LIBROS PIURANOS DEL AÑO 2025
POR ARMANDO ARTEAGA
La literatura piurana en el año
2025 que pasó se mantuvo fuerte: es la primera y más fuerte de todas las
literaturas regionales del país, por la calidad de sus obras literarias y el
prestigio vigente de sus escritores y/o poetas, la calidad editorial de sus
libros publicados, por el aumento de nuevos lectores que en gran
proporción numérica se van incorporando
como sujetos importantes del consumo cultural en Piura, si medimos este rango
con la producción literaria de años pasados y de otras regiones. Este proceso, es un aporte social que viene
incrementándose desde los años setenta: a partir de las primeras iniciativas
del CIPCA.
La primera y significativa
sorpresa se da en la novela “Los Funerales de Montero, Cien años de olvido”
(Arcano 47 Editores, 2025) de Roberto Talledo, narrador piurano que reside más
de veinte años en Quito. La novela va tras los pasos históricos del famoso
pintor piurano, desde sus primeros años por la ardiente Piura, la Lima de los
mediados del siglo XIX, hasta la bohemia europea de sus años florentinos. La
pasión por identificar detalles de la vida de Montero se expresa en Talledo
desde la minuciosa observación del cuadro “Los funerales de Atahualpa”, tal
como también mucho antes realizo esa atenta mirada el poeta Antonio Cisneros en
un poema del mismo nombre al referirse al óleo de Montero: “La luz se tambalea
en el lugar del crimen”. Detallada persecución biográfica y bibliográfica de
Talledo acerca de la vida de Montero.
Otro libro “en rescate” contra el tiempo, y en busca de nuevos lectores, fue la publicación de los relatos de “Simache” de José Ortiz Reyes. Existía solo una edición agotada (del año 1941) de esta gran narrativa lirica del agro piurano. Los caballos del tiempo se acercaron -este año- a Simache para ver las casas entre árboles, y a lo lejos, entre brumas, el caserío. Editado por José Carlos Vilcatoma, fue presentada en la Casona de San Marcos, y comentaron las bondades literarias de los relatos: FrançoiseAubes (Universidad de Paris) y el escritor piurano Christian Fernández (Universidad de Lousiana, EE.UU). Quiero recordar que José Ortiz Reyes fue amigo de José María Arguedas, se conocieron cuando estuvieron presos en El Sexto por sus actividades políticas.
Otro destacado narrador piurano (aunque nació en Jaén) es Teófilo Gutiérrez, este año nos volvió a sorprender con sus cuentos de “El mundo que a escondidas miro” (Hipocampo Editores, 2025). Por allí asoma todavía Piura en sus relatos, donde la memoria es un ejercicio de la vida (dice Diego Trelles Paz), los territorios rurales y la violencia política: escritor que goza meritoriamente de los elogios de Miguel Gutiérrez y Antonio Gálvez Ronceros, maestros y amigos, de nuestro narrador, poeta y editor.
Este año 2025, fue también de auge y apogeo para las librerías de viejo. En la Librería de Lima, inaugurada recientemente, encontré un libro casi imposible de leer: “Jililí, Motivos Ayabaquinos” (Biblioteca Peruana en Marcha, 1955) de Dagoberto Torres, narraciones dedicadas al terruño ayabaquino. Subrayo este episodio vivencial porque creo que es un libro que también requiere ahora un “rescate literario"
“Canibalismo Moderno y otros relatos” (Grupo Grafico J& J S.A.C., 2025) del escritor de Sullana, Eduardo Borrero Vargas: es un libro que trasunta algo de irónico, tiene buena parte de testimonios narrativos que son mitos, leyendas, y destilados cuentos de la cultura ancestral tallan. Remota en su imaginario un realismo de memorias condensadas en realidades puras y en sucesos fantásticos, de recuerdos históricos. Estas ficciones presentan un historicismo y un costumbrismo virtuoso. Sus personajes viven en un juego lúdico descriptivo que viene del mundo de los espejos.
En el mes morado del año, llegó Pedro Elera, el primer poeta de nuestra vida republicana, el poeta ciego, el poeta marginado por Ricardo Palma en “La Bohemia de mi tiempo”, el poema huancabambino, con su poesía romántica y elegante.
“María o Escenas de la
montaña” (Hipocampo Editores, 2025), es un libro que se publicó en 1871, vuelto
a publicar, para su reconocimiento literario. Es un poema largo de 34 cantos,
al estilo de la Divina Comedia, dedicado a la dulce y angelical María. Trae un
presentación de Rodomiro Elera Gómez, me parece bisnieto del poeta, y unas
palabras liminares de Julio A. León. Fui uno de los primeros en reconocer la
importancia de la poesía de Elera: “Su poesía es humanista y de gran nivel, de
vasta cultura, a pesar de su premura profana y autodidacta, de un variado
ímpetu creador que ya avizoraba su modernidad”.
Hubo más libros piuranos que llamaron mi atención profana por la literatura piurana. Pero hay que dejar que el banquete literario sea también compartido por otros.






