julio 17, 2011

CONVOCATORIA A ESCRITORAS Y ESCRITORES EN APOYO A LAS DEMANDAS DE LOS ESTUDIANTES CHILENOS

CONVOCATORIA A ESCRITORAS Y ESCRITORES
EN APOYO A LAS DEMANDAS DE LOS ESTUDIANTES CHILENOS

16 de julio de 2011


Es hora de dejar la hoja a medio escribir, apartar el teclado, cerrar las conexiones, pararnos de nuestras sillas, dejar la impresora trabajando si hace falta, para sumarnos a las demandas de los estudiantes chilenos por una educación de excelencia, de vocación igualitaria. Los estudiantes son nuestra vanguardia. Saben y nos hacen saber que la educación no debe seguir segregando a los chilenos. Entienden que para evitarlo la educación debe dejar de ser un objeto del lujo y del lucro de algunos en perjuicio de otros. Dejar de ser un negocio cuya rentabilidad sea regulada por el mercado.

Exigen algo justo, un derecho del que gozaron nuestros padres, nuestros abuelos: que el Estado garantice la educación como un derecho social y que asuma el deber de garantizarla con gratuidad, equidad y calidad. Los estudiantes exigen hoy una educación que los forme como ciudadanos con pensamiento crítico para enfrentar las innumerables tareas del futuro.

Son los estudiantes quienes nos están enseñando ahora a repensar las tareas que tenemos por delante para que todos los niños y niñas de hoy, los adultos de mañana tengan los privilegios de una educación igualitaria que entre sus muros permita la paridad. Ellos son el recambio y hay que apostar por él, no dejar que se enfrenten solos a viejas tácticas sustentadas incluso por los medios, aquellas que buscan quebrarles la moral, ridiculizar sus legítimas aspiraciones y en definitiva agotar sus fuerzas y sobre todo la confianza en un futuro mejor.

No pretendemos hablar por ellos. Esta es su batalla. Los estudiantes nos llaman hoy a formar parte de este movimiento nacional que dirigen y nosotros, los abajo firmantes, queremos adherir a sus peticiones dando la pelea con ellos de todas las maneras que nos sean posibles.


Adherimos:

1. Vivian Abenshushan (escritora y editora, México)

2. Christian Aedo (Poeta, editor Ripio Ediciones)

3. Gabriela Aguilera, narradora

4. Andrés Ajens, poeta y ensayista

5. Rosa Emilia Alcayaga, poeta

6. Lorena Amaro, ensayista

7. Claudia Apablaza, narradora

8. Marta Aponte Alsina (escritora, Puerto Rico)

9. Esther Andradi (escritora, Argentina/Alemania)

10. Gregorio Angelcos, poeta

11. Juan Samuel Aravena, poeta

12. Marcos Arcaya, narrador

13. Marina Arrate, poeta

14. Armando Arteaga (escritor, Perú)

15. Ana María Baeza Carvallo, poeta

16. Ricardo Bada (escritor, Alemania)

17. Máximo Ballester, poeta

18. Jorge Baradit, narrador

19. Ángela Barraza Risso, poeta

20. Pía Barros, narradora

21. Alejandra Basualto, poeta

22. Ana Becciú (poeta y traductora, Argentina)

23. Felipe Becerra, narrador

24. Sergi Bellver (escritor, España)

25. Oscar Belmar Yáñez, poeta

26. Carmen Gloria Berríos, poeta

27. Cristián Berríos, poeta

28. Soledad Bianchi, ensayista

29. Eugenia Brito, poeta y ensayista

30. Leopoldo Brizuela (escritor, Argentina)

31. Lolita Bosch (escritora, México/España)

32. Gabriela Cabezón Cámara (escritora, Argentina)

33. Luis E. Cárcamo-Huechante (escritor, Estados Unidos)

34. Germán Carrasco, poeta

35. Rubí Carreño Bolívar, ensayista

36. Pancho Casas, poeta

37. Jaime Ceballos Sanquea, poeta

38. Omar Cid, narrador

39. Luis Cifuentes, ensayista

40. Liliana Colanzi (escritora, Bolivia)

41. Gonzalo Contreras, narrador

42. José Luis Córdova (escritor, Perú)

43. Alejandra Costamagna, narradora

44. Ana Crivelli, narradora

45. Víctor Hugo De la Fuente, (editor, Le monde Diplomatique- Chile)

46. Irene Depetris Chauvin (ensayista, New York)

47. Jorge Díaz, ensayista

48. Ramon Diaz Eterovic, narrador

49. Lorena Díaz Meza, cuentista

50. Víctor Hugo Díaz, poeta

51. Jaime Donoso, ensayista

52. Ariel Dorfman, narrador y dramaturgo

53. Mariela Dreyfus (escritora, Perú/New York)

54. Amanda Durán, poeta

55. Lilian Elphick, narradora

56. Diamela Eltit, narradora

57. Raúl Encina Tapia, ensayista

58. Soledad Falabella, ensayista

59. Federico Falco, (escritor, Argentina)

60. Soledad Fariña, poeta

61. Rita Ferrer, ensayista

62. Nona Fernández, narradora

63. Patricio Fernández Chadwick, narrador

64. Simón Fierro, poeta

65. José Luis Flores, poeta

66. Manuel Flores (poeta, Australia)

67. Francisco Garamona (escritor, editor de Mansalva, Argentina)

68. Beatriz García Huidobro, narradora

69. Sergio González, poeta

70. Mar Gómez Glez, (escritora, España/Estados Unidos)

71. Roberto Tom García, poeta y gestor cultural

72. Silvia Gallo, poeta

73. Alicia Genovese, poeta, Argentina

74. Galo Ghigliotto, poeta y editor

75. Antonio Gil, narrador

76. Emilio José Gordillo Lizana, narrador y editor

77. Sergio Gramajo (escritor, Argentina)

78. Rafael Gumucio, narrador

79. Carlos Guzzo (escritor, Argentina)

80. Héctor Hernández Montecinos, poeta

81. Tomás Harris, poeta

82. Rafael Henríquez Tobar, Poeta

83. Patricia Hidalgo, narradora

84. Rodrigo Hidalgo, narrador

85. Patricio Jara, narrador

86. Andrea Jeftanovic, narradora

87. Cristina Jiménez, narradora

88. Fernando Jerez, narrador

89. Manuel Jofré, ensayista

90. Reynado Lacámara, poeta

91. Lawrence La Fountain-Stokes (escritor, Estados Unidos)

92. Alfredo Lavergne, poeta

93. Alejandro Lavquén, poeta

94. Marcelo Leonart, narrador y dramaturgo

95. Ricardo Loebell, ensayista

96. Luis López-Aliaga R., narrador

97. Josefina Ludmer (ensayista, Argentina)

98. Gilda Luongo, ensayista

99. Claudio Maldonado Maldonado, narrador

100. Eliana Maldonado (escritora, Colombia)

101. Rery Maldonado (poeta, Bolivia/Berlín)

102. Jorge Marchant Lazcano, narrador

103. Andrea Maturana Reichenstein, narradora

104. Julieta Maulén López, narradora

105. Alejandro Mendez (escritor, Argentina)

106. Lina Meruane, narradora

107. Cesar Millahueique Bastias, poeta Mapuche Huilliche

108. Hernán Miranda, poeta

109. Marcia Mogro, poeta

110. Fernanda Moraga, ensayista

111. Winston Morales (escritor, Colombia)

112. Jorge Montealegre Iturra, poeta

113. Oscar Montealegre, poeta

114. Anita Montrosis, poeta

115. Myriam Moscona (escritora, México)

116. Diego Muñoz Valenzuela, narrador

117. Reinaldo Muñoz, poeta

118. Rosa Betty Muñoz, poeta

119. Muñoz Coloma, ensayista y agente cultural literario

120. Andi Nachon (escritora, Argentina)

121. Elizabeth Neira, poeta

122. Naín Nómez, poeta

123. Eugenio Norambuena, narrador

124. Andrea Ocampo, narradora

125. Ingrid Odgers, poeta y narradora

126. Raquel Olea, ensayista

127. Francisco Ortega Ruiz, narrador

128. Antonio Ostornol, narrador

129. Pablo Oyarzún, ensayista

130. Yolanda Pantin, poeta

131. José O. Paredes (escritor, Estados Unidos)

132. Pablo Paredes, dramaturgo

133. Emersson Pérez, poeta

134. Omar Pérez, narrador

135. Maorí Pérez, narrador

136. Carolina Pezoa, poeta

137. Ana Pizarro, ensayista

138. Edson E. Pizarro, poeta

139. Dino Plaza, narrador

140. Juan José Podestá, poeta

141. Patricia Poblete Alday, narradora

142. Nicolás Poblete, narrador

143. Alberto Luis Oonzo, (escritor, Argentina)

144. Eugenia Prado Bassi, narradora

145. Jaime Quezada Ruiz, poeta

146. Verónica Quense, poeta

147. Flavia Radrigán, dramaturga

148. Diego Ramírez, poeta, editorial Moda&Pueblo

149. Margaret Randall (poeta, narradora, ensayista, Estados Unidos)

150. Jorge Reboredo (escritor, Argentina)

151. Gabriel Restrepo (escritor, Colombia)

152. Nelly Richard, ensayista

153. Mariela Isabel Ríos Ruiz-Tagle, poeta

154. Cynthia Rimsky, narradora

155. Roberto Rivera V., narrador

156. Giovanna Rivero (escritora, Bolivia)

157. Andrés Rodríguez Aranis, poeta

158. Claudio Rodríguez Lanfranco, poeta

159. Oscar Saavedra, poeta

160. Gilda Rojo Santoro, poeta

161. Grínor Rojo, ensayista,

162. Claudio Ferrufino-Coqueugniot (escritor, Bolivia)

163. Víctor Sáez, poeta

164. Claudia Salazar (escritora, Perú)

165. Alicia Salomone, ensayista

166. Cecilia Sánchez, ensayista

167. Mayra Santos-Febres (escritora, Puerto Rico)

168. Carolina Schmidt, poeta

169. Emma Sepúlveda (poeta y narradora, Estados Unidos/Chile)

170. Manuel Silva Acevedo, poeta

171. Fátima Sime, narradora

172. Pablo Simonetti, narrador

173. Elísabeth Subercaseaux, narradora

174. Juan Pablo Sutherland, narrador

175. Samanta Schweblin (escritora, Argentina)

176. Luis Alberto Tamayo, narrador

177. Patricia Téllez, poeta

178. William Thayer, ensayista

179. Dauno Tótoro, narrador

180. Diego Trelles Paz (escritor, Perú)

181. Ximena Troncoso, poeta

182. Fernanda Trias (escritora, Uruguay)

183. Malú Urriola, poeta

184. José Miguel Varas, narrador

185. Susana Munnich, ensayista

186. Raúl Molina Otarola, ensayista

187. Malva Marina Vásquez, poeta

188. Felipe Vergara, dramaturgo

189. Virginia Vidal, narradora

190. Cecilia Vicuña, poeta

191. Leonora Vicuña, poeta

192. Ana María Vilches Pardo, poeta

193. Gonzalo Villar, poeta

194. Emma Villazón Richter (escritora, Bolivia)

195. Marcos Wasem (escritor, Uruguay)

196. Mike Wilson, narrador

197. Alejandra Wolleter, narradora

198. Cherie Zalaquett, narradora

199. María Inés Zaldívar, poeta

200. Alejandro Zambra, poeta y narrador

201. Faride Zerán, ensayista

202. Jacqueline Zlatar, poeta

203. Vero Zondek, poeta

204. Diego Zúñiga, narrador

205. Raúl Zurita, poeta

206. Valeria Zurano (escritora, Argentina)




EL SECRETO DE MACHU PICCHU / ERNESTO CARDENAL


El secreto de Machu-Picchu

Ernesto Cardenal*



En aquel tiempo en el Cuzco había hippies.

Los indios les llamaban Huajcha hipi ("hippie pobre")

Nunca habían visto antes rubios pobres.

Era en los mejores días de la Revolución Peruana.

"Hace treinta años en esa calle se hacía trueque."

El muro incaico en la zapatería, en la cantina.

Por las aceras, llamas harapientas

como hippies o indios

también ellas como con sucios ponchos.

Y los indios parados en la plaza del Cuzco: príncipes en harapos.

Fernando nos habló de Machu-Picchu.

Su nombre casi no dice nada: "Picacho Viejo".

Era el lugar adonde huían los revolucionarios.

Antes había sido el lugar de los seleccionados.

Donde iban a aprender los que servirían a los demás.

Después del gran desastre

Consigna secreta fue: Pusaj ("Bajemos").

Bajemos a la selva.

Vamos a la noche, a lo oscuro, a la selva.

También lo decían con canciones:

"Vete tras las montañas blancas."

(Los españoles no entendían.)

Estaban llamando al antiguo reino.

Ésas eran las canciones de amor

con tantas menciones a la paloma.

Paloma amada

ven donde tu amado

a tus agrestes breñas.

Les estaba prohibido pintar todo lo incarno.

Pero se ingeniaban para aludir a su Reino Perdido

y esperado de nuevo.

En rincones de iglesias oscuras en el Cuzco

hay siempre el rincón de un cuadro con un campo bello lleno de flores.

O están esas Huidas a Egipto por ejemplo:

siempre una ciudad española con esclavos, gris y triste

y el Egipto de la huida es un campo de flores y pájaros.


La llegada de los europeos volvió el mundo al reves.

El mundo ordenado de la superficie

quedó bajo tierra.

Se instauró una era de caos.

Los europeos son la tiniebla, Nónki, la serpiente acuática

que debe ser destruida. Se espera

que el mundo dé otra vuelta

y regrese el tiempo del Inka, el tiempo sagrado.

Enero era mes de ayuno y penitencias.

Había procesiones a los templos del Sol y de la Luna.

En febrero, cuando aparecen las primeras plantitas

el Inka sacrificaba objetos de oro y plata.

En marzo llegaban las lluvias.

Se sacrificaban llamas negras.

En abril iban los grandes señores al Kuzko a la fiesta del Inka.

El pueblo comía y bebía con el Inka. Bailaban la canción de la llama.

En mayo eran los sacrificios de agradecimiento

por los graneros llenos.

En junio era la gran fiesta del Sol.

Y era cuando el estado hacía el censo.

En julio se repartían las parcelas a las nuevas parejas,

y se ofrendaban los primeros frutos.

En agosto se iniciaba la roturación de la tierra

y el mismo Inka araba un surco en el Kuzko.

Septiembre era la fiesta de la esposa del Sol, la Luna.

Se ahuyentaban las enfermedades y males.

En octubre eran las fiestas de la lluvia.

Hacían que las llamas lloraran ayudando a pedir agua.

Noviembre era el mes de los muertos.

En este mes sacaban a las momias y las llevaban a sus casas.

Diciembre como junio era la fiesta del Sol

pero era la más grande del año.

Los dioses andinos están ahora en el subsuelo.


Cuando Atahualpa fue matado por el inca de los españoles

reinó el caos sobre la tierra.

El centro carnal del universo fue asesinado.

El Inca era el principio de la vida.

Con su muerte el río se tiñó de sangre.

El tiempo se redujo a un parpadeo.

Las lágrimas fueron torrentes como los afluentes del Amazonas.

Desde una colina, teníamos todo el Cuzco a nuestros pies.

Fernando dijo:

Según sus sabios cada generación

viene a completar lo de la generación anterior.

Seleccionaban a sus sabios, dirigentes,

con concursos de canciones.

La gente común no hacía caso de la poesía (como ahora).

Hace 40 años todavía llegaban al Cuzco y representaban

unos indios que no bebían ni se quitaban la máscara.

Nadie sabía de dónde venían.

Su representación era de uua princesa. Un río rojo. Una flor.

Un español malo y uno bueno. Y la princesa era la que salvaba.

El indio debe haber estado tan dormido, dice Femando,

que no entendía.

El mensaje era subversivo.

Cuando empezó la Revolución y vieron los afiches de Tupac Amaru

el pueblo casi despertó.


Al comienzo de la colonia se hacían bailarines y cantores

para hablar a los hermanos.

En las fiestas reviven.

Los otros días están dormidos, explotados.

Paloma amada

que estás sin el amado

levanta el vuelo, huye...

La ciudad picacho, Machu Picchu.

En el cielo como vuelo de cóndor.

Un éxtasis de piedra.

Ciudad sagrada. La montaña hecha oración.

La tierra allí elevada en un anhelo de cielo.

Unas piedras con alas.

Allí transformado otra vez el caos en cosmos.

Terrazas y escalinatas eran los distintos niveles del cosmos.

Las escalinatas llevan a plazas. Éstas a otras escalinatas.

Casas en diferentes planos. Calles y murallas en otros planos.

Y todo orientado para ver la salida y la puesta del Sol.

La roca natural del suelo prolongada en arquitectura.

Lo artificial continuando lo natural.

El agua informe fluía de fuentes entre perfecciones de piedra.

Por canales y piletas bajando a toda la población.

Fuentes descendentes

de terraza en terraza, por todos los niveles del minúsculo cosmos.

Del campo, cantando, y volviendo al campo.

Al fondo el abismo del río Urubamba.

Miradores para todos los horizontes.

No se ha encontrado en ella ningún arma.

Pero fue la capital de la resistencia cultural.

Era como la maqueta de la ciudad del cielo.

Peldaño por peldaño

aquí ascendemos al pasado.

Y al futuro.

Ésta era también Paititi,

la ciudad mítica a la que no se llega por el oro.

Donde la tierra se eleva vertical y divina.

De allí para adelante, sin fin, la selva informe.


Un viejo quechua en su choza

para el investigador:

"Hay pueblos que han salido de la boca de Dios.

Por eso hay pueblos habladores como Lima.

Hay pueblos que han salido de sus ojos,

ven lejos, ven lo que ha sucedido en la época de los Incas,

ven lo que está pasando en el fondo de los valles cálidos

en las punas donde se está cerca del cielo.

Perú comienza en el lago Titicaca

que es el sexo de nuestra Madre Tierra

y termina en Quito que es su frente.

Lima dicen es su boca y Cuzco su corazón palpitante.

Lima es su boca. Por eso ya nadie, ningún peruano

quiere hablar nuestra lengua."

¡Y la cabeza! El mito de la cabeza del Inca.

Un mito muy secreto entre los indios del Perú y dc Bolivia.

José Maria Arguedas fue el primero en recogerlo. (Hasta 1956.)

"Incarrí dicté leyes para que el hombre viviera en sociedad.

Llegó el rey español y lo apresé. Fue decapitado.

La cabeza fue llevada al Cuzco. Pero la cabeza

está viva, y su cuerpo se está reconstruyendo hacia abajo.

Cuando el cuerpo de Incarrí esté completo, él volverá.

-¿,Pero qué decían nuestros abuelos, volverá o no?

-Volverá tomando cuerpo. Dijeron que sí volverá."

Y otros:

"No es posible que ahora viva.

Dicen que su cabeza está en Lima.

Ya su ley no se cumple.



 Ernesto Cardenal.
Poeta nicaragüense.  Nació el 20 de enero de 1925 en Granada, Nicaragua.



julio 13, 2011

EUGENIO MONTALE Y LA POESIA ITALIANA/ ARMANDO ARTEAGA

EUGENIO MONTALE Y LA POESIA ITALIANA (*)


 Por Armando Arteaga








 Eugenio Montale, nacido en Génova en 1896, al igual que Salvatore Quasimodo, Cesare Pavese, y Guiseppe Ungaretti, es casi una isla dentro del archipiélago que parece ser el panorama de la poesía italiana de este siglo. La Academia Sueca acaba de otorgarle el Premio Nobel de Literatura 1975, y Montale es además el zenit más admirable y perceptible de la crisis y decadencia de la cultura europea. El rasgo más sutil de su poesía es el ocaso.

Y esta vez, el premio reservado para los grandes escritores “integrados” dentro del orden establecido recae en un inconforme del bloque de occidente. Pero, es que, el Premio Nobel tiene una interpretación burguesa de “recuperación objetiva” del sistema, que es como explica Jean Paúl Sartre: “algo así como un pasaporte al Olimpo, y por lo tanto, una manera de institucionalizar y alienar”.


 
Eugenio Montale: Premio Nobel.


Sin embargo, otros son los caminos de la poesía de Montale. De difícil lectura, sus poemas subrayan una dramática y delatadora mixtura entre el universo del poeta y su deseo de captar la tumultuosa realidad (que en sus textos poéticos se le evade). Para Montale, el mundo es tal como ser: dinámico, adviene en la indiferencia y está destinado a la muerte, pero la palabra es la luz de la traducción y la comprensión hacia lo posible y lo relativo.

Contempla el mundo sin significación, vano al hombre: esa materia oscura, en un horizonte incierto. La única forma de liberación en este mundo escondido y extraño es la nostalgia. En su poesía melancólica, y advita, los hombres viven en un tiempo sin espera, como en los espacios narrativos de Franz Kafka y en la angustia órfica de Dino Campana. Su reflexión discurre en el amanecer, cuando el sol coincide con el mundo, en aquel paisaje donde naturaleza y pesimismo tienden a confundirse y en donde flora y fauna habitan como elementos,  y fenómenos enredados entre sí, plagados de relaciones metafísicas, de negaciones, de rebuscamientos,  y de reconstrucciones inacabadas que oscurecen  y vuelven herméticos sus poemas.

En cada forma, un caos de imágenes, un dolor metafísico, una existencia quebrada, una evocación de nada, un esfuerzo por humanizarlo todo. La búsqueda de una visión interior objetiva, aún cuando Montale ha afirmado feliz su posición anti-hermética, sus libros no han llegado a ser populares ni han logrado apartarse del "hermetismo" como escuela literaria. Todo su discurso poético alcanza a veces un increíble y desconocido patetismo de confesión autobiográfica que nos descubre una trágica experiencia, expuesta a través de diversos estados psicológicos, sin nexos visibles entre sí.

Sus poemas expresan -en este sentido- con mayor énfasis el desgarramiento de la ideología burguesa. Montale ha dicho: “la poesía es para mí, no una forma de iluminación, sino la libertad, una forma de conocimiento de un mundo oscuro que sentimos en torno a nosotros y que está en nosotros mismos”.
 

Ásperos, desolados, llenos de un malestar, sus poemas: ni lógicos ni irreales, parecen poseer el sonido de la resaca marina, un laberinto de presencias y ausencias, tristezas móviles e inmóviles que determinan el espacio, el objeto, el motivo final que alude cada poema, y sus limites de recreación en cada una de las obsesiones del poeta.

 
La "forza" poètica de Umberto Saba.

Casi toda la poesía italiana post-Dannunzio es una reacción, una actitud “critica” diferente, aunque aparentemente "semejantes" a la rígida situación anti-dannunzíana de Gian Pietro Luciní, pasando por los primeros “crepusculares”: Mariano Maretti, Fausto Maria Martini, Carlo Chiaves, nos encontramos con esta crisis existencial. La experiencia de los “crepusculares” alcanza una verdadera intención simbólica y moral, totalmente opuesta al antifaz de la evasión e ilusión del eclecticismo que agitó D’annunzio, y que terminó transformándolos al nacionalismo chovinista, el fascismo, el colonialismo y el "esteticismo" que tanto defendieron.

Los “crepusculares” fueron una respuesta local e itálica: habitaron su mundo de aburrimiento y cansancio ante la vida, y se adhirieron.  a la melancolía, a la ironía y al escepticismo. La figura más importante de los “crepusculares” fue sin lugar a dudas Guido Gozzano: sentimental en sus patéticas figuras de las provincias, sus grises paisajes de Turín, sus locos sueños de amor. Sergio Corarzini es también otro representante importante de los “crepusculares”: murió muy joven de tuberculosis (el mal del siglo), con sus frustraciones, y su “Pequeño Libro Inútil”, que resulta ser un manifiesto de la sensibilidad "crepuscular".  Es un verdadero hallazgo de plenitud, junto a otros poetas como Carlos Pallini, tangencial a los “crepúsculos” de Gozzano, y Nino Oxila, muerto en la primera guerra mundial, y su deliberada expresión del “hombre medio” en contraposición al “superhombre” de D´annunzio.

Discutido, pero gran poeta: Guiseppi Ungaretti.

La poesía italiana del siglo XX supera los tres nombres de Ungaretti, Quasimodo y Pavese. Mientras sucumbe D´annunzio¨, aparece la “forza” de Umberto Saba y el subjetivismo de Dino Campana, Arturo Onofri, Vincenzo Cardarelli, y Giovanni Titta Rosa. Abriendo el camino a los “herméticos”: Guiseppe Ungaretti, Luigi Bartolini, Giorgio Vigolo, Eugenio Montale, Adriano Grande, Carlo Betocchi, Sergio Solmi, Salvatore Quasimodo, Adriano Vercelli, Scipione (Gino Bonichi), Ugo Gallo,  Sandro Penna.

El neo-realismo afianzara sus mejores tendencias en Cesare Pavese, Leonardo Sinisgalli, Alfonso Gatto, Beniamino Dal Fabbro, Atilio Bertolucci, Antonia Pozzi, Luigi Fiorentino, Vittorio Sereni, Mario Luzi, Alessandro Parronchi, Incola Ghiglione, Margherita Guidacci, y Bruno Nardini. La cumbre más alta de este neo-realismo la expresa la dialéctica poesía de Pier Paolo Pasolini, y de las nueva tendencias empezando a vislumbrar el otro desencanto del panorama actual donde "in surgen": Luciano Erba, Raféale Andreassi, Alfredo Giuliani, Elio Pagliarani, Inisero Cremaschi, Cesare Ruffato, Alberico Sala, Edoardo Sanguineti, Antonio Porta (Leo Paolozzi), Nanni Balestrini, y Emilio Isgro.

El "hermético" Salvatore Quasimodo, su poesìa oscureciò "los crepusculos" brillantes de los "crepusculares".

Ya Mariátegui al comentar en la revista Mundial (19/07/1929) la “Antología de la Poesía Italiana Contemporánea” de Lionello Fiume y Armand Henneuse, asumía la arbitrariedad del difícil oficio del antologista: “Es raro que la Antología salga indemne de la critica. La Antología no puede aspirar, razonablemente, sino a ser un muestrario aproximado de la poesía o la prosa de un pueblo o de una época”. 

Creo que toda antología es arbitraria, pero si tuviese que realizar alguna “Antología de la Poesía Italiana del Siglo XX”, alrededor de Montale pondría los nombres de todos estos poetas italianos que he citado, así creo que estaría conjugando con certeza el Panorama Actual de la Poesía Italiana del Siglo XX.


Washington Delgado con Giuseppe Ungaretti en San Marcos 1963


(*)Publicado en la revista "L’eclisse", Roma, Estate, diciembre 1975.

(Del libro "Escritos desterrados").

julio 11, 2011

ESPIA 22 ENTRE 007 / Armando Arteaga



ESPIA 22 ENTRE 007 / Armando Arteaga



Dos caras

Dos sellos en el pasaporte

Dos patrias vestidas de tisú

No es lo mismo que dos esposas

ni dos primaveras de carnes celestes

en una misma habitación

con un bello sol entrando por la ventana



El mar hace lo mismo,

fisgón,

estudia la fisonomía de la otra incógnita, indaga la anatomía

de la otra muchacha de las bragas de oro,

son dos islas solitarias

incendiándose desde la infancia,



dándole –gracias- al guión: trinar de pájaros

a la falta de tipolitografía

a la falta de tino



de la mujer enigmática que esconde un revolver

en la bolsa de cuero negro

metida en un cuerpo perfecto de maldad



aunque mil ojos la miren

al titubeo

desde el espejo

roto.


julio 07, 2011

CANTO A MACHU PICCHU / MARTÍN ADÁN

La Mano Desasida / Martín Adán




Martín Adán: Genio y figura de la poesía peruana.  Aquí con su sombrero, su mirada cachacienta con la que observó a la sociedad peruana, y su acompañante cigarrillo.

Canto a Machu Picchu


A Gonzalo Ortiz de Zevallos y Juan Mejía Baca



Si no eres nada sino en mí mi sima,
Si no eres nada sino mi peligro,
Si no eres nada allá sino mi paso,
Que vengan todos, con su hedor y siglo
¡Que venga el extranjero que me extraña!
¡Que venga el mal hallado!
¡Que baje el buey subido desde arriba
El del belfo verde, desde humano vacío!
Y que ronca y remira porque nace
De vientre ajeno, que jamás es mío.
¡Aquí estoy muriéndome!
¡Así es toda vida!
¡De buey que rumia y que remira
Y de yo que agoniza, que agonizo!
Tú no eres bello porque no soy bello,
Yo Mismo. Eres apenas profundo estar arriba
De todo un vuelo interminable
Y que bate todavía.
Eres el ala que voló.

Cuando tú mueras, morirá el Hongo
Y morirá el Aire. Y morirá el Día.
¡Pero será la Noche, el otro tiempo
De vivir la vida!
¿Y cuándo volveré a donde nunca estuve?
¿En transporte de orgasmo y alegría?
¿Cuándo será mi ser? ¿Cuándo mi mano
Ha de asir su ventura fortuita?

Pero tú, Machu Picchu,
Te yergues sobre mi, porque vacilas.
Ante esta roca, que te está mirando
Y que te ve;
Y que te ve, tremenda por un solo ojo
De mil pies;
Ante esta roca, huir es imposible
Y hay que desnacer y renacer.
Porque ser es necesario.
No hay otro modo de no ser y renacer.
¿Y si no eres, qué eres, qué serás, qué dios,
Qué intenso ser
Te arrastrará en su furia?
¿Qué es la inteligencia del no saber?
¿Qué sabes tú de lo que no sabes?

Machu Picchu sabe lo de después.



Pero tú, Machu Picchu,
Te yergues sobre mi, porque vacilas. (Martín Adán).




LA SORPRESA

Todo era exacto bajo el estupor,
Muerte sobre la vida,
Piedra sobre la piedra,
Pero yo estoy al otro lado,
Yo no sé nada de conciencia.
La tristeza es realidad,
Es como el perro o el mendigo en la calle
Es como tú eres una montaña
Y alguna mano de los tantos pares.

Cuando tú mueras, Machu Picchu,
Piedra desigual entre las iguales;
Cuando huya el Hombre;
Cuando huya el Angel;
Cuando todo sea como que yo pienso,
Por quien me afano entre los afanes,
Algo ha de ser entre golpe y golpe,
Algo de entre la camisa y la carne.

Cuando todo sea verdaderamente
Machu Picchu, tu ven a buscarme.
¡Ser, sólo ser, y siempre ser,
Uno solo ante el Universo!...
¡Lejos del Otro!...
¡Lejos del Tiempo!...
Ser como yo nací
Ser como yo lo siento
Serme sin rosa alguna
Serme eterno...

¡Ah, piedra podrida,
Cómo me estoy muriendo!
Machu Picchu,
Olvido y presencia,
Muerte que murió, y otra vida,
Y mi oración y mi piedra
Simple callar mió ante la cosa,
Y la cosa humana, sobrehumana y cierta.
¡Cierta actitud de Dios,
Ante su naturaleza!
Y el agua por debajo
Y la nube sobre la cabeza.
¡Exactitud sublime!
¡Expresión tremenda!
¡Existir es huir!
¡No eres nada si te quedas!
¡Machu Picchu, si lo discurro, no existes!
¡No es más que mi alma y una piedra,
De río que corre por entre mis pies
Y el cielo sobre mi cabeza

Y mi casa que me hice en mi mundo
Deshabitada hasta de la ausencia!
La alegría, terrible ser de fuera
Que en mí se entra y en mí agoniza,
Desde la vez hasta la vez, desde la voz a la voz
Cubriéndose del llanto con mi cuerpo,
Huyendo de su muerte con mi vida,
Yo la descubrí, tú lo recuerdas,
Desde mi instante a mi día
Desde mi tiempo a mi encierro,
Estante apenas a tu cara lítica,
Como el judío que llora en la parábola,
Me topa viva,
Desterrada de todo, ahí incrustada,
Victoria desalada y vencida.
¡Ay, Machu Picchu, el de la lección,
De la Desesperación y su delicia!
Poesía es esto,
Lo que eres en mi verdad y desatino:
Dar el cuerpo a un alma

Dar forma a lo infinito,
Dar una hora al tiempo y al grito,
Y por debajo
Irse con el gordo río
A no sé dónde,
Acaso al precipicio.
Sí, primero fue el Tacto
La Sabiduría era después.
¿Pero qué es eso,
El palpar y el saber?
¿Dónde me sé, Machu Picchu?
¿Cuándo?... ¿Por qué?...
¿Cómo me muero, Tú, para vivirte?
¿Dónde agarro para mi querer?
¿Cuándo yo dé con mi deseo
Me huí el cuerpo y espina en la sien?
¿Por qué lloro, a tu piedra pegado,
Como si acabara de nacer?

¡Ay, piedra exacta y maldita,
Echa, por fin, tu agua de miel!
Yo te era necesario, Dios Mío,
Por eso me creaste,
Y me creaste después de la piedra,
Y antes de las necesidades.
Todo lo que es vano y superfluo
Va en tu soplo a tus moldes infernales
Y por esto estoy entre tus rocas
Labradas por mis manos y tus ángeles.

Mi deidad es como yo,
Perecedera, miserable...
Va preguntando y va errando
Por entre el hueso y la sangre,
Por entre el deslumbramiento y el desengaño
Por entre el volumen y la imagen
Por entre el llanto y el espejo
Por entre lo que agarra y lo que sabe;
Por entre el tiempo y la memoria,

Por entre la luz y el ave.
Todo era entonces como es ahora:
Todo era cielo,
Todo era un no ver, todo de imagen
Echada por exceso.
Pero tú estabas, material,
Sensible, imperfecto.

¿Qué eres tú, Machu Picchu,
Almohada de entresueño?...
¿Yo Mismo,
Si me acuerdo y no me acuerdo?
Era caudal de piedra,
Detenido.

Toda madre verdaderamente natural
Quiere contener el otro río.
La flor se puso verde de terror y de tierra
Y dejó pasar a cualquier gringo.
Y yo no soy y no seré nunca
Sino apenas un curso y mi sitio.
¡Sálvame, sálvame Machu Picchu!
¡Sálvame, y no te huyas de mi peligro!
¡Ah, sí, Dios vive todavía!





Dar forma a lo infinito,
Dar una hora al tiempo y al grito (Martín Adán)


LA PRESENCIA


¿Qué es la presencia, Machu Picchu?
¿Eres la roca o el aluvión?
¿Eres el tejado o el gato?
¿Eres mi cuerpo o mi amor?
Cuando yo baje por tu madre sabida,
¿Quién seré yo?

Sí, todo era como entonces,
Todavía antes del principio
Eran roca y ser, de donde aún nace
Y sangra el deliberado sacrificio.

Todo eres
Como el labio del recién nacido,
Desdentado o como el del viejo
De la parábola del cigarrillo.

¿Cuándo y cómo eres humano,
Yo el solo humano, y tú humano y mío?
¿Y qué diré si la palabra
Que pesa y pasa tan poco como tu equilibrio?
¿Qué diré sobre tu edad?
¿Qué diré sobre tu río?
¿Qué diré de la indiecita adolescente
Que se baña en chorro, planta de alarde sin sentido,
Desnudez sin amor y sin odio,
Exacto y superfluo y hediondo y oscuro río?

Pero tú estás, piedra de cerco
De todo, límite enorme y exiguo,
Palabra precisa,
La que yo rehuyo y persigo,
Celestía, concreta, duro abatimiento,
Signo...
Carne fétida que dice que es la vida,
Y la vida eres tú, piedra sucia e inodora
Y en tu modo de mirarme, bruta y lírica;
Piedra humana, tremendamente humana,
Toda de terror y de delicia...
¡Tú que bajas del piso quincuagésimo,
Tú, par de ojos de estupor y malicia,
Tú que traes en el maletín,
Tu muerte y tu vida
Y tu imagen y tu Kodak,
Y tu verdad y tu mentira!...
¡Tú, manera de ser ante lo eterno,
Fotograbado y melancolía,
Y enterarme de aquello de que dudo,
Y seguir adelante con el guía!...
¿Cuándo, Machu Picchu, cuándo
Montaña, llegaré a la orilla?

Pero cuando tu mueras, Machu Picchu,
Dónde me iré, con qué iré, con mi sonrisa
Y con mi carne y con mi hueso y con mi casa
Y con mi herejía,
Y con mi traducir lo del latín gorrión,
Y con mi misa,
Y con no sé qué porque me llegó tarde el ser
Al no ser la hora
Al caerse de abajo la vida.
¡Y este no ser nada sino hablar ante el verso!...
¡Y este temblar ante Dios que es la vida!
¡Y este mirarte y muerte, Piedra
De allá arriba!...
¡Este sentirse uno Dios ante la propia conciencia
Y ante la propia herejía!...
¡Este haberte hecho un humano como yo,
Que no era el profeta de la Biblia,
Ni el hombre de las Nieves,
Ni el Gorila!...
¡Este tu ser a mi medida humana,
Sin suelo, sin habitantes y con sola tu agonía!

¡Ay, Machu Picchu, cómo me matas y me vives!
¡Cómo me cae tu inmóvil piedra, como me cae mi eterna vida!
Todo es la verdad si no es la historia.
Todo es la vida si es la vida,
Y así es mi verdad, mi vida.
Tú eres sólo la forma sobre el abismo,
Y así será siempre mi sabiduría,
La de la Academia,
La de la Antología,
La del que vive porque está muriendo y escribiendo
Para su propia policía,
Y se entretiene,
En su agonía,
Estimando y describiendo,
Riéndose porque ya no acierta a llorar,
La maravilla.
¡Desolación, madre mía,
Dame tu firmeza!
¡Que mi pie pise en el nervio que vibra quebrado!
¡Que mi mano palpe en piel que pela!
¡Que yo baje desde el éxtasis de espanto y dios,
A mi carne, a mi hueso, a mi enervada idea!
¡Déjame bañarme con la india desnuda,
Dónde sólo alguna agua me vea!

¡Déjame asirme a agua írrita,
Adonde mi meandro inmaterial me lleva!
¡Déjame con la imagen,
Déjame, deja!
¡Déjame ser la montaña de sueño,
Infinitud incompleta!
¡Déjame ser sin despertar!
¡Que lo que soy, si soy, sea vida entera, eterna!

¡Tú, Realidad, que me pariste ahora para ahora,
Déjame rodar y morir por la ladera!
Yo me abalanzo, pero no lo alcanzo,
Lo que tú eres y no eres, losa Mía.
Esa forma, ese ingenio, esa ternura;
¡Ay, ese irse y desprenderse de mi vida!...

¡Tú, la manera de descalabrarse por allá en el cielo...
Tú, la manera de mirar desde la roca del río...
¡Tú, lo humano
Que huye de sí mismo!
Y vaga por lo que creó
Y le ahorca la dura y áspera cuerda de lo divino!
¡Otra de las creaturas del Hombre
Para su divinización y su martirio!...

Eres la duda cierta y la misma vida,
Eres lo humano y macizo del cielo y nube,
Eres lo infinito que se está,
Y eres la palabra que huye.

Ante ti fuga la razón, Perfecto,
Porque la Esencia su ceño frunce.
¡Ay, no sé qué eres, Machu Picchu,
Si yo mismo, o tu piedra o la nube!
Todo es cierto
Menos la vida.
Toda apariencia está resucitando, dudando y recreando.
Sólo es realidad la Poesía.
Si tu mano toca,
Huye la Muerte y te mata la Vida.

Cáete, si eres, Machu Picchu,
Cáete conmigo. Te lo digo: no sigas
Presidiendo las cosas
Y los cielos, con tus piedras caedizas.
Muramos porque es el tiempo,
El tiempo de la agonía y la ironía.
¡Muramos, que nos caemos!
¡Muramos, que nos cerca la vida!
¡Cáete conmigo
Y con la Arqueología y la Filosofía!
¡Ay, lo que grita el que está debajo,
Machu Picchu, la presunta realidad y la estupefaciente circunstancia!
"Yo solo tuve mi terreno
Y me lo robaron". Lo dicen, bajo de ti, ansia
Palpable de infinitud. Lo dice el indio elemental
Y la redicha palabra.
¡Ay, Machu Picchu, horror de horrores,
Piedra que se cae, piedra que se abalanza,
Muerte que discurre relativamente,
Cielo de nube oscura, fría y alta!
¡Porque soy mi cuerpo humano
Y mi divina alma!...

¡Porque nada de espíritu ya tengo,
Porque materia alguna ante ti se me alcanza!...
Eres perfecto porque eres mortal,
Si no lo fueras, fueras dios e ironía,
El remirar a la rosa,
El acariciar a la niña.
¡Si fueras muerte, serías lo cierto en cierto modo,
Si fueras muerto, sería la Arqueología!

¡Machu Picchu,
Sigue agonizando todavía!
¡No hay otro verdadero!
¡No hay otra eterna vida!
¡Sólo tú, piedra y mi angustia,
Lo de mi vida!...
¡Lo de siempre jamás,
Lo de nunca jamás todavía!...
Morir es tan difícil contigo
Como vivir! Eres el ser.
Estar junto a ti es buscar el grito
No es el eterno quién.
Tú no eres el muro
Del no pasar y del padecer.
¿Quieres que yo vomite o que me calle?
El ser es tu ser,
Que es una piedra sobre otra piedra
Y toda quién!

¡No, nada somos sino la conciencia,
Este mirar lo futuro
Entrañable, que nos mata
Y nos da gusto!
¡La vida es muerte relamida,
La vida es Juana o Augusto,
La vida es todo lo que con nosotros
Va a la muerte y a lo justo!
Pero tú, lejos de la música,
Aun lejos de la imagen aparente,
Tú, piedra sucia, fuente de mi vida,
Eres lo que eres.

Eres lo real, lo verdadero,
Aquello por lo cual se vive y muere.
¡Sí, pero la tristeza estaba en ti,
Eras tú, simplemente!
¡Esta tristeza de nacer humano,
De haber nacido humano, lo de siempre!
Y cada vez que nazco soy el mismo,
Yo soy el mismo de las estrecheces,
Las de ser yo uno solo
Y la del sexo y del amor y las mujeres
Y la de ir por camino
Real e inverosímil de la Muerte;
Ya te lo dije yo, Machu Picchu,
Piedra sin horizonte de entreverse.
Pero Machu Picchu, amigo,
No es otra cosa que un verso,
Algo, yo, de mi figura,
Algo que yo estoy haciendo.

Si yo me aparto de mi obra,
Ya soy porque no creo.
¡Sí, mi cuerpo es esta mano
Esta con que a tí me atengo
Con la que te hice hace siglos
En un instante del Tiempo,
Piedra fea, piedra mala,
Piedra de mi pensamiento!
¡Cállate, que estoy dudando!
¡Cállate, que mi silencio
Me está cubriendo de sombra
Como la noche del muerto!
¡Calla, que yo quiero el valle
Con su verde y su jilguero!
¡Cállate, que soy humano,
Tú, la piedra del agüjero!
¡Sí, aquí estoy, en este espacio,
Adonde no cabe el tiempo,
En donde la mano mía
Sigue haciendo y sigue haciendo,
Y sigue haciendo la ruina
Y el muro y el sentimiento!
¡Ay, Machu Picchu maldito!
¿Por qué me sigo naciendo?
¿En dónde mato el que ni vivo,
Para ser el que no muero?

¿En dónde estás, Machu Picchu?
¿Dónde estás, que no te veo?
¿Estaré vivo?
¿Habré muerto?
¿Cómo es la muerte? ¿Cómo es la vida?
¿Dónde estoy en tu misterio?
¡Todo era provincia, todo,
Todo, todo, Dios Exceso!
¡Todo extralimitación!...
Y no mi brazo o su cuerpo.
¡Nada era a su medida!
Nada sino el pensamiento!...

Todo era mi estarse afuera,
Ya sin cosa, ya sin beso.
¡Ay, todo, todo, todo yo!
¡Sí, yo era todo eso!

¡No, Machu Picchu no es nada!
¡Toda cosa es un secreto!
¡Es una cosa y figura,
Porque yo no estaba lejos!
¡Todo es verdad, y la Muerte
Está naciendo y está haciendo!
Si se muere Machu Picchu,
Ay, ya nunca viviremos.
Todo será aquella nube
¡Y acaso no será eso!
¡Aquí, en ti, Machu Picchu,
Donde la Nada es una mole tangible, gris y verde;
Adonde golpea mi mano desasida,
Como dice mi lengua
Cuando no se mueve!

Y la pintura de mis ojos
Ya no puede!
Porque soy tu Espíritu,
Que te agarra porque te quiere
Porque mi alma, tú, estás en tormenta
Ya, siempre
¡Teme! Sin términos
Ya, siempre
Sin rayo,
Sin nieve,
Sin peso alguno,
De prójimo o mujeres,
Sin ninguna palabra,
Sin medida de medidas, sin metro, breve!...

Eres como la palabra:
Cierta dureza ante el Destino y lo infinito
No parece filosofía ante tu piedra,
Sino, por debajo, lo que miro río
Donde la que siento india
Hace beber al que creó su hijo

¿Pero cree? ¿Pero soy?
¡No te me vuelvas, Machu Picchu, mío!
¡Vete, Machu Picchu, vete!
¡Tú no eres el jardinero!
¡Porque si me estoy contigo
O no me olvido o recuerdo!
¡Todo fue antes del principio
Todo es de más o de menos!
Ay, alma que yo me soy
Esa que nos hace el cuerpo.

Y al pie de nosotros
La quena suena
Gemido sin suicida
Ninguno que yo sea.
El arduo ruiseñor
Sigue en mi coche perpetua
Sigue ya ronco, ya silbante,
Ya sin aliento, ya sin rama que le sostenga,
Ya sin ala que lo salve...

Difluente bulto del asma eterna...
Y eres eterno por inhabitable,
Porque estás dentro de mí mismo,
Royéndote la uña imaginaria
Con el hambre y con el colmillo
Mío porque llegué tarde o nunca a toda presa
Posible de mi designio.
Y eres lo mortal, porque desesperas
Y por que aúlla como perro el río,
Todo es mitología del Otro, no
Sino el Yo, el Tú y el Infinito.
La Tristeza no trae el verso.
La Tristeza es interminable.
Puede parar en una lágrima,
O en una piedra, pero sigue adelante.
Tú eres un camino
Dificilísimo que sube a valle
En donde el aluvión de lo divino,
De eso de divino que tú sabes,
Soltó los sueños crueles
Y rompió las cosas reales.
Yo no subí a llorar tu llanto,
Sino por tus paredes y verdades.

¡Ser exacto, humanísimo
Y trascendental, ampárame!
¡Machu Picchu, mi cuerpo,
Estáteme!
Cuando tú hables, dilo sin secreto
Yo Mismo o, simplemente, calla.
Si hablaste, se hizo la teoría.
Si callaste, se hizo la muralla.
No te asustes. Mi Genio,
No te asustes, Mi Gramática,
No te asustes, Mi Mano,
Si hubo consonancia.
Todo es real, hasta la Muerte,
Que por de fuera y dentro nos anda.

¡Prosigue sereno, Yo Mismo!
¡La Vida es esta ansia!
Poesía es la idea sin objeto,
El rabo de la rata.
Poesía es lo que me sobra,
Poesía es lo que me falta.
Poesía es la cosa dura,
O, solamente, una palabra.
Poesía es el dios que hiede
O la mujer que arrastra.
Ay, Poesía, Machu Picchu,
Es mi sentido de que no soy nada!
Para llegar a Ti, ¡cuánto camino
Hube de andar a saltos!
Por fin estás ahí, en tu figura
De desnudez y desengaño,
Hondo en mí mismo, diciéndome
Como al Sordomudo, con mi cuerpo y mi abrazo,
Con mi placer,
Con mi espanto,

¡Dios Mío!
¿Por qué tardaste tanto?
Yo sabía morir, y me olvidé.
Tú sabes morir, Piedra, todavía.
Morir es un eterno estarse
En la una y en la otra vida.
¿Cuántas vidas hay?
El Gato mira y remira,
Y dice...(el gato del albergue,
Ininteligible, con la pupila)
¿Cuándo seré yo sin mundo ni prójimo?
¿Cuándo será mi verdadera vida?
Todo era creer o consentir.
Sí, sin duda, todo era.
Todo, todo,
Pero no tu piedra.
Era la exactitud en este mundo,
La verdad fea...
Y están los extraños, recién bañados
De las universidades europeas.

Estaban tristísimos,
Ante tu horrorosa belleza.
La emoción de volver a ser paridos,
Pero por la Conciencia!...
Una mano sobre otra mano
Y una palabra sobre otra palabra
Y una piedra sobre otra piedra
Y una distancia tras de otra distancia...

¡Di lo último! ¡Di lo último!
¡Que sea a tu gana!
¡Dilo, que no hablarás ya nunca!
¡Apurate, que la Vez y la Voz escapan!
¡Muérete ahora, que la Muerte,
Que la muerte eres tú mismo, y no es nada
Sino tu vida y tu cuerpo
De gusano y desgana!...
Como todo lo tangible,
Toco en ti el instante y la piedra.

Nada me está distante a tu sombra
Eres lo que es y lo que era,
Y lo que será si el tiempo dura
Y nunca fue lo que se sueña.
¡Yo no quiero parar! ¡Yo soy el río
Que por debajo te roe y distrae!
¡Soy lo mío de humano
Ante lo tuyo de inmutable!
¡Soy el que no seré, pegado a tu muro
De granito y siglo, dentro de un instante!
¡Humíllateme, Machu Picchu!
¡No seré nada, y tú vacío y grande!...
¡Soy más que tú, porque te hice un día
Y ya tus cuándos y cálculos se te caen!
¡Y yo puedo llorar ante la Piedra
Todavía como ante la Madre!
Aquí, donde edifica el olvido...
Donde el olvido está presente, patente...
Donde el olvido es de granito, no del tacto...
Donde el olvido es de cuanto tú eres...

Donde el olvido es de millón.
De piedras
En equilibrio trágico... Donde asciendes
A no sé qué dónde, que así es el olvido,
Cualquier olvido: no el que tú apeteces...
Sí, aquí, Machu Picchu,
Olvido macizo, peso de las sienes...

¡La Eternidad es una cosa
Tan lenta y dulce y ciegamente miserable!
La Eternidad nunca fue, ella misma, nunca,
La Eternidad nunca fue antes.
Nunca será después. Viene contigo,
Poeta, Vaga, desde tu hueso y tu carne
Viene sin que la sientas
Por ningún sentido. Pisa sin estarse.
Y de pronto es una momia de morada
Como el vientre vacío de la madre.
La Poesía hizo tanto
Que ya no cabe
Ningún mundo, el de cada ciencia... tanto
Que la mano adolorida se me cae.
Has de ser un humano y su sombrero
Si no eres un dios, no eres nadie.
¡Ninguno, nada... no esa muerte
Que yo me hice a la medida de mis ansiedades!...
Todo será otra vez, que en nacimiento
Consiste toda eternidad durable, deplorada!
¡Que pensamiento soy, y no otra cosa
Ni de la cosa ni del ansia!

Créeme tú, Machu Picchu,
Haz que yo crea... horrorosa flora.
Nada es real sino lo que pones
Por debajo de lo que tocas.
Nada es real sino tu ceño
Y una roca
Y alguna mano humana que va haciendo
La vista, la cosa, la forma...
Y la divinidad de lo inmediato,
Y el instante del sentido, y el abismo en sombra.

Piedra, escúchame:
Yo te quiero enseñar y engañar.
La Soledad es una cosa
Como las que encierras, y no es más.
La Soledad es como tu cielo,
Que no es tu ser... acaso, sí, tu estar.
Un estar sin adónde, ya sin paso
A su siempre allá,

La Soledad es absoluta:
Es el fin del afán.
El azul raro del mismo cielo,
El agua helada de la morrena...
La montaña es un delirio,
Y tu palabra es una sorpresa.


Hiram Bingham.
La flor se puso verde de terror y de tierra
Y dejó pasar a cualquier gringo. (Martín Adán)

julio 05, 2011

OFUSCADAS TRÍADAS/ IRIS PARRA

IRIS PARRA

Ofuscadas tríadas (selección)


IV



Desde el memorístico azar llego a pensar que la vida filosófica de las palabras pasó a mis manos a través de tu dulce boca, porque los agitanados ancestros que no probablemente tenemos hace que todo cobre un sentido distinto en este mundo donde los sapos son rojos y a nadie parece molestarle, donde las hormigas cantan encima del desnudo cuerpo de nuestra amante y la luna acaricia los trozos siniestros del vacío. Una idea que se expresa esféricamente para acabar siendo un pedazo de lo que le escribo


VIII

Y en la infinidad de la nada encuentra siglos de formación esporádica que poco a poco le revelan irisadas estrellas del universo, los brillos antaño alucinantes que tan solo son recelos del pasado y que ni siquiera existen a pesar de que los ojos las pueden contemplar.¿Cómo creer entonces en nada de lo que ve? Entre millones de acertados imprevistos conformando la tela del tiempo, deja caer las hojas de la ilusión al suelo, pisoteándolas luego en charcos de alquitrán y prendiéndoles fuego junto a la vana ficción. Sólo asi es capaz de olvidar.

XIV

Arde debajo el infierno de tus palabras, no hay mente de basilisco capaz de expresar lo que no sabes ni transformar; en la rareza eléctrica de tus neuronas se va la imaginación, no eres capaz ni de dar una opinión, te sientes entre un punto muerto y un abismo donde las palabras un espejo te devuelve. Todo debe acabar y, como el fin de los días es un nuevo inicio, todo debe empezar para sentir de una vez que todo sigue el curso del porvenir.

***
Iris Parra nació en Barcelona en 1989. Interesada especialmente en la música, la poesía, el canto y la experimentación posible en el lenguaje, ha publicado poemas en revistas como Barcarola y otras. Su primer libro, titulado Ofuscas Tríadas (2009) es una trilogía de poemas en prosa, imagen de tránsito, vivencia de ritos del paso; una muestra de la escritura de la nueva  poesía femenina española.


julio 03, 2011

PAPÁ HEMINGWAY EN CABO BLANCO (PIURA)

Papá Hem hace cincuenta años se metió un tiro en la cabeza.


La historia de un pequeño pueblo de pescadores del norte peruano que se hizo famoso por la pesca del merlín negro, por la visita de innumerables personalidades –entre ellas la del célebre escritor Ernest Hemingway– y porque allí se encuentran las mejores olas del Perú para practicar surfing. Cabo Blanco, una caleta que recuerda con nostalgia los años maravillosos de una época dorada.


***
EL MITO DE HEMINGWAY AÚN VIVE EN CABO BLANCO (PIURA)*
Por Rafael Alonso Mayo


La mañana de aquel 16 de abril de 1956 pintaba un día veraniego en este lejano pueblo pesquero del norte peruano. El cielo azul se confundía con el siempre movido mar de la zona, como en cualquier día de verano. Nada fuera de lo común.

Lo que alteró la tranquilidad de los pescadores fue la noticia de la visita de un inminente personaje que ¨no era un gringo cualquiera¨, como estaban acostumbrados a ver sus pobladores por estas costas.

Desde aquella vez Cabo Blanco perdería su verdadero anonimato y su historia quedaría marcada por siempre. Y aunque el pueblo ya tenía su fama por la visita de varios ilustres viajeros, desde ese día comenzó a escribir otro de sus capítulos. Qué importa que ahora casi todo sea nostalgia.

Ernest Hemingway, el célebre escritor estadounidense, ganador del premio Pulitzer en 1953 por la novela ¨El viejo y el mar¨ y Premio Nobel de literatura en 1954, pisaba tierra peruana y ello significaba un gran acontecimiento. Era la primera vez –y también fue la última– que el Nobel tocaba tierra en un país suramericano. Y fue el Perú el único que tuvo ese privilegio.

Su destino era Cabo Blanco, un pueblo escondido entre los cerros desérticos del departamento de Piura, a 1.137 kilómetros de Lima. Y allí estaba por fin esa mañana. Había escuchado hablar por boca de sus amigos de la existencia de un pequeño pueblo pesquero en el Perú donde se practicaba la pesca deportiva del merlín negro, ese enorme pez que se convirtió en uno de los protagonistas de su laureada novela.

De seguro sabía que tres años atrás un compatriota suyo, Alfred Glassell, había pescado allí el merlín más grande y nunca antes visto en lugar alguno, un animal gigante que pesaba exactamente 780 kilos y medía más de cuatro metros de longitud. Hasta ahora nadie ha podido superar ese récord.

Pero no venía solo, lo hacía con su última esposa Mary Welsh y con un equipo de productores de la Warner Bros. que querían filmar algunas escenas de la película basada en su célebre obra.





Mercedes Tume de Córdova celebraba por esos días su matrimonio, ocurrido cuatro meses atrás con Pablo Córdova, el barman del Fishing Club, un exclusivo hotel propiedad de un grupo de millonarios estadounidenses que era visitado constantemente por gente famosa y donde el escritor permaneció entre 32 y 36 días, o más, según cuentan varios pobladores. Ella es una de las personas que más recuerda la llegada del afamado escritor.

¨Era un señor muy simpático en su modo de ser, sobre todo inteligente, muy sencillo. hablaba en español y todo¨, rememora la mujer que ahora supera los 70 años y administra el único restaurante del pueblo. Justamente allí se aprecian varias fotografías de ¨Don Ernesto¨, como le solían llamar las personas más cercanas a él durante su estadía en este poblado de pescadores.

Una imagen del ¨Papá Hem¨, con sus amigos peruanos, otra donde aparecen los periodistas que llegaron directamente desde Lima a cubrir el gran suceso; una más con su mejor compañero, el merlín negro y otras fotografías en blanco y negro donde sobresalen varios gringos bonachones que posan al lado de enormes peces, son la mejor muestra de que Cabo Blanco alguna vez fue muy famoso.

A diferencia de Mercedes, su esposo Pablo Córdova prefiere no hablar del tema y asegura ya no acordarse de ¨años atrás¨.

Quien sí lo recuerda es Rubino Tume, un hombre de 76 años, piel trigueña y sonrisa amable que se dedica a la pesca industrial pese a sus achaques de salud. En ese entonces Rufino manejaba uno de los yates del Fishing Club que por esos días tuvo entre sus tripulantes a Mary Welsh.

¨Ya nos habían dicho que venían a filmar la película ¨El viejo y el mar¨ y que venía ¨Ernesto¨ Hemingway, que era el que hacía la película. Todos lo recibimos muy bien y cuando salíamos de pesca decíamos: ¡ojalá que encontremos el merlín!¨.


Rufino lo describe como ¨un señor de edad, más o menos, pero muy buena gente, muy humano y muy diferente a otros gringos¨. Y asegura que Hemingway ¨se tomaba sus tragos y permanecía sentado en la barra del bar del hotel¨. A él ¨le gustaban los wiskies, ¡pero no seguido como decían que era un borracho!¨, había aclarado minutos antes Mercedes Tume.

¿Y dónde está el Fishing Club?, suelen preguntarse los pocos turistas que por estos días llegan al poblado. ¨Camine hacia el cerro de la izquierda unos diez minutos y allí lo encuentra¨, dice el guía del único hotel que se mantiene vigente a un lado de la playa de Cabo Blanco. ¨¿Quieren ir?, se van a decepcionar¨, suele comentar a los turistas Feliciano Tejada, el vigilante de una empresa petrolera que opera en la zona y controla el paso de los peatones por esa vía.

Y tiene razón: del famoso Fishing Club que alguna vez fue un lujoso hotel que miraba imponente hacia el mar Pacífico y albergaba a excéntricos millonarios y hombres famosos, hoy –52 años después– sólo queda su estructura, el hall con la plataforma del bar donde se sentaba el escritor y las ruinas de sus portentosas habitaciones, incluida la habitación número cinco, donde, según cuenta Walter, el hombre que cuida de aquella propiedad, se hospedó Hemingway.

Quizá no haya mucha diferencia entre el hotel y el pueblo de pescadores que ahora se ve desde lo alto de uno de los cerros. Según Josefa Arrieta, la única profesora que enseña a los hijos de los pescadores, los fuertes maretazos que empezaron a azotar a Cabo Blanco desde 1983 y las intensas lluvias que corrían desde los cerros vecinos, obligaron a muchas familias a emigrar hacia El Alto, ese pueblo de pescadores que está cinco kilómetros más arriba, a orillas de la Carretera Panamericana.



Eso hizo que Cabo Blanco poco a poco fuera quedando despoblado y se convirtiera sólo en el lugar al que llegan diariamente unos 300 pescadores en busca de anchovetas, atunes, róbalos, lenguados, corvinas, chitas y meros que se comercializan en las ciudades de Chiclayo y Lima.

¨Cabo Blanco está muy abandonado. A veces a mi me preguntan por él y yo por mucho que lo quiera hacer sobresalir me quedo a la vez frustrada¨, añade Josefa, quien sabe con certeza que el gobierno regional y nacional poco se acuerda de él, pese a la fama que aún conserva este lugar.

Viéndolo así, tal vez nadie crea que por aquí alguna vez pasaron famosas estrellas del cine como Marilyn Monroe, John Wayne, James Stewart, Gregory Peck, Cantinflas o el torero español Luis Miguel Dominguín; y más recientemente personajes como Leonardo Dicaprio, Cameron Diaz, Salma Hayek y el mismo Ricky Martin, quienes vienen a conocer el mito de Hemingway.




Además, desde hace algunos años se ha vuelto común que numerosos tablistas peruanos y extranjeros lleguen a inicios de cada año a participar del campeonato nacional de surfing, aprovechando las olas tubulares características del mar norteño. Sin embargo la temporada de buenas olas pasa y Cabo Blanco vuelve a ser el anónimo puerto que alguna vez tuvo una época dorada.

¨Bonito sería que reviviéramos todo esto¨, piensa Josefa, una idea que también apoya Henry Ramírez, un humilde pescador que ve pasar esta mañana de finales de mayo sentado a un lado de un antiguo muelle de cemento. ¨Yo me pregunto ¿dónde está la tradición de Cabo Blanco?, yo no creo que Cabo Blanco sea sólo historia, Cabo Blanco es una tradición que sigue día tras día, y los pescadores somos partícipes de lo que ahora se vive aquí¨, sentencia aquel hombre como si quisiera desmitificar la legendaria historia de ese Nobel de literatura que le dio fama mundial a su pequeño pueblo.

Y así como el afamado escritor desapareció pocos años después, cuando el 2 de julio de 1961 decidió quitarse la vida de un disparo en la cabeza, pero quedó en la memoria de la literatura universal, Cabo Blanco también cayó pero igualmente quedó en la memoria del mundo entero por esos años dorados que alguna vez le caracterizaron.


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 Rafael Alonso Mayo es antropólogo egresado de la Universidad de Antioquia (Medellín - Colombia). Ha hecho estudios de periodismo en la misma institución y ha trabajado como periodista en el diario El Mundo de Medellín, en la Emisora Cultural de la Universidad de Antioquia y es colaborador de Avianca en Revista y del diario El Colombiano. Escribe para los blogs Mundoviajero y Desde la Esquina.


 


* Ernest Hemingway (1899-1961). Novelista estadounidense cuyo estilo se caracteriza por los diálogos nítidos y lacónicos y por la descripción emocional sugerida. Su vida y su obra ejercieron una gran influencia en los escritores estadounidenses de la época. Muchas de sus obras están consideradas como clásicos de la literatura en lengua inglesa. El modelo de novelista moderno que encarna Hemingway descansa sobre su leyenda personal, en la que su obra y su vida se confunden; leyenda que si bien no creó él mismo, sí alimentó sin descanso.
Hemingway nació el 21 de julio de 1899 en Oak Park, un suburbio de Chicago, en cuyo instituto estudió. Marcado por la relación conflictiva con su padre, que fue médico y se suicidó en 1928 debido a una enfermedad incurable, Ernest Hemingway se aficionó desde joven al deporte y la caza.
Al implicarse Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, Ernest Hemingway quiso alistarse en el ejército, pero fue declarado inútil a causa de una antigua herida en el ojo, por lo que hubo de conformarse con servir en la Cruz Roja. Fue conductor de ambulancias en el frente italiano, donde resultó herido de gravedad poco antes de cumplir diecinueve años.
De vuelta en su país (1919), Hemingway se casó con una amiga de infancia. Después de la guerra fue corresponsal del Toronto Star hasta que se marchó a vivir a París, donde los escritores exiliados Ezra Pound y Gertrude Stein le animaron a escribir obras literarias. Hemingway le leía a Gertrude Stein todo cuanto escribía. Ella fue la madrina de su primer libro y de su primer hijo, John Hadley.
En 1927 regresó a Estados Unidos, donde se casó en segundas nupcias y en 1930 compró su casa en Cayo Hueso (Florida), que desde entonces sería su "base" y su lugar de trabajo, pesca y descanso. También pasó temporadas en África.
Hemingway volvió a España, durante la Guerra Civil, como corresponsal de guerra, cargo que también desempeñó en la II Guerra Mundial. Más tarde fue reportero del primer Ejército de Estados Unidos. Aunque no era soldado, participó en varias batallas. Después de la guerra, Hemingway se estableció en Cuba, cerca de La Habana, y en 1958 en Ketchum, Idaho. Hemingway utilizó sus experiencias de pescador, cazador y aficionado a las corridas de toros en sus obras. Su vida aventurera le llevó varias veces a las puertas de la muerte: en la Guerra Civil española cuando estallaron bombas en la habitación de su hotel, en la II Guerra Mundial al chocar con un taxi durante los apagones de guerra, y en 1954 cuando su avión se estrelló en África.
Murió en Ketchum el 2 de julio de 1961, disparándose un tiro con una escopeta.
 



julio 01, 2011

IDA Y VUELTA/ JUAN CARLOS ONETTI

Ida y vuelta

Juan Carlos Onetti


Se encontró sólo en la sala de espera y se puso a mirar el diario que había llevado para el brazo. Las manos le temblaban levemente. Sacó un cigarrillo y antes de encenderlo se acarició el ralo bigote cuyo crecimiento había vigilado durante semanas. Nunca había soportado el humo del tabaco y tosió con lágrimas; pero tenía que seguir fumando como un hombre hasta que llegara el momento de levantarse. No podía recordar, para imitarla, cómo era la expresión de un hombre cínico, un hombre maduro y ya de vuelta.

Tenía tres puertas por delante y fue paseando la mirada de otra mientras sentía golpear su corazón. La puerta del medio se abrió justamente cuando la estaba vigilando y apareció una mujer rubia, grande, cómoda, plácida y gorda; de los hombros le colgaba una bata desprendida y le sonrió desde la distancia, amistosa y alegre como si pudiera haberlo reconocido.

- Pasá, negrito- dijo, y él tenía el pelo castaño.

Se levantó del banco y avanzó sin mostrar su rechazo, sin poder contestar a la sonrisa alta e inmóvil. La habitación tenía una cama grande, cubierta por una sábana mal estirada, una cómoda con una gran jarra verde, hojas en relieve, sobre una palangana rajada. Había un perfume perdido en el olor inolvidable de la cocinilla a querosén.

La mujer sonriendo ya sin la bata desde la cama, empezó a parecerle enorme a medida que se iba quitando la ropa. Se arrimó al calor del fuego inquieto para terminar de desnudarse. Después la gorda se hizo cargo de él con experta paciencia, bondadosa y maternal.

Hasta que pudo, triunfal, iniciar su viaje de ida y vuelta en el túnel invisible, húmedo y sombrío, ida y vuelta hasta lograr verle la cara a dios por primera vez en su vida.

Ya en la calle pensó que lo que había comprado no podía sustituir a la palabra amor ni a sus sueños ni a sus intuiciones. Pero él no podía estar equivocado, estaba escrito que algún día no lejano su cuerpo y su alma iban a fundirse en la verdad dichosa y presentida.


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Juan Carlos Onetti (Montevideo, 1 de julio de 1909 - Madrid, 30 de mayo de 1994), escritor uruguayo.

Obras

Novelas y relatos: El pozo (1939); Tierra de nadie (1941); Para esta noche (1943); La vida breve (1950); Los adioses (1954), novela corta; Para una tumba sin nombre (1959), novela corta; El astillero (1961); Juntacadáveres (1964); La muerte y la niña (1973), relato; Dejemos hablar al viento (1979); Cuando entonces (1987); Cuando ya no importe (1993).

Obras completas, I. Novelas (1939-1954) (2006)

Obras completas, II. Novelas (1959-1993) (2007)

Recopilaciones de cuentos: Un sueño realizado y otros cuentos (1951); La cara de la desgracia (1960); El infierno tan temido y otros cuentos (1962); Cuentos completos (1967, 1974 y 1994); Los rostros del amor (1968); Tiempo de abrazar (1974), Tan triste como ella y otros cuentos (1976); Cuentos secretos (1986); Presencia y otros cuentos (1986);

Obras completas, III. Cuentos, artículos y miscelánea (2009), incluye Conversaciones, pp. 929-1232.

Cuentos completos (Alfaguara, 2006)

Otros escritos: Réquiem por Faulkner (1975), artículos; Confesiones de un lector (1995), artículos 1976-1991 (muy aumentado en Obras, III, como Un Uruguayo en España); Cartas de un joven escritor (2009), correspondencia con Julio E. Payró.

Filmografía:

El infierno tan temido (1980), del director argentino Raúl de la Torre sobre el cuento homónimo de Onetti. Ganó el Cóndor de Plata a la mejor película de 1981.

La suerte está echada (1989), del director argentino Pedro Stocki. Adaptación de la novela La cara de la desgracia.

El astillero (2000), del director argentino David Lipszyc. Adaptación de la novela homónima.

Cortázar: Apuntes para un documental, dir. Eduardo Montes-Bradley. Argentina, 2001. (Participación testimonial).

Nuit de chien (2008), del director alemán Werner Schroeter, basada en la novela Para esta noche.

Mal día para pescar (2009), del director uruguayo Álvaro Brechner, basada en el cuento "Jacob y el Otro".