emociones, donde la poesía es un verdadero signo externo. En un texto escrito, se puede reconocer y analizar factores sociales, y gestos individuales, de la acción creativa. Tuve esta preocupación razonable de abordar cada uno de los textos individuales de los poetas de Lambayeque, a partir de los sucesos más observables, para una construcción indispensable del proceso histórico y literario; en cada uno de ellos, teniendo en cuenta que, cada exponente literario es el producto de diversas manifestaciones de su tiempo respectivo. Tuve estas conjeturas también a partir de mis conversaciones con Max Dextre, antes y después de la publicación de su libro “Poetas Representativos de Lambayeque 1900-1989” (1989).

Lo más versado, para entender y para alcanzar un conjunto de hipótesis referidos al estudio de la poesía lambayecana, y para asistir con mayor rigor a este viaje circunspecto por el panorama de la poesía lambayecana, es sectorizar este proceso histórico en escuelas estéticas y tendencias: el romanticismo, el modernismo, el costumbrismo, el regionalismo, el vanguardismo, la ruptura social, y talvez entre los últimos "ismos" o expresiones literarias: el expresionismo poético y la postmodernidad "acrítica". Existen varios estudios que sincronizan –resueltamente- con lo que estoy proponiendo “sine die”.

Jose Barragán Carvallo

Ya en la década del sesenta, José Barragán Carvallo planteó las primeras hipótesis locales: de la inauguración poética y la continuidad de una tradición, de la ruptura social y de la depuración de un estilo cosmopolita, de cierta modernidad de esta poesía, en su libro “Páginas de oro lambayecanas” (1965), que es una redimible selección de poetas del siglo XIX y del siglo XX. La “introducción” de Barragán y Carvallo es muy tímida y el “saludo” de Jorge Lazo Arrasco es solo un laudatorio al antologador, algo merecido y cabal (a no dudar), pues,  las notas bio-bibliograficas son certeras y los poemas seleccionados son de calidad literaria, este florilegio nos ayuda a tener un criterio –muy específico- acerca de este panorama de la poesía lambayecana. En efecto, la secuencia cronológica -tal como están seleccionados los poetas- ayuda a una mejor compresión del proceso poético norteño, aunque todavía no se atreve a reseñarlos en "escuelas" y "tendencias" poéticas. Es una antología con algunos equívocos de pie de imprenta y varios poemas traspapelados (que confunden autores y que pueden inducir a error a los lectores iniciados). Aún así, es la mejor antología.

La “Antología de la Poesía Lambayecana” (1981) de Ricardo Rivas Martino, repite los mismos lugares comunes de Barragán Carvallo, aunque extiende el número de los poetas antologados. Es comprensible esta apertura, ocupa el largo periodo del Siglo XX, y lo excelso de los años setenta.

Los “Poetas representativos de Lambayeque 1900-1986” (1986) de Max Dextre despertó el entusiasmo por la realidad de esta poesía, descubrió el sentimentalismo provinciano y parte de su retórica, así como sus magnetismos y sus dones. Es una observación ardorosa, fortalece su propio proceso: poesía con furia, desavenencia y escorzo.

Para permitir una acertada comprensión de este panorama y para denotar una actitud integracionista de esta poesía: con la del resto del país, diremos que ayuda y enriquece el debate de esta problemática poética, si escrutamos –además- en la existencia poética de Lambayeque:

i: “Pensamiento Poético Lambayecano” (1981) y “La Creación Poética Lambayecana” (1982) de Segundo Sánchez Delgado.

ii: “Proceso de la Poesía Lambayecana” (1968) y “100 años de poesía lambayecana” (1980) de Luis Rivas Rivas.

iii: El capitulo III dedicado a la poesía en “Lambayeque: Cultura Popular e Identidad” de Pedro Delgado Rosado. (Ed. mimeó, 1982).

iv: El Diario “La Industria”, en su Suplemento “Lundero” ha publicado una variedad de artículos periodísticos y literarios en torno a la poesía de Lambayeque –desde los años 50 hasta nuestros días-. Son muy diversos y plantean las más dispares verdades que aportan diversas propuestas e ideas para este debate.

Poetas de Lambayeque de Max Dextre.

Apostando por una estética de la identidad, cito a Georg Lukács: “estoy a favor de una literatura que procure respuestas a las preguntas del lector”, respuestas a las preguntas de la vida misma. Y, diré, citando (“ad hóminen”) a Theodor Adorno, luchando contra el dogmatismo de algunas tendencias: “el arte no comporta el conocimiento de la realidad porque representa fotográficamente o desde una perspectiva, sino porque, de acuerdo con su naturaleza autónoma, expresa las cosas que quedan ocultas a las formas empíricas del conocimiento”. La poesía es un conocimiento total, enfrenta y afecta los datos empíricos. Le da a la intención subjetiva del poema una –casi- realidad concreta, adquiere en el “texto” una “significación objetiva”. Buscando esa “significación objetiva” es que creo que el panorama de la poesía lambayecana es algo insular y libre dentro del contexto cultural de la modernidad, y también es un ente autónomo, pero además: es integracionista, y forma parte de esa espontaneidad natural del espacio literario norteño del país, y sigue las escuelas y las tendencias y que se dan sin escamotear la realidad, directa y objetiva, en apariencia y en esencia.

La verdad es que esta introspección acerca de la poesía en Lambayeque es apenas un acercamiento a una parte de su modernidad aceptada. En realidad, Lambayeque como espacio cultural es tan antiguo y tan complejo, es este ámbito geográfico lleno de señales,  que bastaría para anonadarnos con atisbar –la intrusión y destrucción de la política mochica, por ejemplo- a través de una cerámica (pre- inca) de algún asentamiento poblacional de los valles aledaños de Zaña, Lambayeque y La leche, para tener abierta cualquier especulación literaria, para entender la gran repercusión de una poesía que posiblemente ha muerto su vitalidad con el tiempo, pero que revive aún en su oralidad actual. Se puede observar en sus poetas actuales el desarraigo, donde la poesía vuelve a ser canto, o tierra, o muerte, o radicalmente, apoderamiento del lenguaje nuevo de los otrora invasores españoles, esa poesía es una traición aceptada frente a las reminiscencias de una derrota aceptada de estos pueblos ágrafos y agrarios, que eran así los lambayeque, los sican, los sipan, los etén, los incahuasi, los cañaris, es decir, un sin número de poblaciones con un altísimo nivel artístico, tecnológico y cultural, que terminaron deslumbrando la cámara fotográfica y los “estudios monográficos” de Heinrich Brúning, los mismo que: las miradas arqueológicas de Alfred L. Kroeber, de W.C. Bennet, de C.B. Donnan, de R.P. Schaedel, de Izumi Shimada; pero es que, no en vano, toda esta poesía norteña y criolla, ha surgido de un cementerio de muerte, de una historia que vive actualmente en una eterna búsqueda desde su arcaísmo literario, que expresa una espontaneidad de mil maneras, que ostenta una mascara muy benevolente del pasado, y que está escrita en el idioma de los “vencedores”, en un castellano recogido de la propia inspiración de estos hombres nuevos mirando la historia desde una nueva voluntad humana, voluntad de estar sorprendidos, de cierta especulación dramática, y con la confabulación de la máscara discreta de ir tras lo nuevo, de re-definir la historia, aún desde su lengua muerta del pasado, aceptando la modernidad impuesta de su destino histórico.

En cada uno de estos poetas se da la probabilidad de encontrar al otro hombre que evidencia lo nuevo del lenguaje, desde “el laberinto de la soledad” lambayecana. Nadie mejor que Augusto León Barandiaran y Rómulo Paredes que en el libro “A golpe de arpa” (1935) han preferido el sentido irónico de las cosas:

“El humorismo de nuestro departamento se perfila por enfocar, sutilmente, el ingenio propio contra la falta ajena. Hay en él, como un sedimento básico y originario de su formación dos factores sustanciales: el alegre y bullicioso cinismo del “chapetón” mesclados con la fría y filosófica comprensión del indio. Aquel dio la agilidad, esté la profundidad. Psicólogo el último, campechano el primero. De esta mezcla disidente y compleja salta el humorismo hirviente, desordenado, barboteante, casi furioso”.

El proceso histórico de la poesía lambayecana desde tiempos de la Colonia estaba ligado a lo telúrico. Diego Mexia Fernanguil, sevillano avecindado en el Perú desde 1581 abrió las puertas de esta poesía con “El Dios Pan”, haciendo referencia a las catastróficas lluvias ocasionadas por el fenómeno “El Niño”. Lo mismo que, la espantosa inundación acaecida en Lambayeque entre el 01 hasta el 03 de Marzo de 1791, que en la “Descripción de la Provincia de Truxillo”, Miguel Feyjo de Sosa, recogió las congojas de “El Pastor Amanto”, hombre rico de estas campiñas, dando parte a Lesbio Zagal, sobre estos desastres de las lluvias, donde celebra ya con sentimiento poético local:

Dale acierto a mi lengua, é ilumina
Mi discurso que ciego no se entiende,
Mientras de Lambayeque, en dolor tanto
Cantó el diluvio que aumentó mi llanto.

La poesía en Lambayeque del Siglo XX también tiene este segmento natural: hirviente, disidente, desordenado y furioso, de su imaginación. Tiene la tierra, la raíz, la rama, el árbol: el haultaco, el zapote, el bichayo, el algarrobo, el faique, el bosque y las aves: el huerequeque, el gallinazo, el cóndor, el mar y los peces: el tramboyo, la guitarra, la raya águila, el suelo y sus reptiles: el capón, y el saltojo. Flora y fauna de sus parajes risueños y multicolores. Todo este bagaje cultural nativo está aquí en Lambayeque, exaltado en estas voces del terruño, recordados por su poesía alborozada de nuevas sensaciones y buscando nuevos sueños universales. En Lambayeque, la tradición no es el contraste de la modernidad, al contrario, convive igual con ella. La modernidad revive el pasado con la misma pasión que vislumbra su propio futuro.

Esta reflexión de Luis Cernuda vale para las dos versiones: la autóctona y la foránea, que tiene el poeta lambayecano en su escritura cuando enfrenta lo híbrido y lo esplendoroso del Siglo XX:

“La lengua que hablaron nuestras gentes antes de nacer nosotros de ellos, ésa de que nos servimos para conocer el mundo y tomar posesión de las cosas por medio de sus nombres, importante como es en la vida de todo ser humano, aún lo es más en la del poeta. Porque la lengua del poeta no sólo es materia de su trabajo sino condición misma de su existencia”

El romanticismo en Lambayeque fue una renovación de las actitudes obscurantistas dentro de la literatura: inculcó nuevos ideales, consagró una estética distinta al anacronismo y conservadorismo que desfallecía entonces. Rompió con la rigidez de la métrica y la rima: aquel antiguo culto por los modelos clásicos y rígidos terminó. El poeta ahonda en su individualidad, se traduce una ingente preocupación por lo cívico y lo nacional. El “yo” romántico profesa las nuevas preocupaciones del individuo, la búsqueda intensa en el desengaño, la melancolía, el desacuerdo entre lo deseado y lo existente, la predilección por la soledad y por la lejanía del ser amado. Se desarrolló una mirada interesada por lo popular, por la leyenda y por los paisajes exóticos. La razón quedó relegada, e insurge el “sentimiento” privilegiado que le impone al poeta su “ser” social ante la realidad circundante.

Poema de puño y letra de Emiliano Niño Pastor.

En este pórtico del romanticismo, aparece la figura del poeta Emiliano Niño Pastor (1845-1939). Maestro de la décima, su poesía muestra las costumbres de una sociedad en contraste con la posición ética del individuo. Lo mejor de su producción poética, me parece, no es su aplaudido poema “A Colon”, sino es el poema “Lámpara de Aladino” donde luce su “elán vital”, y se puede comprobar lo experto que resulta en su manera de poetizar. Lo mismo que en sus poemas cortos: “La duda”, “Opinión” y “Religión”. Serafina Quinteras en su “Antología de costumbres y humoristas peruanos: De la misma laya” (1957), le otorga a Emiliano Niño Pastor un destacado lugar, llamándolo: “un ruiseñor, hecho para cantar libremente”.

El romanticismo al prorrumpir la tesis de igualdad entre los hombres, propinó el derecho individual entre los hombres y sublimó lo común y lo colectivo, con libertad. La imaginación romántica tuvo la invención y la originalidad para expresar sus meritos en las canciones poéticas de Gregorio Campos Polo (1855-1912), Fidel Arana Rodríguez (1857-1936), y Augusto F. León (1860-1926). La poesía romántica volcó su interés en el “yo” poético, en el mundo “interno” y “subjetivo”, del poeta, frente a la realidad, siempre grotesca y sin brillo. Los románticos buscaron un ideal muy especial de la belleza en función del amor como pasión. Gregorio Campos Polo: desarrolló “la espinela”. Fidel Arana Rodríguez: cantó a las “civitas” de Chiclayo y Lambayeque. Y, Augusto F. León: reminenció la vida escolar.

El modernismo fue en Lambayeque una verdadera subversión literaria. Trajo una liberación de las maneras poéticas, siguieron (con perfiles propios) las ideas del realismo rebelde de Manuel González Prada. Trae un nuevo sentido de crítica y renovación del pensamiento social y literario. Rebeldía e intransigencia forman parte de una nueva sensibilidad difusa, superando las obsesiones románticas. Los poetas modernistas tienen una actitud épica, un tono exaltado, una sonoridad verbal, una evocación del pasado y un americanismo literario. Es una poesía intimista, lírica, amorosa, tiene una escritura –por momentos- epigramática, irónica y caústica, de una estilística muy rigurosa, celebran los valores éticos y morales de una nueva realidad. El modernismo en la poesía de Lambayeque se abrió paso a nuevas alternativas sociales, fue puertas libres para nuevos escenarios políticos de la sociedad peruana extenuada entonces por el pesimismo dejado por la derrota de la Guerra del Pacifico, y al afán de las nuevas tendencias literarias que vinieron de Europa, pero algo más, se fue desarrollando bajo el influjo de peculiares y nuevas condiciones lingüísticas. El modernismo literario trajo para nuestras provincias: nuevas maneras de mirar el mundo, un cosmopolitismo diferente invadió los cenáculos urbanos y hubo otra manera de enfocar los escenarios culturales.

Germán Leguía y Martínez (1861-1928) inserta a este nuevo influjo literario -de este movimiento estético- que trae nuevos aires cosmopolitas: refinamientos seudo-aristocráticos y también poses seudo-plebeyas, con una visión purista del arte por el arte, eso solo en su poesía. Leguía y Martínez, fue un personaje brillante, pedagogo y abogado, diplomático. El político terminó opacando y desdeñando al escritor. Se movió en la contradictoria actitud desde el positivismo, el liberalismo y el racionalismo. Entre sus libros publicados destacaron: “El Manchaypuito” (Drama, 1888), “Poesía” (1894), “Historia de Arequipa” (2 Vols., 1913), y “Diccionario geográfico, histórico y estadístico del departamento de Piura” (1914). Francisco Mostajo ha reverenciado de Leguía y Martínez sus cualidades de historiador: “Pese a su estilo repujado y a su cariño férvido por Arequipa, su historia deja la impresión de trabajada en frío…”

José Clodomiro Soto (1867-1937), escribió libros de gran intensidad lirica como “Gramática”, “Cienos y Manantiales” que son sus más representativos aportes literarios. Sus poemas “A Magdalena”, “Esperanza” y “Miocarditis”,  están muy adyacentes de la poesía de Salaverry y Melgar.

Sara A. Bullón y Lamadrid (1867-1952), trae el destello de la poesía femenina, sus cantos son gestos cívicos y rebeldes, resaltan la cotidianeidad de la vida, tal el caso de poemas como “En broma” y “Milagros del Rocambor”.

El costumbrismo en Lambayeque es parte esencial de ese espíritu criollo y tradicional de toda nuestra literatura de fines del siglo XIX y comienzos del Siglo XX. En Lambayeque no se necesitó pasaporte del centralismo literario limeño. Los escritores y poetas lambayecanos siempre expresaron la tendencia y la simpatía por exaltar sus costumbres típicas, por criticar lo risueño de la vida insipiente urbana y el limeñismo con cierta censura amarga. Es una actitud social, provinciana e irónica, fue siempre el “leid-motiv” de su mirada moralizante e indulgente. Sátira y humor fueron siempre armas de su indignación y de una observación rigurosa y cuestionadora de las realidades de su tiempo.

Es Arturo Shutt y Saco, un destacado poeta y prosista del momento inaugural de la literatura de costumbres, espíritu autocrítico de cierto refinamiento criollo y popular, logra producir con éxito poemas brillantes como “La Chongoyapana”. O, “La sublime respuesta”, celebrados poemas que lograron gran popularidad. “La Chongoyapana” fue musicalizada, lo mismo que “Bajo el parral”. Con él languidece también el romanticismo y el modernismo, etapas que, Shutt y Saco, las cierra con broche de oro. Gozando de mucho prestigio: sus poemas tienden a ser exaltaciones folklóricas, casi pinturas o escenas de la vida común, casi cerca del “romancero”. Shutt y Saco, es un destacado poeta naturista y posee una gran prosa: escritor al que hay que reivindicar.


"La Congoyapana" de Shutt y Saco.


Enrique López Albujar, n. Patapo-Chiclayo (1872-1966), expresa literariamente parte de este costumbrismo norteño en sus poemas, así como un indigenismo propio en su narrativa. López Albujar le dio a la poesía lambayecana cierto prestigio literario, aún sin proponérselo. Costumbrismo, indigenismo y africanismo, en la obra de López Albujar, es un afán sincero por recuperar la continuidad histórica, por darle a la poesía lambayecana una voz discordante dentro del entorno moderno, pero también, es una voz coincidente con la modernidad actual. Poesía y narrativa de la crítica social para tomar distancia con la deplorable situación económica y política de la sociedad actual, para explicar las diferencias sociales entre los hombres. Escribió en poesía “De la tierra brava”, “Lámpara votiva” y “Poemas Afro-Yungas”. Su prosa: novela, cuentos, ensayos, derivaron también en creación poética de su temática personal.”Yo siempre fui un político platónico” –dijo cierta vez López Albujar-. “No me gusta deberle nada al pueblo, como que sea él quien me deba”-concluyó-.


"Lámpara votiva" de López Albujar.

El regionalismo en literatura se ha vuelto un término despectivo, muy mal usado. El concepto de regionalismo alude a la certeza de la existencia de una demanda de un mercado interior de lectores cuando una determinada región tiene estructurado un espacio cultural -más o menos- integrado, que es el caso de Lambayeque. Las enormes posibilidades del "regionalismo" surgen de la formación de este circuito cultural desde mediados del Siglo XIX hasta los años treinta del Siglo XX en donde se realizó las bases de la producción capitalista y la consolidación del proletariado costeño, que impulsó el surgimiento de lo urbano: en lo literario, la publicación de las revistas Germinal y Colónida. Se da una acelerada evolución social y política a través de varios grupos de intelectuales que terminan formando los núcleos: aprista y socialista en Lambayeque. El regionalismo literario reivindica lo inmediato, lo coyuntural y los tópicos locales. Otros poetas que siguieron las tendencias del costumbrismo y el localismo lambayecano fueron: José F. Xavier García Suarez (1873-1928), Coronel Manuel C. Bonilla (1873-1954), Rómulo Paredes y Gonzales (1877-1968) y Celia Gabriela Carranza y Caballero (1879-1962).

José Vicente Razuri, escritor piurano  y pacasmaino,
estudio la obra de J.E, Lora y Lora., clave para entender el vanguardismo lambayecano.

El vanguardismo poético en Lambayeque es una intensidad de disconformidad con los dogmas y contra los pardigmas del sistema: es anti-oligárquico, es anti-gamonal, es liberal, y es una "revuelta" literaria en coincidencia con alabanza de lo nuevo, con el "progreso" que trae la tecnología y con la aparente confianza en el "confort" de lo urbano, y con una nueva visión de la lógica de la historia a favor de la clase trabajadora.

Los poetas vanguardistas advierten que la poesía ya no debe ser mímesis de la realidad, es toda una ruptura con las normas aristotélicas. No hay manifiestos, pero hay un profundo interés en las consideraciones teórico-poéticas, se proclama una total adhesión al simbolismo, el imaginismo, el surrealismo, y el positivismo (en lo filosófico). Los poetas miran hacia un entorno sin límites, hay que cambiar el mundo y la vida. Digamos que los poetas se profesionalizan, tienen una actitud lúdica ante el lenguaje. La poesía como una bella locura entre la vida y la palabra.

José Eufemio Lora y Lora.

José Eufemio Lora y Lora (1884-1907) es el poeta lambayecano que logró la hazaña de la “muerte inmortal” para salvar la poesía de cierto aburrimiento en el marasmo local. Murió en Paris (como Vallejo): un 13 de diciembre de 1907, atropellado por un tren. No hay exilio para él. No hay terruño, no hay entierro eterno. No hay nueva patria. Su patria, la poesía. Vivió como un verdadero poeta modernista. Ecléctico, sin los límites de los países, buscó todas las estéticas posibles de su tiempo para darle a su voz un sentido original. Su libro póstumo “Anunciación” muestra los excesos de su gloria olvidada; de su poesía exaltada por Rubén Darío, por Vargas Vila, por Chocano, por Ventura García Calderón. “Es un poeta nuevo, es un poeta joven, en las altas escarpaduras de la modernidad: exclamó Vargas Vila.

"Un poeta olvidado", el libro de José Vicente Razuri dedicado a José Eufemio Lora y Lora.

José Vicente Razuri le ha dedicado un estudio certero para una aproximación que llegó tarde acerca de su obra e itinerario poético: “José Eufemio Lora y Lora: Un poeta olvidado” (1960), ademàs de "Chiclayo y su poeta 1885-1907" (1966). Lora y Lora iba a ser uno de los más representativos poetas latinoamericanos, lamentablemente la muerte le llegó muy temprano. Ventura García Calderón llamó al poeta: cazador de quimeras. Max Dextre ha definido en estas breves líneas su trágico destino:

“El 13-12-1907, los diarios parisinos lanzaron la terrible noticia: el poeta había hallado la muerte bajo las ruedas del metro en París. Sus amigos lo llevaron al viejo cementerio de Bagneux. Allí descansaba en paz, hasta que un día anónimo de 1942 lo arrojaron a la fosa común”.

Recuerdo haber conversado, largo y tendido, respecto a “Jelil”, con Max Dextre. Yo tenía la edición francesa de su libro “Anunciación” (del editor Garnier), que obsequie a Max Dextre, quedando alguna vez en hacerle un respectivo homenaje, pero nunca pudimos concretar esta fiesta final para él. Amigo de Rubén, de Chocano, de Ventura, dice de él, Vargas Vila:

“Lora y Lora, es pues, un Poeta de Universalidad, en el cual la fuerza étnica, ha perdido toda expresión avasalladora, y, cuyo pensamiento, no brota, como una raíz de la substancia secular y oscura de la raza;
 es un Poeta nuevo:
es un Poeta joven;
en las altas escarpaderas de la modernidad…”


"Jelil".

Carlos Alberto Doig y Lora (1896-1965) es otro poeta de nivel sorprendente. En la poesía de Doig y Lora se plantea una insurrección contra las formas caducas de hacer poesía. Lo más interesante de la poesía de Doig y Lora es su reclamo de autonomía con las otras formas estéticas del pensamiento humano. Se da en él un tratamiento especial al despertar de la nueva sensibilidad modernista, se rechaza el pasado literario vernáculo: manido y bohemio. Se busca la protesta y la denuncia social, la reivindicación de lo nativo, se abre -con interés denodado- a los problemas contemporáneos del mundo. Se celebra las aparentes bondades del progreso. Doig y Lora, publicó en la revista “Variedades” N- 587 (31-05-1919), su poema “Mientras la tarde muere”, y en “La Prensa” de Lima (05-02-1922) su poema “Pagana”. Su poema “La Isla” es una irreverencia poética, tiene cierto impulso simbolista, y manifiesta un entusiasmo por lo filosófico. Es un poema excelente, digno de figurar en cualquier notable antología de la poesía latinoamericana.

Juan José Lora.

Juan José Lora (1902-1961), perteneció al Grupo Norte de Trujillo. Su primer libro “Lydia” (1924) lo publicó en Trujillo y su segundo libro “Diánidas” (1925) lo publicó en Lima, ciudad en la que participó en la década del veinte en el activismo literario -tanto en Trujillo como en Lima- con César Vallejo, Alcides Spelucín, y Antenor Orrego. Nicanor A. de La Fuente ha escrito de esta parte inicial de su poesía: “Desde “Diánidas” a “Lydia” hay muchas experiencias consolidadas en la obra del poeta. Sus recursos gramaticales se producen con diferente naturaleza, pero el pulso es el mismo en toda su creación, la temperatura normal de su lírica no baja ni sube. De las “estrofas rituales”, que anota Luís Alberto Sánchez en el primero, se vuelve petulante al grafismo de la época del segundo. De aquí para adelante, otros cambios precursores se producirán como consecuencia de las presencia del hombre en su fisonómica”.


Homenaje a Juan Lora y Lora.

En su libro póstumo último “Con sabor a mamey” (1962) donde dejó algunos poemas inolvidables de huella social, adelantándose a los presagios y a la desazón de su tiempo. “Mi catedral”, es un sondar de la chiclayanidad; “Espesau”, divulga y reivindica la cultura gastronómica ancestral del pueblo mochica; y la elegía a “Túpac Amaru”, es asunto de fidelidad al personaje y al mártir ilustre de Tungasuca. Desde “Diánidas” la poesía de Juan José Lora fue reconocida como un aporte vanguardista, desde el exhibicionismo anafórico de alguno de sus poemas hasta lo descriptivo, y el sentimiento de orfandad ante Dios, una angustia filosófica y un destino lúdico de su poesía, que lo muestran como un poeta rebelde, y por momentos les da a sus poemas: una atmósfera con cierta oscuridad.

"Diánidas", primer libro de Juan José Lora.

Nicanor A. de La Fuente (1904-2009), firmaba sus escritos periodísticos con el seudónimo de Nixa. “Las barajas y los dados del alba” (1938), es un libro editado tarde. Son poemas que comprende a una época que abriendo paréntesis en 1924 se cerró en 1928 –dice Nixa-. Es un libro netamente vanguardista en esencia y en apariencia (para los neófitos). Es un libro donde siempre se tiene en cuenta la “mise in page”, con cierto recato para no atiborrar la pagina en blanco, tiene los detalles del “creacionismo”, busca siempre una arquitectura sobria para el poema, y divaga por lo metafísico. Los poemas son lucidos e inteligentes. Nixa juega ping-pong con el “imaginismo” de Pound. Las imágenes expresionistas de sus poemas son siempre arbitrarias y tienen fuerza, se dan de la mano con lo ilegible y anecdótico. Se dan de bruces con los poemas de e.e. cummings (su poema de Buffalo Bill se publicó en 1923), vaga por las ocurrencias de Tristan Tzara, i retorna por la misma calle de los “Caligramas” de Apollinaire que termina en un “Programa” dentro de una sala de cine donde Francisca Bertini y Tom Mix despeinan los nervios.

Nixa en blanco y negro.

El “imaginismo” de Nixa traspasa siempre la realidad que aborda en su poema. Es, por momentos, un “cadáver exquisito” surrealista. En otros versos, es lirico, expresionista, futurista, anarquista, fluye por el absurdo de la vida, pero vuelve siempre a la realidad de las cosas, a la dura realidad. Nixa mantuvo siempre, este fidelidad “creacionista” y “concreta”, en su poesía, aún hasta en la publicación de su otro libro “El aire y otros poemas” (1965). En “Stribera Lirica”, prólogo de este libro “El aire y otros poemas”, Juan José Lora dice de la poesía de Nixa: “Nixa es una sonrisa infantil. Es una singular bemalización de la alegía. Sus notas de color, aún las más agudas, parece que las toma relentando. No tiene el don de la velocidad sintética. Posee para el detalle una voluntad de microscopio: se acerca con cariño a su importancia. ¿No es éste también el siglo de Fabre y de Pasteur?”.

"Las barajas y los dados del alba",
el primer libro vanguardista de Nixa.

El mejor reconocimiento del gesto de la escritura y de la poesía de Nixa lo ha escrito Antenor Orrego, a propósito de “Las barajas y los dados del alba”: “Como todos los artistas vanguardistas éste, también, ha escrito, ha grabado, ha burilado el gesto de la palabra”.

"El aire y otros poemas",
siguiendo el vanguardismo.

Nixa en el Siglo XX.

Otros poetas y escritores vanguardistas, nativistas, simbolistas, sobresalen dentro de la poesía lambayecana. Ellos son parte de este regionalismo poético, la versión de esta tradición literaria, una toma de conciencia localista frente al compromiso de la palabra con la realidad: Julio A. Hernández García (1986), Moisés Valiente (1886), Ricardo Miranda Romero (1889-1962), Augusto León Barandiarán, Alvaro Mesones Piedra (1904), Alejandro Salazar Cartagena (1908), Carlos Porras Flores (1909), José Mejía Baca (1910), Alejandro Lora Risco (191(), Reneé Navarrete Risco (1920), Oscar G. Allaín Cotera (1922), José Santos Silva Tirado (1923), Leonor Saavedra de Rivera (1927), Jorge Lazo Arrasco (1928), Estuardo Deza Saldaña (1928), Yolanda Sánchez de Plenge (1928), Estrella Mora Risco (1932), Ricardo Espinoza Salazar (1932), Elena Portocarrero Barandiarán (1934), Ricardo Rivas Martínez (1935), Lila R. Rivas Martino (1936) y Maruja Ramírez de González (1940); conforman el consuetudinario espíritu de esa indudable autenticidad literaria lambayecana, el canon de su imaginación moderna.

Dos poetas llaman la atención de este grupo, casi al final del Siglo XX, porque desarrollaron cierto despertar en sus voces poéticas: iconos haciendo el delirio de las muchedumbres letradas, maravillaron a su propia comunidad intelectual, aún con un fermento de admiración adolescente, aún con blasfemia intrascendente, aún con provocación bodeleriana, desarrollaron una obra muy personal: Mario A. Puga Imaña (1915-1959) y Alfredo José Delgado Bravo (1924-2008).

Mario A. Puga Imaña

Mario Alberto Puga Imaña (1915-1959), nació en Trujillo el 30 de diciembre de 1915, pero paso la mayor parte de su vida en Chiclayo donde falleció el 10 de julio de 1959, y casi toda su obra literaria tiene en cuenta los espacios culturales de la región Lambayeque. De allí que José  Barragán Carvallo lo incluyó en sus “Paginas de oro lambayecanas” (1965).  Se graduó de abogado en la Universidad de San Marcos y por sus ideales políticos pasó dificultades en México.  Abogado, economista y periodista, desarrolló su obra liberaría con mucho fervor por Chiclayo.  Su obra publicada e inédita es extensa: “Tres poetas civiles”(1940), “Elegía  a la muerte de León Trotski” (1941), “Fraternidad frente al Dolor”(1943), “El Estado y la Libertad de Culto”, “Así no más”(1962),  “Lo arenoso”, “Antonio Machado,  poeta español”, “El pueblo y sus oficios”,  “Ternura”,  “Los incas: Sociedad y Estado”, “Puerto cholo” (novela), “La promesa” (novela, editada en México), “Eternidad de fuego” (cuentos), y  “Lo humano distante” (poesía).

“Puerto cholo” (México, 1955), novela de pescadores describe la apacible vida de un pueblo norteño costeño.  Manuel Fiestas, retorna a Puerto Eten, invalido por un accidente en el extranjero, logra recuperarse y convertirse en un hombre importante en la ciudad, pero un maremoto destruye el Puerto de Eten y las viviendas de los pescadores, y su hijo navegaba en altamar cuando se produce el fenómeno natural.  Sus cuentos en “Así no más” (1962),  son de gran intensidad narrativa: alegría, dolor, solidaridad, magnificencia de los valores humanos del hombre de la costa lambayecana.  

Poeta de referente visión estremecida para redimirse en la dura convención social, es  en “Lo humano distante” (1946, con viñetas de Juan Barreto) donde nos deslumbra con su capacidad poética. Es allí,  donde una puede encontrar los aportes poéticos y la razón porque admirar y reconocerlo  como uno de los más destacados poetas de la región Lambayeque y La Libertad,  a Mario Alberto Puga Imaña


Lo humano distante. M.A. Puga.  Poemas.

Alfredo José Delgado Bravo (1924-2008), nació en el pueblo de Ferré (Monsefú) en 1924, acaba de fallecer hace unas semanas.  Escribió teatro: “Amar es fuego de azar”, “El Espejo”, “El Hombre de Circunstancias” (un acto); “Los sueños vienen del mar” (tres actos). En poesía: “La Casa Ruana”, “Las Horas Naturales”, “Historia Intima de la Tierra y el Mar”, “País llamado Esperanza”, “La Raíz Eterna”, “Dundal”, y otros.  Ganador del “Bastón de Oro” en los Juegos Florales de la Escuela Normal Sagrado Corazón de Jesús.

El poeta chiclayano Max Dextre en su libro “Poetas Representativos de Lambayeque: 1900-1989” (1989), lo recuerda como “uno de los más altos exponentes de la poesía lambayecana contemporánea”.  El poeta A. J. Delgado Bravo en esa entrevista anuncia la próxima publicación de su libro “Los móviles esenciales de Trilce”.  Dextre le hace memoria que el critico Alfonso La Torre en el periódico La República había escrito que “el mejor análisis que he escuchado de Vallejo ha sido en Chiclayo”, precisamente de A. J.  Delgado Bravo. Max Dextre le pregunta: -¿Tienes algún trabajo inédito?.  Responde: -Tengo varios trabajos por publicar.  La poesía es mi primer y ultimo amor.  En otra parte de la entrevista,  Alfredo José, dice algo esencial para el poeta: “el compromiso del poeta es con todos los hombres”.

Fue agradable, y sorprendente, recibir su mensaje de preocupación por la situación de “desaparecido” del poeta Juan Ramírez Ruiz, enviando un sutil ensayo acerca del libro “Las armas molidas”, donde se puede observar su aproximación critica y valorativa de Delgado hacia el libro de Ramírez Ruiz.

 Alfredo José Delgado Bravo

 Siempre hemos recordado A. J. Delgado Bravo, con este su poema: de una visión mochick.  Del cangrejo como icono y de la constelación de “cáncer” en la bóveda celeste, hurgando en las inmensidades de las posiciones de las estrellas tal como el hombre de la costa peruana norteña las percibe en sus brillos; ese crustáceo del orden de los decápodos que caminan en cualquier dirección sin poder volverse por su propio camino, perdido en su “Constatación Plenaria”:

Día a día crecemos
en el pan trabajando, hermano mío.
Más allá del abuso y la fatiga
nuestros huesos son mástiles de paz.

Noche a noche aumentamos
en el breve descanso, hermano mío.
Por los límites cárdenos del alma
nuestras venas son ánforas de luz.

Nadie puede negarnos este aumento.
Nadie puede igualar esta energía.
Nadie puede imitarnos esta magia.
Nada puede mutar esta verdad.

La verdad crece en puños de esperanza.
La energía desborda corazones.
Y la magia describe truculencias.
Y la luz desenfunda el oropel.

Día y noche crecemos, aumentamos
de estatura y de fe, de hueso y alma,
en la ronda infantil que enlaza estrellas
o en el joven triunfal que pesca el mar.

Pasa el odio, no el alma que ennoblece.
Pasa el judas, no el hombre que se estima.
Pasan los odios y judas, no la vida:
Lo que triunfa en la vida es el amor.

      Oh Gran Cangrejo de Oro,
Señor de las linternas sonámbulas del cielo,
moneda reluciente soñada por mi infancia,

Yo te beso los rayos finigénitos,
ceramio hecho con fuego de manos taumaturgas:
santifico tu guerra,
tu combate de púrpura sobre montes de nieve
a tu batalla de luz con gigantes de sombra;
me admiro a tu naufragio de galeón invencible,
y te canto el responso litoral del crepúsculo.

      Yo te canto, Señor, en tu hora más trágica,
por que tienes el fuego destructor y no matas,
por que llevas la fuerza pavorosa y no aterras,
por que inflamas la vida de pasión y guías,
me sumerjo en tus llamas que ameritan las nubes,
Supremo Sacerdote de las garzas auroras,
Dueño de los rebaños esplendentes y áureos
que paren en la tarde más allá del océano.
Me desnudo y me baño
con los últimos filtros de tu amor por la vida.

      Soy el niño que juego
con tus ígneas monedas de tiltil correidile,
con tu sombra pequeña de tus torres de arena;
pese al pulpo de sombra que de pronto se extiende,
por la quincha espumosa de la tarde,
yo recojo tus pasos y los guardo
como peces de oro en mi red-fantasía,
junto al viejo corral donde aún sueña la luna
su aldeana costumbre de dictarme al oído,
los poemas del tiempo, de la noche y del mar.

Monsefú, 1962.

Alfredo José Delgado Bravo ha merecido el reconocimiento literario desde entonces al ser incluido en las “paginas de oro lambayecanas” (Lima, 1965) de José Barragán Carvallo, que es la antología más representativa del Siglo XX, donde se recogen otros poemas de sus inicios poéticos  como “Elegía a Karl Weiss”, “Lo que ignoran los suicidas” y “Gran Vía”.

Pedro Delgado Rosado en su estudio “Lambayeque: Cultura Popular e Identidad” (Mimeo, Chiclayo, 1982) le ha dedicado también unas líneas para una mejor comprensión se su obra poética: “Es el poeta Alfredo José Delgado Bravo otro representante de esta orientación nativista de la poesía lambayecana.  Ha escrito toda una serie de poemas dedicados a la naturaleza, a la vida campestre, localista y costumbrista de nuestro departamento.  Así, por ejemplo, le canta a las playas, a las garzas, al algarrobo, al caballito de totora, al caserío de Callanca, a los muymuyes, a la yunza, a las acequias, al cerámico, a la Caleta, a los chilalos, al festejo, a la primavera yunga, a la marinera, a las dunas, a las lúcumas, a los tiltiles, al huerequeque, a las redes, a la plazuela, al landó, a las huabas, al guaranguau, etc.  Por los títulos de sus poemas podemos concluir que Alfredo José Delgado Bravo es un representante de la poesía costumbrista o lugareña al hacer mención a las frutas, a los animales, a las plantas, a los arboles, a la danza, a la música, a los bailes y a las aves propias y oriundas de los diversos pueblos que conforman nuestra región. En suma, Delgado Bravo, es un representante de la poesía intimista”.

Queda pues, seguir hurgando en la obra de este poeta lambayecano de gran nivel poético.  Vino de Ferré, y de aquí, a la eternidad…, al parnaso de nuestra poesía norteña.

 Max Dextre, divulgaba la poesía lambayecana dando conferencias por todo el Perú.

Un caso “sui géneris” es Max Dextre (1936-1998) con “La Nave de Orión”, poeta que se adhirió a la escritura y a la sabiduría del “haikú”. Ser breve es una forma de inteligencia, después de haber trotado mucho por la “escritura experimental” como oficio. Sus poemas son voces desesperadas de múltiples personajes inventados y tomados de la realidad, perdidos a veces en la incertidumbre de la vida y del tiempo. Son palabras para el silencio.

Al final, después de este largo periplo por la poesía de Lambayeque, terminaré diciendo que la Generación del 70 tiene el aporte de dos poetas conversos con el compromiso de la escritura expresada de la vibrante realidad: Juan Ramírez Ruiz (1946-2008) y César Toro Montalvo (1947). Si la “escritura experimental” es acción para redimirse como ser social, es en Juan Ramírez Ruiz donde esta vitalidad de su poesía se da por extensión, en dominio e intercambio con el estructuralismo, el marxismo, y el método dialéctico. Se da en su poesía la formulación de la función de la poesía, donde los rasgos de la palabra le dan pleno sentido a la combinación de sus “textos”, en la búsqueda de un nuevo lenguaje semantizado.

Otro poeta que continúa esta tendencia de la discrepancia y la búsqueda de nuevas realizaciones en lo semántico y lo semiótico del lenguaje es César Toro Montalvo, poeta concreto, surrealista, y visual; tiene también grandes aportes en lo fonológico y lo sintáctico de sus “textos”. Ha publicado “Mágicas y Mabú el meleno de la guitarra” (1970), “Las crías de los huevos de mármol” (1972), “Marices oranges cubre la pradera & los objetos encontrados” (1975), “Especimenes” (1977) y “Praderas de Machu Picchu” (1980), entre otros libros.

Me queda decir, por la disposición del lector (que es el único implicado), en este caso: es el conocimiento en sí mismo de esta poesía, la única invitación histórica real a esta fiesta de la poesía lambayecana: abriendo y cerrando todas las puertas posibles,  de todas las escuelas sociales, sin esculsiones estéticas, en esta búsqueda, también,  a las nuevas tendencias de la postmodernidad actual.

"La Nave de Orión" de Max Dextre.

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PONENCIA :

IX ENCUENTRO NACIONAL DE ESCRITORES “MANUEL JESÚS BAQUERIZO”

Homenaje al Centenario de Francisco Izquierdo Ríos, Luis Nieto y Adela Montesinos

San Pedro de Lloc, Pacasmayo,
19 – 21 de noviembre de 2010