julio 11, 2011
ESPIA 22 ENTRE 007 / Armando Arteaga
ESPIA 22 ENTRE 007 / Armando Arteaga
Dos caras
Dos sellos en el pasaporte
Dos patrias vestidas de tisú
No es lo mismo que dos esposas
ni dos primaveras de carnes celestes
en una misma habitación
con un bello sol entrando por la ventana
El mar hace lo mismo,
fisgón,
estudia la fisonomía de la otra incógnita, indaga la anatomía
de la otra muchacha de las bragas de oro,
son dos islas solitarias
incendiándose desde la infancia,
dándole –gracias- al guión: trinar de pájaros
a la falta de tipolitografía
a la falta de tino
de la mujer enigmática que esconde un revolver
en la bolsa de cuero negro
metida en un cuerpo perfecto de maldad
aunque mil ojos la miren
al titubeo
desde el espejo
roto.
julio 07, 2011
CANTO A MACHU PICCHU / MARTÍN ADÁN
La Mano Desasida / Martín Adán
Canto a Machu Picchu
Si no eres nada sino en mí mi sima,
Si no eres nada sino mi peligro,
Si no eres nada allá sino mi paso,
Que vengan todos, con su hedor y siglo
¡Que venga el extranjero que me extraña!
¡Que venga el mal hallado!
¡Que baje el buey subido desde arriba
El del belfo verde, desde humano vacío!
Y que ronca y remira porque nace
De vientre ajeno, que jamás es mío.
¡Aquí estoy muriéndome!
¡Así es toda vida!
¡De buey que rumia y que remira
Y de yo que agoniza, que agonizo!
Tú no eres bello porque no soy bello,
Yo Mismo. Eres apenas profundo estar arriba
De todo un vuelo interminable
Y que bate todavía.
Eres el ala que voló.
Cuando tú mueras, morirá el Hongo
Y morirá el Aire. Y morirá el Día.
¡Pero será la Noche, el otro tiempo
De vivir la vida!
¿Y cuándo volveré a donde nunca estuve?
¿En transporte de orgasmo y alegría?
¿Cuándo será mi ser? ¿Cuándo mi mano
Ha de asir su ventura fortuita?
Pero tú, Machu Picchu,
Te yergues sobre mi, porque vacilas.
Ante esta roca, que te está mirando
Y que te ve;
Y que te ve, tremenda por un solo ojo
De mil pies;
Ante esta roca, huir es imposible
Y hay que desnacer y renacer.
Porque ser es necesario.
No hay otro modo de no ser y renacer.
¿Y si no eres, qué eres, qué serás, qué dios,
Qué intenso ser
Te arrastrará en su furia?
¿Qué es la inteligencia del no saber?
¿Qué sabes tú de lo que no sabes?
Machu Picchu sabe lo de después.
Todo era exacto bajo el estupor,
Muerte sobre la vida,
Piedra sobre la piedra,
Pero yo estoy al otro lado,
Yo no sé nada de conciencia.
La tristeza es realidad,
Es como el perro o el mendigo en la calle
Es como tú eres una montaña
Y alguna mano de los tantos pares.
Cuando tú mueras, Machu Picchu,
Piedra desigual entre las iguales;
Cuando huya el Hombre;
Cuando huya el Angel;
Cuando todo sea como que yo pienso,
Por quien me afano entre los afanes,
Algo ha de ser entre golpe y golpe,
Algo de entre la camisa y la carne.
Cuando todo sea verdaderamente
Machu Picchu, tu ven a buscarme.
¡Ser, sólo ser, y siempre ser,
Uno solo ante el Universo!...
¡Lejos del Otro!...
¡Lejos del Tiempo!...
Ser como yo nací
Ser como yo lo siento
Serme sin rosa alguna
Serme eterno...
¡Ah, piedra podrida,
Cómo me estoy muriendo!
Machu Picchu,
Olvido y presencia,
Muerte que murió, y otra vida,
Y mi oración y mi piedra
Simple callar mió ante la cosa,
Y la cosa humana, sobrehumana y cierta.
¡Cierta actitud de Dios,
Ante su naturaleza!
Y el agua por debajo
Y la nube sobre la cabeza.
¡Exactitud sublime!
¡Expresión tremenda!
¡Existir es huir!
¡No eres nada si te quedas!
¡Machu Picchu, si lo discurro, no existes!
¡No es más que mi alma y una piedra,
De río que corre por entre mis pies
Y el cielo sobre mi cabeza
Y mi casa que me hice en mi mundo
Deshabitada hasta de la ausencia!
La alegría, terrible ser de fuera
Que en mí se entra y en mí agoniza,
Desde la vez hasta la vez, desde la voz a la voz
Cubriéndose del llanto con mi cuerpo,
Huyendo de su muerte con mi vida,
Yo la descubrí, tú lo recuerdas,
Desde mi instante a mi día
Desde mi tiempo a mi encierro,
Estante apenas a tu cara lítica,
Como el judío que llora en la parábola,
Me topa viva,
Desterrada de todo, ahí incrustada,
Victoria desalada y vencida.
¡Ay, Machu Picchu, el de la lección,
De la Desesperación y su delicia!
Poesía es esto,
Lo que eres en mi verdad y desatino:
Dar el cuerpo a un alma
Dar forma a lo infinito,
Dar una hora al tiempo y al grito,
Y por debajo
Irse con el gordo río
A no sé dónde,
Acaso al precipicio.
Sí, primero fue el Tacto
La Sabiduría era después.
¿Pero qué es eso,
El palpar y el saber?
¿Dónde me sé, Machu Picchu?
¿Cuándo?... ¿Por qué?...
¿Cómo me muero, Tú, para vivirte?
¿Dónde agarro para mi querer?
¿Cuándo yo dé con mi deseo
Me huí el cuerpo y espina en la sien?
¿Por qué lloro, a tu piedra pegado,
Como si acabara de nacer?
¡Ay, piedra exacta y maldita,
Echa, por fin, tu agua de miel!
Yo te era necesario, Dios Mío,
Por eso me creaste,
Y me creaste después de la piedra,
Y antes de las necesidades.
Todo lo que es vano y superfluo
Va en tu soplo a tus moldes infernales
Y por esto estoy entre tus rocas
Labradas por mis manos y tus ángeles.
Mi deidad es como yo,
Perecedera, miserable...
Va preguntando y va errando
Por entre el hueso y la sangre,
Por entre el deslumbramiento y el desengaño
Por entre el volumen y la imagen
Por entre el llanto y el espejo
Por entre lo que agarra y lo que sabe;
Por entre el tiempo y la memoria,
Por entre la luz y el ave.
Todo era entonces como es ahora:
Todo era cielo,
Todo era un no ver, todo de imagen
Echada por exceso.
Pero tú estabas, material,
Sensible, imperfecto.
¿Qué eres tú, Machu Picchu,
Almohada de entresueño?...
¿Yo Mismo,
Si me acuerdo y no me acuerdo?
Era caudal de piedra,
Detenido.
Toda madre verdaderamente natural
Quiere contener el otro río.
La flor se puso verde de terror y de tierra
Y dejó pasar a cualquier gringo.
Y yo no soy y no seré nunca
Sino apenas un curso y mi sitio.
¡Sálvame, sálvame Machu Picchu!
¡Sálvame, y no te huyas de mi peligro!
¡Ah, sí, Dios vive todavía!
LA PRESENCIA
¿Qué es la presencia, Machu Picchu?
¿Eres la roca o el aluvión?
¿Eres el tejado o el gato?
¿Eres mi cuerpo o mi amor?
Cuando yo baje por tu madre sabida,
¿Quién seré yo?
Sí, todo era como entonces,
Todavía antes del principio
Eran roca y ser, de donde aún nace
Y sangra el deliberado sacrificio.
Todo eres
Como el labio del recién nacido,
Desdentado o como el del viejo
De la parábola del cigarrillo.
¿Cuándo y cómo eres humano,
Yo el solo humano, y tú humano y mío?
¿Y qué diré si la palabra
Que pesa y pasa tan poco como tu equilibrio?
¿Qué diré sobre tu edad?
¿Qué diré sobre tu río?
¿Qué diré de la indiecita adolescente
Que se baña en chorro, planta de alarde sin sentido,
Desnudez sin amor y sin odio,
Exacto y superfluo y hediondo y oscuro río?
Pero tú estás, piedra de cerco
De todo, límite enorme y exiguo,
Palabra precisa,
La que yo rehuyo y persigo,
Celestía, concreta, duro abatimiento,
Signo...
Carne fétida que dice que es la vida,
Y la vida eres tú, piedra sucia e inodora
Y en tu modo de mirarme, bruta y lírica;
Piedra humana, tremendamente humana,
Toda de terror y de delicia...
¡Tú que bajas del piso quincuagésimo,
Tú, par de ojos de estupor y malicia,
Tú que traes en el maletín,
Tu muerte y tu vida
Y tu imagen y tu Kodak,
Y tu verdad y tu mentira!...
¡Tú, manera de ser ante lo eterno,
Fotograbado y melancolía,
Y enterarme de aquello de que dudo,
Y seguir adelante con el guía!...
¿Cuándo, Machu Picchu, cuándo
Montaña, llegaré a la orilla?
Pero cuando tu mueras, Machu Picchu,
Dónde me iré, con qué iré, con mi sonrisa
Y con mi carne y con mi hueso y con mi casa
Y con mi herejía,
Y con mi traducir lo del latín gorrión,
Y con mi misa,
Y con no sé qué porque me llegó tarde el ser
Al no ser la hora
Al caerse de abajo la vida.
¡Y este no ser nada sino hablar ante el verso!...
¡Y este temblar ante Dios que es la vida!
¡Y este mirarte y muerte, Piedra
De allá arriba!...
¡Este sentirse uno Dios ante la propia conciencia
Y ante la propia herejía!...
¡Este haberte hecho un humano como yo,
Que no era el profeta de la Biblia,
Ni el hombre de las Nieves,
Ni el Gorila!...
¡Este tu ser a mi medida humana,
Sin suelo, sin habitantes y con sola tu agonía!
¡Ay, Machu Picchu, cómo me matas y me vives!
¡Cómo me cae tu inmóvil piedra, como me cae mi eterna vida!
Todo es la verdad si no es la historia.
Todo es la vida si es la vida,
Y así es mi verdad, mi vida.
Tú eres sólo la forma sobre el abismo,
Y así será siempre mi sabiduría,
La de la Academia,
La de la Antología,
La del que vive porque está muriendo y escribiendo
Para su propia policía,
Y se entretiene,
En su agonía,
Estimando y describiendo,
Riéndose porque ya no acierta a llorar,
La maravilla.
¡Desolación, madre mía,
Dame tu firmeza!
¡Que mi pie pise en el nervio que vibra quebrado!
¡Que mi mano palpe en piel que pela!
¡Que yo baje desde el éxtasis de espanto y dios,
A mi carne, a mi hueso, a mi enervada idea!
¡Déjame bañarme con la india desnuda,
Dónde sólo alguna agua me vea!
¡Déjame asirme a agua írrita,
Adonde mi meandro inmaterial me lleva!
¡Déjame con la imagen,
Déjame, deja!
¡Déjame ser la montaña de sueño,
Infinitud incompleta!
¡Déjame ser sin despertar!
¡Que lo que soy, si soy, sea vida entera, eterna!
¡Tú, Realidad, que me pariste ahora para ahora,
Déjame rodar y morir por la ladera!
Yo me abalanzo, pero no lo alcanzo,
Lo que tú eres y no eres, losa Mía.
Esa forma, ese ingenio, esa ternura;
¡Ay, ese irse y desprenderse de mi vida!...
¡Tú, la manera de descalabrarse por allá en el cielo...
Tú, la manera de mirar desde la roca del río...
¡Tú, lo humano
Que huye de sí mismo!
Y vaga por lo que creó
Y le ahorca la dura y áspera cuerda de lo divino!
¡Otra de las creaturas del Hombre
Para su divinización y su martirio!...
Eres la duda cierta y la misma vida,
Eres lo humano y macizo del cielo y nube,
Eres lo infinito que se está,
Y eres la palabra que huye.
Ante ti fuga la razón, Perfecto,
Porque la Esencia su ceño frunce.
¡Ay, no sé qué eres, Machu Picchu,
Si yo mismo, o tu piedra o la nube!
Todo es cierto
Menos la vida.
Toda apariencia está resucitando, dudando y recreando.
Sólo es realidad la Poesía.
Si tu mano toca,
Huye la Muerte y te mata la Vida.
Cáete, si eres, Machu Picchu,
Cáete conmigo. Te lo digo: no sigas
Presidiendo las cosas
Y los cielos, con tus piedras caedizas.
Muramos porque es el tiempo,
El tiempo de la agonía y la ironía.
¡Muramos, que nos caemos!
¡Muramos, que nos cerca la vida!
¡Cáete conmigo
Y con la Arqueología y la Filosofía!
¡Ay, lo que grita el que está debajo,
Machu Picchu, la presunta realidad y la estupefaciente circunstancia!
"Yo solo tuve mi terreno
Y me lo robaron". Lo dicen, bajo de ti, ansia
Palpable de infinitud. Lo dice el indio elemental
Y la redicha palabra.
¡Ay, Machu Picchu, horror de horrores,
Piedra que se cae, piedra que se abalanza,
Muerte que discurre relativamente,
Cielo de nube oscura, fría y alta!
¡Porque soy mi cuerpo humano
Y mi divina alma!...
¡Porque nada de espíritu ya tengo,
Porque materia alguna ante ti se me alcanza!...
Eres perfecto porque eres mortal,
Si no lo fueras, fueras dios e ironía,
El remirar a la rosa,
El acariciar a la niña.
¡Si fueras muerte, serías lo cierto en cierto modo,
Si fueras muerto, sería la Arqueología!
¡Machu Picchu,
Sigue agonizando todavía!
¡No hay otro verdadero!
¡No hay otra eterna vida!
¡Sólo tú, piedra y mi angustia,
Lo de mi vida!...
¡Lo de siempre jamás,
Lo de nunca jamás todavía!...
Morir es tan difícil contigo
Como vivir! Eres el ser.
Estar junto a ti es buscar el grito
No es el eterno quién.
Tú no eres el muro
Del no pasar y del padecer.
¿Quieres que yo vomite o que me calle?
El ser es tu ser,
Que es una piedra sobre otra piedra
Y toda quién!
¡No, nada somos sino la conciencia,
Este mirar lo futuro
Entrañable, que nos mata
Y nos da gusto!
¡La vida es muerte relamida,
La vida es Juana o Augusto,
La vida es todo lo que con nosotros
Va a la muerte y a lo justo!
Pero tú, lejos de la música,
Aun lejos de la imagen aparente,
Tú, piedra sucia, fuente de mi vida,
Eres lo que eres.
Eres lo real, lo verdadero,
Aquello por lo cual se vive y muere.
¡Sí, pero la tristeza estaba en ti,
Eras tú, simplemente!
¡Esta tristeza de nacer humano,
De haber nacido humano, lo de siempre!
Y cada vez que nazco soy el mismo,
Yo soy el mismo de las estrecheces,
Las de ser yo uno solo
Y la del sexo y del amor y las mujeres
Y la de ir por camino
Real e inverosímil de la Muerte;
Ya te lo dije yo, Machu Picchu,
Piedra sin horizonte de entreverse.
Pero Machu Picchu, amigo,
No es otra cosa que un verso,
Algo, yo, de mi figura,
Algo que yo estoy haciendo.
Si yo me aparto de mi obra,
Ya soy porque no creo.
¡Sí, mi cuerpo es esta mano
Esta con que a tí me atengo
Con la que te hice hace siglos
En un instante del Tiempo,
Piedra fea, piedra mala,
Piedra de mi pensamiento!
¡Cállate, que estoy dudando!
¡Cállate, que mi silencio
Me está cubriendo de sombra
Como la noche del muerto!
¡Calla, que yo quiero el valle
Con su verde y su jilguero!
¡Cállate, que soy humano,
Tú, la piedra del agüjero!
¡Sí, aquí estoy, en este espacio,
Adonde no cabe el tiempo,
En donde la mano mía
Sigue haciendo y sigue haciendo,
Y sigue haciendo la ruina
Y el muro y el sentimiento!
¡Ay, Machu Picchu maldito!
¿Por qué me sigo naciendo?
¿En dónde mato el que ni vivo,
Para ser el que no muero?
¿En dónde estás, Machu Picchu?
¿Dónde estás, que no te veo?
¿Estaré vivo?
¿Habré muerto?
¿Cómo es la muerte? ¿Cómo es la vida?
¿Dónde estoy en tu misterio?
¡Todo era provincia, todo,
Todo, todo, Dios Exceso!
¡Todo extralimitación!...
Y no mi brazo o su cuerpo.
¡Nada era a su medida!
Nada sino el pensamiento!...
Todo era mi estarse afuera,
Ya sin cosa, ya sin beso.
¡Ay, todo, todo, todo yo!
¡Sí, yo era todo eso!
¡No, Machu Picchu no es nada!
¡Toda cosa es un secreto!
¡Es una cosa y figura,
Porque yo no estaba lejos!
¡Todo es verdad, y la Muerte
Está naciendo y está haciendo!
Si se muere Machu Picchu,
Ay, ya nunca viviremos.
Todo será aquella nube
¡Y acaso no será eso!
¡Aquí, en ti, Machu Picchu,
Donde la Nada es una mole tangible, gris y verde;
Adonde golpea mi mano desasida,
Como dice mi lengua
Cuando no se mueve!
Y la pintura de mis ojos
Ya no puede!
Porque soy tu Espíritu,
Que te agarra porque te quiere
Porque mi alma, tú, estás en tormenta
Ya, siempre
¡Teme! Sin términos
Ya, siempre
Sin rayo,
Sin nieve,
Sin peso alguno,
De prójimo o mujeres,
Sin ninguna palabra,
Sin medida de medidas, sin metro, breve!...
Eres como la palabra:
Cierta dureza ante el Destino y lo infinito
No parece filosofía ante tu piedra,
Sino, por debajo, lo que miro río
Donde la que siento india
Hace beber al que creó su hijo
¿Pero cree? ¿Pero soy?
¡No te me vuelvas, Machu Picchu, mío!
¡Vete, Machu Picchu, vete!
¡Tú no eres el jardinero!
¡Porque si me estoy contigo
O no me olvido o recuerdo!
¡Todo fue antes del principio
Todo es de más o de menos!
Ay, alma que yo me soy
Esa que nos hace el cuerpo.
Y al pie de nosotros
La quena suena
Gemido sin suicida
Ninguno que yo sea.
El arduo ruiseñor
Sigue en mi coche perpetua
Sigue ya ronco, ya silbante,
Ya sin aliento, ya sin rama que le sostenga,
Ya sin ala que lo salve...
Difluente bulto del asma eterna...
Y eres eterno por inhabitable,
Porque estás dentro de mí mismo,
Royéndote la uña imaginaria
Con el hambre y con el colmillo
Mío porque llegué tarde o nunca a toda presa
Posible de mi designio.
Y eres lo mortal, porque desesperas
Y por que aúlla como perro el río,
Todo es mitología del Otro, no
Sino el Yo, el Tú y el Infinito.
La Tristeza no trae el verso.
La Tristeza es interminable.
Puede parar en una lágrima,
O en una piedra, pero sigue adelante.
Tú eres un camino
Dificilísimo que sube a valle
En donde el aluvión de lo divino,
De eso de divino que tú sabes,
Soltó los sueños crueles
Y rompió las cosas reales.
Yo no subí a llorar tu llanto,
Sino por tus paredes y verdades.
¡Ser exacto, humanísimo
Y trascendental, ampárame!
¡Machu Picchu, mi cuerpo,
Estáteme!
Cuando tú hables, dilo sin secreto
Yo Mismo o, simplemente, calla.
Si hablaste, se hizo la teoría.
Si callaste, se hizo la muralla.
No te asustes. Mi Genio,
No te asustes, Mi Gramática,
No te asustes, Mi Mano,
Si hubo consonancia.
Todo es real, hasta la Muerte,
Que por de fuera y dentro nos anda.
¡Prosigue sereno, Yo Mismo!
¡La Vida es esta ansia!
Poesía es la idea sin objeto,
El rabo de la rata.
Poesía es lo que me sobra,
Poesía es lo que me falta.
Poesía es la cosa dura,
O, solamente, una palabra.
Poesía es el dios que hiede
O la mujer que arrastra.
Ay, Poesía, Machu Picchu,
Es mi sentido de que no soy nada!
Para llegar a Ti, ¡cuánto camino
Hube de andar a saltos!
Por fin estás ahí, en tu figura
De desnudez y desengaño,
Hondo en mí mismo, diciéndome
Como al Sordomudo, con mi cuerpo y mi abrazo,
Con mi placer,
Con mi espanto,
¡Dios Mío!
¿Por qué tardaste tanto?
Yo sabía morir, y me olvidé.
Tú sabes morir, Piedra, todavía.
Morir es un eterno estarse
En la una y en la otra vida.
¿Cuántas vidas hay?
El Gato mira y remira,
Y dice...(el gato del albergue,
Ininteligible, con la pupila)
¿Cuándo seré yo sin mundo ni prójimo?
¿Cuándo será mi verdadera vida?
Todo era creer o consentir.
Sí, sin duda, todo era.
Todo, todo,
Pero no tu piedra.
Era la exactitud en este mundo,
La verdad fea...
Y están los extraños, recién bañados
De las universidades europeas.
Estaban tristísimos,
Ante tu horrorosa belleza.
La emoción de volver a ser paridos,
Pero por la Conciencia!...
Una mano sobre otra mano
Y una palabra sobre otra palabra
Y una piedra sobre otra piedra
Y una distancia tras de otra distancia...
¡Di lo último! ¡Di lo último!
¡Que sea a tu gana!
¡Dilo, que no hablarás ya nunca!
¡Apurate, que la Vez y la Voz escapan!
¡Muérete ahora, que la Muerte,
Que la muerte eres tú mismo, y no es nada
Sino tu vida y tu cuerpo
De gusano y desgana!...
Como todo lo tangible,
Toco en ti el instante y la piedra.
Nada me está distante a tu sombra
Eres lo que es y lo que era,
Y lo que será si el tiempo dura
Y nunca fue lo que se sueña.
¡Yo no quiero parar! ¡Yo soy el río
Que por debajo te roe y distrae!
¡Soy lo mío de humano
Ante lo tuyo de inmutable!
¡Soy el que no seré, pegado a tu muro
De granito y siglo, dentro de un instante!
¡Humíllateme, Machu Picchu!
¡No seré nada, y tú vacío y grande!...
¡Soy más que tú, porque te hice un día
Y ya tus cuándos y cálculos se te caen!
¡Y yo puedo llorar ante la Piedra
Todavía como ante la Madre!
Aquí, donde edifica el olvido...
Donde el olvido está presente, patente...
Donde el olvido es de granito, no del tacto...
Donde el olvido es de cuanto tú eres...
Donde el olvido es de millón.
De piedras
En equilibrio trágico... Donde asciendes
A no sé qué dónde, que así es el olvido,
Cualquier olvido: no el que tú apeteces...
Sí, aquí, Machu Picchu,
Olvido macizo, peso de las sienes...
¡La Eternidad es una cosa
Tan lenta y dulce y ciegamente miserable!
La Eternidad nunca fue, ella misma, nunca,
La Eternidad nunca fue antes.
Nunca será después. Viene contigo,
Poeta, Vaga, desde tu hueso y tu carne
Viene sin que la sientas
Por ningún sentido. Pisa sin estarse.
Y de pronto es una momia de morada
Como el vientre vacío de la madre.
La Poesía hizo tanto
Que ya no cabe
Ningún mundo, el de cada ciencia... tanto
Que la mano adolorida se me cae.
Has de ser un humano y su sombrero
Si no eres un dios, no eres nadie.
¡Ninguno, nada... no esa muerte
Que yo me hice a la medida de mis ansiedades!...
Todo será otra vez, que en nacimiento
Consiste toda eternidad durable, deplorada!
¡Que pensamiento soy, y no otra cosa
Ni de la cosa ni del ansia!
Créeme tú, Machu Picchu,
Haz que yo crea... horrorosa flora.
Nada es real sino lo que pones
Por debajo de lo que tocas.
Nada es real sino tu ceño
Y una roca
Y alguna mano humana que va haciendo
La vista, la cosa, la forma...
Y la divinidad de lo inmediato,
Y el instante del sentido, y el abismo en sombra.
Piedra, escúchame:
Yo te quiero enseñar y engañar.
La Soledad es una cosa
Como las que encierras, y no es más.
La Soledad es como tu cielo,
Que no es tu ser... acaso, sí, tu estar.
Un estar sin adónde, ya sin paso
A su siempre allá,
La Soledad es absoluta:
Es el fin del afán.
El azul raro del mismo cielo,
El agua helada de la morrena...
La montaña es un delirio,
Y tu palabra es una sorpresa.
Martín Adán: Genio y figura de la poesía peruana. Aquí con su sombrero, su mirada cachacienta con la que observó a la sociedad peruana, y su acompañante cigarrillo.
A Gonzalo Ortiz de Zevallos y Juan Mejía Baca
Si no eres nada sino en mí mi sima,
Si no eres nada sino mi peligro,
Si no eres nada allá sino mi paso,
Que vengan todos, con su hedor y siglo
¡Que venga el extranjero que me extraña!
¡Que venga el mal hallado!
¡Que baje el buey subido desde arriba
El del belfo verde, desde humano vacío!
Y que ronca y remira porque nace
De vientre ajeno, que jamás es mío.
¡Aquí estoy muriéndome!
¡Así es toda vida!
¡De buey que rumia y que remira
Y de yo que agoniza, que agonizo!
Tú no eres bello porque no soy bello,
Yo Mismo. Eres apenas profundo estar arriba
De todo un vuelo interminable
Y que bate todavía.
Eres el ala que voló.
Cuando tú mueras, morirá el Hongo
Y morirá el Aire. Y morirá el Día.
¡Pero será la Noche, el otro tiempo
De vivir la vida!
¿Y cuándo volveré a donde nunca estuve?
¿En transporte de orgasmo y alegría?
¿Cuándo será mi ser? ¿Cuándo mi mano
Ha de asir su ventura fortuita?
Pero tú, Machu Picchu,
Te yergues sobre mi, porque vacilas.
Ante esta roca, que te está mirando
Y que te ve;
Y que te ve, tremenda por un solo ojo
De mil pies;
Ante esta roca, huir es imposible
Y hay que desnacer y renacer.
Porque ser es necesario.
No hay otro modo de no ser y renacer.
¿Y si no eres, qué eres, qué serás, qué dios,
Qué intenso ser
Te arrastrará en su furia?
¿Qué es la inteligencia del no saber?
¿Qué sabes tú de lo que no sabes?
Machu Picchu sabe lo de después.
Pero tú, Machu Picchu,
Te yergues sobre mi, porque vacilas. (Martín Adán).
LA SORPRESA
Muerte sobre la vida,
Piedra sobre la piedra,
Pero yo estoy al otro lado,
Yo no sé nada de conciencia.
La tristeza es realidad,
Es como el perro o el mendigo en la calle
Es como tú eres una montaña
Y alguna mano de los tantos pares.
Cuando tú mueras, Machu Picchu,
Piedra desigual entre las iguales;
Cuando huya el Hombre;
Cuando huya el Angel;
Cuando todo sea como que yo pienso,
Por quien me afano entre los afanes,
Algo ha de ser entre golpe y golpe,
Algo de entre la camisa y la carne.
Cuando todo sea verdaderamente
Machu Picchu, tu ven a buscarme.
¡Ser, sólo ser, y siempre ser,
Uno solo ante el Universo!...
¡Lejos del Otro!...
¡Lejos del Tiempo!...
Ser como yo nací
Ser como yo lo siento
Serme sin rosa alguna
Serme eterno...
¡Ah, piedra podrida,
Cómo me estoy muriendo!
Machu Picchu,
Olvido y presencia,
Muerte que murió, y otra vida,
Y mi oración y mi piedra
Simple callar mió ante la cosa,
Y la cosa humana, sobrehumana y cierta.
¡Cierta actitud de Dios,
Ante su naturaleza!
Y el agua por debajo
Y la nube sobre la cabeza.
¡Exactitud sublime!
¡Expresión tremenda!
¡Existir es huir!
¡No eres nada si te quedas!
¡Machu Picchu, si lo discurro, no existes!
¡No es más que mi alma y una piedra,
De río que corre por entre mis pies
Y el cielo sobre mi cabeza
Y mi casa que me hice en mi mundo
Deshabitada hasta de la ausencia!
La alegría, terrible ser de fuera
Que en mí se entra y en mí agoniza,
Desde la vez hasta la vez, desde la voz a la voz
Cubriéndose del llanto con mi cuerpo,
Huyendo de su muerte con mi vida,
Yo la descubrí, tú lo recuerdas,
Desde mi instante a mi día
Desde mi tiempo a mi encierro,
Estante apenas a tu cara lítica,
Como el judío que llora en la parábola,
Me topa viva,
Desterrada de todo, ahí incrustada,
Victoria desalada y vencida.
¡Ay, Machu Picchu, el de la lección,
De la Desesperación y su delicia!
Poesía es esto,
Lo que eres en mi verdad y desatino:
Dar el cuerpo a un alma
Dar forma a lo infinito,
Dar una hora al tiempo y al grito,
Y por debajo
Irse con el gordo río
A no sé dónde,
Acaso al precipicio.
Sí, primero fue el Tacto
La Sabiduría era después.
¿Pero qué es eso,
El palpar y el saber?
¿Dónde me sé, Machu Picchu?
¿Cuándo?... ¿Por qué?...
¿Cómo me muero, Tú, para vivirte?
¿Dónde agarro para mi querer?
¿Cuándo yo dé con mi deseo
Me huí el cuerpo y espina en la sien?
¿Por qué lloro, a tu piedra pegado,
Como si acabara de nacer?
¡Ay, piedra exacta y maldita,
Echa, por fin, tu agua de miel!
Yo te era necesario, Dios Mío,
Por eso me creaste,
Y me creaste después de la piedra,
Y antes de las necesidades.
Todo lo que es vano y superfluo
Va en tu soplo a tus moldes infernales
Y por esto estoy entre tus rocas
Labradas por mis manos y tus ángeles.
Mi deidad es como yo,
Perecedera, miserable...
Va preguntando y va errando
Por entre el hueso y la sangre,
Por entre el deslumbramiento y el desengaño
Por entre el volumen y la imagen
Por entre el llanto y el espejo
Por entre lo que agarra y lo que sabe;
Por entre el tiempo y la memoria,
Por entre la luz y el ave.
Todo era entonces como es ahora:
Todo era cielo,
Todo era un no ver, todo de imagen
Echada por exceso.
Pero tú estabas, material,
Sensible, imperfecto.
¿Qué eres tú, Machu Picchu,
Almohada de entresueño?...
¿Yo Mismo,
Si me acuerdo y no me acuerdo?
Era caudal de piedra,
Detenido.
Toda madre verdaderamente natural
Quiere contener el otro río.
La flor se puso verde de terror y de tierra
Y dejó pasar a cualquier gringo.
Y yo no soy y no seré nunca
Sino apenas un curso y mi sitio.
¡Sálvame, sálvame Machu Picchu!
¡Sálvame, y no te huyas de mi peligro!
¡Ah, sí, Dios vive todavía!
Dar forma a lo infinito,
Dar una hora al tiempo y al grito (Martín Adán)
LA PRESENCIA
¿Qué es la presencia, Machu Picchu?
¿Eres la roca o el aluvión?
¿Eres el tejado o el gato?
¿Eres mi cuerpo o mi amor?
Cuando yo baje por tu madre sabida,
¿Quién seré yo?
Sí, todo era como entonces,
Todavía antes del principio
Eran roca y ser, de donde aún nace
Y sangra el deliberado sacrificio.
Todo eres
Como el labio del recién nacido,
Desdentado o como el del viejo
De la parábola del cigarrillo.
¿Cuándo y cómo eres humano,
Yo el solo humano, y tú humano y mío?
¿Y qué diré si la palabra
Que pesa y pasa tan poco como tu equilibrio?
¿Qué diré sobre tu edad?
¿Qué diré sobre tu río?
¿Qué diré de la indiecita adolescente
Que se baña en chorro, planta de alarde sin sentido,
Desnudez sin amor y sin odio,
Exacto y superfluo y hediondo y oscuro río?
Pero tú estás, piedra de cerco
De todo, límite enorme y exiguo,
Palabra precisa,
La que yo rehuyo y persigo,
Celestía, concreta, duro abatimiento,
Signo...
Carne fétida que dice que es la vida,
Y la vida eres tú, piedra sucia e inodora
Y en tu modo de mirarme, bruta y lírica;
Piedra humana, tremendamente humana,
Toda de terror y de delicia...
¡Tú que bajas del piso quincuagésimo,
Tú, par de ojos de estupor y malicia,
Tú que traes en el maletín,
Tu muerte y tu vida
Y tu imagen y tu Kodak,
Y tu verdad y tu mentira!...
¡Tú, manera de ser ante lo eterno,
Fotograbado y melancolía,
Y enterarme de aquello de que dudo,
Y seguir adelante con el guía!...
¿Cuándo, Machu Picchu, cuándo
Montaña, llegaré a la orilla?
Pero cuando tu mueras, Machu Picchu,
Dónde me iré, con qué iré, con mi sonrisa
Y con mi carne y con mi hueso y con mi casa
Y con mi herejía,
Y con mi traducir lo del latín gorrión,
Y con mi misa,
Y con no sé qué porque me llegó tarde el ser
Al no ser la hora
Al caerse de abajo la vida.
¡Y este no ser nada sino hablar ante el verso!...
¡Y este temblar ante Dios que es la vida!
¡Y este mirarte y muerte, Piedra
De allá arriba!...
¡Este sentirse uno Dios ante la propia conciencia
Y ante la propia herejía!...
¡Este haberte hecho un humano como yo,
Que no era el profeta de la Biblia,
Ni el hombre de las Nieves,
Ni el Gorila!...
¡Este tu ser a mi medida humana,
Sin suelo, sin habitantes y con sola tu agonía!
¡Ay, Machu Picchu, cómo me matas y me vives!
¡Cómo me cae tu inmóvil piedra, como me cae mi eterna vida!
Todo es la verdad si no es la historia.
Todo es la vida si es la vida,
Y así es mi verdad, mi vida.
Tú eres sólo la forma sobre el abismo,
Y así será siempre mi sabiduría,
La de la Academia,
La de la Antología,
La del que vive porque está muriendo y escribiendo
Para su propia policía,
Y se entretiene,
En su agonía,
Estimando y describiendo,
Riéndose porque ya no acierta a llorar,
La maravilla.
¡Desolación, madre mía,
Dame tu firmeza!
¡Que mi pie pise en el nervio que vibra quebrado!
¡Que mi mano palpe en piel que pela!
¡Que yo baje desde el éxtasis de espanto y dios,
A mi carne, a mi hueso, a mi enervada idea!
¡Déjame bañarme con la india desnuda,
Dónde sólo alguna agua me vea!
¡Déjame asirme a agua írrita,
Adonde mi meandro inmaterial me lleva!
¡Déjame con la imagen,
Déjame, deja!
¡Déjame ser la montaña de sueño,
Infinitud incompleta!
¡Déjame ser sin despertar!
¡Que lo que soy, si soy, sea vida entera, eterna!
¡Tú, Realidad, que me pariste ahora para ahora,
Déjame rodar y morir por la ladera!
Yo me abalanzo, pero no lo alcanzo,
Lo que tú eres y no eres, losa Mía.
Esa forma, ese ingenio, esa ternura;
¡Ay, ese irse y desprenderse de mi vida!...
¡Tú, la manera de descalabrarse por allá en el cielo...
Tú, la manera de mirar desde la roca del río...
¡Tú, lo humano
Que huye de sí mismo!
Y vaga por lo que creó
Y le ahorca la dura y áspera cuerda de lo divino!
¡Otra de las creaturas del Hombre
Para su divinización y su martirio!...
Eres la duda cierta y la misma vida,
Eres lo humano y macizo del cielo y nube,
Eres lo infinito que se está,
Y eres la palabra que huye.
Ante ti fuga la razón, Perfecto,
Porque la Esencia su ceño frunce.
¡Ay, no sé qué eres, Machu Picchu,
Si yo mismo, o tu piedra o la nube!
Todo es cierto
Menos la vida.
Toda apariencia está resucitando, dudando y recreando.
Sólo es realidad la Poesía.
Si tu mano toca,
Huye la Muerte y te mata la Vida.
Cáete, si eres, Machu Picchu,
Cáete conmigo. Te lo digo: no sigas
Presidiendo las cosas
Y los cielos, con tus piedras caedizas.
Muramos porque es el tiempo,
El tiempo de la agonía y la ironía.
¡Muramos, que nos caemos!
¡Muramos, que nos cerca la vida!
¡Cáete conmigo
Y con la Arqueología y la Filosofía!
¡Ay, lo que grita el que está debajo,
Machu Picchu, la presunta realidad y la estupefaciente circunstancia!
"Yo solo tuve mi terreno
Y me lo robaron". Lo dicen, bajo de ti, ansia
Palpable de infinitud. Lo dice el indio elemental
Y la redicha palabra.
¡Ay, Machu Picchu, horror de horrores,
Piedra que se cae, piedra que se abalanza,
Muerte que discurre relativamente,
Cielo de nube oscura, fría y alta!
¡Porque soy mi cuerpo humano
Y mi divina alma!...
¡Porque nada de espíritu ya tengo,
Porque materia alguna ante ti se me alcanza!...
Eres perfecto porque eres mortal,
Si no lo fueras, fueras dios e ironía,
El remirar a la rosa,
El acariciar a la niña.
¡Si fueras muerte, serías lo cierto en cierto modo,
Si fueras muerto, sería la Arqueología!
¡Machu Picchu,
Sigue agonizando todavía!
¡No hay otro verdadero!
¡No hay otra eterna vida!
¡Sólo tú, piedra y mi angustia,
Lo de mi vida!...
¡Lo de siempre jamás,
Lo de nunca jamás todavía!...
Morir es tan difícil contigo
Como vivir! Eres el ser.
Estar junto a ti es buscar el grito
No es el eterno quién.
Tú no eres el muro
Del no pasar y del padecer.
¿Quieres que yo vomite o que me calle?
El ser es tu ser,
Que es una piedra sobre otra piedra
Y toda quién!
¡No, nada somos sino la conciencia,
Este mirar lo futuro
Entrañable, que nos mata
Y nos da gusto!
¡La vida es muerte relamida,
La vida es Juana o Augusto,
La vida es todo lo que con nosotros
Va a la muerte y a lo justo!
Pero tú, lejos de la música,
Aun lejos de la imagen aparente,
Tú, piedra sucia, fuente de mi vida,
Eres lo que eres.
Eres lo real, lo verdadero,
Aquello por lo cual se vive y muere.
¡Sí, pero la tristeza estaba en ti,
Eras tú, simplemente!
¡Esta tristeza de nacer humano,
De haber nacido humano, lo de siempre!
Y cada vez que nazco soy el mismo,
Yo soy el mismo de las estrecheces,
Las de ser yo uno solo
Y la del sexo y del amor y las mujeres
Y la de ir por camino
Real e inverosímil de la Muerte;
Ya te lo dije yo, Machu Picchu,
Piedra sin horizonte de entreverse.
Pero Machu Picchu, amigo,
No es otra cosa que un verso,
Algo, yo, de mi figura,
Algo que yo estoy haciendo.
Si yo me aparto de mi obra,
Ya soy porque no creo.
¡Sí, mi cuerpo es esta mano
Esta con que a tí me atengo
Con la que te hice hace siglos
En un instante del Tiempo,
Piedra fea, piedra mala,
Piedra de mi pensamiento!
¡Cállate, que estoy dudando!
¡Cállate, que mi silencio
Me está cubriendo de sombra
Como la noche del muerto!
¡Calla, que yo quiero el valle
Con su verde y su jilguero!
¡Cállate, que soy humano,
Tú, la piedra del agüjero!
¡Sí, aquí estoy, en este espacio,
Adonde no cabe el tiempo,
En donde la mano mía
Sigue haciendo y sigue haciendo,
Y sigue haciendo la ruina
Y el muro y el sentimiento!
¡Ay, Machu Picchu maldito!
¿Por qué me sigo naciendo?
¿En dónde mato el que ni vivo,
Para ser el que no muero?
¿En dónde estás, Machu Picchu?
¿Dónde estás, que no te veo?
¿Estaré vivo?
¿Habré muerto?
¿Cómo es la muerte? ¿Cómo es la vida?
¿Dónde estoy en tu misterio?
¡Todo era provincia, todo,
Todo, todo, Dios Exceso!
¡Todo extralimitación!...
Y no mi brazo o su cuerpo.
¡Nada era a su medida!
Nada sino el pensamiento!...
Todo era mi estarse afuera,
Ya sin cosa, ya sin beso.
¡Ay, todo, todo, todo yo!
¡Sí, yo era todo eso!
¡No, Machu Picchu no es nada!
¡Toda cosa es un secreto!
¡Es una cosa y figura,
Porque yo no estaba lejos!
¡Todo es verdad, y la Muerte
Está naciendo y está haciendo!
Si se muere Machu Picchu,
Ay, ya nunca viviremos.
Todo será aquella nube
¡Y acaso no será eso!
¡Aquí, en ti, Machu Picchu,
Donde la Nada es una mole tangible, gris y verde;
Adonde golpea mi mano desasida,
Como dice mi lengua
Cuando no se mueve!
Y la pintura de mis ojos
Ya no puede!
Porque soy tu Espíritu,
Que te agarra porque te quiere
Porque mi alma, tú, estás en tormenta
Ya, siempre
¡Teme! Sin términos
Ya, siempre
Sin rayo,
Sin nieve,
Sin peso alguno,
De prójimo o mujeres,
Sin ninguna palabra,
Sin medida de medidas, sin metro, breve!...
Eres como la palabra:
Cierta dureza ante el Destino y lo infinito
No parece filosofía ante tu piedra,
Sino, por debajo, lo que miro río
Donde la que siento india
Hace beber al que creó su hijo
¿Pero cree? ¿Pero soy?
¡No te me vuelvas, Machu Picchu, mío!
¡Vete, Machu Picchu, vete!
¡Tú no eres el jardinero!
¡Porque si me estoy contigo
O no me olvido o recuerdo!
¡Todo fue antes del principio
Todo es de más o de menos!
Ay, alma que yo me soy
Esa que nos hace el cuerpo.
Y al pie de nosotros
La quena suena
Gemido sin suicida
Ninguno que yo sea.
El arduo ruiseñor
Sigue en mi coche perpetua
Sigue ya ronco, ya silbante,
Ya sin aliento, ya sin rama que le sostenga,
Ya sin ala que lo salve...
Difluente bulto del asma eterna...
Y eres eterno por inhabitable,
Porque estás dentro de mí mismo,
Royéndote la uña imaginaria
Con el hambre y con el colmillo
Mío porque llegué tarde o nunca a toda presa
Posible de mi designio.
Y eres lo mortal, porque desesperas
Y por que aúlla como perro el río,
Todo es mitología del Otro, no
Sino el Yo, el Tú y el Infinito.
La Tristeza no trae el verso.
La Tristeza es interminable.
Puede parar en una lágrima,
O en una piedra, pero sigue adelante.
Tú eres un camino
Dificilísimo que sube a valle
En donde el aluvión de lo divino,
De eso de divino que tú sabes,
Soltó los sueños crueles
Y rompió las cosas reales.
Yo no subí a llorar tu llanto,
Sino por tus paredes y verdades.
¡Ser exacto, humanísimo
Y trascendental, ampárame!
¡Machu Picchu, mi cuerpo,
Estáteme!
Cuando tú hables, dilo sin secreto
Yo Mismo o, simplemente, calla.
Si hablaste, se hizo la teoría.
Si callaste, se hizo la muralla.
No te asustes. Mi Genio,
No te asustes, Mi Gramática,
No te asustes, Mi Mano,
Si hubo consonancia.
Todo es real, hasta la Muerte,
Que por de fuera y dentro nos anda.
¡Prosigue sereno, Yo Mismo!
¡La Vida es esta ansia!
Poesía es la idea sin objeto,
El rabo de la rata.
Poesía es lo que me sobra,
Poesía es lo que me falta.
Poesía es la cosa dura,
O, solamente, una palabra.
Poesía es el dios que hiede
O la mujer que arrastra.
Ay, Poesía, Machu Picchu,
Es mi sentido de que no soy nada!
Para llegar a Ti, ¡cuánto camino
Hube de andar a saltos!
Por fin estás ahí, en tu figura
De desnudez y desengaño,
Hondo en mí mismo, diciéndome
Como al Sordomudo, con mi cuerpo y mi abrazo,
Con mi placer,
Con mi espanto,
¡Dios Mío!
¿Por qué tardaste tanto?
Yo sabía morir, y me olvidé.
Tú sabes morir, Piedra, todavía.
Morir es un eterno estarse
En la una y en la otra vida.
¿Cuántas vidas hay?
El Gato mira y remira,
Y dice...(el gato del albergue,
Ininteligible, con la pupila)
¿Cuándo seré yo sin mundo ni prójimo?
¿Cuándo será mi verdadera vida?
Todo era creer o consentir.
Sí, sin duda, todo era.
Todo, todo,
Pero no tu piedra.
Era la exactitud en este mundo,
La verdad fea...
Y están los extraños, recién bañados
De las universidades europeas.
Estaban tristísimos,
Ante tu horrorosa belleza.
La emoción de volver a ser paridos,
Pero por la Conciencia!...
Una mano sobre otra mano
Y una palabra sobre otra palabra
Y una piedra sobre otra piedra
Y una distancia tras de otra distancia...
¡Di lo último! ¡Di lo último!
¡Que sea a tu gana!
¡Dilo, que no hablarás ya nunca!
¡Apurate, que la Vez y la Voz escapan!
¡Muérete ahora, que la Muerte,
Que la muerte eres tú mismo, y no es nada
Sino tu vida y tu cuerpo
De gusano y desgana!...
Como todo lo tangible,
Toco en ti el instante y la piedra.
Nada me está distante a tu sombra
Eres lo que es y lo que era,
Y lo que será si el tiempo dura
Y nunca fue lo que se sueña.
¡Yo no quiero parar! ¡Yo soy el río
Que por debajo te roe y distrae!
¡Soy lo mío de humano
Ante lo tuyo de inmutable!
¡Soy el que no seré, pegado a tu muro
De granito y siglo, dentro de un instante!
¡Humíllateme, Machu Picchu!
¡No seré nada, y tú vacío y grande!...
¡Soy más que tú, porque te hice un día
Y ya tus cuándos y cálculos se te caen!
¡Y yo puedo llorar ante la Piedra
Todavía como ante la Madre!
Aquí, donde edifica el olvido...
Donde el olvido está presente, patente...
Donde el olvido es de granito, no del tacto...
Donde el olvido es de cuanto tú eres...
Donde el olvido es de millón.
De piedras
En equilibrio trágico... Donde asciendes
A no sé qué dónde, que así es el olvido,
Cualquier olvido: no el que tú apeteces...
Sí, aquí, Machu Picchu,
Olvido macizo, peso de las sienes...
¡La Eternidad es una cosa
Tan lenta y dulce y ciegamente miserable!
La Eternidad nunca fue, ella misma, nunca,
La Eternidad nunca fue antes.
Nunca será después. Viene contigo,
Poeta, Vaga, desde tu hueso y tu carne
Viene sin que la sientas
Por ningún sentido. Pisa sin estarse.
Y de pronto es una momia de morada
Como el vientre vacío de la madre.
La Poesía hizo tanto
Que ya no cabe
Ningún mundo, el de cada ciencia... tanto
Que la mano adolorida se me cae.
Has de ser un humano y su sombrero
Si no eres un dios, no eres nadie.
¡Ninguno, nada... no esa muerte
Que yo me hice a la medida de mis ansiedades!...
Todo será otra vez, que en nacimiento
Consiste toda eternidad durable, deplorada!
¡Que pensamiento soy, y no otra cosa
Ni de la cosa ni del ansia!
Créeme tú, Machu Picchu,
Haz que yo crea... horrorosa flora.
Nada es real sino lo que pones
Por debajo de lo que tocas.
Nada es real sino tu ceño
Y una roca
Y alguna mano humana que va haciendo
La vista, la cosa, la forma...
Y la divinidad de lo inmediato,
Y el instante del sentido, y el abismo en sombra.
Piedra, escúchame:
Yo te quiero enseñar y engañar.
La Soledad es una cosa
Como las que encierras, y no es más.
La Soledad es como tu cielo,
Que no es tu ser... acaso, sí, tu estar.
Un estar sin adónde, ya sin paso
A su siempre allá,
La Soledad es absoluta:
Es el fin del afán.
El azul raro del mismo cielo,
El agua helada de la morrena...
La montaña es un delirio,
Y tu palabra es una sorpresa.
Hiram Bingham.
La flor se puso verde de terror y de tierra
Y dejó pasar a cualquier gringo. (Martín Adán)
julio 05, 2011
OFUSCADAS TRÍADAS/ IRIS PARRA
IRIS PARRA
Ofuscadas tríadas (selección)
IV
Desde el memorístico azar llego a pensar que la vida filosófica de las palabras pasó a mis manos a través de tu dulce boca, porque los agitanados ancestros que no probablemente tenemos hace que todo cobre un sentido distinto en este mundo donde los sapos son rojos y a nadie parece molestarle, donde las hormigas cantan encima del desnudo cuerpo de nuestra amante y la luna acaricia los trozos siniestros del vacío. Una idea que se expresa esféricamente para acabar siendo un pedazo de lo que le escribo
VIII
Y en la infinidad de la nada encuentra siglos de formación esporádica que poco a poco le revelan irisadas estrellas del universo, los brillos antaño alucinantes que tan solo son recelos del pasado y que ni siquiera existen a pesar de que los ojos las pueden contemplar.¿Cómo creer entonces en nada de lo que ve? Entre millones de acertados imprevistos conformando la tela del tiempo, deja caer las hojas de la ilusión al suelo, pisoteándolas luego en charcos de alquitrán y prendiéndoles fuego junto a la vana ficción. Sólo asi es capaz de olvidar.
XIV
Arde debajo el infierno de tus palabras, no hay mente de basilisco capaz de expresar lo que no sabes ni transformar; en la rareza eléctrica de tus neuronas se va la imaginación, no eres capaz ni de dar una opinión, te sientes entre un punto muerto y un abismo donde las palabras un espejo te devuelve. Todo debe acabar y, como el fin de los días es un nuevo inicio, todo debe empezar para sentir de una vez que todo sigue el curso del porvenir.
***
Iris Parra nació en Barcelona en 1989. Interesada especialmente en la música, la poesía, el canto y la experimentación posible en el lenguaje, ha publicado poemas en revistas como Barcarola y otras. Su primer libro, titulado Ofuscas Tríadas (2009) es una trilogía de poemas en prosa, imagen de tránsito, vivencia de ritos del paso; una muestra de la escritura de la nueva poesía femenina española.
julio 03, 2011
PAPÁ HEMINGWAY EN CABO BLANCO (PIURA)
Papá Hem hace cincuenta años se metió un tiro en la cabeza.
La historia de un pequeño pueblo de pescadores del norte peruano que se hizo famoso por la pesca del merlín negro, por la visita de innumerables personalidades –entre ellas la del célebre escritor Ernest Hemingway– y porque allí se encuentran las mejores olas del Perú para practicar surfing. Cabo Blanco, una caleta que recuerda con nostalgia los años maravillosos de una época dorada.
***
EL MITO DE HEMINGWAY AÚN VIVE EN CABO BLANCO (PIURA)*
Por Rafael Alonso Mayo
La mañana de aquel 16 de abril de 1956 pintaba un día veraniego en este lejano pueblo pesquero del norte peruano. El cielo azul se confundía con el siempre movido mar de la zona, como en cualquier día de verano. Nada fuera de lo común.
Lo que alteró la tranquilidad de los pescadores fue la noticia de la visita de un inminente personaje que ¨no era un gringo cualquiera¨, como estaban acostumbrados a ver sus pobladores por estas costas.
Desde aquella vez Cabo Blanco perdería su verdadero anonimato y su historia quedaría marcada por siempre. Y aunque el pueblo ya tenía su fama por la visita de varios ilustres viajeros, desde ese día comenzó a escribir otro de sus capítulos. Qué importa que ahora casi todo sea nostalgia.
Ernest Hemingway, el célebre escritor estadounidense, ganador del premio Pulitzer en 1953 por la novela ¨El viejo y el mar¨ y Premio Nobel de literatura en 1954, pisaba tierra peruana y ello significaba un gran acontecimiento. Era la primera vez –y también fue la última– que el Nobel tocaba tierra en un país suramericano. Y fue el Perú el único que tuvo ese privilegio.
Su destino era Cabo Blanco, un pueblo escondido entre los cerros desérticos del departamento de Piura, a 1.137 kilómetros de Lima. Y allí estaba por fin esa mañana. Había escuchado hablar por boca de sus amigos de la existencia de un pequeño pueblo pesquero en el Perú donde se practicaba la pesca deportiva del merlín negro, ese enorme pez que se convirtió en uno de los protagonistas de su laureada novela.
De seguro sabía que tres años atrás un compatriota suyo, Alfred Glassell, había pescado allí el merlín más grande y nunca antes visto en lugar alguno, un animal gigante que pesaba exactamente 780 kilos y medía más de cuatro metros de longitud. Hasta ahora nadie ha podido superar ese récord.
Pero no venía solo, lo hacía con su última esposa Mary Welsh y con un equipo de productores de la Warner Bros. que querían filmar algunas escenas de la película basada en su célebre obra.
¨Era un señor muy simpático en su modo de ser, sobre todo inteligente, muy sencillo. hablaba en español y todo¨, rememora la mujer que ahora supera los 70 años y administra el único restaurante del pueblo. Justamente allí se aprecian varias fotografías de ¨Don Ernesto¨, como le solían llamar las personas más cercanas a él durante su estadía en este poblado de pescadores.
Una imagen del ¨Papá Hem¨, con sus amigos peruanos, otra donde aparecen los periodistas que llegaron directamente desde Lima a cubrir el gran suceso; una más con su mejor compañero, el merlín negro y otras fotografías en blanco y negro donde sobresalen varios gringos bonachones que posan al lado de enormes peces, son la mejor muestra de que Cabo Blanco alguna vez fue muy famoso.
A diferencia de Mercedes, su esposo Pablo Córdova prefiere no hablar del tema y asegura ya no acordarse de ¨años atrás¨.
Quien sí lo recuerda es Rubino Tume, un hombre de 76 años, piel trigueña y sonrisa amable que se dedica a la pesca industrial pese a sus achaques de salud. En ese entonces Rufino manejaba uno de los yates del Fishing Club que por esos días tuvo entre sus tripulantes a Mary Welsh.
¨Ya nos habían dicho que venían a filmar la película ¨El viejo y el mar¨ y que venía ¨Ernesto¨ Hemingway, que era el que hacía la película. Todos lo recibimos muy bien y cuando salíamos de pesca decíamos: ¡ojalá que encontremos el merlín!¨.
Rufino lo describe como ¨un señor de edad, más o menos, pero muy buena gente, muy humano y muy diferente a otros gringos¨. Y asegura que Hemingway ¨se tomaba sus tragos y permanecía sentado en la barra del bar del hotel¨. A él ¨le gustaban los wiskies, ¡pero no seguido como decían que era un borracho!¨, había aclarado minutos antes Mercedes Tume.
¿Y dónde está el Fishing Club?, suelen preguntarse los pocos turistas que por estos días llegan al poblado. ¨Camine hacia el cerro de la izquierda unos diez minutos y allí lo encuentra¨, dice el guía del único hotel que se mantiene vigente a un lado de la playa de Cabo Blanco. ¨¿Quieren ir?, se van a decepcionar¨, suele comentar a los turistas Feliciano Tejada, el vigilante de una empresa petrolera que opera en la zona y controla el paso de los peatones por esa vía.
Y tiene razón: del famoso Fishing Club que alguna vez fue un lujoso hotel que miraba imponente hacia el mar Pacífico y albergaba a excéntricos millonarios y hombres famosos, hoy –52 años después– sólo queda su estructura, el hall con la plataforma del bar donde se sentaba el escritor y las ruinas de sus portentosas habitaciones, incluida la habitación número cinco, donde, según cuenta Walter, el hombre que cuida de aquella propiedad, se hospedó Hemingway.
Quizá no haya mucha diferencia entre el hotel y el pueblo de pescadores que ahora se ve desde lo alto de uno de los cerros. Según Josefa Arrieta, la única profesora que enseña a los hijos de los pescadores, los fuertes maretazos que empezaron a azotar a Cabo Blanco desde 1983 y las intensas lluvias que corrían desde los cerros vecinos, obligaron a muchas familias a emigrar hacia El Alto, ese pueblo de pescadores que está cinco kilómetros más arriba, a orillas de la Carretera Panamericana.
Eso hizo que Cabo Blanco poco a poco fuera quedando despoblado y se convirtiera sólo en el lugar al que llegan diariamente unos 300 pescadores en busca de anchovetas, atunes, róbalos, lenguados, corvinas, chitas y meros que se comercializan en las ciudades de Chiclayo y Lima.
¨Cabo Blanco está muy abandonado. A veces a mi me preguntan por él y yo por mucho que lo quiera hacer sobresalir me quedo a la vez frustrada¨, añade Josefa, quien sabe con certeza que el gobierno regional y nacional poco se acuerda de él, pese a la fama que aún conserva este lugar.
Viéndolo así, tal vez nadie crea que por aquí alguna vez pasaron famosas estrellas del cine como Marilyn Monroe, John Wayne, James Stewart, Gregory Peck, Cantinflas o el torero español Luis Miguel Dominguín; y más recientemente personajes como Leonardo Dicaprio, Cameron Diaz, Salma Hayek y el mismo Ricky Martin, quienes vienen a conocer el mito de Hemingway.
Además, desde hace algunos años se ha vuelto común que numerosos tablistas peruanos y extranjeros lleguen a inicios de cada año a participar del campeonato nacional de surfing, aprovechando las olas tubulares características del mar norteño. Sin embargo la temporada de buenas olas pasa y Cabo Blanco vuelve a ser el anónimo puerto que alguna vez tuvo una época dorada.
¨Bonito sería que reviviéramos todo esto¨, piensa Josefa, una idea que también apoya Henry Ramírez, un humilde pescador que ve pasar esta mañana de finales de mayo sentado a un lado de un antiguo muelle de cemento. ¨Yo me pregunto ¿dónde está la tradición de Cabo Blanco?, yo no creo que Cabo Blanco sea sólo historia, Cabo Blanco es una tradición que sigue día tras día, y los pescadores somos partícipes de lo que ahora se vive aquí¨, sentencia aquel hombre como si quisiera desmitificar la legendaria historia de ese Nobel de literatura que le dio fama mundial a su pequeño pueblo.
Y así como el afamado escritor desapareció pocos años después, cuando el 2 de julio de 1961 decidió quitarse la vida de un disparo en la cabeza, pero quedó en la memoria de la literatura universal, Cabo Blanco también cayó pero igualmente quedó en la memoria del mundo entero por esos años dorados que alguna vez le caracterizaron.
***
Rafael Alonso Mayo es antropólogo egresado de la Universidad de Antioquia (Medellín - Colombia). Ha hecho estudios de periodismo en la misma institución y ha trabajado como periodista en el diario El Mundo de Medellín, en la Emisora Cultural de la Universidad de Antioquia y es colaborador de Avianca en Revista y del diario El Colombiano. Escribe para los blogs Mundoviajero y Desde la Esquina.
* Ernest Hemingway (1899-1961). Novelista estadounidense cuyo estilo se caracteriza por los diálogos nítidos y lacónicos y por la descripción emocional sugerida. Su vida y su obra ejercieron una gran influencia en los escritores estadounidenses de la época. Muchas de sus obras están consideradas como clásicos de la literatura en lengua inglesa. El modelo de novelista moderno que encarna Hemingway descansa sobre su leyenda personal, en la que su obra y su vida se confunden; leyenda que si bien no creó él mismo, sí alimentó sin descanso.
Hemingway nació el 21 de julio de 1899 en Oak Park, un suburbio de Chicago, en cuyo instituto estudió. Marcado por la relación conflictiva con su padre, que fue médico y se suicidó en 1928 debido a una enfermedad incurable, Ernest Hemingway se aficionó desde joven al deporte y la caza.
Al implicarse Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, Ernest Hemingway quiso alistarse en el ejército, pero fue declarado inútil a causa de una antigua herida en el ojo, por lo que hubo de conformarse con servir en la Cruz Roja. Fue conductor de ambulancias en el frente italiano, donde resultó herido de gravedad poco antes de cumplir diecinueve años.
De vuelta en su país (1919), Hemingway se casó con una amiga de infancia. Después de la guerra fue corresponsal del Toronto Star hasta que se marchó a vivir a París, donde los escritores exiliados Ezra Pound y Gertrude Stein le animaron a escribir obras literarias. Hemingway le leía a Gertrude Stein todo cuanto escribía. Ella fue la madrina de su primer libro y de su primer hijo, John Hadley.
En 1927 regresó a Estados Unidos, donde se casó en segundas nupcias y en 1930 compró su casa en Cayo Hueso (Florida), que desde entonces sería su "base" y su lugar de trabajo, pesca y descanso. También pasó temporadas en África.
Hemingway volvió a España, durante la Guerra Civil, como corresponsal de guerra, cargo que también desempeñó en la II Guerra Mundial. Más tarde fue reportero del primer Ejército de Estados Unidos. Aunque no era soldado, participó en varias batallas. Después de la guerra, Hemingway se estableció en Cuba, cerca de La Habana, y en 1958 en Ketchum, Idaho. Hemingway utilizó sus experiencias de pescador, cazador y aficionado a las corridas de toros en sus obras. Su vida aventurera le llevó varias veces a las puertas de la muerte: en la Guerra Civil española cuando estallaron bombas en la habitación de su hotel, en la II Guerra Mundial al chocar con un taxi durante los apagones de guerra, y en 1954 cuando su avión se estrelló en África.
Murió en Ketchum el 2 de julio de 1961, disparándose un tiro con una escopeta.
julio 01, 2011
IDA Y VUELTA/ JUAN CARLOS ONETTI
Ida y vuelta
Juan Carlos Onetti
Se encontró sólo en la sala de espera y se puso a mirar el diario que había llevado para el brazo. Las manos le temblaban levemente. Sacó un cigarrillo y antes de encenderlo se acarició el ralo bigote cuyo crecimiento había vigilado durante semanas. Nunca había soportado el humo del tabaco y tosió con lágrimas; pero tenía que seguir fumando como un hombre hasta que llegara el momento de levantarse. No podía recordar, para imitarla, cómo era la expresión de un hombre cínico, un hombre maduro y ya de vuelta.
***
Juan Carlos Onetti (Montevideo, 1 de julio de 1909 - Madrid, 30 de mayo de 1994), escritor uruguayo.
Juan Carlos Onetti
Tenía tres puertas por delante y fue paseando la mirada de otra mientras sentía golpear su corazón. La puerta del medio se abrió justamente cuando la estaba vigilando y apareció una mujer rubia, grande, cómoda, plácida y gorda; de los hombros le colgaba una bata desprendida y le sonrió desde la distancia, amistosa y alegre como si pudiera haberlo reconocido.
- Pasá, negrito- dijo, y él tenía el pelo castaño.
Se levantó del banco y avanzó sin mostrar su rechazo, sin poder contestar a la sonrisa alta e inmóvil. La habitación tenía una cama grande, cubierta por una sábana mal estirada, una cómoda con una gran jarra verde, hojas en relieve, sobre una palangana rajada. Había un perfume perdido en el olor inolvidable de la cocinilla a querosén.
La mujer sonriendo ya sin la bata desde la cama, empezó a parecerle enorme a medida que se iba quitando la ropa. Se arrimó al calor del fuego inquieto para terminar de desnudarse. Después la gorda se hizo cargo de él con experta paciencia, bondadosa y maternal.
Hasta que pudo, triunfal, iniciar su viaje de ida y vuelta en el túnel invisible, húmedo y sombrío, ida y vuelta hasta lograr verle la cara a dios por primera vez en su vida.
Ya en la calle pensó que lo que había comprado no podía sustituir a la palabra amor ni a sus sueños ni a sus intuiciones. Pero él no podía estar equivocado, estaba escrito que algún día no lejano su cuerpo y su alma iban a fundirse en la verdad dichosa y presentida.
***
Juan Carlos Onetti (Montevideo, 1 de julio de 1909 - Madrid, 30 de mayo de 1994), escritor uruguayo.
Obras
Novelas y relatos: El pozo (1939); Tierra de nadie (1941); Para esta noche (1943); La vida breve (1950); Los adioses (1954), novela corta; Para una tumba sin nombre (1959), novela corta; El astillero (1961); Juntacadáveres (1964); La muerte y la niña (1973), relato; Dejemos hablar al viento (1979); Cuando entonces (1987); Cuando ya no importe (1993).
Obras completas, I. Novelas (1939-1954) (2006)
Obras completas, II. Novelas (1959-1993) (2007)
Recopilaciones de cuentos: Un sueño realizado y otros cuentos (1951); La cara de la desgracia (1960); El infierno tan temido y otros cuentos (1962); Cuentos completos (1967, 1974 y 1994); Los rostros del amor (1968); Tiempo de abrazar (1974), Tan triste como ella y otros cuentos (1976); Cuentos secretos (1986); Presencia y otros cuentos (1986);
Obras completas, III. Cuentos, artículos y miscelánea (2009), incluye Conversaciones, pp. 929-1232.
Cuentos completos (Alfaguara, 2006)
Otros escritos: Réquiem por Faulkner (1975), artículos; Confesiones de un lector (1995), artículos 1976-1991 (muy aumentado en Obras, III, como Un Uruguayo en España); Cartas de un joven escritor (2009), correspondencia con Julio E. Payró.
Filmografía:
El infierno tan temido (1980), del director argentino Raúl de la Torre sobre el cuento homónimo de Onetti. Ganó el Cóndor de Plata a la mejor película de 1981.
La suerte está echada (1989), del director argentino Pedro Stocki. Adaptación de la novela La cara de la desgracia.
El astillero (2000), del director argentino David Lipszyc. Adaptación de la novela homónima.
Cortázar: Apuntes para un documental, dir. Eduardo Montes-Bradley. Argentina, 2001. (Participación testimonial).
Nuit de chien (2008), del director alemán Werner Schroeter, basada en la novela Para esta noche.
Mal día para pescar (2009), del director uruguayo Álvaro Brechner, basada en el cuento "Jacob y el Otro".
junio 30, 2011
ENTREVISTA: ARMANDO ARTEAGA / BLOG SOCIALISMO PERUANO AMAUTA
ENTREVISTA: ARMANDO ARTEAGA / POR LUIS ANAMARÍA
En
Blog Socialismo Peruano Amauta:
junio 29, 2011
POEMAS DE JORGE EDUARDO EIELSON
POEMAS DE JORGE EDUARDO EIELSON
Lo que quiero decir
Es que no tengo nada que decir
Que todo lo que digo
Lo digo solamente
Solamente lo digo
Sin decir nada
Que mis palabras son fragmentos
Balbuceos de una frase oscura
Migajas de una vieja historia
Repleta de personajes
De señores y señoras que pasean
Bajo grandes cielos mudos
Sin saber que su sonrisa
Sus vestidos y sus huesos
Paseaban tranquilamente
Hace millares de años
Y seguirán paseando todavía
Millares de años más. Fragmentos
De una catástrofe celeste
De un insondable estornudo
Tan parecido al amor
Y hasta a la misma muerte
Que no distingue la arcilla
De la nada y nos sorprende cada día
Amarrados a una cama o una silla
Bajo la misma luz amarilla
El mismo miserable torbellino
Alguien dice
Que en la noche del cohete
Y la computadora
Los verdaderos poetas
Ya no escriben
Sino piensan solamente
Avanzan sin tropiezo
Entre la nada y la materia
Atraviesan cifras y galaxias
Que quizás no existen
Yo mientras tanto
Escribo solamente
Solamente escribo
Otros dicen
Que los verdaderos poetas
Se ocupan del amor
De la primavera y de la muerte
Yo solamente escribo
Escribo solamente
Todo es palabra para mí
Palabras centelleantes son los días
Palabras mi corazón y mis costillas
Y los diez mil objetos
Que me rodean como lobos
Palabras solamente
Y las diez mil parejas
Que copulan en la tierra
Como si fueran pájaros o peces
Palabras solamente
Porque la poesía
Que ahora mueve mi mano
Mueve también millares
Y millares de luceros
Como si fueran cerillas
No dice nada la poesía
Que ya no canta ni sonríe
Ni solloza entre las flores
Sino calla simplemente
En el tintero
¿Qué puedo yo agregar
A tanto silencio
Sino silencio
Más silencio
Sólo silencio?
Que somos todos poetas
No cabe duda alguna
Y no sólo los humanos
Sino también el cocodrilo
Las hormigas y los monos
Son poetas. El mismo sol
Que parece el más grande de todos
Es un poeta menor
Que nos alumbra débilmente
Y no nos deja ver
Más allá de nuestros ojos
Pero hay también personas
Que jamás han escrito
Una sola palabra
Porque ellos mismos son
Confusas palabras balbuceos
De ese brillante adefesio
Que llamamos universo
Insolentes criaturas
Que atraviesan nuestro mundo
Con un zapato en la cabeza
Y un sombrero en los pies
Siempre en busca de algo puro
De incandescentes bicicletas
Que según afirman
Llevan a las estrellas
Puesto que para ellos
Dios pasea diariamente
A través de sus galaxias
Y sus átomos azules
Siempre en bicicleta
Sin darse cuenta ¡oh inocentes!
Que nada de eso existe
Que no hay ninguna bicicleta
Y que lo que ellos buscan
Sin escribir nunca nada
Ni llamarse poetas
Se llama simplemente
Poesía
POEMA EN FORMA DE PAJARO
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Jorge Eduardo Eielson (Lima, 13 de abril de 1924 - Milán, 8 de marzo de 2006), poeta y pintor peruano.
Poesía: Reinos (1944), Antígona (1945), Primera muerte de María (1949), Tema y variaciones (1950), Habitación en Roma (1958), Noche oscura del cuerpo (1959), Canto Visible (1960), Papel (1960), Ceremonia solitaria (1967), Pytx (1980), Sin título (2000), Celebración (2001).
Narrativa: El cuerpo de Giulia-no (1971), Primera muerte de María (1988).
Teatro: Maquillage(1946), Acto final (s/f).
junio 28, 2011
POEMAS DE YOLANDA WESTPHALEN
POEMAS DE YOLANDA WESTPHALEN
Yolanda Westphalen Rodríguez y Carmen Luz Bejarano Márquez.
MARINA
El amanecer se agiganta sobre el bosque de mástiles.
La hierba húmeda palpita de nostalgia
en un silencio oscuro y miserable
Tu cuerpo es una larga figura geométrica
absurdamente azul.
Redes gigantes se despedazan sobre la playa.
Gritas.
Tu voz se diluye como un náutico espejismo
sobre el mar.
Poemas del libro Silencio de Piedra.
I
¡Oh la pasión de vivir
con el corazón
devorado
por los pájaros!
II
¡átame a la voracidad
de tu recuerdo!
al crujir del ala de un pájaro
al rodar en ascuas
de la noche
sobre los vastos letargos
del ayer
¡átame a la persistencia
de núbiles fardos –de tu voz y la mía-
ahogados
en la gota de sal
de la memoria!
III
En lo alto del silencio
la noche
en la sima del horizonte
la piedra
en la cumbre del dolor
la lágrima
en el silogismo total
de la memoria
tu figura.
IV
desplazando piedras rotas
declinan mis pasos
en un peregrinaje
audaz
tras el ala
breve
de una gaviota
que fragmenta
el mar.
V
aquí tu silencio
y tu añoranza
crean
un libro de imágenes
en góticas letras
de absurdas palabras.
Yolanda Westphalen Rodríguez (1925 -2011) Libros publicados: Palabra fugitiva, Objetos Enajenados, Universo en Exilio, Ojos en ceguera clausurados, Díptico, Graffiti (Premio “Gabriela Mistral 1999”), Silencio de Piedra (libro editado y publicado en Colombia por Apidama Ediciones).
junio 25, 2011
CUATRO POEMAS DE WESTPHALEN
CELEBRANDO EL CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE WESTPHALEN
4 Poemas de Emilio Adolfo Westphalen
EL MAR EN LA CIUDAD
¿Es éste el mar que se arrastra por los campos,
Que rodea los muros y las torres,
Que levanta manos como olas
Para avistar de lejos su presa o su diosa?
¿Es éste el mar que tímida, amorosamente
Se pierde por callejas y plazuchas,
Que invade jardines y lame pies
Y labios de estatuas rotas, caídas?
No se oye otro rumor que el borboteo
Del agua deslizándose por sótanos
Y alcantarillas, llevando levemente
En peso hojas, pétalos, insectos.
¿Qué busca el mar en la ciudad desierta,
Abandonada aun por gatos y perros,
Acalladas todas sus fuentes,
Mudos los tenues campanarios?
La ronda inagotable prosigue,
El mar enarca el lomo y repite
Su canción, emisario de la vida
Devorando todo lo muerto y putrefacto.
El mar, el tierno mar, el mar de los orígenes,
Recomienza el trabajo viejo:
Limpiar los estragos del mundo,
Cubrirlo todo con una rosa dura y viva.
UNA REPRESENTACIÓN HERMOSA DEL AMOR...
Una representación hermosa del amor
Debería volver siempre sobre sí misma
Una y otra vez y otra vez
Y así indefinidamente
Deberían repetirse exactamente
Los mismos gestos
Los mismos movimientos
El mismo ruido de besos
Las mismas ondulaciones
De modo que la reproducción cinematográfica
Sumamente acelerada
De todos estos coitos sucesivos
En pequeños rectángulos situados
Encima de las mesas y sobre las paredes
Pudiera servir de instrumento regulador
De la marcha del tiempo
Y ser denominado
Reloj de amor.
NO ES VÁLIDA ESTA SOMBRA...
No es válida esta sombra
despertad pequeños ríos:
cuando yo os llevaba en los brazos
y mirábais con ojos más puros
me he dado contra mi cuerpo
qué dura sombra
mi garra no te alcanza
en esta ausencia quien me ha mordido
llevo un sigl0 bajo la sombra
la noche crece y nadie creía que creciera tanto
nadie oye estos golpes pregunto fuera
tan hondo como la mina tan hondo como mi cuerpo
resuena tan fuerte el silencio
tan tristes estas lágrimas que no han de cruzarse nunca
me levantaba o es que caía más sombra
quien creyera que tanta noche encerraran tus ojos
me ha ahogado esa hondura negrura
recuerdo un hombre que daba sus pasos
miraba y había cosas
pero
cosas o eran cosas o eran
no recuerdo
un hombre miraba
si pudiera partir en dos este sueño
una parte para el dolor
otra para encontrar
aunque fuera una imagen difuminada borrada
de hombre que supiera algo más que dar unos pasos
que mirar algo que se aleja tanto de ser un árbol
como un pensamiento que regresa de ser un pensamiento
se despega una nada tras otra
crece una nada sobre nada
y había ríos que se iban en vueltas y derechas
y había árboles con algo más que ramas y algunas hojas
el sol no hacía en vano su camino
y tantas risas me dijeron que la luz también nace de sonidos
entrechocados
pero como has vomitado ese mundo
y ahora si vas a la deriva o si no derivas
nada alcanzas y una sombra llama a otra
uno masca nada suena .
masca sombra con sombra da golpes
me habré perdido en mi cuerpo
acaso las tinieblas hablan de puntillas
y tú vas en su seno
toda la noche eran unos puntos inmensos
o eran ojos, o eran noches sin estrellas que me subían
apagaban las madrugadas
me deslumbra esta noche
la muerte que mira con los ojos de los vivos
los muertos que hablan con los loros de los vivos
cuidado no despierten no duerman cuidado
POEMA INÚTIL
Empeño manco este esforzarse en juntar palabras
Que no se parecen ni a la cascada ni al remanso,
Que menos transmiten el ajetreo del vivir.
Tal vez consiguen una máscara informe,
Sonriente complacida a todo hálito de dolor,
Inerte al desgarramiento de la pasión.
Con frases en tropel no llegan a simular
Victorias jubilosas de la sangre
O la quietud del agua sobre el suicida.
Nada dicen tampoco de la danza del amor y odio,
Alborotada, aplacada, extinta,
Ni del sueño que se ahoga, arrastrado
Por marejadas de sospecha y olvido.
Qué será el poema sino un espejo de feria,
Un espejismo lunar, una cáscara desmenuzable,
La torre falsa más triste y despreciable.
Se consume en el fuego de su impaciencia
Para dejar vestigios de silencio como única nostalgia,
Y un rubor de inexistente no exento de culpa.
Qué será el poema sino castillo derrumbado antes de erigido,
Inocua obra de escribano o poetastro diligente,
Una sombra que no se atreve a aniquilarse a sí misma.
Si al menos el sol, incorrupto e insaciable,
Pudiera animarlo a la vida,
Como cuando se oculta tras un rostro humano,
Los ojos abiertos y ciegos para siempre.
Emilio Adolfo Westphalen
Poeta y ensayista peruano nacido en Lima en 1911.
Realizó estudios básicos en el Colegio Alemán de Lima y posteriormente ingresó a la Facultad de Letras de la Universidad de San Marcos donde obtuvo la Licenciatura en 1932.
Es uno de los más importantes poetas surrealistas peruanos. Participó y contribuyó al enriquecimiento de la cultura peruana, dirigiendo las revistas Las Moradas, la Revista Peruana de Cultura y Amaru.
Entre sus libros publicados figuran: «Las ínsulas extrañas» en 1933, «Abolición de la muerte» en 1935, «Arriba bajo el cielo» en 1982, «Amago de poemas de lampo de nada» en 1984, «Ha vuelto la diosa ambarina» en 1988, y «La poesía, los poemas, los poetas» en 1995.
Falleció en el 2001.
junio 19, 2011
EL GRUPO "OPIUM" DE ARGENTINA DE LOS 60/ ARMANDO ARTEAGA
EL GRUPO "OPIUM" DE ARGENTINA DE LOS 60
Por Armando Arteaga
El grupo “Opium” de Argentina de los 60 fue una continudidad de la filosofía beatnik por la parte sur de nuestro continente. Sus más destacados poetas fueron Reynaldo Mariani (n. 1936): publicó en las revistas “Opium”, “Piumo”, “Entrega”, “Por Alquimia”, “Eco contemporáneo”, “JazzUp”, entre otras; Isidoro Laufer (n. 1938), pasó hacia el “trastismo”: teoría de su propia invención, siendo editor de la revista “Trastista”; Ruy Rodríguez, es otro destacado poeta del “Opium” que compartió liderazgo con Mariani, publicando además en “Cormorán y Delfín” y en “Leitura”; Sergio Mulet (n. 1942), francés de origen, publicó un libro de relatos “Soy tu patrón” (1966) y otros cuentos; por ultimo Mario Satz (n. 1945), publicó “Los cuatro elementos” (1964) y una plaqueta al alimón con Leopoldo Bartolomé. El grupo “Opium” activó como los nadaistas colombianos en una propuesta anarquista y de irreverencia contra los perjuicios sociales de esa época. Aquí, en una libreria de viejo, conseguí un manifiesto de los “Opium” que publicó la revista “Cormorán y Delfín” en Julio de 1967:
“Emergiendo de múltiples garrafas, rodeados de mil puertas por entreabrir, descubrir, traspasar, entreverados con los culos, el silencio, las manifestaciones terminales, pálidos de sol, atosigados de ideas y palabras, artífices del rebote y la repelencia, asomando una vez más nuestras narices ateridas, conscientes del alargamiento (quizás) inútil de nuestras sombras derramándose aún por esas calles o contra las ásperas y solidas fortificaciones de vuestras seguridades, lo que aún está por verse.
Aparecimos alguna vez y somos persistentes, sobrenadamos todas las formas del rechazo, la repelencia y las burlas. Continuamos nuestro propio peregrinaje, aún no llegamos: probablemente nunca llegaremos, esto nos hace fuertes; también, el no interesarnos las opiniones que puedan suscitar estas u otras declaraciones nuestras, actuales o pasadas, es que en realidad las explicaciones, manifiestos pesares, declaraciones (incluyendo ésta) no nos sirven para nada, y si alguien llega a encontrar en esto revolviendo un poco, alguna posible contradicción, le diremos que puede ser, que objetivamente lo es. ¡LO ES!, lo cual de alguna manera, también es una declaración y todo se convierte en un gran disparate, en una hermosa historieta estúpida y nos persiguen los espías y el cormorán nos ha pedido que escribamos una declaración, un manifiesto o algo que se le parezca, encantados, somos gentiles y todo es poesía, todo es manifiesto cuando es poesía, todo es poesía cuando se la vive, ahebebiduyufimallporrejntrascassoputrmldmbgsao… ”mientras los imbéciles continúan cayéndose de los árboles” como dijo Ferlinghetti.
Saludos al delfín.
Opium”.
Para concluir, creo que “Un ikebana del escándalo” de Rafael Cippolini redondea la imagen que podemos hacernos de este histórico Grupo “Opium” de la increíble poesía del sesenta argentino.
***
Un ikebana del escándalo
Por Rafael Cippolini
Contemporáneos al alto delirio del Grupo Pánico de París (el de Arrabal, Topor y Jodorowsky), y al charme neovanguardista del neoyorquino Grupo Fluxus (cuyo apelativo también nació con el proyecto de una revista homónima), brilló en Buenos Aires, o más precisamente, en la entonces denominada manzana loca que según varios arqueólogos de los sesenta se extendía un tanto más allá de las coordenadas del Instituto Di Tella, reurbanizando un mapa que abarcaba lo más interesante de lo que sucedía entre las calles Marcelo T. de Alvear, Leandro Alem, Maipú y la avenida Córdoba-, un clan de poetas, todos ellos veintiañeros, que sintonizó como ningún otro aquello que las publicaciones de la época denominaron -parafraseando lo que sucedía en Londres- como el Swinging Pampa o Buenos Aires Beat. Eran, ni más ni menos, a quienes se refirió Miguel Grinberg, entonces director de la revista Eco contemporáneo, cuando, sumamente enfático aseveró: "¡Existen los beatniks argentinos!".
El Grupo Opium (Mariani, Ruy Rodríguez y Sergio Mulet, más las compañías sucesivas y ocasionales de Isidoro Laufer, Marcelo Fox, los hermanos Miguel y Leopoldo Bartolomé y Mario Satz, entre tantos) hizo público su manifiesto en una plaqueta desplegable firmada en octubre del '63, en la que se leia: "Asomados a la confusión de Baires, nuestro pan cotidiano, sintiendo todo el peso del hemisferio sur del caos, aparecemos nosotros y OPIUM; nosotros (sátiros-cinicos-borrachos- enamorados hijos de la decadencia de Occidente) gritando y cantando con los dedos manchados de nicotina apuntando; nosotros amigos hasta que dejemos de serlo (entretanto nos dedicaremos poemas); nosotros oliendo nuestro propio aliento alcohólico.
La revista Opium.
Nosotros: OPIUM.
Nos conocimos en revistas, en bares, en confusas reuniones a las tres de la mañana. Nos conocimos orinando en baños donde leímos que Perón o Tarzán nos salvarían; nos miramos a los ojos y sonreimos: ninguno quería ser salvado".
Amor y ocio
Beatniks y porteños: un lustro antes, en 1958, el Sputnik I había estrenado su orbitación y fue así que a la ya existente partícula beat (roto, exhausto, destrozado), que señalaba a los seguidores de Jack Kerouac, se le agregó nik, para formar esa palabra que, según Héctor Zimmerman, describía a los cosmonautas y linyeras del espacio interior.
Zimmerman: "¿Beatniks en Argentina? Eso está bien para los países en que todo funciona perfectamente. Pero acá, lo único que cabe es patalear contra el caos. Nuestro beatnikismo es un ikebana del escándalo".
Opium fue un grupo de fidelidades; en primer término, al apotegma de Ezra Pound que, como proclama poética y existencial, inauguró cada una de sus ediciones: "Cantemos al amor y al ocio, nada más merece ser habido". En segundo lugar, a un grabado en madera de Daniel Zelaya, que se reprodujo en cada una de sus portadas. Y por último, al bar Moderno - entonces en Maipú 918, entre Paraguay y Charcas-, desde donde convocaron a poetas, pintores, videntes y snobs a abandonarse a un estado que, por su desparpajo y provocación, tanto nos recuerda a Entropía de Thomas Pynchon, y tan distante y extraño resultaba a las escrituras políticamente apropiadas de la época.
Las coordenadas estéticas y literarias estaban trazadas y dispuestas, como cuarenta años antes, pero con algunos notorios desplazamientos: si Florida seguía en su sitio, era Boedo la que se había trasladado a los bares de Corrientes, a los cuales nuestros beatniks evitaban estéticamente a no ser para desafiar a sus habitúes a partidas de truco, de billar o algún picado. No debemos olvidarnos que Sergio Mulet se presentaba entonces como "poeta y arquero".
El grupo Opium, así como las publicaciones que generó, tuvo su tiempo entre 1962 y 1968. Pero ésa es la historia oficial de una experiencia nada oficial. También existe una prehistoria bastante secreta y que puede sintetizarse así: hubo una primera plaqueta -quizá el primer fanzine sudamericano-, un ejemplar hoy aún más inhallable que sus otras impresiones, que reunió y luego confrontó a Ruy Rodríguez y a un jovencísimo Juan Carlos Kreimer -el mismo autor de ¡Agárrate! (1970), la primera gran biblia del rock nacional, con fotos de Osear Bony y Punk la muerte joven (1978), libro de cabecera de toda una generación de punks hispanoparlantes- por disidencias en la que se entremezclaban lo tipográfico, ideas de diseño y otras intenciones. Rodríguez quemó gran parte de los ejemplares y Kreimer reformuló los restantes presentándolos bajo un anagrama jitanjafórico: Piumo. Si el nombre original era una apropiación de Alfred Jarry (de Les minutes de Sable Memorial: "Tras entregar un papel azul al cajero, con el bolsillo tintineando, ascendí a uno de los ómnibus del país del Opium"), el neologismo de Kreimer pasó a engrosar, de inmediato, el argot circulante de unos pocos iniciados (perversiones de otras perversiones del lunfardo). Como "Sunda". Menesunda, Ultra Zum, etc.
Fue entonces cuando Rodríguez (fan confeso de la poesía de Enrique Molina) conoció a Mariani (quien todavía usaba su nombre de pila, Reynaldo). Y pocas semanas después. Rodríguez partía hacia Brasil, donde viviría hasta 1964. Colaboró con la Revista Agraria y escribió un libro de poemas, cuya edición íntegra olvidó cuando regresó a Buenos Aires, huyendo del clima político que empezaba a proliferar. Para una nueva plaqueta, donde apareció su poema "El visionario y la ciudad", ensayó una autobiografía mínima: "Nació por 1940, creemos. A veces lo encontramos en un café de Buenos Aires, siempre desaparece al día siguiente. (...) Qué hará mañana, nadie lo sabe. Al frente otros itinerarios llenos de visiones. Esperemos".
Las cloacas de la noche
Tal es el titulo del libro de Rodríguez que se pierde en Brasil, mientras Mariani acomete una renovación de la revista mural en clave hipster: Opium '. Estas errancias, estos papeles sueltos que proclaman una vanguardia instantánea, se oponían, con diferentes grados de tenacidad y cinismo, a aquello que escapaba de la creación de un estado crepuscular, propio; así como también a toda clase de pretensiones, pero por sobre todo a una: la carrera literaria (para ellos, la mismísima peste). Si revistas como El escarabajo de oro, Ficción o Airón propugnaron, desde sus estilos, un deber ser del escritor, los Opium se divirtieron destrozando y ridiculizando cualquier atisbo de imperativo o certeza. En cualquier sentido. Y para dejar en claro que su fin no era en absoluto la escritura sino lo que ésta producía y provocaba, filmaron cortos descerebrantes en 8 mm con Rodolfo Privitera, amigo de la infancia de Néstor Sánchez, se emborracharon con Tanguito, Javier Martínez, con Moris (que formaba parte de una banda llamada, por supuesto, "Los Beatniks"), Pajarito Zaguri y el poeta surrealista Juan José Ceselli, con Rómulo Macció, Osiris Chierico y Héctor Libertella, quien por esos días se enfrascaba en la cocina de La hibridez. El camino de los hiperbóreos y Papá Proteo; se fascinaron con los nadaístas, con Ornette Coleman y su free jazz, le dieron la espalda al psicoanálisis, compartieron noches de insomnio con Norberto Gimelfarb, patafísico y discípulo de Aldo Pellegrini y Juan Esteban Fassio, con la mítica Negra Rene Cuellar (por la que Osear Masotta perdió la cabeza y derribó puertas), con Poni Michiarvegas, editaron dos números más de su revista (el 2 y y el 3 y ', en julio ynoviembre del '65), prefirieron la bencedrina y las pastillas Romilar (entonces de venta libre) , la marihuana y el whisky a la ginebra (tan de sus amigos de la avenida Corrientes) y produjeron Jazzpium en el Di Tella, un espectáculo de poesía con objetos en escena de Pablo Suárez, puesta de Norman Briski y música al cuidado de Carlos Cutaia, quien luego formaría parte de Pescado Rabioso y La Máquina de hacer Pájaros.
"Porque no somos ángeles, porque no somos santos, porque no somos buenos vecinos; porque somos inútiles, porque somos escritores que no escriben, porque no fuimos a estudiar a academias para que nos dieran un diploma que nos permitiera escribir gansadas el resto de nuestras vidas; porque siempre seremos estafados por otros más 'vivos' que nosotros, porque constantemente decepcionamos a aquellos (a aquellas) que creen en nosotros, porque estamos completamente equivocados y porque no queremos competir ni triunfar en la vida y ser alguien.
(...) O quizá, porque no tenemos vergüenza. O porque NO, simplemente. En fin, nada del otro mundo: aquí estamos, y allá vamos. ¡SALUD!" (Opium, julio de 1965).
Octavio Paz, Homero Aridjis, y Miguel Grinberg, entonces director de la revista Eco contemporáneo.
Este transcurrir inoperante
¿Cómo leer hoy, ya en otro siglo, aquella aventura? En principio como un puro deslinde (ya que sus papeles están muy dispersos, sino extraviados). Impresentables a décadas de corrección literaria, dueños de una dinámica conspirativa que reaparecería mediante un salto de décadas en grupos de los ochenta como Speed (a quien Virus les dedicó una canción) de B. O. de Lescano y Tato Odoriz, inspirados como pocos con Invitación a la masacre de Marcelo Fox -quien se suicidaría pocos años más tarde-, publicado en septiembre del '65 y promocionado devocionalmente (y siempre en fotocopias) por Fogwill y Laiseca; o en experiencias como la Escuela Alógena de na Kar Elliff-cé, donde 7 historias bochornosas, primer libro de prosas de Mariani (Sudamericana, 1968, recientemente reeditado en Zapala por Ediciones Truchas), es analizado y difundido desde sus inicios.
William S. Burroughs pensaba que, cuando nos referimos a un nativo, señalamos al que provoca que un sitio no pueda existir sin él. Y así fue que, desde 1965 hasta 1968, los Opium se transformaron en su propio espectáculo. Comenzaron a realizar lecturas públicas donde leyeron sus poemas y otros de su preferencia (Leonora Carrigton, César Moro, Gregory Corso, Dylan Thomas, Egito Goncalvez, Saúl Yurkiévich, Ted Joans, Jacques Vaché, Jack Spicer, Coco Madariaga, Victoria Rabin, Lawrence Ferlinghetti, etc.). En 1966 se publicó el último número de Opium -probablemente el mejor-, con tapa de Gustavo Trigo (quien más tarde, con guión de Osvaldo Lamborghini, seria el dibujante de la historieta Marc!). En agosto de 1967 se edita El búho en el vitral -textos de Ruy Rodríguez, dedicado a Néstor Sánchez y con tapa de Ary Brizzy, en edición de Sunda BA. Unos meses después, en el '68, Rodríguez parte hacia el sur con su mujer y se instalan en San Martín de los Andes, donde funda un grupo teatral. Esta diáspora vuelve al grupo más incierto.
Sergio Mulet, el sex symbol del grupo, se convirtió en modelo y luego en novelista y guionista (el 2 de octubre de 1969 se estrenó la película Tiro de gracia, con guión de Mulet -basada en la novela de igual nombre- y dirigida por Ricardo Becher, donde, además de Mariani y el mismo Mulet, actuaron Perla Carón, Roberto Píate, Juan Carlos Gene y Susana Giménez (morocha entonces), y cuyo soundtrack fue compuesto por Manal.
Finale
Corría el año 1973. Mariani edita un libro inolvidable: 7 poemas grassificantes, editado por Ediciones de la Flor Alta, y parte hacia Buzios. Nos deja un epígrafe, anónimo:
"No sé de qué están hablando. Pero me declaro en desacuerdo".
Lawrence Ferlinghetti en su libreria.
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