noviembre 15, 2010

PROSPECCIÓN ISOMORFA DE LA POESÍA EN LAMBAYEQUE/ ARMANDO ARTEAGA

PROSPECCIÓN ISOMORFA DE LA POESÍA EN LAMBAYEQUE *
Por Armando Arteaga

A.A.: En la Pza. Matriz de  Chiclayo, en  el emporio de la clásica tertulia literaria

La prospección, es la exploración de posibilidades futuras basada en indicios presentes. Lo isomorfo, es la cualidad de los cuerpos de distinta composición química e igual forma cristalina. Unión libre de consideraciones que usamos para contemporizar ideas a contracorriente, aunque con ojo avizor, acerca de la poesía de la región de los hijos de Naymlap. Sin ninguna pasión literaria por lo anacreóntico, y menos, por buscar Albión distante. Pero sí, por acometividad de conceptos y por acomodación de mis lecturas anárquicas, emprendí esta necesidad de ordenación de lo sucedido: para este caso de la poesía en Lambayeque, que ocupa el espacio cultural e histórico desde fines del siglo XIX con la apertura romántica de Emiliano Niño Pastor hasta la experiencia poética personal que desarrolló Juan Ramírez Ruiz, actitud que sobrepasó el Siglo XX,  y la posmodernidad actual, teniendo en cuenta algunas motivaciones para el estudio del poema como objeto estético.


Paginas de Oro de Lambayeque.

Cultura Popular e Identidad.

Todo poema expresa un significado, es un sistema emotivo-dinámico de emociones, donde la poesía es un verdadero signo externo. En un texto escrito, se puede reconocer y analizar factores sociales, y gestos individuales, de la acción creativa. Tuve esta preocupación razonable de abordar cada uno de los textos individuales de los poetas de Lambayeque, a partir de los sucesos más observables, para una construcción indispensable del proceso histórico y literario; en cada uno de ellos, teniendo en cuenta que, cada exponente literario es el producto de diversas manifestaciones de su tiempo respectivo. Tuve estas conjeturas también a partir de mis conversaciones con Max Dextre, antes y después de la publicación de su libro “Poetas Representativos de Lambayeque 1900-1989” (1989).

Lo más versado, para entender y para alcanzar un conjunto de hipótesis referidos al estudio de la poesía lambayecana, y para asistir con mayor rigor a este viaje circunspecto por el panorama de la poesía lambayecana, es sectorizar este proceso histórico en escuelas estéticas y tendencias: el romanticismo, el modernismo, el costumbrismo, el regionalismo, el vanguardismo, la ruptura social, y talvez entre los últimos "ismos" o expresiones literarias: el expresionismo poético y la postmodernidad "acrítica". Existen varios estudios que sincronizan –resueltamente- con lo que estoy proponiendo “sine die”.

Jose Barragán Carvallo

Ya en la década del sesenta, José Barragán Carvallo planteó las primeras hipótesis locales: de la inauguración poética y la continuidad de una tradición, de la ruptura social y de la depuración de un estilo cosmopolita, de cierta modernidad de esta poesía, en su libro “Páginas de oro lambayecanas” (1965), que es una redimible selección de poetas del siglo XIX y del siglo XX. La “introducción” de Barragán y Carvallo es muy tímida y el “saludo” de Jorge Lazo Arrasco es solo un laudatorio al antologador, algo merecido y cabal (a no dudar), pues,  las notas bio-bibliograficas son certeras y los poemas seleccionados son de calidad literaria, este florilegio nos ayuda a tener un criterio –muy específico- acerca de este panorama de la poesía lambayecana. En efecto, la secuencia cronológica -tal como están seleccionados los poetas- ayuda a una mejor compresión del proceso poético norteño, aunque todavía no se atreve a reseñarlos en "escuelas" y "tendencias" poéticas. Es una antología con algunos equívocos de pie de imprenta y varios poemas traspapelados (que confunden autores y que pueden inducir a error a los lectores iniciados). Aún así, es la mejor antología.

La “Antología de la Poesía Lambayecana” (1981) de Ricardo Rivas Martino, repite los mismos lugares comunes de Barragán Carvallo, aunque extiende el número de los poetas antologados. Es comprensible esta apertura, ocupa el largo periodo del Siglo XX, y lo excelso de los años setenta.

Los “Poetas representativos de Lambayeque 1900-1986” (1986) de Max Dextre despertó el entusiasmo por la realidad de esta poesía, descubrió el sentimentalismo provinciano y parte de su retórica, así como sus magnetismos y sus dones. Es una observación ardorosa, fortalece su propio proceso: poesía con furia, desavenencia y escorzo.

Para permitir una acertada comprensión de este panorama y para denotar una actitud integracionista de esta poesía: con la del resto del país, diremos que ayuda y enriquece el debate de esta problemática poética, si escrutamos –además- en la existencia poética de Lambayeque:

i: “Pensamiento Poético Lambayecano” (1981) y “La Creación Poética Lambayecana” (1982) de Segundo Sánchez Delgado.

ii: “Proceso de la Poesía Lambayecana” (1968) y “100 años de poesía lambayecana” (1980) de Luis Rivas Rivas.

iii: El capitulo III dedicado a la poesía en “Lambayeque: Cultura Popular e Identidad” de Pedro Delgado Rosado. (Ed. mimeó, 1982).

iv: El Diario “La Industria”, en su Suplemento “Lundero” ha publicado una variedad de artículos periodísticos y literarios en torno a la poesía de Lambayeque –desde los años 50 hasta nuestros días-. Son muy diversos y plantean las más dispares verdades que aportan diversas propuestas e ideas para este debate.

Poetas de Lambayeque de Max Dextre.

Apostando por una estética de la identidad, cito a Georg Lukács: “estoy a favor de una literatura que procure respuestas a las preguntas del lector”, respuestas a las preguntas de la vida misma. Y, diré, citando (“ad hóminen”) a Theodor Adorno, luchando contra el dogmatismo de algunas tendencias: “el arte no comporta el conocimiento de la realidad porque representa fotográficamente o desde una perspectiva, sino porque, de acuerdo con su naturaleza autónoma, expresa las cosas que quedan ocultas a las formas empíricas del conocimiento”. La poesía es un conocimiento total, enfrenta y afecta los datos empíricos. Le da a la intención subjetiva del poema una –casi- realidad concreta, adquiere en el “texto” una “significación objetiva”. Buscando esa “significación objetiva” es que creo que el panorama de la poesía lambayecana es algo insular y libre dentro del contexto cultural de la modernidad, y también es un ente autónomo, pero además: es integracionista, y forma parte de esa espontaneidad natural del espacio literario norteño del país, y sigue las escuelas y las tendencias y que se dan sin escamotear la realidad, directa y objetiva, en apariencia y en esencia.

La verdad es que esta introspección acerca de la poesía en Lambayeque es apenas un acercamiento a una parte de su modernidad aceptada. En realidad, Lambayeque como espacio cultural es tan antiguo y tan complejo, es este ámbito geográfico lleno de señales,  que bastaría para anonadarnos con atisbar –la intrusión y destrucción de la política mochica, por ejemplo- a través de una cerámica (pre- inca) de algún asentamiento poblacional de los valles aledaños de Zaña, Lambayeque y La leche, para tener abierta cualquier especulación literaria, para entender la gran repercusión de una poesía que posiblemente ha muerto su vitalidad con el tiempo, pero que revive aún en su oralidad actual. Se puede observar en sus poetas actuales el desarraigo, donde la poesía vuelve a ser canto, o tierra, o muerte, o radicalmente, apoderamiento del lenguaje nuevo de los otrora invasores españoles, esa poesía es una traición aceptada frente a las reminiscencias de una derrota aceptada de estos pueblos ágrafos y agrarios, que eran así los lambayeque, los sican, los sipan, los etén, los incahuasi, los cañaris, es decir, un sin número de poblaciones con un altísimo nivel artístico, tecnológico y cultural, que terminaron deslumbrando la cámara fotográfica y los “estudios monográficos” de Heinrich Brúning, los mismo que: las miradas arqueológicas de Alfred L. Kroeber, de W.C. Bennet, de C.B. Donnan, de R.P. Schaedel, de Izumi Shimada; pero es que, no en vano, toda esta poesía norteña y criolla, ha surgido de un cementerio de muerte, de una historia que vive actualmente en una eterna búsqueda desde su arcaísmo literario, que expresa una espontaneidad de mil maneras, que ostenta una mascara muy benevolente del pasado, y que está escrita en el idioma de los “vencedores”, en un castellano recogido de la propia inspiración de estos hombres nuevos mirando la historia desde una nueva voluntad humana, voluntad de estar sorprendidos, de cierta especulación dramática, y con la confabulación de la máscara discreta de ir tras lo nuevo, de re-definir la historia, aún desde su lengua muerta del pasado, aceptando la modernidad impuesta de su destino histórico.

En cada uno de estos poetas se da la probabilidad de encontrar al otro hombre que evidencia lo nuevo del lenguaje, desde “el laberinto de la soledad” lambayecana. Nadie mejor que Augusto León Barandiaran y Rómulo Paredes que en el libro “A golpe de arpa” (1935) han preferido el sentido irónico de las cosas:

“El humorismo de nuestro departamento se perfila por enfocar, sutilmente, el ingenio propio contra la falta ajena. Hay en él, como un sedimento básico y originario de su formación dos factores sustanciales: el alegre y bullicioso cinismo del “chapetón” mesclados con la fría y filosófica comprensión del indio. Aquel dio la agilidad, esté la profundidad. Psicólogo el último, campechano el primero. De esta mezcla disidente y compleja salta el humorismo hirviente, desordenado, barboteante, casi furioso”.

El proceso histórico de la poesía lambayecana desde tiempos de la Colonia estaba ligado a lo telúrico. Diego Mexia Fernanguil, sevillano avecindado en el Perú desde 1581 abrió las puertas de esta poesía con “El Dios Pan”, haciendo referencia a las catastróficas lluvias ocasionadas por el fenómeno “El Niño”. Lo mismo que, la espantosa inundación acaecida en Lambayeque entre el 01 hasta el 03 de Marzo de 1791, que en la “Descripción de la Provincia de Truxillo”, Miguel Feyjo de Sosa, recogió las congojas de “El Pastor Amanto”, hombre rico de estas campiñas, dando parte a Lesbio Zagal, sobre estos desastres de las lluvias, donde celebra ya con sentimiento poético local:

Dale acierto a mi lengua, é ilumina
Mi discurso que ciego no se entiende,
Mientras de Lambayeque, en dolor tanto
Cantó el diluvio que aumentó mi llanto.

La poesía en Lambayeque del Siglo XX también tiene este segmento natural: hirviente, disidente, desordenado y furioso, de su imaginación. Tiene la tierra, la raíz, la rama, el árbol: el haultaco, el zapote, el bichayo, el algarrobo, el faique, el bosque y las aves: el huerequeque, el gallinazo, el cóndor, el mar y los peces: el tramboyo, la guitarra, la raya águila, el suelo y sus reptiles: el capón, y el saltojo. Flora y fauna de sus parajes risueños y multicolores. Todo este bagaje cultural nativo está aquí en Lambayeque, exaltado en estas voces del terruño, recordados por su poesía alborozada de nuevas sensaciones y buscando nuevos sueños universales. En Lambayeque, la tradición no es el contraste de la modernidad, al contrario, convive igual con ella. La modernidad revive el pasado con la misma pasión que vislumbra su propio futuro.

Esta reflexión de Luis Cernuda vale para las dos versiones: la autóctona y la foránea, que tiene el poeta lambayecano en su escritura cuando enfrenta lo híbrido y lo esplendoroso del Siglo XX:

“La lengua que hablaron nuestras gentes antes de nacer nosotros de ellos, ésa de que nos servimos para conocer el mundo y tomar posesión de las cosas por medio de sus nombres, importante como es en la vida de todo ser humano, aún lo es más en la del poeta. Porque la lengua del poeta no sólo es materia de su trabajo sino condición misma de su existencia”

El romanticismo en Lambayeque fue una renovación de las actitudes obscurantistas dentro de la literatura: inculcó nuevos ideales, consagró una estética distinta al anacronismo y conservadorismo que desfallecía entonces. Rompió con la rigidez de la métrica y la rima: aquel antiguo culto por los modelos clásicos y rígidos terminó. El poeta ahonda en su individualidad, se traduce una ingente preocupación por lo cívico y lo nacional. El “yo” romántico profesa las nuevas preocupaciones del individuo, la búsqueda intensa en el desengaño, la melancolía, el desacuerdo entre lo deseado y lo existente, la predilección por la soledad y por la lejanía del ser amado. Se desarrolló una mirada interesada por lo popular, por la leyenda y por los paisajes exóticos. La razón quedó relegada, e insurge el “sentimiento” privilegiado que le impone al poeta su “ser” social ante la realidad circundante.

Poema de puño y letra de Emiliano Niño Pastor.

En este pórtico del romanticismo, aparece la figura del poeta Emiliano Niño Pastor (1845-1939). Maestro de la décima, su poesía muestra las costumbres de una sociedad en contraste con la posición ética del individuo. Lo mejor de su producción poética, me parece, no es su aplaudido poema “A Colon”, sino es el poema “Lámpara de Aladino” donde luce su “elán vital”, y se puede comprobar lo experto que resulta en su manera de poetizar. Lo mismo que en sus poemas cortos: “La duda”, “Opinión” y “Religión”. Serafina Quinteras en su “Antología de costumbres y humoristas peruanos: De la misma laya” (1957), le otorga a Emiliano Niño Pastor un destacado lugar, llamándolo: “un ruiseñor, hecho para cantar libremente”.

El romanticismo al prorrumpir la tesis de igualdad entre los hombres, propinó el derecho individual entre los hombres y sublimó lo común y lo colectivo, con libertad. La imaginación romántica tuvo la invención y la originalidad para expresar sus meritos en las canciones poéticas de Gregorio Campos Polo (1855-1912), Fidel Arana Rodríguez (1857-1936), y Augusto F. León (1860-1926). La poesía romántica volcó su interés en el “yo” poético, en el mundo “interno” y “subjetivo”, del poeta, frente a la realidad, siempre grotesca y sin brillo. Los románticos buscaron un ideal muy especial de la belleza en función del amor como pasión. Gregorio Campos Polo: desarrolló “la espinela”. Fidel Arana Rodríguez: cantó a las “civitas” de Chiclayo y Lambayeque. Y, Augusto F. León: reminenció la vida escolar.

El modernismo fue en Lambayeque una verdadera subversión literaria. Trajo una liberación de las maneras poéticas, siguieron (con perfiles propios) las ideas del realismo rebelde de Manuel González Prada. Trae un nuevo sentido de crítica y renovación del pensamiento social y literario. Rebeldía e intransigencia forman parte de una nueva sensibilidad difusa, superando las obsesiones románticas. Los poetas modernistas tienen una actitud épica, un tono exaltado, una sonoridad verbal, una evocación del pasado y un americanismo literario. Es una poesía intimista, lírica, amorosa, tiene una escritura –por momentos- epigramática, irónica y caústica, de una estilística muy rigurosa, celebran los valores éticos y morales de una nueva realidad. El modernismo en la poesía de Lambayeque se abrió paso a nuevas alternativas sociales, fue puertas libres para nuevos escenarios políticos de la sociedad peruana extenuada entonces por el pesimismo dejado por la derrota de la Guerra del Pacifico, y al afán de las nuevas tendencias literarias que vinieron de Europa, pero algo más, se fue desarrollando bajo el influjo de peculiares y nuevas condiciones lingüísticas. El modernismo literario trajo para nuestras provincias: nuevas maneras de mirar el mundo, un cosmopolitismo diferente invadió los cenáculos urbanos y hubo otra manera de enfocar los escenarios culturales.

Germán Leguía y Martínez (1861-1928) inserta a este nuevo influjo literario -de este movimiento estético- que trae nuevos aires cosmopolitas: refinamientos seudo-aristocráticos y también poses seudo-plebeyas, con una visión purista del arte por el arte, eso solo en su poesía. Leguía y Martínez, fue un personaje brillante, pedagogo y abogado, diplomático. El político terminó opacando y desdeñando al escritor. Se movió en la contradictoria actitud desde el positivismo, el liberalismo y el racionalismo. Entre sus libros publicados destacaron: “El Manchaypuito” (Drama, 1888), “Poesía” (1894), “Historia de Arequipa” (2 Vols., 1913), y “Diccionario geográfico, histórico y estadístico del departamento de Piura” (1914). Francisco Mostajo ha reverenciado de Leguía y Martínez sus cualidades de historiador: “Pese a su estilo repujado y a su cariño férvido por Arequipa, su historia deja la impresión de trabajada en frío…”

José Clodomiro Soto (1867-1937), escribió libros de gran intensidad lirica como “Gramática”, “Cienos y Manantiales” que son sus más representativos aportes literarios. Sus poemas “A Magdalena”, “Esperanza” y “Miocarditis”,  están muy adyacentes de la poesía de Salaverry y Melgar.

Sara A. Bullón y Lamadrid (1867-1952), trae el destello de la poesía femenina, sus cantos son gestos cívicos y rebeldes, resaltan la cotidianeidad de la vida, tal el caso de poemas como “En broma” y “Milagros del Rocambor”.

El costumbrismo en Lambayeque es parte esencial de ese espíritu criollo y tradicional de toda nuestra literatura de fines del siglo XIX y comienzos del Siglo XX. En Lambayeque no se necesitó pasaporte del centralismo literario limeño. Los escritores y poetas lambayecanos siempre expresaron la tendencia y la simpatía por exaltar sus costumbres típicas, por criticar lo risueño de la vida insipiente urbana y el limeñismo con cierta censura amarga. Es una actitud social, provinciana e irónica, fue siempre el “leid-motiv” de su mirada moralizante e indulgente. Sátira y humor fueron siempre armas de su indignación y de una observación rigurosa y cuestionadora de las realidades de su tiempo.

Es Arturo Shutt y Saco, un destacado poeta y prosista del momento inaugural de la literatura de costumbres, espíritu autocrítico de cierto refinamiento criollo y popular, logra producir con éxito poemas brillantes como “La Chongoyapana”. O, “La sublime respuesta”, celebrados poemas que lograron gran popularidad. “La Chongoyapana” fue musicalizada, lo mismo que “Bajo el parral”. Con él languidece también el romanticismo y el modernismo, etapas que, Shutt y Saco, las cierra con broche de oro. Gozando de mucho prestigio: sus poemas tienden a ser exaltaciones folklóricas, casi pinturas o escenas de la vida común, casi cerca del “romancero”. Shutt y Saco, es un destacado poeta naturista y posee una gran prosa: escritor al que hay que reivindicar.


"La Congoyapana" de Shutt y Saco.


Enrique López Albujar, n. Patapo-Chiclayo (1872-1966), expresa literariamente parte de este costumbrismo norteño en sus poemas, así como un indigenismo propio en su narrativa. López Albujar le dio a la poesía lambayecana cierto prestigio literario, aún sin proponérselo. Costumbrismo, indigenismo y africanismo, en la obra de López Albujar, es un afán sincero por recuperar la continuidad histórica, por darle a la poesía lambayecana una voz discordante dentro del entorno moderno, pero también, es una voz coincidente con la modernidad actual. Poesía y narrativa de la crítica social para tomar distancia con la deplorable situación económica y política de la sociedad actual, para explicar las diferencias sociales entre los hombres. Escribió en poesía “De la tierra brava”, “Lámpara votiva” y “Poemas Afro-Yungas”. Su prosa: novela, cuentos, ensayos, derivaron también en creación poética de su temática personal.”Yo siempre fui un político platónico” –dijo cierta vez López Albujar-. “No me gusta deberle nada al pueblo, como que sea él quien me deba”-concluyó-.


"Lámpara votiva" de López Albujar.

El regionalismo en literatura se ha vuelto un término despectivo, muy mal usado. El concepto de regionalismo alude a la certeza de la existencia de una demanda de un mercado interior de lectores cuando una determinada región tiene estructurado un espacio cultural -más o menos- integrado, que es el caso de Lambayeque. Las enormes posibilidades del "regionalismo" surgen de la formación de este circuito cultural desde mediados del Siglo XIX hasta los años treinta del Siglo XX en donde se realizó las bases de la producción capitalista y la consolidación del proletariado costeño, que impulsó el surgimiento de lo urbano: en lo literario, la publicación de las revistas Germinal y Colónida. Se da una acelerada evolución social y política a través de varios grupos de intelectuales que terminan formando los núcleos: aprista y socialista en Lambayeque. El regionalismo literario reivindica lo inmediato, lo coyuntural y los tópicos locales. Otros poetas que siguieron las tendencias del costumbrismo y el localismo lambayecano fueron: José F. Xavier García Suarez (1873-1928), Coronel Manuel C. Bonilla (1873-1954), Rómulo Paredes y Gonzales (1877-1968) y Celia Gabriela Carranza y Caballero (1879-1962).

José Vicente Razuri, escritor piurano  y pacasmaino,
estudio la obra de J.E, Lora y Lora., clave para entender el vanguardismo lambayecano.

El vanguardismo poético en Lambayeque es una intensidad de disconformidad con los dogmas y contra los pardigmas del sistema: es anti-oligárquico, es anti-gamonal, es liberal, y es una "revuelta" literaria en coincidencia con alabanza de lo nuevo, con el "progreso" que trae la tecnología y con la aparente confianza en el "confort" de lo urbano, y con una nueva visión de la lógica de la historia a favor de la clase trabajadora.

Los poetas vanguardistas advierten que la poesía ya no debe ser mímesis de la realidad, es toda una ruptura con las normas aristotélicas. No hay manifiestos, pero hay un profundo interés en las consideraciones teórico-poéticas, se proclama una total adhesión al simbolismo, el imaginismo, el surrealismo, y el positivismo (en lo filosófico). Los poetas miran hacia un entorno sin límites, hay que cambiar el mundo y la vida. Digamos que los poetas se profesionalizan, tienen una actitud lúdica ante el lenguaje. La poesía como una bella locura entre la vida y la palabra.

José Eufemio Lora y Lora.

José Eufemio Lora y Lora (1884-1907) es el poeta lambayecano que logró la hazaña de la “muerte inmortal” para salvar la poesía de cierto aburrimiento en el marasmo local. Murió en Paris (como Vallejo): un 13 de diciembre de 1907, atropellado por un tren. No hay exilio para él. No hay terruño, no hay entierro eterno. No hay nueva patria. Su patria, la poesía. Vivió como un verdadero poeta modernista. Ecléctico, sin los límites de los países, buscó todas las estéticas posibles de su tiempo para darle a su voz un sentido original. Su libro póstumo “Anunciación” muestra los excesos de su gloria olvidada; de su poesía exaltada por Rubén Darío, por Vargas Vila, por Chocano, por Ventura García Calderón. “Es un poeta nuevo, es un poeta joven, en las altas escarpaduras de la modernidad: exclamó Vargas Vila.

"Un poeta olvidado", el libro de José Vicente Razuri dedicado a José Eufemio Lora y Lora.

José Vicente Razuri le ha dedicado un estudio certero para una aproximación que llegó tarde acerca de su obra e itinerario poético: “José Eufemio Lora y Lora: Un poeta olvidado” (1960), ademàs de "Chiclayo y su poeta 1885-1907" (1966). Lora y Lora iba a ser uno de los más representativos poetas latinoamericanos, lamentablemente la muerte le llegó muy temprano. Ventura García Calderón llamó al poeta: cazador de quimeras. Max Dextre ha definido en estas breves líneas su trágico destino:

“El 13-12-1907, los diarios parisinos lanzaron la terrible noticia: el poeta había hallado la muerte bajo las ruedas del metro en París. Sus amigos lo llevaron al viejo cementerio de Bagneux. Allí descansaba en paz, hasta que un día anónimo de 1942 lo arrojaron a la fosa común”.

Recuerdo haber conversado, largo y tendido, respecto a “Jelil”, con Max Dextre. Yo tenía la edición francesa de su libro “Anunciación” (del editor Garnier), que obsequie a Max Dextre, quedando alguna vez en hacerle un respectivo homenaje, pero nunca pudimos concretar esta fiesta final para él. Amigo de Rubén, de Chocano, de Ventura, dice de él, Vargas Vila:

“Lora y Lora, es pues, un Poeta de Universalidad, en el cual la fuerza étnica, ha perdido toda expresión avasalladora, y, cuyo pensamiento, no brota, como una raíz de la substancia secular y oscura de la raza;
 es un Poeta nuevo:
es un Poeta joven;
en las altas escarpaderas de la modernidad…”


"Jelil".

Carlos Alberto Doig y Lora (1896-1965) es otro poeta de nivel sorprendente. En la poesía de Doig y Lora se plantea una insurrección contra las formas caducas de hacer poesía. Lo más interesante de la poesía de Doig y Lora es su reclamo de autonomía con las otras formas estéticas del pensamiento humano. Se da en él un tratamiento especial al despertar de la nueva sensibilidad modernista, se rechaza el pasado literario vernáculo: manido y bohemio. Se busca la protesta y la denuncia social, la reivindicación de lo nativo, se abre -con interés denodado- a los problemas contemporáneos del mundo. Se celebra las aparentes bondades del progreso. Doig y Lora, publicó en la revista “Variedades” N- 587 (31-05-1919), su poema “Mientras la tarde muere”, y en “La Prensa” de Lima (05-02-1922) su poema “Pagana”. Su poema “La Isla” es una irreverencia poética, tiene cierto impulso simbolista, y manifiesta un entusiasmo por lo filosófico. Es un poema excelente, digno de figurar en cualquier notable antología de la poesía latinoamericana.

Juan José Lora.

Juan José Lora (1902-1961), perteneció al Grupo Norte de Trujillo. Su primer libro “Lydia” (1924) lo publicó en Trujillo y su segundo libro “Diánidas” (1925) lo publicó en Lima, ciudad en la que participó en la década del veinte en el activismo literario -tanto en Trujillo como en Lima- con César Vallejo, Alcides Spelucín, y Antenor Orrego. Nicanor A. de La Fuente ha escrito de esta parte inicial de su poesía: “Desde “Diánidas” a “Lydia” hay muchas experiencias consolidadas en la obra del poeta. Sus recursos gramaticales se producen con diferente naturaleza, pero el pulso es el mismo en toda su creación, la temperatura normal de su lírica no baja ni sube. De las “estrofas rituales”, que anota Luís Alberto Sánchez en el primero, se vuelve petulante al grafismo de la época del segundo. De aquí para adelante, otros cambios precursores se producirán como consecuencia de las presencia del hombre en su fisonómica”.


Homenaje a Juan Lora y Lora.

En su libro póstumo último “Con sabor a mamey” (1962) donde dejó algunos poemas inolvidables de huella social, adelantándose a los presagios y a la desazón de su tiempo. “Mi catedral”, es un sondar de la chiclayanidad; “Espesau”, divulga y reivindica la cultura gastronómica ancestral del pueblo mochica; y la elegía a “Túpac Amaru”, es asunto de fidelidad al personaje y al mártir ilustre de Tungasuca. Desde “Diánidas” la poesía de Juan José Lora fue reconocida como un aporte vanguardista, desde el exhibicionismo anafórico de alguno de sus poemas hasta lo descriptivo, y el sentimiento de orfandad ante Dios, una angustia filosófica y un destino lúdico de su poesía, que lo muestran como un poeta rebelde, y por momentos les da a sus poemas: una atmósfera con cierta oscuridad.

"Diánidas", primer libro de Juan José Lora.

Nicanor A. de La Fuente (1904-2009), firmaba sus escritos periodísticos con el seudónimo de Nixa. “Las barajas y los dados del alba” (1938), es un libro editado tarde. Son poemas que comprende a una época que abriendo paréntesis en 1924 se cerró en 1928 –dice Nixa-. Es un libro netamente vanguardista en esencia y en apariencia (para los neófitos). Es un libro donde siempre se tiene en cuenta la “mise in page”, con cierto recato para no atiborrar la pagina en blanco, tiene los detalles del “creacionismo”, busca siempre una arquitectura sobria para el poema, y divaga por lo metafísico. Los poemas son lucidos e inteligentes. Nixa juega ping-pong con el “imaginismo” de Pound. Las imágenes expresionistas de sus poemas son siempre arbitrarias y tienen fuerza, se dan de la mano con lo ilegible y anecdótico. Se dan de bruces con los poemas de e.e. cummings (su poema de Buffalo Bill se publicó en 1923), vaga por las ocurrencias de Tristan Tzara, i retorna por la misma calle de los “Caligramas” de Apollinaire que termina en un “Programa” dentro de una sala de cine donde Francisca Bertini y Tom Mix despeinan los nervios.

Nixa en blanco y negro.

El “imaginismo” de Nixa traspasa siempre la realidad que aborda en su poema. Es, por momentos, un “cadáver exquisito” surrealista. En otros versos, es lirico, expresionista, futurista, anarquista, fluye por el absurdo de la vida, pero vuelve siempre a la realidad de las cosas, a la dura realidad. Nixa mantuvo siempre, este fidelidad “creacionista” y “concreta”, en su poesía, aún hasta en la publicación de su otro libro “El aire y otros poemas” (1965). En “Stribera Lirica”, prólogo de este libro “El aire y otros poemas”, Juan José Lora dice de la poesía de Nixa: “Nixa es una sonrisa infantil. Es una singular bemalización de la alegía. Sus notas de color, aún las más agudas, parece que las toma relentando. No tiene el don de la velocidad sintética. Posee para el detalle una voluntad de microscopio: se acerca con cariño a su importancia. ¿No es éste también el siglo de Fabre y de Pasteur?”.

"Las barajas y los dados del alba",
el primer libro vanguardista de Nixa.

El mejor reconocimiento del gesto de la escritura y de la poesía de Nixa lo ha escrito Antenor Orrego, a propósito de “Las barajas y los dados del alba”: “Como todos los artistas vanguardistas éste, también, ha escrito, ha grabado, ha burilado el gesto de la palabra”.

"El aire y otros poemas",
siguiendo el vanguardismo.

Nixa en el Siglo XX.

Otros poetas y escritores vanguardistas, nativistas, simbolistas, sobresalen dentro de la poesía lambayecana. Ellos son parte de este regionalismo poético, la versión de esta tradición literaria, una toma de conciencia localista frente al compromiso de la palabra con la realidad: Julio A. Hernández García (1986), Moisés Valiente (1886), Ricardo Miranda Romero (1889-1962), Augusto León Barandiarán, Alvaro Mesones Piedra (1904), Alejandro Salazar Cartagena (1908), Carlos Porras Flores (1909), José Mejía Baca (1910), Alejandro Lora Risco (191(), Reneé Navarrete Risco (1920), Oscar G. Allaín Cotera (1922), José Santos Silva Tirado (1923), Leonor Saavedra de Rivera (1927), Jorge Lazo Arrasco (1928), Estuardo Deza Saldaña (1928), Yolanda Sánchez de Plenge (1928), Estrella Mora Risco (1932), Ricardo Espinoza Salazar (1932), Elena Portocarrero Barandiarán (1934), Ricardo Rivas Martínez (1935), Lila R. Rivas Martino (1936) y Maruja Ramírez de González (1940); conforman el consuetudinario espíritu de esa indudable autenticidad literaria lambayecana, el canon de su imaginación moderna.

Dos poetas llaman la atención de este grupo, casi al final del Siglo XX, porque desarrollaron cierto despertar en sus voces poéticas: iconos haciendo el delirio de las muchedumbres letradas, maravillaron a su propia comunidad intelectual, aún con un fermento de admiración adolescente, aún con blasfemia intrascendente, aún con provocación bodeleriana, desarrollaron una obra muy personal: Mario A. Puga Imaña (1915-1959) y Alfredo José Delgado Bravo (1924-2008).

Mario A. Puga Imaña

Mario Alberto Puga Imaña (1915-1959), nació en Trujillo el 30 de diciembre de 1915, pero paso la mayor parte de su vida en Chiclayo donde falleció el 10 de julio de 1959, y casi toda su obra literaria tiene en cuenta los espacios culturales de la región Lambayeque. De allí que José  Barragán Carvallo lo incluyó en sus “Paginas de oro lambayecanas” (1965).  Se graduó de abogado en la Universidad de San Marcos y por sus ideales políticos pasó dificultades en México.  Abogado, economista y periodista, desarrolló su obra liberaría con mucho fervor por Chiclayo.  Su obra publicada e inédita es extensa: “Tres poetas civiles”(1940), “Elegía  a la muerte de León Trotski” (1941), “Fraternidad frente al Dolor”(1943), “El Estado y la Libertad de Culto”, “Así no más”(1962),  “Lo arenoso”, “Antonio Machado,  poeta español”, “El pueblo y sus oficios”,  “Ternura”,  “Los incas: Sociedad y Estado”, “Puerto cholo” (novela), “La promesa” (novela, editada en México), “Eternidad de fuego” (cuentos), y  “Lo humano distante” (poesía).

“Puerto cholo” (México, 1955), novela de pescadores describe la apacible vida de un pueblo norteño costeño.  Manuel Fiestas, retorna a Puerto Eten, invalido por un accidente en el extranjero, logra recuperarse y convertirse en un hombre importante en la ciudad, pero un maremoto destruye el Puerto de Eten y las viviendas de los pescadores, y su hijo navegaba en altamar cuando se produce el fenómeno natural.  Sus cuentos en “Así no más” (1962),  son de gran intensidad narrativa: alegría, dolor, solidaridad, magnificencia de los valores humanos del hombre de la costa lambayecana.  

Poeta de referente visión estremecida para redimirse en la dura convención social, es  en “Lo humano distante” (1946, con viñetas de Juan Barreto) donde nos deslumbra con su capacidad poética. Es allí,  donde una puede encontrar los aportes poéticos y la razón porque admirar y reconocerlo  como uno de los más destacados poetas de la región Lambayeque y La Libertad,  a Mario Alberto Puga Imaña


Lo humano distante. M.A. Puga.  Poemas.

Alfredo José Delgado Bravo (1924-2008), nació en el pueblo de Ferré (Monsefú) en 1924, acaba de fallecer hace unas semanas.  Escribió teatro: “Amar es fuego de azar”, “El Espejo”, “El Hombre de Circunstancias” (un acto); “Los sueños vienen del mar” (tres actos). En poesía: “La Casa Ruana”, “Las Horas Naturales”, “Historia Intima de la Tierra y el Mar”, “País llamado Esperanza”, “La Raíz Eterna”, “Dundal”, y otros.  Ganador del “Bastón de Oro” en los Juegos Florales de la Escuela Normal Sagrado Corazón de Jesús.

El poeta chiclayano Max Dextre en su libro “Poetas Representativos de Lambayeque: 1900-1989” (1989), lo recuerda como “uno de los más altos exponentes de la poesía lambayecana contemporánea”.  El poeta A. J. Delgado Bravo en esa entrevista anuncia la próxima publicación de su libro “Los móviles esenciales de Trilce”.  Dextre le hace memoria que el critico Alfonso La Torre en el periódico La República había escrito que “el mejor análisis que he escuchado de Vallejo ha sido en Chiclayo”, precisamente de A. J.  Delgado Bravo. Max Dextre le pregunta: -¿Tienes algún trabajo inédito?.  Responde: -Tengo varios trabajos por publicar.  La poesía es mi primer y ultimo amor.  En otra parte de la entrevista,  Alfredo José, dice algo esencial para el poeta: “el compromiso del poeta es con todos los hombres”.

Fue agradable, y sorprendente, recibir su mensaje de preocupación por la situación de “desaparecido” del poeta Juan Ramírez Ruiz, enviando un sutil ensayo acerca del libro “Las armas molidas”, donde se puede observar su aproximación critica y valorativa de Delgado hacia el libro de Ramírez Ruiz.

 Alfredo José Delgado Bravo

 Siempre hemos recordado A. J. Delgado Bravo, con este su poema: de una visión mochick.  Del cangrejo como icono y de la constelación de “cáncer” en la bóveda celeste, hurgando en las inmensidades de las posiciones de las estrellas tal como el hombre de la costa peruana norteña las percibe en sus brillos; ese crustáceo del orden de los decápodos que caminan en cualquier dirección sin poder volverse por su propio camino, perdido en su “Constatación Plenaria”:

Día a día crecemos
en el pan trabajando, hermano mío.
Más allá del abuso y la fatiga
nuestros huesos son mástiles de paz.

Noche a noche aumentamos
en el breve descanso, hermano mío.
Por los límites cárdenos del alma
nuestras venas son ánforas de luz.

Nadie puede negarnos este aumento.
Nadie puede igualar esta energía.
Nadie puede imitarnos esta magia.
Nada puede mutar esta verdad.

La verdad crece en puños de esperanza.
La energía desborda corazones.
Y la magia describe truculencias.
Y la luz desenfunda el oropel.

Día y noche crecemos, aumentamos
de estatura y de fe, de hueso y alma,
en la ronda infantil que enlaza estrellas
o en el joven triunfal que pesca el mar.

Pasa el odio, no el alma que ennoblece.
Pasa el judas, no el hombre que se estima.
Pasan los odios y judas, no la vida:
Lo que triunfa en la vida es el amor.

      Oh Gran Cangrejo de Oro,
Señor de las linternas sonámbulas del cielo,
moneda reluciente soñada por mi infancia,

Yo te beso los rayos finigénitos,
ceramio hecho con fuego de manos taumaturgas:
santifico tu guerra,
tu combate de púrpura sobre montes de nieve
a tu batalla de luz con gigantes de sombra;
me admiro a tu naufragio de galeón invencible,
y te canto el responso litoral del crepúsculo.

      Yo te canto, Señor, en tu hora más trágica,
por que tienes el fuego destructor y no matas,
por que llevas la fuerza pavorosa y no aterras,
por que inflamas la vida de pasión y guías,
me sumerjo en tus llamas que ameritan las nubes,
Supremo Sacerdote de las garzas auroras,
Dueño de los rebaños esplendentes y áureos
que paren en la tarde más allá del océano.
Me desnudo y me baño
con los últimos filtros de tu amor por la vida.

      Soy el niño que juego
con tus ígneas monedas de tiltil correidile,
con tu sombra pequeña de tus torres de arena;
pese al pulpo de sombra que de pronto se extiende,
por la quincha espumosa de la tarde,
yo recojo tus pasos y los guardo
como peces de oro en mi red-fantasía,
junto al viejo corral donde aún sueña la luna
su aldeana costumbre de dictarme al oído,
los poemas del tiempo, de la noche y del mar.

Monsefú, 1962.

Alfredo José Delgado Bravo ha merecido el reconocimiento literario desde entonces al ser incluido en las “paginas de oro lambayecanas” (Lima, 1965) de José Barragán Carvallo, que es la antología más representativa del Siglo XX, donde se recogen otros poemas de sus inicios poéticos  como “Elegía a Karl Weiss”, “Lo que ignoran los suicidas” y “Gran Vía”.

Pedro Delgado Rosado en su estudio “Lambayeque: Cultura Popular e Identidad” (Mimeo, Chiclayo, 1982) le ha dedicado también unas líneas para una mejor comprensión se su obra poética: “Es el poeta Alfredo José Delgado Bravo otro representante de esta orientación nativista de la poesía lambayecana.  Ha escrito toda una serie de poemas dedicados a la naturaleza, a la vida campestre, localista y costumbrista de nuestro departamento.  Así, por ejemplo, le canta a las playas, a las garzas, al algarrobo, al caballito de totora, al caserío de Callanca, a los muymuyes, a la yunza, a las acequias, al cerámico, a la Caleta, a los chilalos, al festejo, a la primavera yunga, a la marinera, a las dunas, a las lúcumas, a los tiltiles, al huerequeque, a las redes, a la plazuela, al landó, a las huabas, al guaranguau, etc.  Por los títulos de sus poemas podemos concluir que Alfredo José Delgado Bravo es un representante de la poesía costumbrista o lugareña al hacer mención a las frutas, a los animales, a las plantas, a los arboles, a la danza, a la música, a los bailes y a las aves propias y oriundas de los diversos pueblos que conforman nuestra región. En suma, Delgado Bravo, es un representante de la poesía intimista”.

Queda pues, seguir hurgando en la obra de este poeta lambayecano de gran nivel poético.  Vino de Ferré, y de aquí, a la eternidad…, al parnaso de nuestra poesía norteña.

 Max Dextre, divulgaba la poesía lambayecana dando conferencias por todo el Perú.

Un caso “sui géneris” es Max Dextre (1936-1998) con “La Nave de Orión”, poeta que se adhirió a la escritura y a la sabiduría del “haikú”. Ser breve es una forma de inteligencia, después de haber trotado mucho por la “escritura experimental” como oficio. Sus poemas son voces desesperadas de múltiples personajes inventados y tomados de la realidad, perdidos a veces en la incertidumbre de la vida y del tiempo. Son palabras para el silencio.

Al final, después de este largo periplo por la poesía de Lambayeque, terminaré diciendo que la Generación del 70 tiene el aporte de dos poetas conversos con el compromiso de la escritura expresada de la vibrante realidad: Juan Ramírez Ruiz (1946-2008) y César Toro Montalvo (1947). Si la “escritura experimental” es acción para redimirse como ser social, es en Juan Ramírez Ruiz donde esta vitalidad de su poesía se da por extensión, en dominio e intercambio con el estructuralismo, el marxismo, y el método dialéctico. Se da en su poesía la formulación de la función de la poesía, donde los rasgos de la palabra le dan pleno sentido a la combinación de sus “textos”, en la búsqueda de un nuevo lenguaje semantizado.

Otro poeta que continúa esta tendencia de la discrepancia y la búsqueda de nuevas realizaciones en lo semántico y lo semiótico del lenguaje es César Toro Montalvo, poeta concreto, surrealista, y visual; tiene también grandes aportes en lo fonológico y lo sintáctico de sus “textos”. Ha publicado “Mágicas y Mabú el meleno de la guitarra” (1970), “Las crías de los huevos de mármol” (1972), “Marices oranges cubre la pradera & los objetos encontrados” (1975), “Especimenes” (1977) y “Praderas de Machu Picchu” (1980), entre otros libros.

Me queda decir, por la disposición del lector (que es el único implicado), en este caso: es el conocimiento en sí mismo de esta poesía, la única invitación histórica real a esta fiesta de la poesía lambayecana: abriendo y cerrando todas las puertas posibles,  de todas las escuelas sociales, sin esculsiones estéticas, en esta búsqueda, también,  a las nuevas tendencias de la postmodernidad actual.

"La Nave de Orión" de Max Dextre.

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PONENCIA :

IX ENCUENTRO NACIONAL DE ESCRITORES “MANUEL JESÚS BAQUERIZO”

Homenaje al Centenario de Francisco Izquierdo Ríos, Luis Nieto y Adela Montesinos

San Pedro de Lloc, Pacasmayo,
19 – 21 de noviembre de 2010