mayo 14, 2007

EGUREN: SURRÈALISTE/ ARMANDO ARTEAGA

EGUREN: SURRÉALISTE


Por Armando Arteaga

José María Eguren es el más moderno de todos nuestros poetas. Se adelantó a su tiempo, fue fiel solo a su vocación de hacer “figuras”, de habitar por las “sombras” de una gran poesía. Ya Mariátegui dijo de Eguren que: “su poesía es una visión tan virginal de las cosas”.

También Octavio Paz, refiriéndose a la Antología de la Poesía Surrealista Latinoamericana elaborada por el crítico rumano Stefan Baciu, al reprocharle ciertas ausencias y presencias, se ratifica en el poder de las palabras de algunos poetas antologados por meritos propios. Aunque para algunos Eguren tiene muy poco que ver con el surrealismo (pues, no pertenecía al movimiento), y los surrealistas lo adoraban, dice Octavio Paz: “Sí, Eguren es surrealista por el mundo onírico que presenta su poesía”.

Eguren, el màs moderno de nuestros poetas.

En el poema “La silueta” aparece el mundo del arrabal y del hampa, dibujando la estancia de un crimen:

En la triste estancia,
esteras, camillas
alumbran lámparas
amarillas.
Bajo cobertores
Están forajidos,
Con raros temblores
Dormidos.
En pared siniestra
Del fondo alumbrado
Se ve la silueta
De un asesinado.
Con el aire altivo,
Faz tenebricida:
Rostro vengativo
Después de la vida.
¡Ay, no está en la alcoba
cadáver presente;
pero está la sombra,
con ira doliente!.

Mariátegui siempre halló a Eguren: “más gótico que latino”. Desarrolló precisamente una influencia a lo Maeterlinck –de los buenos tiempos- y de Mallarmé, por las rutas del sueño. Y, en aquel poema “La muralla”, la eterna lucha entre los hombres y el testimonio de sus restos que han quedado en ruinas, pero allí, se yergue la majestuosidad del pasado, a través de “La Muralla”:

Con bravío ceño
está la muralla,
frente al bosque bruno de encinas
¡parada!
Cual erguida sombra,
cual fiero fantasma,
al venir las brumas, aterra
el alma:
y con armadura
de peña canteada,
domina los siglos guerreros
en bronca batalla,
Del espanto reina
nefasta,
con lívidos huesos circunda
su cimera blanca.
Mas, en torvas horas,
treme la muralla:
los rudos sillones se inclinan,
los cóndores graznan;
Y los temporales
con sus largos trenes avanzan;
y con alaridos,
las furias le dan batallas:
se eleva del monte
purpurina llama:
y encendidos troncos gigantes
baten la muralla:
redoblan tambores los mustios
seres de montaña
que al hombre abominan
con iras calladas;
y obscurece el sol de los muertos,
la peña dorada:
¡mas, bravía al viejo, al instante
guarda la muralla!

Casi un filme, lleno de sombras. Nada más sorprendente repartir los versos como imágenes, y por eso, el reclamo de Octavio Paz del pre-surrealismo de Eguren. Para muestra en este poema “Canción cubista” de Eguren, que es algo de lo más increíble:

Alameda de rectángulos azules.
La torre alegre
del dandy.
Vuelan
mariposas fotos.

En el rascacielos
un gallo negro de papel
saluda la noche.

Más allá de Hollywood,
en tiniebla distante
la ciudad luminosa
de los obeliscos
de nácar.

En la niebla
la garzona
estrangula un fantasma.

Xavier Abril ha diferenciado el hermetismo de Eguren con otros de la vanguardia latinoamericana. Emilio Armaza ha enfatizado simbolismo y metafísica en su poesía. Estuardo Núñez ha realizado un seguimiento minucioso relacionado la vida y la obra del poeta barranquino como vanguardista. Hay que volver a leer a Eguren con otros ojos. Basta de hablar solo de simbolismos valerianos, de walkirias y de marionetas como fantasmas que llenan el infinito de su poesía. Eguren es el poeta más representativo de nuestra modernidad dentro de la poesía peruana, siempre tan genial, como César Vallejo y como Marín Adán.

El rumano Stefan Baciu incluyò a Eguren en su Antologìa de la Poesìa Surrealista Latinoamericana.
A Eguren se le ha querido ver solo como un poeta minimalista, e intimista. Nada más alejado de su trabajo poético que estas fáciles intenciones, cargó sobre sus hombros –dice L.A. Sánchez- el san benito de “simbolista”. Eguren es la apertura más moderna de nuestra tradición poética..

Eguren se puede suponer moderno –decía Mariátegui- porque admira el avión, el submarino, el automóvil. Mas en el avión, en el automóvil, etc., admira no la máquina, sino el juguete. El juguete fantástico que el hombre ha construido para atravesar los mares y los continentes. Eguren ve al hombre jugar con la máquina. No ve tal vez, la alienación moderna que ha deslizado locura sobre estas acciones del hombre contemporáneo. La modernidad de Eguren viene de la percepción infantil que tiene para mostrarnos la historia y la histeria: como alineación actual del hombre.

 Eguren

(Del libro: “La Poesía Surrealista en el Perú”)