agosto 09, 2006

LO ACUÀTICO Y LO TERRESTRE EN LA POESIA DE GUSTAVO ARMIJOS/ ARMANDO ARTEAGA

APROXIMACIÓN A LA LITERATURA PIURANA

 
LO ACUÁTICO Y LO TERRESTRE EN LA POESÍA DE GUSTAVO ARMIJOS
Por Armando Arteaga

 

I: UN POETA EN UNA INMENSA METRÓPOLI DESOLADA

Diré algunas palabras acerca de la poesía de Gustavo Armijos Morales (n. Piura, 1952). Con mucho gusto. Y recordando que el poeta Armijos, aparte de ser mi paisano, fue uno de mis más cercanos amigos en las tertulias literarias del Café Palermo, allá por la década del setenta.

 

Poeta Gustavo Armijos.

Nos juntábamos alrededor de varias tazas de café para conversar de poesía. Éramos unos “raros”, para hacer esas cosas todos los días. De estas conversaciones nació la idea de hacer una revista que nos representara, que más tarde va a ser ese famoso fanzine “La tortuga ecuestre”, donde han publicado casi todos los poetas peruanos contemporáneos.

Vi a Gustavo por primera vez allí en el Café Palermo y lo que más me impresionó de él fue su acento fonético, muy piurano, al hablar ( ese tono muy mangache que le ponía a sus palabras). Nos hicimos amigos muy rápidamente. Me obsequió entonces su pequeño opúsculo literario que se llamaba “Retrato Humano”. Todavía recuerdo de memoria algunos versos de aquel “Retrato Humano”:
“Oh ruidosa orfandad de mi infancia,
partida a porrazos...


 
Ultimo nùmero de La Tortuga Ecuestre con poemas de Ulises Valencia.

Se hizo promotor cultural después con las entregas siempre puntuales de “La tortuga ecuestre”. José Rosas Ribeyro y Alfredo Pita decían cuando asomaba la imagen de Armijos en la puerta del Palermo que daba de cara a La Colmena: “Llegó la tortura ecuestre”, ante la sonrisa casi de niños de José Cerna, de Elías Durand, de Enrique Verastegui, de Santiago López Maguiña, y de Omar Aramayo. No era fácil una vida muelle entre poetas de esos tiempos, a pesar de que todos éramos muy amigos, pero además, éramos muy críticos entre nosotros. Siempre nos andábamos poniendo zancadillas “por quítame estas pajas”. En ese ambiente contradictorio nació y fue avanzando la obra literaria de Armijos.

 

Libro: "Liturgia De La Vigilia"

Para mi gusto, entre sus libros, destacan: “Liturgia De La Vigilia”, que es un trabajo muy de cerca a la “beat generation” y a la poesía de Ernesto Cardenal, tiene algo de Nicanor Parra y Enrique Lihn, de la nueva poesía cubana y de “poesía en movimiento” de los poetas mexicanos. El poema “Los porrones de vino a la hora del desayuno” es de los mejores, digamos de antología. Lo recuerdo con mucho cariño, varias veces leído por Max Dextre, en algunas de nuestras numerosas conversaciones matinales de café. El poema “Transfiguración” merece especial atención porque allí el poeta es capaz de definir el perfil casi fotográfico del personaje André Derain. Esa manera de definir, de construir y de pintar personajes, ha sido uno de los aportes más interesantes de los poetas de la generación del setenta: en Oscar Aragón, en Enrique Sánchez Hernani, y en Juan Carlos Lázaro, también podemos encontrar este tipo de poemas. Tal como sucede en los libros de Fayad Jamis y en los de Rogelio “Wichi” Nogueras, poetas que hicieron del poema un pretexto para dibujar, fotografiar y hasta filmar personajes tomados de lo cotidiano y lo conversacional.
El poema “Foederis Arca” con el que termina el libro “Liturgia De La Vigilia” me parece que debe ser analizado con mayor destreza por los críticos. Es un poema muy bello, y Gustavo a tenido la suerte y la persistencia de haberlo escrito.

II: UN POETA VIAJERO DANDO VUELTAS EN LA MISMA ESQUINA

Pasaron varios años desde aquellas tertulias literarias de Palermo, y el poeta Armijos fue diseñando su propia poesía con mayor coraje y con la virtud preciosista de estar en los caminos de la moda literaria donde fue definiendo el devenir de su postura, en la coyuntura de los años setenta y ochenta, hasta que llegó la desastrosa experiencia política y la debacle del primer gobierno aprista, la destructiva y violenta presencia de Sendero Luminoso y el MRTA, sumándose a todo esta desventura nacional, el desenlace casi “novelesco” de la imposición de esa plaga social que aún recorre como fantasma malévolo el país y otras partes del continente latinoamericano: la corrupción social y política, que en nuestro caso se llama “fujimorismo”, modificando parte del escenario de la cultura peruana, que volvió a casi todos los poetas post-setenta en ineludibles autores de empalagosos y discordantes textos.

A Gustavo Armijos no le hizo mella nada de esto. Ni la pauperización de las masas, ni el nuevo movimiento migratorio de las poblaciones serranas hacia las ciudades de la costa, en actual vigencia. Siguió su camino de viajero por los continentes y los países más recónditos, y por los paisajes más exóticos aún de su propia poesía.

Roland Barthes en “El grado cero de la escritura” explica esta fenomenológica social y literaria entre los encuentros y los desencuentros que actualmente se dan en la prosa y en la poesía. En una nueva configuración de los nuevos “textos” literarios de la “nueva literatura peruana” de los últimos treinta años, deben utilizarse nuevos parámetros para el análisis literario, los instrumentos que han sido utilizados hasta ahora por la incipiente “crítica” literaria son obsoletos: sociologuistas y estilísticos. No valen mucho, si hablamos en serio. Debemos seguir buscando otros pretextos validos para otras interpretaciones también validas y actuales. Veamos con otros ojos la realidad literaria actual.
¿Existe una escritura poética? -se pregunta Barthes-. Y el mismo pionero de la “nueva” critica francesa se responde:

“En la época clásica, la prosa y la poesía son magnitudes, su diferencia es mensurable; no están ni más ni menos alejadas que dos cifras distintas, contiguas como ellas, pero distintas por la diferencia misma de su cantidad. Si llamó prosa a un discurso mínimo, vehículo más económico del pensamiento, y si llamo a, b, c, a los atributos particulares del lenguaje, inútiles pero decorativos, como el metro, la rima o el ritual de las imágenes, toda la superficie de las palabras se encontrará en la doble ecuación de Monsieur Jourdain:
Poesía = Prosa +a+b+c
Prosa = Poesía -a-b-c
De donde la Poesía es siempre diferente de la prosa, pero no se trata de una diferencia de esencia sino de cantidad. No atenta a la unidad del lenguaje, que es un dogma clásico. Hay una dosificación diferente de las maneras de hablar según las ocasiones sociales, aquí prosa o elocuencia, allí poesía o preciosismo, todo un ritual mundano de las expresiones, pero siempre un lenguaje único que refleja las eternas categorías del espíritu. La poesía clásica era sentida como una variación ornamental de la prosa, el fruto de un arte (es decir de una técnica), nunca como un lenguaje diferente o como el producto de una sensibilidad particular. Toda poesía no es entonces más que la ecuación decorativa, alusiva o cargada, de una prosa virtual que yace en esencia y en potencia en cualquier modo de expresarse. “Poética”, en la época clásica, no designa ninguna extensión, ningún espesor particular del sentimiento, ninguna coherencia, ningún universo separado, sino sólo la inflexión de una técnica verbal, la de “expresarse” según reglas más bellas, por lo tanto más sociales que las de la conversación, es decir proyectar fuera de un pensamiento interno que sale armado del espíritu, una palabra socializada por la evidencia misma de su convención.Sabemos que no quedan rastros de esta estructura en la poesía moderna, la que parte, no de Baudelaire sino de Rimbaud, salvo que se quieran tomar, según un modo tradicional modificado, los imperativos formales de la poesía clásica: los poetas instituyen en adelante su palabra como una naturaleza cerrada, que reúne a un tiempo la función y la estructura del lenguaje. La poesía ya no es una prosa ornamentada o amputada de libertades. Es una cualidad irreductible y sin herencia. Ya no es atributo, es sustancia, y por consiguiente, puede muy bien renunciar a los signos, pues lleva en sí su naturaleza y no necesita señalar afuera su identidad: los lenguajes poéticos y prosaicos están suficientemente separados para poder prescindir de los signos de su alteridad.Es más, las pretendidas relaciones entre el pensamiento y el lenguaje se invierten; en el arte clásico, un pensamiento ya formado engendra una palabra que lo “expresa” y lo “traduce”. El pensamiento clásico es sin duración, la poesía clásica sólo posee la necesaria para su disposición técnica. Por lo contrario, en la poética moderna, las palabras producen una suerte de continuo formal del que emana poco a poco una densidad intelectual o sentimental imposible sin ellas; la palabra es entonces el tiempo denso de una gestación más espiritual, durante la cual el “pensamiento” es preparado, instalado poco a poco en el azar de las palabras. Esta suerte verbal, de la que caerá el fruto madura de una significación, supone entonces un tiempo poético que ya no es el de una “fabricación”, sino el de una aventura posible, el encuentro de un signo y de una intención. La poesía moderna se opone al arte clásico por una diferencia que capta toda la estructura del lenguaje y que no deja entre esas dos poesías otro punto común que el de una misma intención sociológica.”
Walter Benjamín en “El surrealismo: la última instancia de la inteligencia europea” también habla de cómo van casi siempre en la misma vereda los acontecimientos sociales y las obras literarias, es decir los textos: “Las corrientes espirituales pueden alcanzar una pendiente suficientemente agudizada para que el critico edifique en ellas su central de fuerza”

Jaques Derrida en “De la gramatologia” también refiere a la relación entre la sociedad y el escritor, relación por demás desastrosa cuando se dan terremotos sociales donde algunos autores reverenciados en ciertas décadas terminan olímpicamente olvidados e ignorados debido a la presencia del mercadeo de las editoriales y al gusto del público que cambia, pero que nada tiene que ver con la buena literatura. Si después de la tempestad viene la calma, solo quedan los “textos” del escritor para ser analizados. Sobre esta relación entre “el escritor y sus fantasmas”, es valida la propuesta de Sartre en su libro ¿Para qué sirve la literatura?, pero siempre deben quedar los “textos” del escritor para el posterior análisis literario.
Derrida ha dicho: “No hay oposición ni distinción social entre texto y practica social. Toda practica social pasa por el texto, y todo texto es en si mismo una practica social”.

En el caso de Gustavo Armijos para analizar al poeta y su “descolocada época”, bien vale recurrir a sus “textos literarios” que el siempre asume como poemas, porque reclama para sí su propio recurrente creativo. Ir a sus “Tierras de exilio”, que es su libro de poeta mochilero, es también pasear por los desastres y esplendores de toda una època.
Los poetas de la generación del 70 siempre emprendieron el viaje hacia cualquier parte del planeta. Era una manera de salvarse. Se buscaba el destierro voluntario o el exilio obligado. No lo sé. Me acuerdo sí que casi todos se largaron de viaje a países exóticos, lejanos, o hacia sus respectivas provincias, algunos rechazados, otros integrados, por flujos y reflujos, donde -nuevamente- luego del impulso emigrante hacia la metrópoli limeña, quedó la experiencia de haber estado en alguna parte muy especialmente distinta a la estancia de Lima, o en ningún otro escenario, cada cual forjó su propio espacio para emprender la experiencia personal del poema hacia el “eterno retorno” en un lenguaje divergente a los demás poetas latinoamericanos de cierto prestigio, o por fin ir hacia el seno maternal de la poesía peruana. Todos habitaban fuerzas centrípetas y centrífugas, todos viajaban por placer, ninguno por necesidad de trabajo como lo expresan ahora los jóvenes “sudacas” en Europa y los “peruchos” en Estados Unidos. Volviendo a los poetas del setenta, muchos regresaron, otros volvieron a largarse Algunos no regresaron nunca, Y otros no regresaran jamás porque ya pertenecen a “la sociedad de los poetas muertos”. La generación del setenta fue contestataria, y Armijos es un digno representante de aquella época. Sus libros son su mejor respuesta de esa experiencia del viaje.

 
Libro: "Tierras de exilio".

"Tierras de exilio” es de alguna manera ese libro puro y por momentos difícil que da testimonio del viaje personal, gesto que está también en la novela “En el camino” de Jack Kerouac, o en la búsqueda de los jóvenes “nadaístas” y de la “literatura de la onda”. Ir tras aquella alucinante y libre trayectoria mental de la libertad espiritual para liberarse de la alineación o el stress urbano, que termina casi siempre arruinando a los viejos, volviéndolos locos y solitarios. Los jóvenes de todas las generaciones siempre se largan de sus casas, se van, eso es siempre la moda. Algo que nunca incomodó a ninguna generación.

Los poemas más resaltantes y eficaces de “Tierras de exilio” son “El motorista” que es un poema que nos lleva por el desenfreno caribeño de un lenguaje muy libre, por momentos parece incoherente, pero vuelve a recuperar su plenitud inductiva para configurar al personaje que resalta en el poema, que va en dos tiempos y en dos espacios literarios, pero con mucha unidad. Ciudades como Cartagena de Indias, Medellín, la Bahía de Veracruz, Bogota, y Cali, van definiendo el recorrido del viaje del poeta desterrado, lleno de premuras y de exóticos néctares que en el vagabundeo el poeta va bebiendo para aplacar la sed humana y desaforante que surge de aquel cielo caluroso, sofocante y solariego, de esas calles llenas de mujeres exóticas y de paisajes sinfónicos que el lector puede siempre ir descifrando, allí donde siempre: “El ceremonial humano entristece el ojo de Dios”. Allí también, el poeta acepta las ganas de vivir, el compromiso de acceder a los sueños propios.
 

Otros poemas reconfortantes son “Las autopistas de América Central”, “Hamburguesas de exilio” y “Una barroca estancia en La Panamericana”. Armijos sigue la transición de la poesía del setenta, conversacional y prosaica, en deuda con el imaginismo de Pound.
Así en el exilio, como en el destierro, que no siempre es lo mismo para el poeta, es eximia siempre la experiencia. La estancia de la alegría es un férvido homenaje a esa experiencia, es el fuego de los incendios. Todo el viaje del exilio es “como un viejo filme en que los amantes buscan un nido de amor en un fin de semana”. Algo exótico, algo imposible, cazar rinocerontes en el Perú.

III: LO ACUATICO Y LO TERRESTRE EN LA POESIA DE GUSTAVO ARMIJOS

Vivimos entre el agua y la tierra. No nos queda más como seres mamíferos de esta preciada vida. Armijos ha querido poetizar los destellos y los instantes donde el agua y la tierra se encuentran. El fuego puede desvanecer lo sólido, evaporar el agua, y también volver en cenizas la tierra. Somos, indescriptiblemente, hijos del sol. La tierra fue alguna vez una bola de fuego, pero también es una esfera de nieve, dando vueltas, con mucha agua en sus océanos, y en diversas etapas de nuestras edades geológicas.

 
Libro: "Acuàtico/Terrestre".

Todo viene del agua, o del cielo, que es un espacio infinito, que es una manera muy particular de observar el universo lleno de helio, que es otra versión del infierno. La realidad verdadera del poeta es entonces, la tufa volcánica del sillar arequipeño, el sol de Paracas, el clítoris escarlata y húmedo de una mujer, el cuerpo de la araña pegado a la camisa, y hasta los pensamientos brillan mezclados con agua azulina, y el otoño en la tierra tiene otro espectro, donde se evocan soledades, la inmensidad tiene un limite, y la tierra siempre corre el peligro de desintegrarse, pero queda la poesía. La visión del poeta es ecologista, mirando millares de seres bajo su cabeza, mirando las estrellas. El astronauta o el poeta, miran este desolada paraje que se llama tierra.
El poeta nuevamente recrea en su desdicha terrestre la presencia indiscutible de un pescador en el Puerto de Paita, don Paulino Yarleque Simbala, narrador de historias de sirenas, de brujas legendarias, de piratas y corsarios, que asolaban no solo el puerto de Paita (siempre histórico para los recuerdos), e incluso Sechura, tierra triste de mujeres vestidas de negro (en luto permanente) y de hombres vestidos de blanco (en pureza celestial y campesina). El mundo de la infancia del poeta es marino, como una ilusión felliniana, es festiva, y tiene una suerte de ultraje, de imágenes que pasan como alimañas, El poeta vuelve en la memoria al recuerdo de don Paulino, le pone flores en el cementerio de su reposo, y se despide, también, de la tierra. Los tiempos han cambiado: “tiempos de bus malísimos para la paz de la tierra, les dije lo que de repente es la última visita de mi vida”, termina así la sentencia del poeta su última visita al puerto de Paita.

La poesía de Armijos ha llegado a cierta madurez esperada por él mismo, se ha ido transformando en un zahorí rural contra la estupidez urbana. El poeta sigue visitando ciudades internas del país, vuelve a Zaña siempre en ruinas, en busca de un amor perdido en los reflectores de la distancia y el glamour de la farándula, brilla nuevamente la luz arequipeña en ese canto de sillar, tal vez buscando su reclamado dialogo entre el arquitecto y el poeta, buscando "la arquitectura del poema". La poesía de Armijos ha regresado triunfante al amor terrestre, con mayor rigor, buscando la transparencia siempre aceptada del agua. El poeta se ha transformado en un ser más diáfano. Navegante sincero por ciudades muertas que viven en la memoria de su escritura: acción y experiencia del lenguaje asumido. Vive siempre el poeta, naturalmente, para recordar su propia historia, que en Gustavo Armijos, como rebelde tallan, es antiquísima.

Bibliografía:
-Gustavo Armijos, “Liturgia de la Vigilia”, Editorial Juan Mejia Baca, 1979.
-Gustavo Armijos, “Tierras de Exilio”, Ediciones Arte Reda, 1982.
-Gustavo Armijos, “Acuático/ Terrestre” Edición del Instituto Cultural de la Universidad Enrique Guzmán y Valle “La Cantuta”, 2005.

agosto 04, 2006

RECUERDOS DE JORGE TEILLIER/ JUAN CRISTÒBAL

Imagen: Armand.


RECUERDOS
DE
JORGE TEILLIER


Por Juan Cristóbal


Conocí a Jorge, allá por los años 65, cuando viajé a Chile por un exilio involuntario. El trabajaba en la Universidad de Chile, en el Boletín, donde publicaban, junto a otro poeta (Waldo Rojas), la revista.  Recuerdo que yo había comprado, antes de conocerlo, su libro de poemas "El árbol de la memoria". Cuando se enteró de ello me preguntó qué poema me había gustado más. Le respondí: "Cuando todos se vayan". 
 Eso me abrió las puertas de su amistad (que jamás fueron muy fáciles para nadie), pues descubrí que era uno de sus poemas preferidos, junto al de "Retrato de mi padre, militante comunista". Si bien el poema está dedicado a Eduardo Molina (un gordito bajito y colorado, buen conversador, de gran cultura y excelente humor, que anunciaba siempre un libro -"El Gran Taimado"- que jamás apareció, que conocía Europa sin haber salido nunca de Santiago -solamente a través de las postales-, y que dijo una frase que Jorge siempre repetía: "La novela es la poesía de los tontos"), en realidad, el poema es un homenaje a Ray Bradbury -confesión que me hiciera Jorge- lo cual se puede colegir de su lectura. Jorge nació un 24 de junio de 1935, en Lautaro, sur de Chile, día en que falleciera Carlos Gardel, al que admiraba de sobremanera Teillier. Y falleció un 22 de abril de 1996. Está enterrado en el camposanto de La Ligua, a unos 60 kms. de Santiago, pueblo donde viviera los últimos cinco años de su vida. De rostro fino y alargado, a veces melancólico, otras veces aire distraído, siempre un poco en las nubes, se despachaba con toda tranquilidad un libro de 300 páginas en un día y era capaz de comentarlo y criticarlo acusiosamente pues tenía una extraordinaria y prodigiosa memoria. Era hincha de la Universidad de Chile, en Santiago, y del Green Cross, en su pueblo, y del Celta de Vigo en España. Le encantaba traducir a Tralk, Gotfried Benn y Serguei Esenin. Era capaz de recitar, mientras tomaba unas copas de vino, poemas íntegros de Rilke y Dylan Thomas. Pero a tres años de su muerte, me gustaría recordarlo, mas bien, por una veta poco conocida en él: su fino sentido del humor. Veamos algunas anécdotas del poeta.
Un día andaba peregrinando con Enrique Lafourcade por el sur de Chile y le pidió que llegaran a Perquenco. ¿Qué vamos a hacer?, le preguntó el amigo. No sé. Nada, supongo, contestó el poeta. Y luego de un momento: Te vas a desilusionar -agregó- porque Perquenco se cae a pedazos. Como los viejos reinos, dijo el amigo. Sí, como todos los reyes, contestó el poeta. Jorge publicó un poemario titulado "Poemas del País de Nunca Jamás", inspirado en Peter Pan. Pero él creía en ese país, y como a todas las cosas que le agradaban, le inventaba sus mitos. Decía que en ese país los poetas entran gratis a los parques de diversiones, y que en una ciudad de Bolivia, una tarde soltó una silla voladora y mató a cinco poetas bolivianos, que, por supuesto, habían entrado gratis, exterminando de este modo a toda la poesía boliviana. Por lo que durante algunos años no hubo poetas y los bolivianos se la pasaban llorando y rasguñándose la piel hasta que comenzaron a crecer unos niños que se alimentaban de camanchaca, pegados a las ventanas. A Jorge jamás le encantaba demostrar sus conocimientos culturales. Silencioso, observador, escuchaba siempre. Y, al paso, como distraído, rectificaba fechas, datos, personajes, transformando al enseñador en enseñado. Todo esto debido a su educación sureña que ordena "no demostrar inteligencia". O como decía Borges "no hay que humillar a los tontos". Jorge afirmaba que Neruda escribió justamente contra los embajadores tontos, específicamente contra un "afernandezado afrancesado". Aconsejando no demostrar nunca inteligencia, sino cierta simpleza. Por eso los políticos inteligentes no llegan lejos, decía el poeta de los Veinte poemas de amor, pues las calidades de político e inteligente parecen reñidas, excluyentes. Teillier descubrió que Neruda había tomado la cita del poeta chino Su Tung Po, quien en el año 1200 escribió: "Hijo mío, quiero que seas tonto para que puedas llegar a ser embajador". 

Cierta vez Teillier participó en unas jornadas organizadas por la Universidad Católica llamadas "El escritor y su fantasma". El acababa de llegar de México. Se trataba de escuchar a los autores respecto a su obra, sus demonios y el fantasma personal que suelen arrastrar. Teillier habló perfectamente de lo primero y cuando alguien le preguntó: ¿cuál es su fantasma?, Jorge contó que habia estado en México, que había visto a sus amigos, que lo había pasado tan bien conversando con Póli Délano en Cuernavaca que "yo me quedé allá, y el que ahora habla con ustedes es mi fantasma", contestó. En otro encuentro de escritores latinoamericanos, donde los poetas y escritores se adueñaron prontamente de la tribuna para debatir el fondo y la forma y los dominios y terrenos de la literatura latinoamericana, Jorge de pronto se paró y preguntó en voz alta: "¿No sería bueno que abriéramos las ventanas de esta sala para que entre la primavera con sus soles y sus brisas a oxigenar nuestro espíritu? Podríamos escuchar lo que vinimos a escuchar y que cada poeta lea lo que tenga que leer, para que al fin la poesía suba a la tribuna". 
Cierta vez,en una entrevista concedida en marzo del 90, Jorge esbozó una nueva forma para la enseñanza, a la que denominaba La educación de la Cimarra (La cimarra es una voz utilizada en los campos chilenos y argentinos para referirse al hecho de "hacer novillos", es decir, para el caso, "hacer estudiantes"). Ella consistía en lo siguiente, según fundamento del poeta: "La educación de los animales es más verdadera que la de los hombres, ya que está regida por los instintos y no por la mentira. Lo primero que hay que hacer es hacer trizas el televisor, luego jugar mucho. Incluso los alumnos pueden pelearse, para que hagan lo que tienen ganas de hacer. El horario debe ser abierto, día y noche. En el colegio también deben estudiar mujeres para que todos pololeen (se enamoren) tranquilamente. En ese colegio sólo irán profesores que quieran ir y que quieran reir o llorar con sus alumnos, a pesar de lo cual se les seguirá pagando. Toda la enseñanza debe ser sin represión, aunque no sepan lo que están haciendo, ¿por qué es necesario saberlo?, la cimarra será entretenida por ella misma. Deben haber muchas canchas de fútbol, jardines con ajedrez, piscinas y animales, juegos de cachito y dominó, esto último es muy bueno para la vida. Y, por supuesto, un bar restaurante. Todo gratis. ¿Quién pagaria todo esto? Sino hay nadie, decía melancólicamente y con cierta alegría, la escuela podría funcionar en un bosque". 
Y cuando estuvo en Lima, la primera vez en 1974, y fue al taller de poesía en San Marcos dijo: "A mí me han dicho que soy el último romántico, pero lo mismo le dijeron a mi amigo Teófilo Cid (gran poeta chileno surrealista:JC)cuando murió, que había dicho: cuando me muera no va a faltar el idiota que diga, vamos a enterrar al último romántico. Ojalá que cuando yo muera digan mejor: vamos a enterrar al último bohemio, aunque yo he enterrado ya a los últimos 28 bohemios". 
 Quisiera rescatar, ahora, su concepto sobre el poeta y la poesía. Decía, especialmente, en los últimos años de su vida: "No me interesa hablar de poesía, prefiero hablar con mi gato o el jardinero. Aprendo más y me aburro menos. No me interesa ser personaje, porque cuando te ven así, tu poesía pasa a segundo plano. No me interesa si escribes o no escribes. En cambio ser poeta en serio es una responsabilidad. La gente no debe escribir poesía, deben ser poetas. La poesía no es una carrera, eso queda para la hípica. La poesía es la lucha contra nuestro enemigo el tiempo y un intento de integrarse a la muerte, de la cual tuve conciencia desde muy niño. La poesía no me interesa sólo como acto estético, sino ético. Una manera de cambiar el mundo es empezando a cambiarse a sí mismo. No importa ser bueno o mal poeta, sino transformarse en poeta, luchar contra el universo que se deshace, no aceptar los valores que no sean poéticos, de nada vale escribir poemas si somos personajes antipoéticos".
Alfredo Portal y Juan Cristobal, amigos entrañables de Teillier.
 Teillier, en sus últimos libro, habló mucho sobre los bares y los seres marginales, los "dioses deribados", los outsiders que deambulan, tras el fracaso, por viejas cantinas de pueblo chico o suburbios antiguos de ciudades grandes. En 1991 declaró a Carlos Olivarez: "Me gusta el bar porque es un lugar de solitarios. Yo veo el bar como un barco, los concurrentes son la tripulación". Le encataba también conversar con los boxeadores, especialmente fracasados. Y en La Ligua, los escolares cuando salían del colegio al mediodía, iban a conversar con el poeta en un bar donde siempre estaba al mediodía para conversar sobre literatura e historia (Jorge estudió Historia pero no pudo terminar la profesión). 
Teillier publicó fundamentales libros, entre otros: El árbol de la memoria, Para ángeles y gorriones, Poemas del Pais de Nunca Jamás, Para un pueblo fantasma, Cartas parea reinas de otras primaveras, El molino y la higuera. En Lima le publicamos un poema inédito: "Invoco un nombre: Pablo" (Arteidea 1997), dedicado a Pablo Neruda. Dejó (hasta ahora) dos libros póstumos: Hotel Nube y El mudo corazón del bosque (verso tomado de un poema de O.W. Milosz). Con Jorge publicamos "La isla del tesoro" en 1982, que fue maltratado por cierto critiquillo de sobrenombre andino, en un diario de izquierda. Poemario que fue reeditado en Chile en 1996, en homenaje a su fallecimiento y en el marco de la Feria del Libro por la editorial Dolmen, a la cual fui invitado para la presentación del mismo. Lo que constituyó mi mayor alegría. Bueno, dejemos al poeta, y que las aves y la lluvia sigan viviendo y creciendo en su gloriosa leyenda.

 Poeta Jorge Teillier.

julio 11, 2006

POEMAS DE LUIS CUADROS FALLA

En la Foto: Poeta Luis Cuadros Falla.

CUQUI VISITA "TERRA ÌGNEA"


Luis Cuadros Falla (Lima, Perú, 1961)

Poeta y periodista. Tiene publicados los libros "Nocturno" y "La velocidad del amor" (Signotres). Fundador de la revista "El elefante asado", en homenaje al poeta Luis Hernández Camarero, ha sido co-editor y colaborador de varias revistas de poesía: Contraluz, Maldoror, La casa del delfin y otras, editadas en Arequipa.
Como periodista ha trabajado en diversos medios de comunicación nacionales, en organismos no gubernamentales y entidades de gobierno como el Ministerio de Educación, y el Congreso de la República

Luis Cuadros Falla viene preparando su tercer libro de poesía, "El velorio de los difuntos", que será editado próximamente en Estados Unidos.
Actualmente se desempeña en la actividad privada en Los Angeles, California (EU) en donde reside.
Los tres primeros poemas son inéditos pertenecen al nuevo libro "El velorio de los vivos" y "Jinete del Apocalipsis" a "La velocidad del amor".
Imagen: Libro "La velocidad del amor".
Ya casi estoy derribado

I
ya casi estoy derribado
pero tengo algo que decir
nada se retuerce en mi conciencia
y nada anida al amor
sólo el espejo de tu desnudez
II
soy como el tiempo
amado
odiado
siempre vuelvo
a los acantilados
y al otoño
III
que pena tan callada
la de tu cuerpo
que habita en la soledad de los parques
IV
breve es el canto del gorrión
y simple como la mañana
oyes?
qué simple
como el anillo de Neruda
el junco de Vallejo
la serpentínica u del bizcochero
la gente en el parque Universitario
el país
dando la vuelta en u
en donde dice
prohibido voltear en u

V
así también
el desierto y la ternura de la arena
el delirio del manantial
mil ovejas contando hombres
una oveja contando uno dos tres mil hombres
una oveja cantando
otra oveja contando
uno dos mil hombres
una mujer un hombre
una mujer un hombre
una mujer un hombre
no hay término medio?
VI
como una estrella el amor es lejano
está lleno de luz
de sol
es un animal de fantasía
es un animal azul añil del cielo
es una pieza de lunes
arrojada al mar
arrojada al celofán
un barco atraviesa con alguien en la proa
del otro lado: nada
así es esta travesía
tan parecida al dolor
a una luna escarlata fraccionada en mil
a un río revuelto
entonces se desliza
una de las ovejas
o un hombre o una mujer
y como ya está escrito
su corazón es anaranjado
qué color tan raro para el corazón
tierra de mar son sus labios
y su mirada ya no tiene color
qué esconde?
qué entierra?
por qué hurga?
por qué huye?

VII
un pez o una gaviota
las ovejas nunca lo hubieran imaginado
ni los hombres
ni las muejeres
como quiera
todos aquí aman
y ninguno es dueño de nada
ni de sí mismos
son las palabras como piedras
por aquí pasó un río
alguien tiene que decirlo
pasó
pasó
y en la orilla
unas manos dijeron adiós
secas

Bajo la tierra

a Lucía

entonces se desliza como una muralla suave la muchacha buscando cualquier cosa verde que se mueva cerca a una porción de cielo en su propio corazón de modo tal que la oscuridad le da sed tierra mar en donde nace la mirada del sepulturero y vuelve como sombra fresca escarbando de nuevo escarbando la nieve cuando no en el fuego partida en dos como una lágrima tan sencillo que es partir una lágrima en dos sólo se necesita de la voz cuando se quiebra y el desencanto también partido en dos y salta al abismo y se alegra de saberse vivita y coleando aunque desnuda dice que era un día propicio para la muerte y sólo quedan un lago el sol refugiado bajo sus párpados y las piedras destruyendo su hermosura bajo la tierra
Los Angeles julio 2006


El Payaso

una sonrisa
me borró
la mirada

yo tenía
dos años
-lo recuerdo-

podía soportar el viento
los ruidos extraños
extrañas miradas

hasta la noche
soportaba
mi cuerpo
-lo recuerdo-

porque siempre había algo brillante
cerca de mí

la luna
la pequeña luz de la veladora
un alma en pena

y amanecieron mis ojos
sin tristeza

mis ojos anunciaron
en verdad
el agua y el verdor

los colores
-hasta entonces-
eran maravillosos

toco mil colores
mil colores
tantas veces
toco mil colores
en un vaso de cerveza
en el cristal astillado
en el humo
en el recuerdo

viví feliz
por mucho tiempo
ni siquiera
el amor desesperado
me hizo daño
ni el adiós
me hizo daño
ni la ausencia
tanto daño
ni la lluvia
ni la soledad

siempre había algo brillante alrededor

por eso nunca entendí
lo que debía entender
a mis dos años

por qué un infame buscador de caricias e ilusiones
tenía que despertarme del sueño?
tenía que devolverme al mundo?

quién dijo que sus grandes labios
me harían reir?
que sus grandes ojos
me alegrarían?
que sus ademanes
me sorprenderían?

viví angustiado tanto tiempo
hasta que entendí lo que era el miedo:
no saber de dónde vienen las palabras
no saber de dónde vienen los sonidos
de dónde viene el viento
en dónde truenan los cuchillos
en qué lugares las personas amanecen solas
en qué cementerio no descansarán mis huesos
en qué paredes no escribiré tu nombre
en qué cama no te encontraré
a qué sabrán tus labios cuando los vuelva a besar
qué eco encontrará mi voz
en qué misterio enterraré mi tristeza
en qué agonía me volveré un santo
con qué palabras vomitaré al mundo
con qué sangre me vestiré de fuego
con qué algarabía me brotará el cuerpo
con qué colores entraré al oceano
de qué nube saltaré a un árbol
qué árbol soportará mis lágrimas
qué perro me mirara celoso
qué abrazo guardará mis secretos
quá música me devolverá el sueño
qué alivio se sentará en mis mañanas
qué alma colmará mi ensueño
qué alma brillará por mi
qué alma me volverá un vértigo

acaso hay alguien en esta multitud
que me pueda quitar este traje
estos zapatos largos
esta sonrisa dibujada
estos colores quemantes
y este dolor ajeno
que viste mi cuerpo?

Luis Cuadros Falla
Los Angeles 2006

La poesìa de Luis Cuadros Falla ("Cuqui") es de una busqueda existencial permanente.

JINETE DEL APOCALIPSIS


soy en verdad un bosque,
y una noche de árboles tenebrosos:
mas quien no se asuste de mi oscuridad (Nietzche
hallará también rosas bajo mis cipreses
(Nietzche)


yo
que he destrozado dragones
he mordido el polvo
y he descuartizado
las extremidades de mis enemigos
yo
que he saboreado desesperanzas
y me he subido a lo más alto
de la torre
para lanzarme si mucho éxito
yo
que he pecado
con mi sexo
y perdí la voz llorando
entre tus senos
yo
que me he erguido
y he comido a otros humanos
que he bebido
la sangre de tu cuerpo
y he destrozado tus manos
y he dejado una larga huella de sangre
sobre la nieve de tus ojos
yo
que me he alimentado de estrellas
y he vivido colgado de la luna
alumbrando como relámpago
playas solitarias
yo
que he deshilachado poemas
y he caído
como lluvia
y he hecho tronar mi voz
y he hecho estallar mi esperma
yo
que he echado mis ojos a rodar
y no han visto nada
que he sido voz
nota musical
pan al amanecer
piedra
y mar enbravecido
y sillar
yo
que he sido parte de tu cuerpo
noche cerrada
lluvia eterna
pez inmóvil
manos de fuego
destruyendo el amor
colmillos desgarrándote
tormenta de sangre
huella
fósil
saliva evaporada
yo
que he caminado tanto
sin dejar ningún rastro
ni encontrar oasis
ni desierto
ni arena
ni copa vacía
sed de polvo


yo
que harto de buscar
atravesé las aguas
tantas veces
que olvidé mi origen
y ya no sé
si soy viento o trueno
si soy cielo
o soy infierno
si la ternura me invade
y adoro a mis dragones
y perdura en mi
la mariposa del tiempo
y el manantial
yo
que he sido vaho
nido
nudo
y humedad
pies encadenados
manos magulladas
sonrisa marchita
y enamorada
yo
que he perdido la cabellera
que he sido un ser brutal
que he partido corazones
con mi espada de fuego
con mi lluvia de fuego
con mi amor de fuego
quemando
mis propias alas
y callando
cuando no había que callar
yo
que me levanto y anochezco
que me incorporo y me duermo
que me desvelo y vomito
y brincan de mis dedos
sapos y culebras y soles y ayes
y aves y luciérnagas y jaurías y flores


yo
que todo lo sé
y no sé nada
que me invento el amor
como invento un hueco
y el calor o el temblor
el bramido o el violín
el arpa y el sufrimiento
yo
que ya no lloro
las desgracias humanas
que amenazo a la muerte
con mil dragones
que vomitará mi boca
yo
que me declaro imperfecto
y escupo a la especie humana
(en vías de extinción)
y disuelvo la pasión
e incendio la memoria
seco los vientres
desnudo las espadas
y aborrezco
el sometimiento de la especie
a la estupidez total
al terror de los versos vacíos
al terror del amor ausente
yo
que pude haber escrito sobre héroes
yazgo aquí
extraviado en el olvido
con la boca muerta
sobre la cima de este reino
poblado
de sepulcros

Luis Cuadros Falla
del libro La velocidad del amor (Lima, Perú, 2004)

(Contactos:

junio 20, 2006

LAS CASTAÑAS DEL FUEGO/ ARMANDO ARTEAGA

LAS CASTAÑAS DEL FUEGO
armando arteaga*


*Poemas inèditos del ùltimo libro "Las castañas del fuego" de Armando Arteaga
publicados en la revista "La manzana mordida" N-65 (25 de mayo del 2006).
Director: Carlos Zùñiga Segura.Caràtula: VìctorEscalante.



En la Foto: Armando Arteaga.



















LIBREMENTE CRECE LA HIERBA


Pinta siempre la esmeralda
Observa desde la ventana
Es el mar y su música eterna
No pidas disculpas por este color
Abrumando el campanario y las palomas

Vuelve a ponerle el verde o el azul
Inventa la soledad de este árbol
Un hombre caminando por aquel barandal
Una mujer sonrosada por la tarde

El sol ocultándose por la persiana
Son otros tiempos estos rojos perdidos
Sobre el horizonte del sonoro muelle
No olvides que el sol llega humanamente, humeante

Mirando hacia la calle y el parque
Algo nuevo se divisa y corre el viento
Cambiando el escenario de esta rutina
Donde libremente crece la hierba, vuelve a pintar

El verde, la esmeralda, allí se llega humanamente
Humeante, hablándote, soñando
Observando desde la ventana
Donde crece la hierba
Es el mar y su mirada eterna.
No pidas disculpas por este amor
abandonando las palomas, del filosofo campanario.


EN NOMBRE DEL OLVIDO


Te nombro:
in perpétuum tu nombre.
Te busco
entre las sombras de esta casa.
¿No hay nadie en esta casa?.
Nadie viene a la convocatoria
de tu nombre.
Eres otra sombra de otra casa.
Vecina inolvidable.
Es cierto
No recuerdo tu nombre.
Me acosté contigo
Y no recuerdo tu nombre.
Te has esfumado
En los recuerdos de este encuentro.
Te has estancado
en la temprana enredadera
seca de la tarde.
¿Llegas tarde a este olvido?.
Y por esta llegada tarde
te he convocado
nuevamente.
Es cruel el olvido. Lo sé.
El desmemoriado duerme su propio olvido.
Yo olvidé que me acosté contigo.
Yo era entonces el navegante
errante
del olvido.
Y te vuelvo a besar sin poder decir tu nombre.


LA CIUDAD Y LAS MOSCAS


Viajo de un extremo a otro
En esta ciudad extensa
Uno se demora mucho viajando
Uno pierde mucho el tiempo
Mirando moscas
La gente habla sapos y culebras
Sobre la situación política del país
La gente vive últimamente con la soga en el cuello
La soga es una corbata
La soga en la casa del ahorcado
es una tentación perfecta

Se viaja mucho en este país
Se pierde mucho el tiempo en este país

Uno se ahoga en la demora de la tarde
Mirando moscas la gente habla
Un lenguaje batracio
Una escritura reptil
¿Para qué sirve hablar
de la situación política de un país?.
Nadie te hace caso.
Eres un ciudadano más al borde de la protesta.
Eres un punto más en una inmensa mancha, un quijote
huevón.
Eres un punto más en una inmensa marcha, un coyote
frangente.
Las moscas se agitan siguiendo el rumbo de la naturaleza
Fuerza es igual a masa por aceleración. Te has vuelto
newtoniano con el tiempo.
Acelera el ómnibus, cambia el rumbo, la masa y la mesa.
Mirando moscas
Es una tentación
Hablar en batracio.
Escribir en reptil.

Se viaja mucho en este país.
Uno se ahoga en la demora de las tardes.
Mirando moscas.
Mi lenguaje batracio.
Mi escritura reptil.
Es una mierda
Todo.
Nada.
Uno pasa mucho tiempo
Huevendo con la palabra:
Con Cervantes y Picasso.
Buscando la exacta dimensión
del horror, la soga, la corbata de Beingolea.
El ahorcado, el ahogado, el ninguneado
poeta, el abogado tramposo
o el asesino de Marat (el amigo del pueblo)
las moscas, los sapos y las culebras.
Es una mierda todo.
Es un viaje muy largo hacia la nada
Ir de un extremo a otro en la ciudad.


BOCAS PINTADAS EN EL BARRIO ROJO



¿Quienes son estas muchachas que caminan
por estas calles locas desnudas en pleno invierno
mostrando sus enormes glúteos, van en toda esta agonía
que cubre el cielo gris de esta ciudad sin nombre,
vienen por el otro lado sureño, traen un poco de rouge
en la cara, rímel en los ojos, las uñas pintadas de rojo
parecen leopardos listas al primer asalto de su presa
dan vueltas en el infinito torbellino de la nada
en este vértigo del tiempo, son bultos y desaparecen
bajo la lluvia, solas, de nuevo a sus casas, celulitis
edificios sucios, callejones, o ascensores viejos
y desarreglados, escaleras hacia ningún cielo:
las esperan las muecas duras y destempladas
de otros seres más marginales que ellas, tan hambrientos
como los tiburones llenos de sangre ajena, el puñal
por la espalda, las carcajadas, una tarde de cebollas,
ajos y emes, de carajos y dados que ruedan por el suelo
debajo de la mesa, infectados de colillas y escupitajos
sobre el aserrín de la vida, las maderas hechas polvo,
el bosque muerto de tus ojos, hombres muertos en vida
que las rodean como perlas infinitas y brillantes
sobre sus cuellos botticellianos, mujeres poliformes
y perversas para el sexo, perros lamiéndose el culo
ratas, cucarachas, niños-hormigas llevando
su pequeño terrón de azúcar, quiénes son
estos cuerpos lubricados y dulces que no representan
nada, apenas una risa que desemboca en la locura
o una imagen impostergable de dolor al fondo del oscuro
pasadizo donde espera el cansancio, la soledad, la muerte
sonriente, un minuto más
cambia la luz del semáforo, no hay tiempo, qué perder, huye
corre, olvida esta ciudad, cruza el puente
sigue la flecha del final de la noche,
sigue el tiempo rengo de la mirada y el aburrimiento:
no vuelvas la mirada hacia atrás
pinta de negro los ladrillos del barrio rojo,
allá quedó la impetuosa juventud
aquí va la otra orilla de la vida
la friega diaria de haber vivido
mirando la paja en el ojo ajeno
-no deseando a la mujer del carnicero-,
el aire mueve el trigo, la paja, te cambia las palabras,
estas bocas pintadas en qué sueño han vivido?.


TALLER DE CARPINTERO


De niño
Yo era un carpintero viejo
Mi taller olía a cola y nogalina
Todavía recuerdo los cuartones de madera
cepillados en acero inoxidable,
brotando alcohol y sus texturas:
ásperas líneas
Que tuve aprender a dibujar
En la Facultad/ Dibujo Arquitectónico
Dibujando maderas uno se pasa el tiempo
Una mancha de puntos (0.1) hace un jardín
Un árbol es un garabato, le dice un niño
A su madre, a la tuya, a la mía
Le hemos dicho tantas cosas, locuras esperadas
Yo quería ser un carpintero viejo
Cuando llegue a viejo, si es que entonces, el niño
Se hace viejo y el viejo se vuelve niño.
¿Qué Niño es este Ñaño de Piura?.
Un diluvio en el desierto, las lagrimas de un niño
Un desierto en el diluvio, las lagrimas de un viejo.
Uno quiere ser muchas cosas cuando es niño.
Uno no quiere ser ya casi nada cuando llega la vejez.
Ni niño ni viejo se pasa uno jugando la vida.
En el juego del niño y del viejo.

-No te distraigas, muchacho-, me decía mi viejo,
serruchando maderas.


SALON FAMILIAR


Vuelvo
después de muchos años
a perder el tiempo mirando los peces
del acuario, son necios
los hombres y los peces
son tercos
los hombres y los peces
para vivir y morir como viven y mueren

yo en cambio miro los peces, apenas, supongo
perder el tiempo
ni siquiera he soñado últimamente
con el retorno a la sala de la casa familiar
o del acuario exhibiéndose, son torpes
los hombres y los peces
están atrapados en mundos diferentes
bajo el agua
sobre el aire
los hombres y los peces
desde la tierra perdida
se miran y están conmovidos
de tanta destreza:
el fuego encandila sus torpezas

un día se liberarán
el hombre se volverá nuevamente un pez
el pez se volverá nuevamente un hombre

Y será otro tiempo.
Volveré a ser pez.
Volveré a ser hombre.
La infancia se disolverá.
Son necios los peces.
Son tercos los hombres.
Volveré a perder el tiempo.

ARMANDO ARTEAGA

n. Piura, 1952, pertenece a la Generación del 70.
Estudios de arquitectura y ciencias de la comunicación.
Director actual del ITECA (Instituto de la Tecnología y la Cultura Andina-Amazonía).
Ha publicado:
“Callejón sin salida” (Poesía, 1982).
“Un amor en que aún” (Poesía, 2000).
“Cuentos de cortometraje” (Narrativa,2002).
“Terra Ignea” (Poesía, 2004).
Este año se publicará su libro “Avistar” (Poesía).
Los poemas que aquí presentamos son inéditos y pertenecen al libro “Las castañas del fuego”.


http://poetrypoem.com/cgi-bin/index.pl?poemnumber=198307&sitename=armandoarteaga&poemoffset=0&displaypoem=t&item=poetry

artenupe@yahoo.es


EUCARISTÌA: LA HOSTIA CONSAGRADA DE SANTIVÀÑEZ/ ARMANDO ARTEAGA

En la Foto: El poeta Roger Santivàñez.
LIBROS


EUCARISTÍA:
LA HOSTIA CONSAGRADA
DE SANTIVÁÑEZ.

Por Armando Arteaga




El poeta Roger Santiváñez viene de dar varios tumbos por la dura vivencia del “huso” del lenguaje experimental en su poesía también de rango experimental.
Desde Antes de la muerte (1979) el compromiso del poeta era con el lenguaje sin ambages y con cierta mística –adolecente- donde resaltaba el canto jubilar a los iniciales años corporales con la poesía pura o social, me parece que esa era la etapa también de algunos poemas publicados en la revista Auki (N-1, Lima/03/1975) como “Sissi heart”
-por ejemplo- que es lo que más recuerdo de ese “itinerario”, además me parece –si no me equivoco- de “Simpatia por Michaux” y “Agente viajero”, que son sus más celebrados poemas y que personalmente están en nuestra memoria generacional.
Para dar ese salto de ruptura con esa “primera fase” (y para estar a tono con los setenta) dejada atrás, es que Santivañez logra un estupendo salto, pero en un discutible libro que nunca dejó de sorprenderme: “Homenaje para iniciados”(1984). Allí está todavía el poeta provocador dispuesto a pelearse con el lenguaje nuevo abriendo el pórtico definitivo al lunfardo limeño de la noche y a la neblina inveranal de la experiencia peculiar con los “paraísos artificiales”, el rock urbano y el pastel empedernido de las fachadas de las casonas antiguas que se caen a pedazos del barrio bajopontino, sin tranvías y ya casi sin ficus. La conversación con el padre en su lecho de enfermo es severa y arrolladora, duda: “tal vez la muerte no sea una bella palabra” y desde allí: “fácil será escribir”, pero creo que en uso de esa gran licencia donde resalta la libertad expresiva y cierta anarquía, es que el lenguaje de la poesía de Santivañez da un vuelco, no es raro esto, son los años transcuridos en la experiencia sanmarquina, de la Sagrada Familia y de Kloaka: la kofradía lirika de los 80. Son los años oscuros y perdidos del senderismo luminoso, y cierto estío literario.
Los libros “Symbol”(1991) y “Cor Cordium” (1995) son obras a mi entender “espacios asfixiantes” en este “itinerario” de esta “otra fase” de la poesía de Santivañez. En “Symbol” hay una pulcritud desmedida: La poesía es un texto contra el mundo. Es poesía cotideana y deliberadamente pensada donde el poeta pierde la emoción “mística” inicial, que vuelve en “Cor Cordium”, con una exagerada credencial religiosa y coprolalica.
Son antecedentes que nos preparan para “La Pasión según San Tivañez”, en la misma retórica, poesía y musa es lo mismo para el poeta, cuerpo femenino y poema es lo mismo para el texto, pero con un nuevo nivel de poesía como en los años matinales:
Si yo escribo tu nombre en el verdor
De nuesta paz interior es porque
Aun continua viva la clepsidra
Por ti bebida en los días iniciales.

Lo eucarístico, perteneciente a la palabra religiosa “Eucaristía”, dicese de las obras en prosa o en verso cuyo fin es dar gracias. Con pan y con vino, aún para los herejes (como yo) que nunca hemos tenido dioses, aun para los agnósticos (como yo) que nunca hemos creído en nada, y tal vez solo para los “protestantes” que “creen” en algo.

Prefiero el pan y el vino a la “transustanciación “de las palabras en la poesía. Por eso es que sigo entendiendo este último libro de Santivañez: “Eucaristía” (2004) como una búsqueda en el argot y el barroco nuestro, como Martín Adán (juguetón) o como los “metros” de Oquendo de Amat, aunque, ni Santivañez es tan místico como Diego de Hojeda o Diego Mexia de Fernangil, tampoco es oceánico como Juan de Peralta ni geométrico como Pablo de Olavide, a pesar de que en su libro “Eucaristía” se mete en el “recuteco” del culteranismo.
No es nueva esta “tradición religiosa” de hacer poemas ecuménicos y eclesiásticos en la poesía latinoamericana: Luis de Tejeda “gongorizaba sobre la superficie de la lengua” (replicando a Anderson Imbert), los nadaistas también veían a la Virgen y la desnudaban con pasión desenfrenada. Visión “mística” para las cosas terrenales también tenían como “habito de perfección” un poeta inglés de gran modernidad como Gerard Manley Hopkins y méritos al “insondable Evangelio” le han rendido las palabras casi proféticas de Robert Lowell: Cristo camina sobre las aguas negras.
Volviendo a Santiváñez, su lenguaje poético permanece, adoptando un léxico popular y callejero, metafísico y culto, por momentos, manteniendo varios planos de significación.

*POEMAS DE SANTIVAÑEZ


a la manera de un poema de Apollinaire

Hay un poeta que sueña con la pequeña
Hay una pequeña exquisita en la vasta Lima
Hay una cama de dos plazas donde dejaste
que besara tus lindos senos
Hay toda la vida
Y yo te adoro

2

Te amo mi pequeña
Te amo mi querida luna de enfrente
Te amo cuerpo delicioso de 16
Te amo vulva cerrada
Te amo seno izquierdo paradito
Te amo seno derecho blanco
Te amo pezón derecho bajo el fino polo
Te amo pezón izquierdo como la puntita
de un iceberg dorado
Os amo nalgas delicadamente colocadas
sobre la cama para que yo las contemple
Te amo trenza castaña
Os amo axilas frescas niñas
Te amo curva de los hombros dulcemente
redonda cuando te volteas y me miras
Te amo muslo de alabastro
sentada al filo de la cama
poniéndote el blujean que me gusta
Os amo orejitas para las que preparo
mis más lindas frases de cariño
Te amo cabellera negra rescátame
de los amores perdidos
Os amo pies rosados uñas rosadas
Te amo lomo imponente y tan frágil
como tu nombre de pétalo de rosa
Te amo espalda de vírgen que me dejaste
levantar curvándote con
la suavidad del desmayo
Te amo boca oh mi sueño mi corazón
latiendo locamente
Te amo mirada tierna e inteligente
Os amo manos cuyo movimiento
cuando hablas me hechiza
Te amo nariz con 2 huequitos negros
Te amo con tu caminada desafiante y ondulada
Oh pequeña te amo te amo te amo


SAN PEDRO NUNCA VUELTO A VISITAR


Ahora ya no sé cuántos veranos
viví entre la marea de las 6
y la marea de las 6
remontaba el mar la colina
de algas y no tenía para mí
El jardín del pulpo
con una chica
flotando los cabellos al viento
igual que la pelota de colores
que un día arrastró
el desierto
entre las dunas
y se llevó los nombres de las
muchachas que tomaban cerveza
y aguardaban la caída
de la noche entre las
casas nuevas a medio construir

Todo fue en un tiempo
en que las balsas entraban y
salían del mar
con peces de plata
y las horas bastaban
para echarse a volar
siguiendo el filo de la playa
hasta la Bocana o la Pescana

Allí acaba el mundo/
comienza el día en el balneario
el motor-honda duerme
como la infancia de Claudia o Aníbal III
o mi propia adolescencia
muerta repartida
en las tinajas de agua fresca
que nadie se acordó de recoger
el día del regreso a la ciudad

NO ME PREGUNTES


Dónde vaga esa luz
Que de noche pega estrellas
Nadie sabe de la calle
Embotellada de desierto
Mientras duermen los choferes
Extasiados en el sueño del volante
La luz que me circunda
Tendida de una pista a otro jardín
Tiene canto de cabellos enmarañados
Removidos en la acera del otoño
Bebida la sonrisa de tus labios
Visionarios en la calle de los chinos
Anduvimos apagados en lo inmenso
Refrenando tu cuerpo en las esquinas
Quebrando el inútil pensamiento de la muerte
Suerte de observar la llovizna perniciosa
De entre el sol y la noche
Más ecuestres y marítimos
Escuchamos las orquestas ya etílicas
Sucumbir al estruendo de las horas
Alejados de las tiendas
Lo sórdido no huye de la atmósfera
Hay dementes pernoctando bajo llantas
De camiones olorosos por sus frutas
Aguardando el griterío del alba en el mercado
Las noticias que del agua
Aquí tenemos
Hablan suave hasta el silencio
Refieren la leyenda de la lluvia
Que ha perdido tantas mentes voladoras
Sin que algún sendero o avenida
Nos separe un lugar en el taxi de la noche
Y llegaremos como el ensueño a tus párpados
Llegaremos al fracaso más hermoso
Tal como a mis ojos
El aceite vidrioso de la hierba

PUEBLOS

Camino de los pueblos del norte, va el sol
y es así de simple
como la pobreza de aquellas poblaciones
en que la tarde duerme envuelta en tierra triste.
Allí están los burros, o la caña
para matar de silencio o de belleza el paisaje,
allá la luna cuando nadie se acuerda de mirarla.
Esta en la historia de los ríos,
de los valles más extraños siempre al borde
de un desierto
amplio y largo hasta el pánico.
Son esos pueblos. Los más solitarios
se hunden en la arena
y no hay todavía avisos luminosos
sino la misma soledad de algunos años antes
ésos son los pueblos que siguen aguardando
con sus techos de paja
con un aire que muere sin los barcos.
Hay una bicicleta sobre la calle asfaltada
suponemos que están doblados hacia el sembrío
y que el ud
y que el sudor no mancha los arroces
sin embargo siguen perdidos
el país no existe sino un puente
que ha de llevar a alguna parte
Nada nos indica que conocen
sino sólo que viven deslomándose
que las noches avanzan como un vaho
y que es bien poco
lo que en realidad les pertenece.


SIMPATÍA POR MICHAUX

El sol.
El sol, después del ruido.
El sol desciende oscuro y me acaricia, bajo el fresco
yo lo desconozco.
Sé que soy nadie, escucho nítidas palabras cinceladaspor
el miedo. Sueño en incendios, magníficas destrucciones,
bestialismos amorosos como en los campos. Guardo para la
melancolía.
La noche rodeada de mugidos, cielos inútiles cruzados por
un buhó. Lechuza prendida de un alambre me agradaba.
Cuando vuelven las luciérnagas, yo me obligo a vomitar.
Deseo el asco para mi vergüenza, me escondo para gozar con
un asesinato a mansalva. Debo frecuentar los naranjales hacia
el amanecer.
He necesitado abrir un poco mi coronaria. Con el viento
proclive al desnudo, descubrí que me había vaciado total-
-mente. Alguien ya no. Sin embargo encontré yerbas fuma-
-bles. Mordiendo un caballo, duraré como un trago que nos
arde para siempre en el estómago.
Amo el ridiculo. Doy dolor. Buscaré el olor que se me-
-pare. Visito la caverna desde la que nadie ha de reconocerme.
Los otros, ellos, los que yo miro y huelo. Siento una hermo--
sa secreta satisfacción de no necesitarlos. De estar desvincula--
do.
Abro el corazón ahora que compruebo mi vida en el cen-
-tro del pánico. Y lo abro porque nadie osará acercarse. Hun-
-dido por completo no comprendo cómo fue que desperté.
Negado por el tiempo. Lluvia que gocé corriendo cantan--
do. Espasmos al contacto con el follaje. Cantando absoluta-
-mente solitario. Modulé mi bellísima voz para escucharme y
verme discurrir sin planear nunca nada.
Me señalan. Son censurado.
Apotesosis de mi triunfal perdición.
Y los escucho bramar. Y yo bramo. Me aviento hacia el
más extraño verdor.
Soñando negarme, escupido, frenético.

LA BATALLA

Allí en la calle empedrada, en la Junín
fui testigo de la tierra del'Élias
seguro mi cuerpo al lado de Angela
¿Quién grita así como la Ronca?
Críspulo, el viejo Alcantarilla
nombres que pronuncio con amor
y nadie sale a responderme, ni el garage
ni los pavos ni los pollos
y ese silencio de la noche me sigue
como si el taller de mecánica fuera de carburo
y no me deja soñar, no me deja caminar
no puedo respirar y tengo náuseas
grito entonces Hey, Ramos ya no pinte al duco
por favor, no ve que me duele el corazón
y rasguño este poema como puedo
y Ud. está morado, está azul, para negro
y se va y no lo veo esta noche ni ninguna
bajo la ventana en que escondo
este sol que me cae implacable y me destroza
Ahora me limpio el sudor y cojo un pedazo
de masa y me lanzo hasta el fondo del horno de Manolo
quisiera mancharme de harina las espaldas
pero debo contentarme con cantar a la puerta del garage
pero no me río y tengo miedo de no reconocer a nadie.


AGENTE VIAJERO

Con su charcherosa, con su cansada
Camioneta Volkswagen llegabaNapoleon
rojo, desde Montero, desde Ayabaca
los tapabarros olían a caballo
su pelo zambo y castaño
no cubría nunca sus mentiras, tan gozadas
tan fervorosamente dichas, tan queridas
con el placer maldito de hacer una ficción
con el orgullo inocente de matar
enemigos que aguardan en los espejos,
en los baños o en las frazadas
que don Napo vendía por todos los caminos
antes de empezar una cerveza
y cantar un tango de cuando estuvo en Buenos
Aires, estudiando medicina
y decía: Ha: como yo, aprende chupa en tu casa
su mujer lo miraba con la paciencia
de los astros, dejaba correr sus ojos
maquillados por las cortinas hasta
envolver la pista entrarse en los cristales
Napo prendía la TV. el tocadiscos
decía precios, dormía un rato su muerte
y siempre me parecía pánico
cuando se quitaba a la sierra
cuando calentaba motores
se emborrachaba hasta morir
de tarde -como a las 4- al filo de que
algo hiciera sufrir a la gente


PARA AICAMLAD


III

Tiene el pelo negro, negro Aicamlad
¿será el sol? me pregunto
en la penumbra sus 2 pezones los
4 ángulos, posiciones, la política
sus odios repentinos, un país de sudamérica

IV

No comeremos nada esta semana
porque no hay plata, ni
oro de Catacaos
la filigrana Aicamiad
abrázame no suscribas los
comunicados del tiempo no
dicha manera de ser


PRIMERA MUERTE

Mi nombre es Nenfas
Vivo en Pachitea. Mi suegra todo el día
me dice serrano. Regreso de traer algarrobo
y ella me grita serrano.
Esta tarde
frente a un viejo algarrobo donde a veces
lloro mi desdicha o me alegro el corazón
con las soñas y los chilalos diré déjame
algarrobo tu sombra para que yo pueda
colgarme tranquilo y ya no me digan más
serrano y me verá Roger Santivañez
a los doce años o trece años después él cantará
con la soledad que yo les entregué
esa noche de verano cuando me vio ahorcado
y en la arena aún correteaban
las iguanas. .

junio 17, 2006

LUGARES SAGRADOS EN LA OBRA DE MANUELCHA PRADO Y DANIEL KIRWAYO/ FREDY AMÌLCAR RONCALLA

En la Foto: F.A. Roncalla . Foto: Armand.

MUSICA ANDINA












Lugares Sagrados 
en la obra de Manuelcha Prado y Daniel Kirwayo


Por Fredy Amílcar Roncalla


El uso lleno de teatralidad y huachafería, de la música popular en la actual campaña política puede hacernos perder de vista su dimensión sagrada. Pero debo empezar con una confesión de parte: considero la música del ande como sagrada y espiritual. Da a pueblos e individuos continuidad y suprevivencia, y nos remite a caudales existenciales profundos mediante la fiesta, el rito, la ejecución, o la entregada audición. Si en las formas ligadas al ciclo ritual, vital y festivo, donde es parte integral, es fácil distinguir su aspecto religioso, ello no es tan sencillo en las formas libres como el huayno, que en algunos momentos, acusan demasiada comercialización. Pero más que proponer una teología acústica, mi intención es hacer algunos comentarios, acerca de la evocación explícita del plano religioso y mítico en Síndrome Colonial y Taki Onqoy, de los guitarristas Manuelcha Prado y Daniel Kirwayo respectivamente

Desde que escuché “ Humanga plazapi, bombacha toqyachkan/ Huamanqa llaqtapi balalla parachkan” me ha interesado Manuelcha Prado. Aquella canción, “Ofrenda”, cierra la colección “Guitarra Indígena” con que Manuelcha se da a conocer a inicios de los ochenta. En esos años de violencia extrema contra la población del ande, cuando “tukuypas imapas presiyuqmi kasqa/ warmipas qaripas rantinalla kasqa/ el ayacuchano/ el no tiene precio/ cuando hay peligro ofrenda el pecho” le toca a la música del ande y los cantores del pueblo expresar desde adentro los estragos de la injusticia y la muerte. Nada mejor que el huayno ayacuchano, cuyo ideal es el puro sentimiento. Es decir, la absorción auditiva marcada por lo religioso. Es cuando las mil cabezas de la muerte ponen a la música ayacuchana en el centro del escenario acústico a donde llega con una rica tradición de huaynos, yaravíes, qachwas y carnavales, cuya composición lírica y melódica se caracterizan por la recurrencia alternante, y el binarismo[1]. Pero así como acudía a la tradición, la violencia del tiempo requería también nuevas formas expresivas. Si en el campo los carnavales, las qachwas, y el chimaycha amplían su repertorio con canciones testimoniales regidas por anteriores patrones líricos, en los ambientes urbanos, donde el artista popular es politizado, se unen, en una misma actividad dos direcciones contrarias. Una recurre a la tradición, al entroncamiento con lo indígena en artistas mestizos[2], y otra busca una renovación de las formas, como bien expresa la letra de un huayno “guitarra, deja ya tu triste canto”. Se trata de una tensión estética que va a dar resultados extraordinarios y cimentar un sinnúmero de exploraciones musicales, cuyo impulso inicial es registrar los estragos de la guerra desde abajo. Tal vez la más indicativa de esto sea Guitarra Indígena. En principio deconstruye una división colonial instaurada por los tayta curas, según la cual a los indígenas les correspondía el violín y el arpa mas no la guitarra. Pero Manuelcha usa la guitarra para ejecutar danza de tijeras, qachwas, y toriles que se tocan con arpa y violín. A partir de aquí la guitarra se hace más india. Pero a su vez esas formas no se rigen por los patrones tradicionales del huayno y exigen en el músico un trabajo de ritmo y melodía que lo hacen acercarse al objeto del deseo de la modernidad periférica: la improvisación y el desarrollo melódico ampliado.

Con Guitarra Indígena se abre una epoca fértil en el huayno ayacuchano. Canciones como Piedra Tirada, Trilce, Lucero y otras de Manuelcha son parte de un proceso creativo cuyo punto de confluencia es la entrega Kavilando, donde “Síndrome Colonial” es la pieza más polémica. Rompe con quienes quieren ver en Manuelcha un puntal de la tradición e introduce la batería, el bajo, y la armónica en una búsqueda jazzeada y rokeada que sin embargo se apoya en el violín tradicional. Pero Kavilando[3] es una obra mucho más completa. Aparte de Síndrome... se ahondan temas de Guitarra Indígena, se amplían los bordones intermedios, se comenta a García Zárate, se conversa con la quena y el charango de Chano Pozo, y se introduce la poesía de Cesar Vallejo traducida al Quechua. Además, el huayno Kavilando se vuelve blues[4]. Tomada en conjunto, la colección Kavilando es la obra maestra de Manuelcha. Juega entre la búsqueda sacralisante de los temas tradicionales y la novedad estetista de los motivos modernos, que en Síndrome Colonial deben hacen referencia verbal a la dimensión sagrada. La primera parte de Síndrome... es una invocación a los poderes de la Mama Koka. La segunda parte es una denuncia, en poesía política, de la polución colonial urbana. Y al final de la pieza, cuando la batería, la quena jazzeada, el teclado pasando de la salsa al new age, y la guitarra en forma libre deben ayoyarse en un violín de danza de tijeras, Manuelcha declara “hakuchik llaqtanchikman waykichakuna, sapicharikamusun”. Pero Manuelcha y los músicos del Proyecto Kavilando van a seguir en la ciudad. En ellos la distancia entre el sujeto y el lugar mítico asegura el viaje creativo. Porque el tronco de la tradición hace que las ramas vuelvan a él. Y porque la dimensión sagrada sirve como guía espiritual que permite tomar la tradición como cimiento de un ideal de futuro con justicia y bienestar para los hijos del ande. Algo que a nosotros, los llaqtamasis, nos parece obvio. Pero que no lo es para la derecha y los sectores tocados por el síndrome colonial, que piensan que andamos buscando incas, somos atávicos, o que la entrega existencial a la música es muestra de primitivismo y regresión al cuerpo. Pero sabemos que la música es, y sobre todo, curación. Para darse cuenta de esto basta cantar, tocar y bailar por varias horas y dejar que el acerbo y el poder mántrico de la recurrencia alternante nos transporten a lugares que nos harán ligeros, sanos y renovados. Basta también escuchar con asombro el Taki Onqoy de Daniel Kirwayo.

Mi conocimeinto de la obra de Daniel Kirwayo es breve, pero no menos importante. Escuché por primera vez Taki Onqoy en Baltimore, en 2003. Es en Taki Onqoy, concebido por Kirwayo a partir de un tratamiento con un curandero de la amazonía, que la música se muestra como curación. La pieza que da nombre a la entrega es breve pero declara: “qué falsos dioses invaden y gobiernan tu mente/ qué falsa madre patria come tu pan y te escupe/ si la Pachamama te da su blanca sonrisa/ el girasol en tus manos/ y en los grandes bosques remedios para tus males”. Con esto se entra a un espacio ritual curativo cuyos sonidos instrumentales son mayormente percusivos y electrónicos. Estos sirven como soporte a la presencia de voces chamánicas en lenguas amazónicas, pero precedidas en Quechua por una voz femenina y luego una masculina que repiten, “hampuy, mana manchakuychu”. Un llamado que puede ser el de la Pachamama y los Apus pidiendo a sus crias que recobren el espíritu, y recuerda el rezo que hacen los mayores cuando un niño se asusta y hay que devolverle el alma. A la larga es lo mismo, porque el síndrome colonial nos hace alejarnos de nuestro centro y ver el mundo a partir de una serie de disociaciones, como aquella que considerada al original Taki Onqoy obra de un invento de los tayta curas: el demonio. Daniel Kirwayo da un vuelco radical a la concepción del Taki Onqoy como enfermedad y hace pensar que su canto y baile sagrados son un retorno a un cuerpo acolonial en búsqueda de su curación. Taki Onqoy: canto curativo: Hampeq Takiy. Hace algunos años, apoyados en el maqtillo más engreido de occidente, Edipo, un grupo de estudiosos abordó el Taki Onqoy desde el psicoanalisis y vió en él una regresión corporal. Pero entonces, y ahora, la disyuntiva era entre un cuerpo espiritual propio y sano frente el ajeno cuerpo colonial y el mundo al revez. Esa lamentable opción epistémica no planteó en ningún momento cuestionar la ilegítima persecusión a Juan Choqne. Pero más que política, la intención de Daniel Kirwayo es la de “rescatar algunos modos de armonizar los contenidos energéticos o magnéticos que envuelven nuestra existencia. Los sustos, el ojo, el cutipo etc..” Lo consigue. No sólo alude al espacio mítico de regeneración sino que lo crea y propicia a traves de la ritualización de los sonidos. Hampeq Takiq. Músico curandero del alma y el cuerpo. Al final de la colección está Pallankata, lugar que es punto de partida de una pareja en busca de sus llamas. Se trata de un relato musicalizado. A la ambientación electrónica le acompañan esporádicas cuerdas de huayno. En busca de diez llamas perdidas una pareja acude a las autoridades civiles, a un anciano y a un chamán que les recuerda que para encontrar sus animales y hablar con los Apus deben hacer un pago. Hecho éste, la pareja viaja espiritualmente a un espacio sagrado en el cual tres Apus les reclaman el olvido de los pagos y les devuelven los animales. Cumplida la reciprocidad entre dioses y runas un hermoso huayno en guitarra nos acompaña en las sendas de retorno al mundo cotidiano. Aquí, la concreción mítica del relato señala que la principal función de los Apus es cuidar a los animales, entre ellos las útiles, hermosas y altivas llamas. Además, si en Ofrenda el objeto sacrifical es el ayacuchano, en el pago la mesa ritual satisface a dioses menos violentos.

Desarrollado en una vertiende alterna al huayno testimonial, el trabajo de Daniel Kirwayo en guitarra tradicional, exploraciones melódicas y elucidación ritual, es complementario a aquella corriente. Es acaso el espacio de curación que se reclama al final de Síndrome colonial, cuando el cantor pide a sus waykis ir a cierto lugar para renovarse. Muchos músicos tradicionales también ofrecen esa opción, entre ellos el gran Tayta Máximo Damián, y los cantores chamánicos curativos de la amazonía, pero los artistas que hemos reseñado brevemente ahondan la tradición con recursos actuales y abren caminos adicionales de llegada.


Kearny 3 de Mayo 2006













En la Foto: Daniel Kirwayo.

 

En la Foto: Manuelcha Prado.

[1] “Negra del alma/ negra de mi vida” mana taytayoq/mana mamayuoq. Son ejemplos de esta alternancia.
[2] La tipolog’ia indio/mestizo está siendo cuestionada a favor de un termino más inclusivo: andino. Pero uso esos termonos ubicandolos en el momento historico en el que sí regían.
[3] Hablo del casett original Kavilando, Trilucero, 1998.
[4] Kavilando en blues es un marcador de modernidad. Su lírica es el arte poética del cantor del pueblo en su búsqueda de trocar el mundo, pero musicalmente es la pieza más floja del conjunto.
fredy roncalla <roncalla@verizon.net>

junio 10, 2006

HUMOR E IRONIA EN LA POESIA DE AUGUSTO FEIJÒ SÀNCHEZ

APROXIMACION A LA LITERATURA PIURANA

HUMOR E IRONIA 
EN LA POESIA 
DE 
AUGUSTO FEIJÓ SÁNCHEZ

Por Armando Arteaga

Después de la crisis espiritual que produjo en Europa la Primera Guerra Mundial, el vanguardismo aparece como la respuesta más coherente de los artistas y escritores contestatarios, significó el cuestionamiento a las instituciones sociales vigentes, y a la compostura de la vida misma a través del arte y la literatura; así como un cambio o una revolución en las diversas manifestaciones culturales.

En el Perú, el movimiento vanguardista empieza en la década de 1920 a 1930, y hasta nuestros días tiene adeptos y seguidores. El vanguardismo, entre nosotros, expresa la realización de diversas tendencias literarias, donde cada uno tiene sus propias definiciones, expresiones y “manifiestos”.

No extraña por eso, que, Julio Ramón Ribeyro en sus “Dichos de Luder”, pequeñisimas piezas literarias, casi joyas, de gran sabiduría, también, entre otros, un francotirador, enfiló sus dardos para con la vanguardia y los vanguardistas:

“-¿Qué opinas de la vanguardia?- le preguntan a Luder.
-¿La vanguardia?. No tengo nada que ver con el arte de la guerra.”

Con mucha ironía, y sentido del humor, insiste en la crítica a esta actitud de protesta y denuncia social a través de la literatura. Ribeyro es un escéptico, un escritor que detestaba los “manifiestos”, pero mira con mucha inteligencia el posible y el desabrido futuro “iconoclasta” de los vanguardistas:

“-Nada, absolutamente nada compensa el sacrificio de la vida de un adolescente- dice Luder-. Por eso aborrezco a esos profetas endemoniados que conducen a toda una generación de jóvenes al martirio: Para ellos, sólo para ellos, habría que rescatar los castigos crueles que inventaron los antiguos: ahorcarlos con sus propias barbas y entregar sus restos a la voracidad de los cuervos.”

Ironía, en Ribeyro, que Mario Vargas Llosa a destacado en un artículo periodístico de antología: “Un champancito, hermanito”, sobre la intromisión de lo huachafo en nuestra cultura peruana. Allí, Mario Vargas Llosa, expresa, que Ribeyro nunca hizo ninguna concesión a “lo huachafo” en sus cuentos, caso raro, que en el dosel cabalgado de un escritor peruano, esta actitud, lo llevó casi a la “extravagancia”.

Pero, otra “extravagancia” en la literatura peruana y piurana, son los “Versos del P. Lau” de Augusto Feijó Sánchez, raro y temido escritor de la década del 50.
Piura tiene un abundante conglomerado de escritores que en sus obras expresan un compromiso con el humor y la ironía de la vida. Escritores que van de la talla universal e internacional como Luis Felipe Angell “Sofocleto” hasta costumbristas y localistas, nunca indispensables, algunos escritores menores, de poca cuantía, que han desarrollado esta alternativa literaria del humor y la ironía, que pertenecen a este genero abundante y exagerado de la picardía piurana, que los transforma en cuasi “huachafos”.

Estos “costumbristas locales”, no que han “traído de los cabellos” la presencia de lo “huachafo” y/o han exaltado las formas más sutiles y barrocas de la “huachaferia piurana” en nuestra literatura regional, sino que, es algo muy inerte en el ser -tan singular- del hombre piurano, y que merece –tal idiosincrasia- ser tomada en cuenta. Desde aquella famosa aseveración de “lo huachafo”, debida al lingüista y humorista Juan de Arona, quien fue el primero que tipificó este “leid-motiv” en los costumbristas, como un típico fenómeno cultural y una “manera de ser” en la vida nacional, muy impregnada en el alma y en “el laberinto de la soledad” del cholo peruano y piurano, como una “expresión nativa” de nuestra literatura: la choledad, y en sus diversos matices regionales, como también ha sido la influencia y la tendencia del tema del “bandolerismo” en el devenir histórico, y en el otro “dimensionamiento” cultural del costumbrismo: esa “exagerada” manera de ver las cosas con mucho sentimiento de “humor e ironía” en Piura. Los escritores de la “picaresca piurana” nunca han tenido ningún temor en ser entendidos como tales, al contrario, se han multiplicado como moscas y cucarachas en la miel del lenguaje satírico.

La sátira viene desde tiempo atrás, el aire zumbón y socarrón de Palma, y la corrosiva crítica social desde Segura, Pardo, Yerovi, hasta Adán Felipe Mejía “El Corregidor”, tienen un gran sentido del humor ante los vicios y virtudes de la vida nacional , y del “horror al ridículo”. Por eso están, en sus escritos, todo el día, como el piurano Augusto Feijó Sánchez, mirándose en el espejo de lo social, para reírse de lo ridículo que se ve la vida normal de los hombres, la pedantería de los individuos. Ni sencillos, ni grandilocuentes, son inútiles todos los gestos “chaplinescos” de los hombres más destacados y de los individuos de todas las clases: la aspiración por la búsqueda de lo perfecto y la seriedad en esta búsqueda como destino existencial y filosófico del hombre, es siempre igual, hacer el ridículo.

Feijó Sánchez, es un poeta al que por falta de instrumentos para analizar sus “Versos del P. Lau” uno puede dejar de tener en cuenta; por momentos, parece un costumbrista pequeño, pero no. Su obra produce un gran estremecimiento, en el sinsentido y en la sintaxis de las cosas, maneja con mucha maestría el idioma, incorpora nuevos giros del habla popular, y tiene una enorme profundidad filosófica, cierta sabiduría –de moral universal- que poseen los hombres sencillos. Nos mete a todos en la canasta de su desprecio: campesinos, pescadores, vecinos, profesionales, burócratas, políticos, todos están llenos de defectos como tales, mortales e inmorales, nadie se salva del “hazme reír” de su propia visión desde donde es posible entender la propia “ironía” del hombre piurano.

Para muestra, de los que estamos diciendo, nos basta el botón de su “Poema vanguardista” donde se aprecia la más dura crítica a cierto intelectualismo barato que asumen algunos poetas:

Me place en todo lo que escribo
emplear el lenguaje más sencillo.

No me cuadra el modernismo literario,
Más no importa tentar, darme la pista,
-con ayuda de mi viejo diccionario-
de espetarles a mis dóciles lectores
un poema de corte vanguardista:

¡Oh! Ecléctico bípedo sapiente,
en millones de trillones
de milenios,
con Minerva, de auriga, descubriste
al fin... los electrones.

¿Hasta donde se atreve tu jactancia?
Megalómano: ¡detente! Suceda de repente,
Lo mismo que a Luzbel,
Y con toda tu infusa
No llegues ni a la “j”;
Pues Mefisto con tu atómica y tu “H”,
Fulmine ésta mísera Pelota.

¡Oh! Peripatético mamífero pensante;
que con Sócrates abrevas
la cicuta almibarada de la ciencia.
“Solo sé que nada sé” (frase inmortal)
y en verdad, que al final,
¡Nequaquam!
No sabes nada...

Si tampoco, lector, entiendes nada
de éste mi poema vanguardista,
dí: que hay fondo filosófico en lo escrito
que es GENIAL lo de “Cicuta almibarada”,
y veras que los vates de avanzada
te juzgan y te llaman ERUDITO.

La crítica a la postura “vanguardista” es ácida y corroe desde los propios desplantes del “modernismo literario” que Augusto Feijó Sánchez rechazó y detestó. Es curiosa, esta posición, que lo hace como poeta más interesante. Prefiere, el ridículo del “hazme reír”, prefiere ser un “poeta libre”, a ser uno más del “vanguardismo”, y eso lo salva del “parnaso” mediocre de lo nuevo -venido a menos- después de la primera guerra mundial, desde su particular punto de vista.

El libro “Versos del P. Lau” es un cuadrivio: Anécdotas, Chistes, Satíricos, y Fábulas, son los pilares que conforman y soportan la gravedad del peso literario de su edificio pesado. De aparente simplicidad, sigue la senda “a la manera de escribir” de la “época preclásica o heroica” de la literatura griega, los poemas están configurados para ser recitados por aedas. Como en la Iliada y en la Odisea de Homero, el poeta nos revela, a su manera, el recorrido de lugares donde se realizan las acciones de sus poemas o de sus andanzas, con gran unidad armónica, revelándonos a un bardo de mucha fantasía, de gran conocimiento de la idiosincrasia del pueblo piurano y de gran manejo de sus “modismos” hablados.

La sátira es su mejor dardo. Sorprende el empleo de todas las formas comunes de expresión, de estilos, donde suceden las anécdotas y acontecimientos, de toda clase de problemas, desde los más ridículos hasta los más sobresalientes, donde pasa la existencia humana con sus vicios y virtudes, aciertos y desaciertos.
Creo que Augusto Feijó Sánchez se proponen en sus “Versos...” una actitud didáctica, donde se exhiben los grandes valores activos: éticos y morales, y donde se combaten también las flaquezas y vanidades humanas, por eso razón usa el chiste y la fábula.
Como en Hisiodo y Virgilio, el poema, en Feijó Sánchez, siempre tiene que proponer una enseñanza, es el punto de partida para otra visión de la vida. Sus mejores logros están en los epigramas que va sumando (verso a verso) para obtener el poema final e integrador, que casi siempre se traduce en esa inscripción lapidaria, o sepulcral, basada en los “sagrados” principios básicos de una nueva moral universal. Las innumerables fábulas de Feijó Sánchez son “libicas” o africanas, y de origen oriental, cuyos protagonistas son a duras penas “tristes fieras” de la fauna “piurana”; y las “carias”, parábolas de la acción humana y de contenido moral: con final de moraleja. Y, también, hay fábulas “sibaríticas” o “apotegmas”, de refinado gusto y muy severas para los críticos; más cerca de Fedro que de Esopo, usando la contraposición dual y el contraste, la tesis y la antítesis, verbigracia “El burro sabiondo”:

Un colegial descuidado
sus libros dejó en el prado.
Un Burro acertó a pasar
junto a los libros de texto,
y al instante pensó esto:
-¿Para qué tanto estudiar?
Estos cuadernos me trago
y así me convierto en sabio.-
Los papeles masticó,
y ante su gremio admirado,
orgulloso se anunció
cual asno docto, ilustrado.
Los caballos y juramentos,
las lecciones del sabiondo
esperaban muy atentos,
y, de súbito, orondo.
En vez de normal discurso,
Hace la mar de aspavientos.
Y en el crítico momento
Lanza un sófero rebuzno.
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Como el burrito del cuento
conocemos mentecatos
porque prosan adefesios
se suponen literatos.

La sátira es la mejor arma del poeta, busca el castigo moral sobre sus adversarios que son causantes de sus desdichas, contra los que ofenden la patria, llorados en la elegía, surge por eso la sátira. Arquíloco de Paros es el primer poeta satírico griego, el precursor del “yambo”, verso rápido e incisivo, asaz para la burla despiadada, esa es su verdadera tradición literaria. La sátira, a Feijó Sánchez, le ocasionó múltiples problemas para con sus adversarios, pero el poeta -sede de mucha grandeza espiritual- perdona las calumnias y agravios de los otros, su único afán es mejorar la vida, hacerla más bella y feliz.

Hay un poema maravilloso que nos recuerda la vida muelle y alcohólica del poeta piurano Joaquín Ramos Ríos en “ El Pagano” que es de un recurso histórico e histriónico, casi un retablo de “naturaleza muerta” sobre la vida agitada de las familias provincianas, acomodadas y decadentistas, de la relación paternalista entre un padre rentista y comprensivo, y la de un hijo derrochador, gitano y provocador. Una escena muy característica de los años cincuenta, parte de la vida social y literaria de Piura:

Tras muchos años de ausencia
en París, Munich, Berlín
regresó a su querencia
el exótico Joaquín*

Su padre era un señorón,
hombre rico y respetable,
por lo tanto, quiso darle
al hijo una profesión.

Mas Joaquín hizo la cuenta:
¿Por qué estudiar tanto libro
si vivir puedo tranquilo
disfrutando de mi renta?

Mi padre aunque inteligente
tiene otro punto de vista,
y yo pienso diferente
por ser poeta y artista.

-Tú lector ya te imaginas
que lo que Joaquín gastaba
en jaranas y cantinas,
don Enrique lo pagaba.-

Un día el bohemio estaba
hasta el tope de aguardiente,
y el padre que al Club entraba
le sorprendió frente a frente,

Y con paternal acento
reprendióle así al momento:

¿Por qué tomas, hijo, tanto,
y los que es aún peor
el día de Viernes Santo,
día en que murió el Señor?

Sal ya del Centro Piurano,
y en lugar de estar tomando,
debías estar rezando
por ser, como eres, cristiano.

El bohemio sin sentido
de tanto y tanto beber,
a su padre hizo saber:
“Soy pagano, y convencido,
pues he leído a Voltaire”.

Y respondióle el anciano:
“Mañana ¡Válgame Dios!
con las cuentas en la mano
ya verás quien de los dos
resulta ser el Pagano”......
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*Joaquín Ramos Ríos

Pero hay también en “Fábulas” algo más doloroso y bochornoso, y a la vez risueño, que gráfica la relaciones peligrosas entre periodismo y literatura, entre injuria y opinión pública, entre represión y perjuicios sociales, de donde siempre, sale airoso el poeta con aquella fina ironía que lo caracterizó:

EL BAÑO DEL AGUILA*
Una tarde de Marzo, calurosa,
bajó un Aguila altiva, majestuosa.

a bañarse en “El Piura” alegremente
De un árbol de la orilla, la serpiente,

enroscada, con envidia miraba
que el Aguila tranquila se bañaba,

y buscando pretexto que no falta
cuando quiere morder, del árbol salta,

y en tono descortés así le increpa:
“Si no lo sabe usted, pues que lo sepa

que soy madre de tres criaturitas,
de tres pobres, sencillas culebritas,

ofende la moral, le hace daño
que la vean calata así en el baño;

¿por qué osa bañarse así, calata
vil reina de las aves, mentecata?

¿no teme que la mate ave inmortal
si escupo mi veneno que es mortal?”

El Aguila escuchaba fríamente
Mirando con desdén a la serpiente,

Contestóle, después, con ironía,
¡Permíteme serpiente que me ría!

Y te atreves, atroz, ruin animal,
invocar el valor y la moral?

Aléjate de mí, bicho traidor,
no tientes mi paciencia y mi valor.

Y cogiéndola fuerte con el pico,
Le metió un picotón en el hocico.

La serpiente soplaba (cosa rara)
Limpiándose la sangre de la cara,

y se fue maldiciendo de su suerte
y jurando venganza hasta la muerte.

Pasó el tiempo, y artera nuevamente
al Aguila atracó la ruin serpiente;

le preparó, rastrera, una celada,
y la tuvo diez días encerrada.

Pudo ella castigar esa lisura,
pero sólo bajando de su altura;

mas un ave de raza no se ensaña
en estar picoteando una alimaña,

remontándose luego a su peñasco,
pues no quiso vengarse.... le tuvo asco.
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En Piura, en Pekín y en Las Balcanes
entre humanos hay casos similares.

* Transcribimos a continuación la nota publicada en “El Tiempo” de Piura, N- 8723, en Abril 30 de 1939, explicatoria de la Fábula intitulada “El Baño del águila”.

Nuevamente es hoy conducido a Lima, para tal vez afrontar un proceso por el hecho que no debió pasar nunca de un simple incidente casero, nuestro excompañero de redacción de “Bajo el Sol de Piura”, el popular Augusto Feijó, más conocido con el seudónimo de “P.Lau”.

Anoche estuvimos a visitarle en su forzado alojamiento de la calle Lima; (1) y, en verdad no sorprendió encontrarle tan optimista, porque conocemos su inmenso carácter y su espíritu de conformidad frente al destino.- Durante los días que dura su injusta detención, el P. Lau no ha desperdiciado un ápice de su tiempo.- Ha devorado sesudos libros y ha escrito varios poemas, en su estilo jocoso y retozón.- Al azar, tomamos éste que reproducimos a continuación, no sin antes expresarle nuestra profunda simpatía, y decirle que toda la gente sensata y decente de Piura le acompaña en éstos momentos y espera su pronto retorno al terruño.

Gerardo Vargas O.
(Director de “El Tiempo”)

(1) La Comisaria.
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Feijó Sánchez, muestra con su poesía agresiva y ligera, una notable capacidad para obtener de la realidad cualquier tema para su postura poética, llena de ironía, en estos sus “Versos...”, objetos incisivos contra la estupidez humana, pero exaltando con gran sentido crítico siempre los “principios” universales de una nueva moral: nunca hacer el ridículo. Los “Versos del P.Lau” de Feijó, sus poemas, son grandes testimonios de una época (del 30 al 60) donde está siempre presente la parte vulnerable del ser humano. Quedan para nosotros, estos inolvidables poemas que nos han hecho sonreír, de veras. Nos conmueve esa parte invalorable de su poesía donde los demás seres humanos son convertidos en “bestias” amorales, como en aquella isla solitaria donde Circe convierte a los demás seres humanos en “cerdos”, réprobos de esta diosa. La poesía, puede convertir a los seres humanos, -por dicha bondad de su palabra sana, sino estamos a la altura de su verdad significativa-, en horribles alimañas de baja estofa moral, en donde el asco existencial es el remedio, acompañado, por supuesto, de la sonrisa que siempre deslumbra, con su brillo, en la búsqueda de la única verdad: la poesía del hombre puro y limpio de taras sociales: ese ser imperfecto, desdichado, que de solo mirarlo con sus males morales y mortales, nos produce risa.

En “Glosa”, en el pórtico del libro, Francisco Vegas Seminario se refiere con mucha admiración a la vena jocosa de Feijó:

“Como el de Juan del Valle Caviedes, el humorismo del “P.Lau” –Augusto Feijó Sánchez- es de cepa criolla. Pero sus versos no son urticantes como los del poeta de la Ribera: Dejan sólo la leve huella del aletazo.
En sus breves poemas costumbristas, donde evoca escenas de su tierra –Catacaos- se revela un maestro.
Hay sal y emoción en ellos. Sus indios, con su lenguaje plagado de arcaísmos, son de barro humano y palpitan bajo el sol de Piura”.

En “Mi Apreciación”, del dórico sentir en su columna de apertura, Manuel Francisco Madrid expresa su jubilo espontaneo acerca del sencillo y elegante predominio de la destreza del uso del lenguaje de nuestro poeta satírico:

“Augusto Feijó Sánchez, con su libro, confirma su vocación como auténtico poeta festivo. Y tiene a su favor, no sólo la inspiración que campea en todas sus composiciones, sino cierta facilidad para la versificación, las que unidas a un agudo humorismo, hará indudablemente que este libro guste a todos los que tengan la oportunidad de leerlo. No versifica en la forma clasica, pero tampoco comulga con la vanguardista, y prueba de de ello es que en su llamado "Poema Vanguardista”, con espíritu inquieto y retozón, y con fina ironía se ríe de los afiliados a esta escuela. Tiene, pues, una propia versificación, no aprendida con la lectura de los grandes maestros, ni rebuscada en los anaqueles polvorientos de bibliotecas, sino como producto de su vocación. No le gustan las frases rebuscadas ni de postín, y en sus versos son raras las veces que rompe con la rima. Es un poeta humorista. De la escuela del destacado poeta Leonidas Yerovi”.

Feijó Sánchez supo abrir primero el camino del humor y la ironía en la poesía piurana, ese camino que más tarde deslumbró y supo demostrar con mesura e impetuoso mensaje también festivo y universal, Luis Felipe Angel “Sofocleto”, cuyos textos son inubicables en contexto de nuestro panorama literario, en el tiempo y el espacio que les corresponde, como también ha sido difícil hallar el sitio que le corresponde en el proceso de la literatura peruana a Juan del Valle y Caviedes. Poetas, que con sus versos, nos han vuelto por el pedregoso camino del humor y la ironía
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BIBLIOGRAFIA:
-Augusto Feijó Sánchez. “Versos del P. Lau”. Talleres de la Emp. Tip. Salas é Hijos S.A. Lima. 1956.
-Arturo Montoya. “Historia General de la Literatura (Antigua I Moderna)”. Librería Francesa i Casa Editorial E. Rosay. Lima. 1922.
-Julio Ramón Ribeyro. “Dichos de Luder”. Jaime Campodonico Editor. Lima-Perú. 1992.