POEMAS DE TARDES AZULES
(A LA MANERA DE PETRARCA)
No soy diluvio poético, ni menos profético.
Son poemas transformados en hojas secas:
penumbras glaciales, plumbeas escenas inertes,
lumbreras de miradas atonitas.
No es el otoño frío con bufanda
ni el papel aguanta todo,
ni los poemas son vagones de trenes
viajando en dos líneas infinitas.
Mi libro, lleno de un dulce afán
que se desvía, queridísimo Francesco
es un sorbo de café:
el fuego en que me va quemando
la boca por mi dulce lengua
que tan fuerte llueve sobre fresco prado
sentando en una mesa de un Starbucks Coffee;
mirándole los ojos a una musa piurana
y una pespita idea de morir
segrando abrojos (La Hoz adunca...)
contra la soledad de estos días
en el duro oficio de escribir.
Armando Arteaga
