marzo 19, 2011

EL TAKI DE UGO CARRILLO Y LA POESÍA QUECHUA ACTUAL / ARMANDO ARTEAGA

EL TAKI DE UGO CARRILLO Y LA POESÍA QUECHUA ACTUAL

Por Armando Arteaga


Al enfrentarnos a un reconstructivo estudio de la literatura quechua nos encontramos que ésta expresa una transparente diferenciación entre sus atributos orales y sus atributos escritos. Mientras que la literatura quechua oral surgida de las expresiones populares no tiene nada que emular de las otras literaturas populares de cualquier otro pueblo, la literatura quechua escrita se encontraba con problemas serios que hacía a ésta quedarse relegada ante la literatura escrita de otros pueblos.

La literatura quechua escrita surge unida a la necesidad de una revalorización lingüística, de rescate histórico, de sobrevivencia cultural, y la disertación contrapuesta a la esencia misma de la literatura quechua oral, que es de por sí misma de creación abierta: anónima y colectiva. El carácter social en la cultura del pueblo quechua nos lleva a un denominador común del pasado ágrafo de nuestros pueblos andinos: reacios a la literatura escrita de la cultura colonial. Allí reza todavía en el imaginario popular: la letra con sangre entra. Y, “razón de ser”, la cultura andina es entusiasta del canto popular, de la tradición oral. Aunque el canto y la poesía del hombre andino no enmudeció nunca, perdió -por cierto- en el transe de la oralidad a la escritura, pero ha renovado últimamente su brío.

Esta situación no es algo únicamente inherente a los pueblos andinos, es una intensificación literaria en los pueblos indígenas del orbe: la poesía de los batak, de los mangaia, de los maorí, de los polinesios, de los ewe, de los ashanti, de los abaluyia, de los winnebago, de los ojiwa; en la poesía popular yugoslava, en la poesía popular de Islandia, y en la poesía popular de Estonia; y hasta en el romancero español de tradición oral: de Asturias, o de Marruecos, para citar algunos espacios culturales universales, donde la poesía vuelve a ser canto. La tradición oral es una condición esencial a la literatura de los pueblos, el sustento básico para la comunicación y la “razón de existir” de la convivencia humana.

El mito “oral” es ya una experiencia indefectible en nuestras sociedades antiguas y modernas. La magia y la religión, afirma Malinowski, surgen de necesidades emotivas: es la actitud que tiene el hombre de enfrentarse con las situaciones que escapan a su control. La magia complementa a la técnica, el hombre moderno la sigue invocando cuando sube y viaja en avión. Es cierto, Durkheim excluye totalmente la magia del ámbito de lo sagrado, aunque Malinowski mantiene una relación social que tiene más en común con la religión que con el mundo cotidiano, en donde vivimos determinados por el conocimiento empírico de las propiedades de los objetos que utilizamos, lo religioso vive aún en el hombre enfrentándose a este universo incontrolable.


Es la poesía, el género literario que ha resistido por su autonomía oral en el quechua. El sincretismo entre lo profano y lo sagrado en la cultura andina tiene un espacio actual integérrimo. Es probable que en tiempos de la extirpación de idolatrías, cuando el cronista indio escribía, los himnos sagrados de los incas estaban ya desapareciendo estas creaciones. Su registro en español lo salvó (en parte), pero ya traicionado de la propia versión original. Todo texto “publicado” de las literaturas orales implica, discretamente, una traición a la condición esencial del mensaje inédito mismo de esa creación colectiva.

En los pueblos ágrafos, la poesía -casi siempre- es cantada o recitada, ha resistido así en el tiempo: de lo destructivo y de lo exógeno. La oralidad ocupa las “necesidades integradoras” hacia las “representaciones colectivas”. Lo que salva la fidelidad del poema es su reconocimiento original en transito -de memoria en memoria- a través del tiempo inescrupulosamente vertido, y puesto en imprenta después. La escritura pierde o gana en fidelidad, siempre es difícil saberlo. La traducción -a otra lengua foránea- es algo que también trasciende la fidelidad de las cosas. La literalidad en algunos casos es desleal. No creemos que esta situación no deje de ser desesperante para el escritor-narrador- quechua-hablante, no tanto para el poeta: tiene a su favor la oralidad.

Le tocó a José María Arguedas (Taita churiyaque) haber sido el pionero y haberse dado cuenta de esta situación explícita de la literalidad. Toda traducción de alguna manera es una traición. Arguedas publicó “Canto kechua” (Lima, 1938), donde la poesía está en la voz propia de los “waynos” o canciones, que se cantan en las comunidades indígenas y en las haciendas de Abancay y Puquio. Arguedas desarrolla aquí la tesis de que en el campesino andino: el canto, la música y la danza es un gesto integrador de su propia vida. La poesía vive en su voz, es un ser hablante: sin limitaciones. Arguedas demostró -desde siempre- ser un gran traductor, conocedor profundo del “runa simi” como idioma y del mundo andino. Solo un creador literario y un antropólogo de gran nivel como era él, de atento observador y conocedor delas diversas manifestaciones culturales de los pueblos del sur andino, pudo hacer esa proeza de traducir la oralidad.



Otro traductor apasionado del mundo andino quechua es Adolfo Vienrich ( Allin runa, Hatun Mallki), en sus “Azucenas Quechuas (Tarma, 1905) asume con admiración la existencia de una “Literatura Incaica”. Vienrich todavía está en la observación excelsa de esta literatura nuestra. Aún está exacerbado: ante la situación de anonadamiento de la cultura andina, le resulta exánime aceptar está condición ocasionada por el colonialismo. Recopiló yaravíes, canciones y cachuas de Abancay, de Cuzco, de Puno, de la Sierra Central: de Huancayo, de Concepción, de Jauja, de Tarma, y de Chupaca. Sus “Fabulas Quechuas” (o “Apólogos Quechuas”, Tarma, 1941), son la expresión de lo mas resaltante de esta literatura nuestra. Ardoroso defensor de la cultura andina y del quechua. Es nuestro primer escritor quechua de ficción, sus “fabulas” son difíciles de discernir: si estas son creaciones personales o expresiones exactas levantadas en el trabajo de campo. Hizo una edición bilingüe. Fue un adelantado reivindicador del “runa simi” como E. W. Middendorf que recopiló también “taquis” en su obra “Dramatische und Lyrische Dichtungender Keshua-Sprache” (Leipzig, 1891).

Otro sorprendente registro es el trabajo de José Benigno Farfán que publicó muchos “textos quechuas” del Cuzco y del Valle del Mantaro en la revista de antropología de la Universidad de Tucumán (Vol. 2, N- 12). En su “Poesía folklórica quechua” (1942), J.B. Farfán, profesor en San Marcos, recopiló en buena parte algunos de los más importantes textos en quechua como la elegía en memoria de difuntos “Apu Inka Atawalpáman, y el harawi “Waqaykúskan”, así como la versión libre en castellano del “Haray Harawi”, ese canto de amor tomado de la “Nueva Crónica y Buen Gobierno” de Felipe Wáman Púma de Ayala, del cronista indio, de su obra escrita por 1613.

El caso de Sergio Quijada Jara es importante por haber obtenido importante textos de las comunidades de Huancavelica y Huancayo en su libro “Canciones del ganado y pastores” (Huancayo, 1957), cuyo prólogo de Paul Rivet presume el interés antropológico ante lo literario, aunque en este libro encontramos en el poema de intensiones religiosas “Wamani” que es la invocación antigua a una deidad quechua que representa el poder de la tierra y que está simbolizado por la montaña. La relación hombre y naturaleza es explicita, lo mismo que el aporte de esta poesía a lo ecológico, es sobre todo un poesía rural, donde perviven asuntos rituales pre-hispánicos.



Dos libros sobre poesía quechua y una antología llamaron mucho mi atención desde los años setenta. Fue algo que me ayudó a fortalecer mi entendimiento acerca de la poesía quechua y dejó en mí el más sincero impulso emocional hacia esta poesía llena de grandes vestigios culturales.

En primer lugar, “La poesía quechua” (Cochabamba, 1947) de Jesús Lara, poeta y novelista, gran conocedor de “runa simi”. Jesús Lara le da una fuerza muy literaria y atrayente hacia la problemática de los pueblos indígenas del Perú y Bolivia, su aporte internacionalizo la problemática de la poesía quechua publicando otros libros como “La literatura de los quechuas” (La Paz, 1969), logrando interesar más lectores y aumentando el interés a nivel internacional por la poesía quechua. El aporte de Jesús Lara es clave porque en su libro incorpora los textos de Juan Wallparimachi Mayta, poeta indio que inaugura la modernidad en la poesía quechua, murió muy joven peleando en las guerras de la independencia en el Alto Perú, inmolándose en la gesta revolucionaria (1814), como Melgar, su poesía es de estirpe romántica restaurando la antigua poesía de los haravicus.

En segundo lugar, el libro “Canto de amor” (Cuzco, 1956) del padre Jorge A. Lira nos ilustró mucho a cerca de la capacidad y el encanto poético del “runa simi”. La poesía es el lenguaje del hombre aquí en estos “cantos” algunos de los cuales fueron dictadas por Carmen Taripha, una campesina joven, a la que también con mucho afecto recuerda Arguedas por la manera como entonaba sus “poemas liricos”, y también por ser una extraordinaria narradora de cuentos.

Y, en tercer lugar, la antología “Poesía quechua” (Buenos Aires, Eudeba, 1965), una selección y presentación de José María Arguedas donde aparecen los poemas de Andrés Alencastre “Kilko Waraka”, de “Mosoh Marka” (poeta boliviano anónimo que ganó un concurso internacional de poesía quechua y que nunca quiso descubir su nombre), y del mismo Arguedas.

Otros importantes recopiladores de la literatura quechua son Efraín Morote Best y Oscar Núñez del Prado C., que registraron “El Mito de Inkarí y Qollari” del ayllu de los Q´eros en Paucartambo (Cuzco) y el profesor universitario sanmarquino ayacuchano Teodoro Meneses (con Porfirio Meneses y Víctor Rondinel) que en el libro “Huanta en la cultura peruana. Antología de literatura quechua” incorpora nuevas voces de poetas como Juan Ruiz Ruiz, Pumajasapi Harahuicuj y Chantay Achalmi (algunos de ellos antologados en “Poesía Aborigen y Tradición Popular” Tomo I, de Alejandro Romualdo), aparte de haber registrado otros textos del cancionero popular ayacuchano.

El periodo del Resurgimiento de la poesía quechua empieza desde 1780 D.C. a 1970 D.C. desde tiempos de la revolución de Túpak Amaru hasta la revolución nacionalista del General Velasco, donde se da muy perspicaz un largo silencio.

El iniciador de este resurgimiento es Wallparrimachi (Alto Perú,1793-1814). Es el primer poeta indio, creador orgánico, que de manera insuperable expresa su voz propia, rompiendo con el “modo español” de poetizar. Aunque las traducciones que ha realizado Jesús Lara de sus textos son todavía concesiones al legado español, sus textos en quechua son de inobjetable raigambre andina, su lirismo en “Arawi” es natural.

La “modernidad” en la poesía quechua actual que viene del Siglo XX, empieza con el poeta Andrés Alencastre “Kilko Waraka”, pasa por “Kusi Paukar” (César Guardia Mayorga) y esta expresión de la “modernidad” tiene un nivel extraordinario en José María Arguedas.

Arguedas consideró a Andrés Alencaste (Canas-Cusco, 1909-1984): “el poeta quechua más grande del siglo XX”; en realidad, lo es, por los atributos de su poesía y por su valentía en desarrollar su trabajo como poeta quechua, aunque fue bilingüe. Con su poema “Illimani” gana en Bolivia -en 1951- el primer premio de poesía. Inicia esta apertura, con su libro “Taki Parwa” (treinta poemas publicados íntegramente en quechua), aquí el poeta ha sobrepasado la concesión sobreviviente de la literatura popular oral hacia la poesía moderna escrita en “runa simi”, tal es el aporte esencial de Alencastre. Arguedas se da cuente “ipso-facto” de este artificio genial de Alencastre, era la primera vez que un poeta quechua reclamaba su propia voz en lengua propia, era un gesto subversivo que avizoraba la nueva poesía quechua. Años después Arguedas publicaría también su “Jetman, haylli”. Alencastre y Arguedas, hicieron también sus propias versiones y traducciones al castellano de sus poemas escritos en “runa simi”. Allí nació la modernidad de la poesía quechua actual.

Alencaste publicó en “Taki Parwa” su poema “Puma”, extraordinario poema del cual han hecho versiones en castellano tanto Alencastre como Arguedas. “Taki Parwa” se planteaba también el manejo gramatical del “runa simi”, la interacción semántica entre el “runa simi” y el castellano, y continuaba en su segundo libro “Taki Ruru” (1964) los desencuentros tenaces por hacer convivir lo moderno en la poesía quechua. Más tarde el dilema tenaz de la convivencia idiomática de las dos lenguas va a reflejarse en su último libro “Yawar para” (Lluvia de sangre, 1972), donde aún conmueve lo desgarrador de lo idiomático. Para entender mejor al poeta  Alencastre, leer su hermoso poema “Macupikcu” (“Machu Picchu”), de gran nivel poético.

Arguedas ayuda a consolidar esta modernidad en la poesía con “Jetman, haylli” (“Oda al Jet”) y su estupendo “Túpac Amaru Kamaq Taytanchisman Haylli-Taki” (“A Nuestro Padre Creador Túpac Amaru”/ Himno-Canción), del que ha realizado también dos estupendas versiones en castellano. Lo mismo que, de este último poema  “A Nuestro Padre Creador Túpac Amaru”, Leo Casas ha realizado una excelente traducción que enriquece este apertura de ir haciendo versiones autenticas y creativas de la poesía quechua actual. Arguedas publicó también su libro de poemas “Katatay” (1969).

Otro poeta moderno quechua es “Kusi Paukar” (César Guardia Mayorga), sus libros “Sonqup Jarawiinin”, “Umapa” Jamutaynin”, y “Runaq Kutipakuynin” expresan ya la vuelta a la modernidad de la poesía quechua actual desarrollada desde el siglo XX. Sus poemas son expresiones actuales, visiones vigentes, protestas indubitables, como en el caso de su poema “Auqay” (“La guerra”), admirablemente anti bélico. César Guardia Mayorga publicó también un estupendo “Diccionario Kechwa”, instrumento importante para una mejor comprensión de la poesía quechua actual.

Creo que la modernidad en la poesía quechua actual continua, es un proceso de reivindicación por superar aspectos “ineludibles” de nuestra cultura andina. La modernidad no se opone a la “tradición”, al contrario reafirma su confianza. La modernidad significa para la poesía hacer avanzar el lenguaje como instrumento de comunicación, usándolo de manera más directa, en libertad creativa. Creo que, otros poetas lo vienen logrando, tal el caso de Lily Flores, bastaría leer en su libro “Phawaq Titi” su poema “Tukuy Imapas Tukukushanñan” (“Todo se va consumando”), para entender su reclamo frente a la deshumanización actual de esta etapa de liberalismo brutal en el mundo. Encuentro estos aportes también en poetas como Eduardo Ninamango, William Hurtado de Mendoza S., Alida Castañeda, Dida Aguirre, y Gloria Cáceres, cuyos aportes dentro de la poesía quechua son necesarios –también- tener en cuenta.


 En este fervor literario por la poesía quechua es que encuentro estos dos libros de poesía escritos en quechua: “Yaku-Unupa Yuyaynin” (“Memoria del Agua” (Lima, 2009), y “Puyupa-wayrapa-ninapawam musqukusqanmanta” (Huancayo, 2010), así como también “Baladas de perro sin pelos en la lengua” (Lima, 2009) y este último “Chupe de Letras” (Lima, 2011), que forman parte de la obra poética de Ugo Carrillo, Kuchuqmasi, Wauque, Qellqaq, músico, antropólogo y poeta sorprendente de la Generación del 70.

En síntesis, parte de este legado de la oralidad quechua de los pueblos andinos sureños, trasmitida en canciones, es el trabajo músical, donde se puede encontrar un aporte singular de Ugo Carrillo, en “El Canto Cholo de los Zorros de Arriba”, resultado de una fecunda labor de investigación y recopilación de música, poesía y letras de canciones. Carrillo también sigue la tradición de los recopiladores de textos quechuas soterrados en las profundidades de nuestras punas y comunidades campesinas de Apurímac, Huancavelica y del Valle del Mantaro. Durante muchos años, su trabajo ha sido demostrarnos que, en estos cantos se mantiene viva la cultura andina. No es solo nostalgia por un pasado esplendoroso, es apuesta por un futuro de nuevas aperturas y deslumbramiento por nuestra cultura andina actual.

La poesía de Ugo Carrillo destaca en la vertiente de la literatura apurimeña. Su obra alterna con las voces personales, ancestrales y convergentes con la modernidad actual dentro del buen uso de la lengua quechua en poesía, como los aportes de otros poetas y escritores en la región Apurímac: Abel Gutiérrez Ocampo, Edmundo Delgado Vivanco, Hugo Tello Prado, Juan José Flores, Jorge Flores Ramos, Julio César Sanabria Hermoza, Erasmo Montoya Obregón, Feliciano Padilla, Lily Flores, Renee Alarcón Montoya, Blequer Alarcón Silvera, Milciades Montoya Obregón, Luís Rivas Loayza, Isaac Vivanco Tarco, Luz Samanez Paz, James Oscco, Alejando Medina Bustinza, Feliciano Mejía, Hernán Hurtado, Fredy Roncalla, y Nilo Tomaylla.

La poesía de Ugo Carrillo expresa un cambio sustancial en el manejo del lenguaje en el panorama actual de la poesía quechua, una ruptura con la tradición del lirismo como discurso que empezaba a disgregar el mensaje directo. Habla de los problemas propios del hombre actual y del pasado milenario. Los poemas de “Yaku-Unupa Yuyaynin” (“Memoria del Agua”) están dedicados a la papa, nadie antes le había dedicado poemas o discursos poéticos de alabanza y consideración agradecida para con  este tubérculo nativo que ha salvado a la humanidad del hambre. Son muchas voces anónimas que celebran la fusión de la papa (como creación heroica de los pueblos quechuas) a todas las manifestaciones sinceras de nuestra cultura y hasta una “lliwqa” le canta a la fecundidad de la tierra en contra del proceso destructivo a la que está actualmente sometida por nefastos intereses económicos y políticos.



Los poemas de “Puyupa-wayrapa-ninapawam musqukusqanmanta” asumen en parte el discurso anti-oficial contra la marginación y la falta de visión histórica que pregonan ciertos sectores anti-democráticos frente al problema del hombre andino, siendo nuestro país pluricultural y multilingüe, no acepta que se excluya a la poesía escrita en “runa simi” como la “otra” poesía, puesta al margen. No, la poesía quechua es tan importante como la poesía escrita en castellano, la poesía en “runa simi” tiene su ámbito cultural propio, sustantivo, comprende ya casi todo el territorio nacional, tiene mitimaes por todas partes. Tiene ternura, tiene legado histórico, no en vano Ugo Carrillo invoca en su poema “Wichay ñanpi Isaakpa yuyaynin” a héroes de hazañas populares como Juan Santos Atahualpa, a Túpac Amaru, a Rendón Willka, nada menos. En “Way, haykapkamaraq simpayki” en donde la fusión entre las dos culturas y las dos lenguas es sincronizada,  entre sus propios versos,  para hacer resaltar la significación poética de admiración (por intraducible)  por una flor roja, símbolo de la ternura: de la madre, de la mujer, de la tierra. O, el espanto, en “Aya wayra”, del hombre, cadáver al viento.

Por último, diré, el entusiasmo que me despierta estos otros dos libros de Ugo Carrillo: “Baladas de un perro sin pelos en la lengua” (ver el “quipukamayoq” de Uranmarca) y “Chupe de letras” (es porque también su poesía se mantiene en un espacio importante de la poesía nuestra, en la línea de Efraín Miranda, Cesáreo Martínez, y Gamaliel Churata, poetas del consonante andino actual. Aunque, en verdad, Ugo Carrillo, “Jamauta” , hombre reflexivo, ha venido a sumarse a este desbordante “sanampay”, haciendo señales poéticas, y desde siempre, ser  uno de los poetas más vitales de la Generación del 70. Alegrémonos. Kusikuy, chamay.



Conferencia y Presentación del libro  “Puyupa-wayrapa-ninapawam musqukusqanmanta”
de Ugo Carrillo en la  Asociación de quechua hablantes y Amantes del quechua-Ica.
Ica, Jueves 10 de Marzo del 2011.

marzo 14, 2011

HUMBERTO VINUEZA / POEMAS

EL GUAYACAMAYO

Revista virtual de poesía ecuatoriana y peruana desde los años 70 hasta la actualidad.




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POEMAS DE HUMBERTO VINUEZA

El poeta y escritor ecuatoriano Humberto Vinueza (1942), en la década de los sesenta perteneció al grupo de vanguardia cultural Tzántzicos. Ha formado parte de consejos editoriales de destacadas revistas literarias del país (Pucuna, La Bufanda del Sol, Procontra y Letras del Ecuador, de la Casa de la Cultura Ecuatoriana); ha publicado libros de poesía como Un Gallinazo Cantor Bajo un sol de a perro (Quito, Populibros, editorial Universitaria, 1970); Poeta Tu palabra (Quito, editorial El Conejo, 1989); Alias Lumbre de Acertijo (Quito, editorial Eskeletra, 1990); Tiempos Mayores (Quito, edicióndel autor con la editorial El Conejo, 2001); y, Constelación del instinto (Quito, editorial de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, 2006). En 1991 recibió el Premio Nacional de Poesía Jorge Carrera Andrade por el poema-libro Alias lumbre de acertijo y, el mismo premio, en 2007, por el poemario Constelación del instinto. Sus textos poéticos constan en antologías nacionales y latinoamericanas, en el idioma original español y traducidos al inglés y francés.














EN TODO LA luna como una señal
tentativa del aprendizaje de un gesto
de la raíz que se va haciendo esbozo de sumario.
La piel se abrevia adentro de las cosas
el ojo se extiende y con densidad de hilo
une fijeza y mudanza
con membrana de noches estrelladas
caos climático con diapasón de abrazos
exactitud de rincones con palabras que juegan
a ser trascendentes no más de una vez
la mirada devuelve el umbral de lo invisible
el mundo quizás aguarde su doble que sin existir lo releve
y parezca único donde se une el barro con el cielo
entonces el balance no será un método quiromántico
sino la unidad de medida de cualquier síntesis
la puerta cruje al abrirse
y al cerrarse cruje.




LADRAN LOS PERROS.


La voz del locutor
se deshace bajo la llama de la radio
que no causa ningún incendio.
Cuánto presente ayer. Cuánto ayer ahora.
El viento se hace aire y otra vez viento
y sopla sobre el clima del reloj
y la mano invisible de los principios y los fines
despoja de todo artificio a la desnudez
y afina el ritmo de las apariencias desde lo íntimo sagrado
hasta el saber inventado por su fuego.
Apaga la radio. Los perros se borran
en un claro de avión aterrizando.
La silueta de mujer se encoge sobre aquel ínfimo
mar tiernamente hipérbole y dice:
tal vez otro pensamiento me piense
otra boca como su bocado me avoque
o evoque en pausada gustación.
Brújulas corporales se desnortan
en un recodo del lenguaje.



MIENTRAS LLUEVE BAJO la noche negra
ranas pares croan tentando a ranas nones.
Él escribe versos silenciosos para desemparejar
el tiempo de la puerta y la puerta del deseo
y entre páginas y sábanas se oculte el relámpago carnívoro
y la lluvia humedezca con desvío de sintaxis
el aire de la gruta de donde nadie sale sin la lisura de la fe hacia la tiniebla de la naciente frontera.
La edad confiere confianza al sexo con retardo
y arde como una lámpara en el borde de pantomimas sucesivas
de la transfusión del tiempo de quienes inventaron
el primer canto hace ya tanto infinito modulado
de la flauta con neuronas en vez de agujeros del fogonazo de creer que se vive el sueño en el espejo adentro de las cosas.
Vuela una mariposa desde algún pecho
hacia el croquis de las genealogías y no se sabe dónde comienza el alma ni dónde termina el cuerpo.
Pareja es la única palabra o tibieza de ave
que no sustituye con ventaja a su presencia.


Del libro “Fuga de energía”
Publicado en Obra cierta, Antología (2009)


ENCUENTROS ARGUEDIANOS

ENCUENTROS ARGUEDIANOS:
HOMENAJE A CÉSAR VALLEJO - JUEVES 17 DE MARZO 7.30 PM





2011: Año de José María Arguedas, el escritor de todas las sangres


ENCUENTROS ARGUEDIANOS Y SUTTP

PRESENTA

VALLEJO UNIVERSAL



CONFERENCIA

"El lirismo inclusivo de Vallejo"

Hildebrando Pérez Grande


POESÍA

Julio Nelson
Bernardo Rafael Álvarez
Armando Arteaga

EXPRESIÓN MUSICAL

Avelino Rodríguez
Julio Humala
Margot Palomino


Jueves 17 de marzo - 7.30 pm

Auditorio del Sindicato Unitario de Trabajadores de Telefónica del Perú

Av. Uruguay 335 Lima

INGRESO LIBRE

marzo 03, 2011

EL GRUPO MADRUGADA / ARMANDO ARTEAGA

EL GUAYACAMAYO
Revista virtual de poesía ecuatoriana y peruana desde los años 70 hasta la actualidad.




http://poesiadelatinoamerica.blogspot.com/

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El GRUPO MADRUGADA

Por Armando Arteaga



Alguna vez conversando con el poeta ecuatoriano Jorge Enrique Adoum, me refirió que otro poeta paisano suyo, Galo René Pérez, del grupo Madrugada, había escrito un ensayo acerca de la obra poética de César Vallejo. J.E. Adoum y Galo René Pérez, habían realizado de jóvenes la obligada bohemia de poetas en las ciudades de Quito, Guayaquil y Cuenca, en sus “locos” tiempos de estudiantes universitarios. Habían activado literariamente y publicado la revista “Madrugada”, que más tarde va a dar nombre al Grupo Madrugada: que es tal como Cristóbal Garcés Larrea los ha juntado orgánicamente a este grupo de poetas en su famosa “Madrugada * Antología Poética”.

Los poetas del Grupo Madrugada como puede verse son originarios de todas las regiones del Ecuador, aunque el acontecer poético de su revista “Madrugada” estaba en Quito, como lo estaban también las revistas: “Elán” en Quito, “Hontanar” en Loja, y “Nosotros” en Guayaquil. Me toca ahora dar algunas impresiones sobre mis lecturas de algunos de los poetas del Grupo Madrugada.


Adoum.

Empezaré por César Dávila Andrade, que nació en Cuenca en 1918, y que ha trabajado temas muy cercanos a mi experiencia personal. Textos como “Oda al Arquitecto (Quito, 1945) y “Espacio, me has vencido (Quito, 1946), tienen para mi una especial consideración (por defecto profesional). Algunos de sus poemas son de limpia escritura como “Penetración en el espejo”, que son destellos de un albur de nuestro lenguaje latinoamericano, enfrentando nuestros inútiles narcisismos provincianos, que muchas veces nos han llevado a torpes contradicciones, y a vanas equivocaciones. Dueño de un lenguaje fuerte, de una sola matriz andina, del hombre proteico actual, enfrascado de diversas penurias sociales, para entender ese poema de unidad y de integración, tan impetuoso que parece un informe desaforado de la rabia: “Boletín y elegía de las mitas”, donde están tantos nombres y tantas personas muy cerca de nuestras historias cercanas de países hermanos, escenas parecidas de la vida real. Siempre he sentido la poesía de Dávila Andrade muy cerca de mis verdades.

La poesía de Alejandro Velasco (Guayaquil, 1920), siempre me ha llevado a los olores, sabores y sinsabores, de todo lo que tiene que ver con la región del Guayas. Sus “Cuadernos del Guayas” y sus “Romanceros del Guayas”, me han despertado siempre en la realidad de esta latitud hispanoamericana. El Che, observado como un jaguar; o Eloy Alfaro, el viejo luchador, observado también como un hombre sencillo que miraba el mar, sencillamente: un rebelde con causa.

En fin, podría hablar esta noche de otros poetas como Tomas Pantaleón, Eduardo Ledesma, Enrique Noboa Arizaga, Miguel Augusto Egas, reconocerme en esa “dimensión de la ausencia”. Decirles que admiro la poesía de Galo René Pérez, vallejiano, imagen súbita de llama azorada. El “insomnio” de Edgar Ramírez Estrada no me ha sido nada extraño. La “ciudad nocturna” y “los oficios ajenos” de Rafael Díaz Ycaza han sido siempre mis botellas al mar. En el “polvo herido” de Cuenca descubrí una tarde la poesía de Eugenio Moreno Heredia, llena de misterio y de humanidad. Tal como me gusta el “pasillo” cuencano, soy seguidor desde hace buen tiempo de la poesía de Jacinto Cordero Espinoza y de Efraín Jara Idrovo, incursionando muchas veces en la sal intacta, y hasta en “La Noche Estevada” de los diversos abismos que nos ha mostrado también la poesía de Teodoro Vanegas Andrade. Como ven, con mi espíritu piurano, siempre he “madrugado” para leer al Grupo Madrugada, para escuchar el eco de la persistencia de su poesía.

Adoum

Por último, hice esta Bibliografía* acerca del Grupo Madrugada como un testimonio de mi respeto y admiración por el Grupo Madrugada, para sistematizar estudios más complejos acerca de este importante segmento de la poesía ecuatoriana. Pero no terminaré, sin despedirme, diciendo que como hombre solar de estos tiempos yo también he soñado “Entre Marx y una mujer desnuda”. Se lo he dicho personalmente al poeta Adoum, quien de alguna manera ha dejado siempre en mí esa “corazonada”, en esa necesidad urgente de elevar mi “ser desangustiante”, de esta fiebre que provoca el calor humano y la sinceridad de las palabras con las que nos comunicamos entre nosotros. De entender, por fin, que somos pueblos hermanos, que somos al fin de cuentas una sola cosa: poetas. Permitanme recordar a Manuela, mientras yo viaje a través de la "pólvora" de las palabras:

Duermes dorada y desguarnecida, sitio

de mi próxima batalla. Igual duerme

el continente: el amor en reposo, lomo

animal en la espuma.

(Si esa noche -melosa

hamaca la noche de Jamaica- la cuchillada a ciegas

me hubiera hallado de perfil el corazón, no te habría

encontrado, y solo habría sido decepcionante

cadáver incompleto, mitad de asesinado).

Pero esta noche, tú bocabajo -yegua al galope

arrancándole al sometimiento los frenos en pedazos-

me abandonas tu dura rosa hendida, no hay

peligro, y mi destino en ti tiene lugar.

Tú bocarriba -nave que arremete

su proa contra el viento injusto-

me confías tu tajamar de pelo, y no hago la paz:

yo sé que ambos, continente y muchacha, no están

en retirada: acumulan revueltas bajo el sueño,

sedes sin prisa por saciarse, sangres maniatadas,

y estallarán pidiendo más combate al desayuno.

(...)

Afuera sigue la ciudad y yo renuncio

a su fulgor debajo de tu lengua. Parezco

triunfador y rehén tu campamento: allí

se me adhiere tu venda de muslo fiel

y urgente, y me muerde tu llama:

ocupación de un adiós en vacaciones.

La historia se quedó en el traje, tirada

por la noche en una silla, pero desnudos

sólo quiero ese nombre que te oigo con la boca,

sólo la intermitente estatua a dos ombligos

y ese mapa de venas donde no me extravío.

Contemos en la mañana las condecoraciones

que nos dejó la noche con sus mordeduras,

cúbrelas con el despojo usual de mi camisa,

vísteme de solitario, de viudo, de soltero,

y devuélveme a los demás (anoche me olvidé

de su abstinencia al entrar en tus anillos),

y niéguenme tus abras, écheme

tu forma, rehágase con una sola espalda.

Y que pueda yo salir -lunes de cada día- a completar

la libertad entre los dos, cópula apenas comenzada.


Y, los poetas, hemos madrugado –desde siempre- al alba, por el respeto a las libertades y por una mejor manera de vivir en paz, entendiéndonos en una amistad sincera y en poesía, siempre. Muchas gracias.


Adoum.

*Bibliografía del Grupo Madrugada:


CÉSAR DÁVILA ANDRADE (Cuenca, 1919-1967)

Poesía: Oda al arquitecto (Quito, 1946); Espacio me has vencido (Quito, 1947); Catedral salvaje (Caracas, 1951); Boletín y elegía de las mitas (Cuenca, 1956); Arco de instantes (Quito, 1959); En un lugar no identificado (Mérida, 1963); Conexiones de tierra (Caracas, 1964); La corteza embrujada (Caracas, 1966); Materia real (Caracas, 1970); Poemas de amor (Caracas, 1972). Cuento: Abandonados en la tierra (Quito, 1952); Trece relatos (Quito, 1955); Cabeza de gallo (Caracas, 1966); Obras completas (Cuenca, 1983); Poesía, Narrativa, Ensayo (Biblioteca Ayacucho, No. 191, Caracas, 1993). Antologías: El nuevo relato ecuatoriano (Quito, 1951); Muestra de poesía cuencana del siglo XX (Cuenca, 1971); Antología del relato ecuatoriano (Quito, 1973); Antología del cuento ecuatoriano (Lima, 1974); Los de Elan y una voz grande (Guayaquil, s.f.); Madrugada: una antología de la poesía ecuatoriana (Guayaquil, 1976); Lírica ecuatoriana contemporánea (Bogotá, 1979); Poesía viva del Ecuador (Quito, 1990); La palabra perdurable (Quito, 1991); Así en la tierra como en los sueños (Quito, 1991); Cuentos hispanoamericanos/ Ecuador (1992); Cuento contigo (Guayaquil, 1993); Antología de la poesía hispanoamericana moderna (Caracas, 1993); Veintiún cuentistas ecuatorianos (Quito, 1996); Antología básica del cuento ecuatoriano (Quito, 1998).

ALEJANDRO VELASCO (Guayaquil, 1920)

Poesía: Tierra Nueva (Guayaquil, 1952, prólogo P. Aurelio Espinoza Pólit); La Alfarada (Guayaquil, 1975, un largo poema con la heroica figura de don Eloy Alfaro); Romancero de Guayaquil (Guayaquil, 1975). Revistas: Cuadernos del Guayas.

TOMAS PANTALEON (Guayaquil, 1920)

Poesía: Dejad que muera el odio (Guayaquil, 1949); Sangre Hendida (Guayaquil, 1959). Antología: Nuestra Poesía Joven (Guayaquil, 1953)

EDUARDO LEDESMA (Loja, 1920)

Poesía: La Muerte en los Signos (Loja, 1947); Memoria de la Sangre ((Quito, 1955); Habitante sin Tregua (Quito, 1955).

ENRIQUE NOBOA ARIZAGA (Cañar, 1920)

Poesía: Epopeya del pueblo mártir: tres cantos a Lídice (Cuenca, 1944); Orbita de la palabra iluminada (Quito, 1947); Ámbito del Amor Eteno (Cuenca, 1948); Imágenes Cautivas (Portoviejo, 1961); Morada y perfil de la canción frutal (Quito, 1963); y Biografía Atlántida (Quito, 1967).

MIGUEL AUGUSTO EGAS (Guayaquil, 1923)

Poesía: Dolor Adentro (Prov. Del Oro, 1975). Revistas: Letras del Ecuador y Cuadernos del Guayas.

GALO RENÉ PEREZ (Guayaquil. 1923)

Poesía: Poemas de Octubre (Quito, 1946); Revistas: Fundó con Galo Recalde la revista “Madrugada”. Ensayos: Desvelo y vaivén del navegante (Quito, 1949); César Vallejo, Poeta de América (Quito, 1956); Tornaviaje (Quito, 1958); Cinco Rostros de la Poesía (Quito, 1960); La Poesía Viviente de Withman” (Quito, 1966); y Pensamiento y Literatura del Ecuador (Quito, 1972).

EDGARD RAMIREZ ESTRADA (Guayaquil, 1923)

Poesía: Canción de la Perfecta Estancia (Quito, 1947); Derrumbe (Guayaquil, 1969); Con la piel afuera (Guayaquil, 1970); y Por las paredes del embudo (Guayaquil, 1974).

RAFAEL DÍAZ YCAZA (Guayaquil, 1925)

Poesía: Estatuas en el mar (1946); Cuaderno de bitácora (1949); Las llaves de aquel país (1954); El regreso y los sueños (1959); Botella al mar (1965); Zona prohibida (1972); Señas y contraseñas -antología- (Guayaquil, 1978); Mareas altas: canciones y elegías (Guayaquil, 1993). Novela: Los rostros del miedo (Guayaquil, 1962); Los prisioneros de la noche (Quito, 1967). Cuento: Las fieras (Guayaquil, 1952); Los ángeles errantes (Guayaquil, 1958); Tierna y violentamente (Guayaquil, 1970); Porlamar (Guayaquil, 1977); Porlatierra (Quito, 1978); Prometeo el joven y otras morisquetas (Quito, 1986). Antologías: El nuevo relato ecuatoriano (Quito, 1951); Pensamiento y literatura del Ecuador: crítica y antología (Quito, 1972); Antología del relato ecuatoriano (Quito, 1973); Cuento ecuatoriano contemporáneo (s.f.); Madrugada: una antología de la poesía ecuatoriana (Guayaquil, 1976); Lírica ecuatoriana contemporánea (Bogotá, 1979); Poesía viva del Ecuador (Quito, 1990); La palabra perdurable (Quito, 1991); Así en la tierra como en los sueños (Quito, 1991); Cuento contigo (Guayaquil, 1993); Antología básica del cuento ecuatoriano (Quito, 1998); Cuento ecuatoriano de finales del siglos XX (Quito, 1999)

EUGENIO MORENO HEREDIA (Cuenca, 1926)

Poesía: Caravana de la noche (Cuenca, 1945); Clamor del Polvo Herido (Cuenca, 1949); Poemas de la Paz (Cuenca, 1956); Baltra (Cuenca, 1960); Poemas para Niños (Cuenca, 1963); Ecuador, Padre Nuestro (Quito, 1968); Antología (Cuenca, 1975). Revistas: Altazor y Elán (Cuenca).

JACINTO CORDERO ESPINOSA (Cuenca, 1926)

Poesía: El Canto del Destino (Cuenca, 1948); Poema para el hijo del Hombre (Cuenca, 1954); Despojamiento (Cuenca, 1956) y Volviendo a los Padres (Traducción al Quichua de Manuel Muñoz Cueva) (Cuenca, 1956).

EFRAIN JARA IDROVO (Cuenca, 1926)

Poesía: Carta en Soledad Inconsolable (Cuenca, 1946); Tránsito en la Ceniza (Cuenca, 1947); Rostro de la Ausencia (Cuenca, 1948); y Dos Poemas (Cuenca, 1975).

TEODORO VANEGAS ANDRADE (Cuenca, 1926)

Poesía: Estación del Abismo (Cuenca, 1949); Ubicación del Hombre (Cuenca, 1951); Tres poetas ecuatorianos: Jacinto Cordero Espinosa, Eugenio Moreno Heredia y Teodoro Vanegas Andrade (Cuenca, 1965); y Señales de la Erranza (Quito, 1969). Novela: La Noche Estevada.

JORGE ENRIQUE ADOUM (Ambato, 1926)

Poesía: Ecuador amargo (Quito, 1949); Notas del hijo pródigo (Quito, 1951); Los cuadernos de la tierra: I. Los orígenes. II. El enemigo y la mañana -Premio Nacional de Poesía- (Quito, 1952); III. Dios trajo la sombra -Premio Casa de las Américas- (La Habana, 1960). IV. El dorado y Las ocupaciones nocturnas (Quito, 1961); Relato del extranjero (Quito, 1953); Notas del hijo pródigo (Quito, 1959); Yo me fui con tu nombre por la tierra (Quito, 1964); Informe personal sobre la situación (Madrid, 1973); No son todos los que están -antología personal- (Barcelona, 1979); El tiempo y las palabras -antología personal- (Quito, 1992); El amor desenterrado y otros poemas (Quito, 1993); Antología (Madrid, 1998); ...Ni están todos los que son -antología personal- (Quito, 1999). Teatro: El sol bajo las patas de los caballos (Quito, 1972) y La subida a los infiernos (Quito, 1981). Novela: Entre Marx y una mujer desnuda -Premio "Xavier Villaurrutia"- (México, 1976); Ciudad sin ángel (México, 1996); Los amores fugaces: memorias imaginarias (Quito, 1997). Ensayo: Poesía del siglo XX (Quito, 1957); La gran literatura ecuatoriana del 30 (Quito, 1984); Sin ambages (Quito, 1989); Poesía viva del Ecuador -antología- (Quito, 1990); Ecuador: señas particulares (Quito, 1997); Guayasamín: el hombre, la obra, la crítica (1998); Mirando a todas partes (Quito, 1999). Antologías: Madrugada: una antología de la poesía ecuatoriana (Guayaquil, 1976); Poesía viva del Ecuador (Quito, 1990); La palabra perdurable (Quito, 1991).

CRISTOBAL GARCES LARREA (Guayaquil)

Ensayos: Tres Poetas Ecuatorianos: Medrano Ángel Silva, Jorge Carrera Andrade y César Dávila Andrade (Bogotá, 1950/ Buenos Aires, 1956); Una Visión de la Poesía Ecuatoriana (Mérida, 1960); Antologías: Narradores Centroamericanos; Cubanos, Colombianos, Peruanos, y Brasileños (Ariel, Guayaquil, 1974 y 1975); Antologías: Voces Poéticas del Ecuador (Publicación de Horacio Hidrovo Peñaherrera, Portoviejo, 1975). Fundador del Grupo Madrugada. Revistas: Madrugada, Cuadernos del Guayas, y Ecuador-Poesía.

(Congreso “La Literatura Ecuatoriana Actual”,  Universidad de Loja-Educación, Loja: 3-5 de Abril del 2001).

Adoum.

marzo 01, 2011

JOSE MARÍA ARGUEDAS Y LAS POÉTICAS ANDINAS





En el año del centenario del haukey José MaríaFredy Roncalla, Armando Arteaga y Gonzalo Espino  se reunirán para disertar acerca de su prosa poética
"José María Arguedas y las poéticas andinas"


Día:   miércoles 2 de marzo de 2011  (Miércoles Literarios del Centro Cultural Brisas del Titicaca.)
Lugar:  Wakulski 180, cuadra 1 de la Av. Brasil, Cercado de Lima.
Ingreso libre.
Hora: 7.00 pm.







febrero 24, 2011

GADDAFI Y LOS CAMELLOS / ARMANDO ARTEAGA





GADDAFI Y LOS CAMELLOS*

Por Armando Arteaga





Las imágenes de los noticieros de la televisión, vía satélite, suelen traer muchas sorpresas todos los días. El planeta Tierra pasa rápidamente en racontos algunas de sus quiméricas y rocambolescas experiencias que hacen noticia o, mejor, escándalo. Allí la humanidad se contradice en penurias y excesos en pleno tráfago a la destrucción y el tedio.

Unas ráfagas de estas imágenes me han enfadado de veras. Es evidente que muchos personajes tienen una desenfrenada pasión por el protagonismo. Resulta que desde la tradición aristotélica el hombre era zoo politikón, un animal político. Y como todos sabemos, históricamente hablando, los políticos han movido, hacia sus intenciones y propuestas a los hombres (masa) y también a los pobres animales. A propósito de la Cumbre de los No Alineados realizada en Belgrado hemos visto arribar a la cita internacional de los países pobres una delegación de camellos acompañada por un político. El camello ha pasado a ser “zoo politikón” y el hombre un cruel animal, un “zoo desnudo”.

Benditos sean los camellos o los elefantes o los rinocerontes o las jirafas o los hipopótamos si éstos hacen que un controvertido político, un jubilado abandonado, un niño tímido y traumatizado, se sienta un poco menos mal. Pero de allí a que estos animales sean usados para motivar excentricidades, nos parece un gesto grotesco. Y eso que personajes como Idi Amin, Pinochet, Noriega, para citar sólo algunos de esa rara fauna, a mí siempre me han parecido que le ponen una dosis de macabro humor al tiempo.

El turno para incrementar esta dosis de macabro humor le ha tocado en estos días a Muammar Gaddafi. Gaddafi ha tenido una manera muy especial de identificación con su mundo desértico: en las afueras de Belgrado se instaló con su carpa de campaña y su caravana de camellos, dando la impresión para presumir de cierto primitivismo bárbaro que sin lugar a dudas siempre fascinará a los ojos de las cámaras periodísticas.

Gaddafi, líder de la revolución libia, puede ser un loco más loco que los otros, la civilización occidental le puede interesar un bledo, puede sentirse el centro del universo, pero la capacidad de los camellos para hacer política es muy relativa, la de Gaddafi no; tiene un inmenso poder político, hasta para ser y sentirse exótico.



*Publicado en Expreso (30-09-1989).


febrero 21, 2011

REFLEXIONES SOBRE LA VOCACIÓN DE LA POESÍA/ RENÉ MENARD

Crepúsculos: Fotos Armand.

René Menard

Reflexiones sobre la vocación de la poesía



Una mosca es un avión.

1



Todo lo que se relaciona con la Poesía nunca es sino entrevisto. Toda proposición que le concierna no es también sino un testimonio cuya validez depende menos de la experiencia y de la sinceridad del testigo que del juicio propio de quien lo escucha. De tal manera, cuando la Poesía está en cuestión, la libertad más general deviene una condición natural del debate.

De allí que estas reflexiones no estén presentadas siguiendo un orden lineal de exposición que, implícitamente, daría una idea falsa de su naturaleza. No miran, por ello, sino ciertos destellos de una prodigiosa galaxia que brilla en el cielo del hombre. No tienen, en suma, otro objeto que el de inspirar a tomar parte en una búsqueda que, estando todos los demás caminos en la actualidad oscurecidos o interrumpidos por abismos, bien parece ser la grande y quizás última posibilidad de una salvación.

Para el Poeta, la Poesía es a la vez una soledad y un intercambio.

Tanto, que habla de ella en términos de revelación, pero también en el tono familiar de la experiencia. Permanecer sincero lo obliga no obstante a subordinar ésta a la iluminación fortuita. No hay jamás nada adquirido en Poesía, ni previsible. Cada poema es a la vez el primero y el último. Esta inseguridad permanente, este riesgo siempre asumido, inclinan a

la vez a esa espera sagrada y a esa instintiva prudencia, particulares en los hombres cuya vocación es la de atravesar constantemente la Naturaleza. Porque la Naturaleza –la que está en nosotros, la que está fuera de nosotros- es la materia inicial de la Poesía. Ella suministra los términos iniciales de sus relaciones específicas con el espíritu humano, que a la Poesía corresponde mantener justos. Pero la Naturaleza está presente desde las piedras con las que el pie tropieza y busca su camino hasta la fascinación de los astros que brillan para todos por encima de todos. La aproximación a la Poesía no puede ser tentada sino a través de esta diversidad.

2

Nada de lo que surge de la Naturaleza da lugar verdaderamente al sentimiento de la fealdad. Por el contrario, la Naturaleza es casi siempre conmovedora. Por lo menos: indiscutible. Una brizna de hierba, un guijarro, serenan el espíritu tanto como el bosque o el mar. La alegría elemental es reconocer nuestro parentesco con ellos. Contemplar la Naturaleza responde a la casi totalidad de nuestro ser.

Pero la menor inquietud, el menor movimiento del espíritu demuestra nuestra singularidad, nos califica. Y experimentamos la necesidad de la obra de arte. El Arte es aquello que nos es preciso incluir en la Naturaleza para conocer completamente nuestra naturaleza. Toda obra que no se incluya en nosotros mismos no es bella para nosotros. De allí nuestro sentido invariable, pero siempre inmediato, de la belleza. Somos la medida de su valor.

Igualmente, la expresión natural de los sentimientos es casi siempre justa. El amor o la disputa de los hombres usan muy a menudo un lenguaje fuerte y convincente. No es de ningún modo que en la proximidad de los utensilios de la humanidad se degrade el lenguaje. Pero el lenguaje natural no responde tampoco por todo nuestro ser.

Entonces interviene la Poesía, que no es jamás gratuita, sino siempre creada e incluida en el lenguaje natural. El lenguaje poético supone la existencia previa de una franquicia, lenguaje bruscamente calificado en la belleza por un aumento de existencia que nos da la fuerza de ser fugazmente el instrumento de la evolución mental de la especie.

Se trata de tornar explícito un cierto movimiento del alma y de darle la expresión transmisible más justa por el sólo empleo de las palabras.

Una búsqueda tal requiere el alerta de todos los poderes del espíritu. Intervienen entonces medios que son quizá propios de cada poeta. Los más generales son: el silencio, la benevolencia del cuerpo, una extrema atención a dejar renacer la atmósfera material y las disposiciones interiores que han estado en el origen de la emoción generatriz del poema.

Si esta resurrección es permitida, la transposición verbal de estas circunstancias se cumple naturalmente. La realidad recobrada se expresa a sí misma y se verifica inmediatamente la colusión esencial de las palabras (tanto por su sentido usual como por su sonoridad) con las

representaciones a las cuales se relacionan. El vigor del curso mental y la exactitud del tono dan entonces cuenta de la autenticidad del poema y de su valor estético. Toda Arte poética es personal, e intrínseca a la elaboración del poema. Una regla formal exteriormente planteada no parece tener sentido sino cuando ella es considerada como una necesidad previa al funcionamiento mismo del espíritu. Y no hay razón válida para dificultar la libertad del poeta con otras imposiciones que la de respetar el genio de la lengua que emplea.

El lenguaje natural es simple y conciso. El lenguaje poético debe participar de estas cualidades, so pena de alejarse de nuestro entendimiento inmediato. Hay bellos versos que no tienen que ser comprendidos. Tienen que tener lugar en nosotros mismos. Esta incorporación puede obligar a nuestro ser a una cierta gimnasia. El reproche por nuestros desfallecimientos y nuestra lasitud no puede hacerse jamás a la Poesía. Es ella, justamente, la que los disipa. No somos nosotros quienes conquistamos la Poesía sino la Poesía la que nos conquista.

Esa sobriedad necesaria al lenguaje poético responde por otra parte a las necesidades mentales de los hombres de este tiempo. El gobierno de la Tierra y de nuestra presencia en la vida se torna tan complejo y tan matizado, que nos vemos obligados a la economía de los signos de expresión, sometidos como estamos a la necesidad del reposo y a la brevedad

de la vida. El tiempo aparece cada vez más como la única dimensión que representara un obstáculo. Es preciso vivirlo, lo más posible, en su acuidad. El verbo poético es justamente el tiempo mental vivido en su más grande acuidad.

La economía y la perfecta propiedad de los vocablos conferirán a la poesía moderna el poder ser retenida por la memoria sin el concurso de una prosodia. La fuerza y la exactitud de la expresión poética, generadoras de una emoción verdadera, deben bastar a esta inscripción. La intensidad de nuestra civilización afina y hace más sensibles los espíritus.

Ya no hay más conscriptos a los que sea preciso deletrear: “¡Paja, heno!” La Poesía no tiene otra regla que la de existir. En el siglo XVII, ella desdeña a Boileau:



Le silence éternel

De ces espaces infinis

M’effraie...



Le soleil ni la mort



Ne se peuvent regarder fixement *



Una seria dificultad para los poetas modernos consiste en que la mayor parte del vocabulario que nombra las acciones y las cosas de este tiempo no ha obtenido todavía su naturalización en el lenguaje de la Poesía.

Si el poeta puede escribir “arado” o “molino”, vacila en cambio en emplear “tractor” o “turbina”. Las únicas palabras con las cuales se siente compatible son aquellas que designan objetos o expresan ideas y sentimientos de antiguo parentesco con el hombre. Palabras que dan por finalizado al hombre en relación con su conducta natural. Pero la proscripción de los vocablos surgidos de la expansión técnica moderna aparta a la Poesía de los dominios que nuestra civilización ensancha cada día, restringe los soportes concretos que el poeta puede encontrar en su contemplación del mundo. Tentado por la expresión abstracta de los sentimientos, de las pasiones y de los sueños, el poeta se agota. Y esto tanto más cuanto que una larga y gloriosa literatura poética precede a la nuestra, y los temas y las imágenes extraídos de la naturaleza en su desnudez, o de los utensilios primeros del hombre, han sido utilizados en la casi totalidad de sus posibilidades. Si bien asistimos a tentativas desesperadas, pero nefastas, de renovación, fundadas sobre la desintegración o la deformación del lenguaje, o aun sobre el solo empleo de sus vocales.

Nada más contrario a la Poesía que tales evasiones, las cuales proceden antes de la imaginación intelectual que de una necesidad real de expresión, la cual, muy a menudo, no existe.

Un poeta sincero no puedo menos que adoptar las más grandes precauciones cuando se trata de modificar el lenguaje. Mejor que nadie, él sabe que toda expresión del pensamiento no recibe sus credenciales de verdad si no respeta la fundamental solidaridad humana. Sin embargo, el lenguaje es la manifestación más general, más activa de esta solidaridad. Si es necesario a veces que el poeta se arriesgue a la incomprensión y aun al aislamiento, no puede hacer esto sino con pleno conocimiento de causa y en el límite de los recursos comunes. La expresión de la Poesía no admite ni la regla, ni la licencia, y un poema jamás es libre si no lo es en la libertad de la Poesía.

Su constante coloquio con el lenguaje da al poeta el sentido de la permanencia y de la diversidad de la condición humana. La búsqueda de los vocablos llamados a expresar la Poesía le hace apreciar sus contornos y sus apetencias reales. Para él, la Poesía jamás hace milagros. Ella lo pone a prueba despiadadamente. ¡Cuántas acomodaciones posibles con todo el resto de la vida, en comparación con este rigor infranqueable!. De ahí que tantos poetas renuncien a la poesía no bien la existencia en sociedad se les vuelve insoportable. Me cuesta más imaginar un poeta sin angustia que un corredor sin pulmones. Pero la calidad del dolor es algo que hay que considerar. Hay pequeñas miserias que asfixian. Las grandes permiten al poeta la alegría, el amor, la ociosidad. Basta con que ellas se vinculen a la condición humana. A diferencia de la mayoría de los hombres, quienes parecen vivir como si fueran inmortales o poseedores de una verdad, los poetas son a menudo en sí mismos semejantes a monjes que trataran de hacer hablar a ese cráneo que es el único mueble de su celda. En los días de su más grande posibilidad, el orgasmo mental que les ilumina, los deja todavía destrozados. Su paz y su reposo, siempre fugitivos, no se originan sino a partir de una mirada amiga, sobre todo de una mirada joven. Mejor que nadie, el poeta sabe que la felicidad no le es dada al hombre sino por los otros hombres. Pero él sabe también negarles el derecho de perturbarle considerablemente. De ahí su reputación de indiferencia, y aun de egoísmo. En realidad, él tiene buenamente otra cosa que hacer que servir de alfombra a los zarpazos o las deyecciones de sus contemporáneos.

Los más grandes poetas tienen sus orillas de silencio y se dejan abordar por ellas.

Cada poeta vive su vida sobre un solo poema cuyas quince o veinte versiones más próximas le serán tenidas en cuenta.



3



El más solitario esfuerzo de creación no conseguirá sino una modificación infinitesimal de la aleación mental de la humanidad, la que será, por eso mismo, justificada. No es preciso referirse solamente a esos grandes lingotes todavía en fusión: Heráclito, Aristóteles, Platón, San Pablo, San Agustín, Santo Tomás, Descartes... para no citar más que a algunos de nuestra Historia reciente.

La energía poética, surgida de algunos, no se transmite más que a un pequeño número, Este la traduce a expresiones de un uso más corriente, que trazan las líneas de fuerza de la prosa. Esta prosa, después de degradaciones sucesivas, enriquece el lenguaje del hombre de la calle. Erráticamente, subsisten palabras, imágenes. La aleación humana, de todas maneras, ha cambiado. Vendrán luego nuevos poetas, quienes recordarán el lenguaje de sus mayores.

Si el poeta no deja que la poesía lo habite orgánicamente, más vale que renuncie a ella.

Sólo existe el poema. El poeta no piensa en “lo poético” sino para desconfiar.

El respeto del poeta hacia la Poesía descartará esta acusación de un filósofo contemporáneo según el cual la Poesía falsea el juicio.

Respetada y libre por lo tanto, la Poesía habla con exactitud. No emplea imágenes de términos contradictorios, no cambia de tono sin necesidad, y se une sin dificultad al orden natural. La ascensión hacia el poema da el sentido de la jerarquía. ¡Tantas emociones, ideas, recuerdos, palabras, se fatigan sobre las pendientes!.

Restaurar las jerarquías, reconocer las leyes de la gravitación humana (en nosotros mismos y en los otros hombres), respetar distancias medidas con exactitud, tales son los primeros mandamientos de la Poesía, respiración que quiere un mundo respirable.

A propósito de la Poesía, se habla a menudo de “Mundo invisible”, si no de “Mundo absoluto”. La Poesía sería el reflejo de estos mundos, la traducción posible para los hombres, comprendida misteriosamente por algunos de ellos. ¿Pero no es erróneo reflexionar sobre la poesía partiendo de nociones abstractas, ya que las únicas pruebas formales de la Poesía están dadas por conjuntos de vocablos referidos al mundo visible y

concreto?. Sin duda, ellos pretenden una nueva representación de la realidad. se apartan de ella, por lo menos.

Si los poetas han experimentado desde hace un siglo la necesidad de desvincular a la Poesía de la realidad común, es porque han comprendido que ésta se halla en estado de descomposición. Su rechazo era un grito de alarma. Después, un cierto número de cobardes se asfixiaron en las cuevas de la Ciudad flagelada por el rayo. Viene el tiempo de volver a

subir lo que queda de las murallas, de unirse con los hombres simples, portadores de piedras y de cabrias, y exorcizar en sus ojos los reflejos de las tormentas. Si se parte para morir, que sea el mar abierto del verbo. Ya que no tenemos otros horizonte.

A menos de un cuarto de hora de avión, en la vertical de la tierra, entraríamos en la noche perpetua. En el momento del más bello sol, ¿no es preciso recordar una oscuridad tan próxima?. El dominio de la claridad sobre la tierra es menos espero que la piel sobre el cuerpo... ¡Qué imagen inmediata de nuestra condición!.

Para el espíritu, ¿la noche está más lejos? ¡Que ella se reúna ya en torno a las cumbres de la Poesía! Los más altos poemas sólo están iluminados a medias. Ellos acercan una sombra inexpugnable. ¿No debemos entender que su misterio procede de esta causa natural?.

Pero los más altos poemas fundan sus cimientos sobre la clara realidad terrestre. La noche no es sino un ineluctable encuentro. El poeta no lo acepta sino a los últimos resplandores de la reverberación de lo Sagrado sobre el Hombre. En el camino de su ascensión, él respira la luz tanto como puede. Es así como la poesía suscita un orden justo, que va de la evidencia, a ras de la tierra cotidiana, hasta la angustia y el estupor frente a aquello que la palabra ya no penetra.

La vocación de la Poesía es ofrecer, a la conciencia clara, estados fugaces, pensamientos difíciles, perspectivas sin descanso para los ojos. Sólo nuestras propias tinieblas pueden obstaculizarla. El espesor de aquel que le oponemos permite la medida justa de nuestro vigor mental, y a veces de nuestra salud física.Una de las más graves faltas para con la Poesía sería creer que en su vocación entra el rechazo de los límites estrechos de la condición humana. Pero ella permite a veces alcanzarlos, dilatación considerable para la mayor parte de nosotros y que, a decir verdad, no soportamos por mucho tiempo.

¿Soportarían nuestros ojos estrellas más pequeñas en el cielo?.

La parte de la música en la poesía es inexpresable. Para testimoniar sobre la relación que las une, yo diría que la música es a la poesía lo que la paz del alma es a la inteligencia.

La poesía arroja tanta oscuridad sobre la muerte como claridad sobre la vida.

La verdadera poesía no consuela de nada.

La moral, que promete la paz del alma por la superación, es una de las amistades naturales de la Poesía.

El movimiento interior que ella decide se halla en parentesco con el movimiento de la creación poética. Se trata siempre de una expresión en sí preferible. Pero no existe amistad más libre, y el don va siempre de la Poesía a la Moral.

La Moral gusta expresarse por la voz profética de la Poesía. De allí las confusiones. La Poesía puede ser la belleza de la Moral. Su naturaleza no está por ello más comprometida que la de los colores con respecto a un cuadro.



4



La ambigüedad que nos es preciso reconocer a la Poesía atestigua nuestra insuficiencia espiritual.

Los teólogos han renunciado a conducir a la humanidad. Los filósofos han encallado en sus tentativas de sustituir a los teólogos. Los iniciados en la ciencia y en las técnicas que en ella se originan tampoco tienen esta ambición. Si bien la humanidad jadea detrás de los políticos, gentes de la contingencia inmediata y de los acuerdos limitados, y que no debieran ser jamás sino los ejecutantes de alguna concepción biológica y espiritual. Nuestra primera tarea es recobrar de los políticos un derecho que no poseen sino por abandono de herencia.Aunque no guste a los Importantes de la sociedad, las enfermedades de la condición humana no afectan primero sino a algunos millares de individuos. Pero su fiebre se extiende rápidamente a toda la humanidad.

Mundo oscuro de la materia animada por el servicio del hombre, ¿recibirás algún día la buena nueva de la Poesía?.Los economistas comienzan a inquietarse seriamente por el progreso técnico. Cada uno de sus éxitos niega al precedente. Muchos industriales vacilan ante una máquina nueva ¿Quién puede decir que mañana no habrá caducado, y se habrá perdido con ella el capital que representa? El ejemplo de ese nylon inservible que es preciso dejar de producir, resulta así lleno de enseñanzas. Superar estas condiciones conduce a un dirigismo que no concuerda sino con la pérdida de las demás libertades. Al menos, mientras la ley económica siga siendo la ley orgánica de la civilización.

Pero aún si se conserva esta ley, es probable que este recurso a la cristalización sólo tenga efectos provisoriamente saludables. La evolución de la especie arrollará todas las prohibiciones. Las tablas de bronce no han asegurado la perennidad de la ley cuando era religiosa.No se trata pues de frenar al Hombre, tentación eterna. Sino de orientar su expansión hacia calificaciones más altas. El espíritu de búsqueda debe sustraerse de la producción cuantitativa para dedicarse a conferir Belleza a las obras de la civilización mecánica. En el estado en que ellas se encuentran actualmente, hay en ello material para el esfuerzo de varias generaciones. No cerréis los laboratorios. Pero que los ingenieros sean, también, artistas. Los poetas pueden ayudar a la formación de esas cabezas completas. Los jefes de la Tierra lo supieron antaño.

Puesto que el último estado de nuestra física es la Relatividad generalizada, sería preciso que tuviéramos una sociedad, una política, una religión en consecuencia con aquella física. Deseo que parece bastante gratuito. Jamás los misterios que expresaban las concepciones antiguas del Cosmos fueron tan impenetrables a la casi totalidad de los hombres como las ecuaciones de Einstein. Las diferentes teologías fueron enseñadas en innumerables monasterios. Los sacerdotes han hablado durante largo tiempo el lenguaje de los hombres. El de los laboratorios no se transmite sino por fantasías o terrores. Allí reside tal vez el drama esencial.

La unidad del espíritu no puede lograrse. Tanto, que la libertad se olvida o sus poderes se extinguen en el ensayo incesante de una reunión de los principios del conocimiento, de donde se termina por desesperar de que se halle a la medida de una cabeza humana.



5



Dos clases de poetas sin porvenir: aquellos que protestan por el Paraíso Perdido, aquellos que prometen una Edad de Oro. Los primeros lisonjean sueños que el hombre persigue desde su madurez; los segundos seducen hasta el momento en que demuestran su espíritu de tiranía. Sus promesas no tendrían tan manifiestamente efecto sino fuera de las perspectivas y de las conductas naturales, ya que la tentación inevitable de aquellos que las hacen es imponer el mundo abstracto que las justificaría. Es necesario insistir en esta evidencia: abolir la distinción entre el Bien y el Mal es abolir la libertad. Es aspirar a devenir una especia de robot, que fuera gobernado por el instinto, el inconsciente o la imantación hacia las beatitudes materiales.

Por mucho que los haya rozado, urge a la Poesía separarse de estos poetas ideólogos. El fanatismo o la esterilidad son su refugio. El vaticinio o el quietismo conformista su perchero.

Otros poetas no sueñan con un Paraíso Perdido o futuro, sino que conocen el pasado del hombre, tienen conciencia de su fragilidad y de su fugacidad. y si disparan “salvas de porvenir”, aprecian también su situación sobre los horizontes terrestres. La atención querequieren es grande y continua. Pero la fidelidad que se les guarda mide nuestra energía

íntima.

Sin duda, no hay verdad estética. Solamente, de la adolescencia a la vejez se establece la sucesión de preferencias entre los hombres más significativos, siempre en un mismo sentido. He aquí algunas series que pueden servir de ejemplo: Para la Poesía: Musset, Hugo, Baudelaire, Mallarmé, Rimbaud; para la música: Massenet, Chopin, Beethoven, Debussy, Bach. El camino inverso no es seguido jamás. Hay en ello materia de reflexión.

Varias veces, en mi vida, me ha ocurrido advertir como pendiente de piedras, vegetales y animales en dirección a un estado próximo a la Palabra. Todas las cosas creadas parecen crisparse como un rostro transido de emoción. Y es verdaderamente un rostro, un rostro emparentado con lo humano que parece faltar a las casas, a los árboles, a los animales

domésticos. Un tenue hollín de angustia cierne los rasgos de los lugares y de los objetos. El amor deviene entonces precioso y adquiere un sentido iniciador.

La Poesía es un Bien capaz de todos los otros bienes.

La poesía desconocida se respira como el perfume de las islas sobre el mar.





* El silencio eterno / de estos espacios infinitos / me aterra... / Ni

el sol ni la muerte / pueden mirarse fijamente. [Pascal. N. del E.]



Botteghe oscure, Roma, 1954


Traducción: Raúl Gustavo Aguirre, El movimiento Poesía Buenos Aires

1950/1960, Buenos Aires, Editorial Fraterna, 1979



febrero 15, 2011

AQUEL EPISODIO DEVASTADOR / ARMANDO ARTEAGA



AQUEL EPISODIO DEVASTADOR

Por Armando Arteaga



Este es el viejo Café Miami

Donde solía tomar jugos de papaya.

Aquí hablé contigo de muchas cosas

olvidadas.

Recuerdo exactamente el seguimiento

de una temporada

acabada, diluida, clausurada, me disculpas.

No sirvo para guardar secretos.

De frente, queda Quilca, el camino real

de los yungas al piti-piti,

o la escritura underground

de nuevos inquilinos, achorados, pankekes

escritores nuevos, libreros de viejo

rockeros y lokeros, pegados al asfalto,

a la marimba musical de los graffitis anarkos

a la caña cajamarquina o abancayina dulce,

y al pan con plátano de una frutera verde

invasora con megáfono en mano:

¡a sol la palta¡.

Quilca, o la escritura natural de la calle.

Hacia la izquierda:

El parque, las palomas, las muchachas

y mil moscas azules sobre la basura, pero

¿qué es la basura?:

botellas de plástico, latas de cerveza

y conservas de atunes, sucios periódicos

y cajas de maderas oxapampinas para frutas

comidas o podridas.

Aquí un hambriento ha llorado su desgracia.

Ya sin estomago ha regresado el hambriento

en casaca de cuero negro, mismo Kilowat

para ver la representación

teatral del Tío Vania de Chéjov.

El hambriento es un excombatiente del tedio

Y una pequeña nausea dispara por la ventana

conejos de anisados

y recibe tenues rayos solares.

Son apenas las 4 y 10 de la tarde, y el sol

No muere todavía. Disimula tu alegría, aquella

pequeña dicha de abril tornado es pasajera.

Todo está en ruinas.

Tú eres un navegante más en este mar

de incertidumbres. Tú eres un vagabundo más

en esta ciudad. No olvides eso.

Vives apenas este dulce episodio de observar

la tarde. Todo esto es efímero. Estas lúcido

porque eres joven y tienes el oficio permanente

para la observación.

No eres nada en esta esquina del Miami.

Mira por la ventana:

el tiempo, las moscas, el perro cojo de la historia.

Mira la tarde:

Observa el pequeño detalle tembloroso de aquellas

manos lavando la ropa sucia en el patio

del callejón de Palomeque.

Callejón de un solo caño, tome una pasteurina.

Mira ropa tendida en el cordel de patio, una aspirina.

Y una mujer negra canta:

Ay amor si supieras que te extraño... Mira el patio,

la nostalgia en su ultimo round,

casi en la lona, mira lorna:

cómo se desmorona la calle,

la vieja casona republicana.

Ya no hay más ciudades eternas.

Solo hay ciudades que mueren.

Un oscuro designio las perturba.