mayo 18, 2013

LA TERRÍGENA POESÍA DE ARMANDO ARTEAGA / Jorge Enrique Adoum




                             LA TERRÍGENA POESÍA DE ARMANDO ARTEAGA

Jorge Enrique Adoum*


La obra poética del peruano Armando Arteaga resultó motivando las más diversas reacciones empecatadas de sus afines literarios, en contraste con las tiesas y vernáculas referencias oídas de los círculos oficialistas de su país: tesadas hasta la indiferencia total. Y, aunque sus libros -como las de casi todos los poetas latinoamericanos- son de breve tiraje y de circulación limitada (por iniciativa propia e intenso activismo literario), han sido en los espacios culturales de protesta en contra de lo establecido que animan los poetas jóvenes limeños en donde la admiración y la sorprendente crítica lacónica llena de elogios y de sorprendentes estímulos para con este poeta severo y exigente.

Lo que más me llamó la atención, acerca de la testarudez de su poesía, que es un grito patético, es la impugnación precisa en contra del conformismo embustero de la urbe actual, llena de fracasos y de miedos.

La nervosidad de su poética es lo que tienta, por supuesto, mi interés literario. Inundan mi sacrílega atención, esos poemas casi perfectos, mi llamado a leer con atención a este poeta vecino de mi otredad, debido al impulso o la magia que aborda lo recién desconocido o por conocer en el internet: sus poemas navegan en diversos blogs, que uno se entera, o termina por esgrimir, de fuerzas nuevas en la poesía latinoamericana: por tener brillo propio este poeta, demostrando siempre lo fecundo y lo rotundo de su poesía. Me sumo a este justificado aprecio e incesante curiosidad por la actual poesía latinoamericana donde destaca -sin lugar a dudas- la voz limpia de Arteaga. Insurge en su libro Terra ígnea una poesía con madurez plena que empieza con un apodíctico poema «Plaga de langostas», que es un recurrente alegato ecológico en contra de la depredación del planeta por el devorador consumo de ese fuego que profesa el capitalismo actual con un inmenso sentido religioso. El poema es un alegato contra el avance de la destrucción de la tierra por mano del hombre (se supone, uno de los seres vivientes más «inteligentes»). Apertura, pero también epitafio, para una humanidad que se destruye en pleno fervor por el lucro monetarista donde el hombre como un insecto ortóptero se multiplica formando como las langostas densas nubes atravesando y devorando cosechas verdes. Es la observación de un entomólogo que mira el destino histórico del hombre como un insecto devorador y devastador de ambientes naturales. El poeta Arteaga se ubica en la problemática de América (ese continente de muchas fronteras gigantes que divergen), en el mismo revés cultural del patio trasero del Imperio, buscando en el proceso reeducativo, de reencuentro de mensajes, de reestructuración de textos, al rededor de la «Beat generation», algo de reingeniería literaria donde se siente el hálito de la marginación social. El poeta es un «indio pelucón» al que la policía reprime arrestándolo en una horripilante celada común con otros manifestantes de una rotunda protesta callejera latinoamericana. El viaje del poeta, montubio gesto, como un hombre del pleistoceno, va descendiendo sobre el eje vertical, de norte a sur, tal supone también la ocupación del «pitecántropos» Sobre el extenso territorio del nuevo continente: la ocupación del hombre americano.




La poesía de Arteaga transita diversos paisajes de nuestra geografía, por la morfología geológica nativa, por una variada topología ancestral, dándonos la sensación de que Arteaga es un poeta con observación casi científica. Es, simplemente, un viaje por el infierno de la cultura actual y occidental. El poeta asume su propia versión humana como un descubridor de palabras, imágenes pulcras y sonidos diversos. Vaga, por ejemplo, por calles de Lima antigua, con un viejo poeta, al que lleva de la mano, por diversos recovecos urbanos, o por laberintos, para conciliar en la nueva religión válida de la rebelión humana: la poesía. Al poeta, en América (mejor en Latinoamérica), esa tierra de nuevos corajes y de penurias, le queda el olvido, el sueño, la palabra que brota de su propia libertad.

Este libro de Arteaga está lleno de erosiones sociales diversas y decepciones amorosas que se van sumando y le van dando una arquitectura del espanto al viaje, divaga como Dante, por diversas estaciones, donde el sol es el único Dios, aunque por allí tímidamente aparece un Dios newtoniano muerto (predicado por McLuhan), padre descubridor de la Galaxia Gutenberg. Arteaga por momentos se vuelve un heterodoxo interesado de las más ortodoxas teorías en boga de los años setenta. Se ubica algo cercano a la poesía exteriorista, al coloquialismo y al concretismo, que son algunas de las grandes tendencias de su poesía.

*Jorge Enrique Adoum. Ambato 29-06-1926/ Quito 03-07-2009. Escritor, político, ensayista y diplomático ecuatoriano. Entre sus mayores y más conocidos éxitos literarios se encuentra la novela Entre Marx y una mujer desnuda, publicada en 1976. Dicha novela fue llevada al cine en 1996 por el realizador ecuatoriano Camilo Luzuriaga.

(De la revista INDI, Año I, Número 2 - Marzo 2013)