marzo 26, 2007

LA PLEBEYA ACADEMIA DE LA LENGUA/ ARMANDO ARTEAGA

LA PLEBEYA ACADEMIA DE LA LENGUA
(¡MEDELLÍN VALE UNA MISA!)*


Por Armando Arteaga

El pueblo, el vulgo, es el único creador que va revitalizando el nuevo contenido del lenguaje de cualquier región o país. El pueblo, la gente de la calle, habla siempre: cualquier disparate, inventa siempre: cualquier deslinde. Se comunican entre ellos de manera oral, en lengua propia, llaman a las cosas por sus respectivos nombres.

Los escritores recogen estas palabras, las enriquecen, las presentan en sendas composiciones literarias y las elevan a categorías de “obras clásicas”. Se van, inmaculadas, estas “obras” literarias para las vitrinas brillantes, para la exhibición como diamantes, o para los museos inmisericordes: de las lenguas vivas, o para el olvido: de las lenguas muertas.

Los Reyes de España, Don Juan Carlos I de Borbón y Doña Sofía de Grecia, encabezaron la mesa de honor en la clausura del Congreso de las Academias, donde aprobó la nueva Gramática. ¡La ortografìa esuna mandarina, ya lo dijo Cortazar!.

Qué... ¿La ortografía es una mandarina?. Bien, por Cortazar. Qué...¿El poeta escribe lo que le da la gana?. Bien, por García Márquez. Qué ¿El quechua no sirve para nada?. Bien, por Martha Hildebrant: esa señora amnésica y decrepita que se duerme en las sesiones publicas del parlamento peruano. El castellano para los de Castilla, decía Begoña, mi amiga catalana de aquel verano tarragones de los 70’s. Uno hace lo que quiere con el lenguaje, miente o busca la mentira de tus verdades.

Pero lo que importa..., es la literatura, esa palabra que cada día se parece más al panteón de los próceres: un catalogo de ataúdes donde todos los escritores aparecen muertos o callados (¡la sociedad de los poetas muertos!) en sendos manuales, o en exclusivos diccionarios: tan especiales que se han vuelto ilegibles.

Y ahora mismo, es mejor hablar de una literatura regional. Somos regiones de muchas cosas: de vastos continentes, de exigentes contenidos, de varías patrias perdidas. Basta de soñar con idioteces. ¿Pregúntenle a un rumano, o a un afgano, o a un ayacuchano qué lengua habla o escribe?. ¿Pregúntele a un muchacho de Bosnia y a un muchacho Sarajevo del mismo barrio bombardeado, qué lengua habla o piensa? ¿Cómo se come esta lengua, cruda o frita?. Etcétera.

Los poetas han ayudado mucho a la libertad del lenguaje y al estado vital de la poesía. Gitano o paria. Algunos como Eminescu, en rumano: en lo popular y en lo folk, casi lo han inventado todo. Aunque creo que puedo estar exagerando. Pero, todos los poetas exageran. Exageraron: Darío, Lugones, Chocano, Martínez Lujan (a quién casi nadie ha leído). Los poetas, siempre dicen cosas que al común de las gentes no le creen, sueñan casi siempre o están locos, dice el vulgo, cuando no entienden algo. Ya lo dijo Cortazar: llamamos locura a lo que no entendemos. A todos nos consta: como han devaluado la palabra: los políticos, los académicos, los representantes de la ONU y los ministros de reyes y de algún Dios Fingido, andan por las patas de los caballos: todos igual o peor que el mejor cantante de rock morfinómano, o que un jugador de fútbol (sin meter goles), o que un boxeador que le arrancó la oreja a su rival de un mordisco, o una modelo anoréxica que muere de hambre por el mundo hambriento del morbo, o cualquier asunto de baja estofa que inunda las noticias de los diarios que han prostituido la palabra y la vida. A mí, me consta, cada escritor voceado como genio, y el ciudadano no es más que un pobre tipo sentado en un w.c. listo para vender su próximo libro con calata en la carátula.

García Márquez, quien recibió un homenaje durante la instalación del IV Congreso Internacional de la Lengua Española por sus 80 años de vida, 40 de la publicación de su obra cumbre "Cien Años de Soledad" y 25 de haber ganado el Nobel de Literatura, dijo que existen en el mundo millones de personas esperando textos en español. ¿Y de las lenguas nativas, ni michi: cortesano o neo-colonial?.
Volviendo a la literatura. Las “obras literarias” se vuelven académicas y clásicas, cuando se empiezan a leer en clase. El “texto literario” se vuelve un disiderátum.
Pero, ¿Qué clase de libros se leen en clase?. Depende. De los profesores, en primer lugar, y de los alumnos, después, si los aplauden o los detestan como bodrios, o asuntos obligados. Yo casi nunca les hice caso a mis profesores, que los tuve muy buenos, por suerte. Aprendí a leer en la soledad, por puro interés científico, o por puro placer, o porque era un joven que tenía propinas (¡hijo de papá!, al fin de cuentas) para comprar y leer libros, y siempre a mi cuenta vieja en vez de un sándwich o una camisa de moda. Y me olvidaba, que para todo esto se necesita salud. ¡Salud!, del cuerpo y de la mente. Nada de paraísos artificiales. Es así que va naciendo una literatura local o regional, y que luego se hace nacional. Con escritores, y ojo-pare-cruce-tren: con lectores. ¿Todo esto es lengua o es idioma?.

Cuando llega ese momento, mi querido lector. Después de varias antologías paradigmáticas: locales, regionales y nacionales, en rojo i negro, se llaman a los más vanidosos y tontos, y se les entrega el titulo de académicos y sabios. Y se forma para prestigio de un régimen o país: La Real Academia Española, o cualquier cosa que se le parezca, que en nuestro caso es el de “Lengua Peruana”, por la que se hace muy poco para entender los sabores y colores de esta singular manera de hablar: patata, puchu, puchukaqlla, lengua, dice, caraju, y el “popol vuh": es verdura entonces...., que para esa especialidad de preparado gastronómico, mejor llamen a Adán Felipe Mejía “El Corregidor”, que él si que era un especialista en lengua: De vulgari eloquio.


*A propósito del IV Congreso Internacional de la Lengua Española realizado en Medellín, 26 de Marzo del 2007-


marzo 19, 2007

EL COSTUMBRISMO PIURANO DE MIGUEL JUSTINO RAMÌREZ/ ARMANDO ARTEAGA

LA LITERATURA EN PIURA

EL COSTUMBRISMO PIURANO DE MIGUEL JUSTINO RAMÍREZ ADRIANZEN

Por Armando Arteaga

                                          

Padre Miguel Justino Ramìrez Adrianzen, pìonero del costumbrismo piurano.

El padre Miguel Justino Ramírez Adrianzen, Deán de la Catedral de Piura, Ministro de Cristo, y hombre de letras (en este perfil rescatamos su imagen y su aporte intelectual), fue un destacado precursor de una literatura antropológica en Piura. Escribió las mejores obras sobre las costumbres piuranas y el folklore huancabambino.

No era, lo que algunos suponen, un cura pueblerino fantaseado historias que discretamente contaba a sus feligreses para entretenerlos en sus respectivas homilías. Y aunque fue un poco “retrochero” para con sus publicaciones, que casi no existen en los circuitos de las diversas librerías (ni siquiera en las piuranas). Sus libros llegaban de “mano en mano” a cada uno de sus fieles, a sus allegados piuranos, y a sus paisanos huancabambinos. Y era claro, y conocido, detestaba cualquier pose de “intelectual”.

Pasaba desapercibido en esta su vocación de escritor, apenas solo quería alcanzar la sabiduría popular de los humildes campesinos de cualquier comarca piurana, en especial tenía la predilección localista por las comunidades campesinas de Huancabamba (a las que dedicó toda la atención de su inteligente mirada).

Soldado de Dios, hombre muy religioso (no supersticioso), campechano, Miguel Justino Ramírez Adrianzen había nacido en Huancabamba el 07 de octubre de 1906 y falleció en Piura el 23 de noviembre de 1986. Hizo su sacerdocio en el seminario de San Carlos y San Marcelo en Trujillo. Se ordenó como sacerdote en Roma el 19 de abril de 1930, y estudió en el Colegio Pre Latino Americano y en la Universidad Gregoriana de la que egresa con Licenciatura en Derecho Canónico. Al regresar al Perú en 1931, es nombrado párroco de Huancabamba: durante doce años, y luego es trasladado a la ciudad de Piura donde pasa la mayor parte de su vida, llegando a ser Obispo de la Catedral de Piura. La vida de monseñor Miguel Justino Ramírez Adrianzen, como vemos, fue bastante sencilla, austera, y muy prolifera como escritor e investigador social.

Supo poner en sus narraciones costumbristas, la esencia creativa de un atento observador del pueblo campesino de Huancabamba y de sus penurias terrestres. Y, aunque creía en las verdades celestes, se ocupaba en sus libros del dolor humano, de las flaquezas espirituales de los hombres, deploraba los defectos morales y exaltaba las virtudes de convivencia y solidaridad entre los hombres sinceros, donde expresaba un gran conocimiento de lo popular.

Se ocupaba de estos asuntos pedestres de los campesinos pobres, donde exaltaba su gran “felicidad espiritual”, su manera limpia de actuar en la dura lucha por superar las desventajas y adversidades de la vida, y por buscar mejores condiciones para vivir con dignidad. En sus anécdotas resaltaban los asuntos de esta vida bucólica y campestre desde una visión pastoral, pero también se aplaudían las bondades y las grandezas espirituales, y lo católico: impregnado en la cultura del hombre andino piurano, y sobre toda la cultura -tan ancestral- agrícola de los campesinos del Alto Piura.

Cuentos de Don Miguel.

Miguel Justino Ramírez Adrianzen, como escritor ha publicado:

-EL primer volumen de “Acuarelas Huancabambinas: leyendas y añoranzas de mi Ande” (1943).
- “Lo que el cholo Cano me dijo” (1950)
-“Cumananas piuranas”, recogidas en Huancabamba, Morropón y Catacaos (Chiclayo, 1955).
-“La atrapadora”, novela, ambientada en los escenarios de Sondor y Sondorillo (1958).
-El “ Homenaje de Piura” al VI Congreso Eucarístico Nacional” (1960);
-“Cuentos de don Miguel” (1963).
- “Huancabamba”, que es una Monografía de Huancabamba son el subtítulo de “su Historia, su Geografía y su Folklore”, quizá la obra más importante en las ciencias sociales escrita en Piura (1966).
-En 1970 aparece el segundo volumen de “Acuarelas Huancabambinas: Danzas, fiestas y brujería”, y este mismo año logra el primer puesto en cuento, en los II Juegos Florales de la Universidad de Piura.


"La atrapadora", novela costumbrista de Miguel Justino Ramìrez Adrianzen.

Carlos Robles Razuri al referirse a las “Acuarelas Huancabambinas”, hace esta pequeña semblanza del aporte de Miguel Justino Ramírez Adrianzen como escudriñador del folklore huancabambino:

“Si la primera obra reveló al Padre Miguel Justino Ramírez como el mejor folclorista de Piura y uno de los mejores del Perú, esta segunda confirma su alta calidad de observador, recopilador y divulgador del acervo popular en todas sus manifestaciones y lo convierte en una verdadera fuente de consulta en lo que respecta a la literatura del pueblo”.

En las “Acuarelas Huancabambinas” se respeta el contenido del canon folk, de lo que se expresa en este lenguaje directo, casi cine-verdad, popular y antropológico, sin desvirtuar el verdadero carácter de esa sabiduría campesina que expresa cada costumbre y anécdota exacta.

Al padre Miguel Justino Ramírez Adrianzen lo consideran un escritor costumbrista en los diversos tratados de la literatura piurana, pero es injusto arrinconar la obra del Deán de la Catedral de Piura en una supuesta mirada localista, a pesar de los motivos contundentes y prístinos del folklórico aquelarre huancabambino que presentó. Ni tampoco se le puede dejar en la etiqueta eucrática del paternalismo religioso. El priorato de su aporte es haber rescatado del pretérito huancabambino: la aquiescencia rural, el relato de las penas andinas, y el retablo amable o hechicero del hombre nativo de esta “la tierra que se mueve”: vive allí Huancabamba, olvidada y ruralizada.


"Huancabamba", el trabajo antropològico màs avanzado de la literatura piurana.

Es cierto que como hombre de la Iglesia Católica quiso evangelizar con su mensaje, pero su pensamiento es más libre, eurítmico, antropológico y apasionado. Escribió e investigó casi a tiempo completo, con método científico, y con mucho respeto por la bienaventuranza del pueblo de Huancabamba: la tierra de Pedro Elera, de Néstor Martos, de Edmundo Cornejo Ubillus, de Armando Rojas, destacados intelectuales y hombres de letras. La monografía “Huancabamba” es un ejemplo del dominio de la virtud de ese manejo por lo social, lo telúrico y lo histórico del padre Ramírez Adrianzen , por eso lo admiró y lo visité en marzo de 1985. En aquella ocasión y en esa conversación en el Arzobispado de Piura de más de dos horas hablamos de los problemas de Piura y tomamos coca-cola, por la que guardo muy gratos recuerdos.

El padre Ramírez Adrianzen, me animó con mucho entusiasmo cuando le hice saber que emprendería la tarea de escribir “Los orígenes formativos de Ayabaca”, libro que publiqué un año después, en diciembre de 1986, no llegué nunca a entregárselo, pues el padre Ramírez Adrianzen había fallecido hace un mes. Y desde entonces, y como homenaje póstumo, y desde siempre: Dedi librum Miguel Justino Ramírez Adrianzen. Nihil oblitus sum.



"Acuarelas Huancabambinas", estupenda obra de la literatura antropológica en Piura.

marzo 14, 2007

MAX CASTILLO: EL PLACER DEL TEXTO/ RÒGER SANTIVAÑEZ

MAX CASTILLO: EL PLACER DEL TEXTO

Por Róger Santiváñez


Novela breve.

1
La historia de Max Castillo no es nueva en la literatura peruana aunque sí poco conocida y –hasta cierto punto- marginal. Digo hasta cierto punto porque para quienes nos iniciábamos en la poesía hacia 1979-80-83 y frecuentábamos el restaurant-chifa Wony sito en el jirón Belén del centro de Lima, Castillo era un asiduo personaje de la bohemia nocturna de aquella dorada época de nuestra juventud perdida. Con sus lentes cuadrados de carey demodé y un look que recordaba al gran JP Sartre, Max Castillo derrochaba inteligencia y sensibilidad entre las mesas rojas del bar y sorprendía con la multiplicidad de sus lecturas y lo caleta de su talento. En aquel tiempo se juntó con Oscar Orellana para lanzar Campo de Concentración y simultáneamente con Armando Arteaga en Penélope. Ambas revistas llegaron a publicar tres números en dicha coyuntura dando a conocer el trabajo de los más jóvenes autores del momento. También la mítica e inolvidable Haraui de Francisco Carrillo ofreció una página central con la obra de Max Castillo. Era un personaje tan especial y –a su modo- carismático que los editores de Omnibus le dedicaron una emisión de su revista en forma de tríptico. Y en el primer número de Macho Cabrío –casi íntegramente compuesto por la nueva poesía- pueden verse textos suyos. Ex-alumno jesuíta y brumoso habitante de La Punta, Castillo desaparece del mapa literario de Lima por casi todos los restantes años 80, aparentemente abstraído en las urgencias de la lucha por la vida. Pero en los 90s resurge entre los bares y aceras de la neobarrosa calle Quilca, entregando un poema –justamente- para el primer y único número de Killka Blues revista elaborada noche tras noche en las mesas plenas de botellas del Queirolo hacia la mitad de la década. De este tiempo datan también sus colaboraciones en la sección cultural del diario El Peruano y algunas –un poco después- en Somos de El Comercio.

Max Castillo: poeta, narrador, y periodista, leyendo pasajes de su ùltima nouvelle "Angeles Quebrados". Fue muy aplaudido esa noche en el Centro Cultural España. Foto: Armando Arteaga.
2

Ha pasado el tiempo y no en vano ya que ahora Max Castillo nos entrega su primera obra narrativa, la nouvelle Angeles Quebrados. Se trata de un relato histórico que recuerda –por momentos- la novelística de Alejo Carpentier. Sin embargo, el texto de Castillo posee un matiz particular: la primorosidad del estilo, lo cual sería precisamente una herencia carpenteriana, pero en este caso, hay una controlada contensión que libera al texto del –a veces- excesivo barroquismo del notable cubano, otorgándole una frescura y fluidez naturales que colocan a Max Castillo como uno de los prosistas más elegantes, sensuales y finos de la literatura peruana de la actualidad. El brillo y perfección rítmicos nos devuelven al viejo y siempre nuevo placer de la lectura, objetivo central de la creación literaria y que Castillo nos restituye por todo lo alto. La descripción de armas y enseres de época –circa 1789- es realmente exquisita: “Cañones adornados por angelillos, esos pequeños deliciosos puttis italianos”, cuando no la de los personajes. Por ejemplo de uno de ellos, el portugués Álvaro de Albuquerque se nos dice: “Señor solitario del Mar Índico, bello como el sol”. Precisamente este caballero –esclavista navegante- es el principal protagonista de la trama que gira en torno a sus peripecias –a bordo del Durandarte- por distintos mares y costas de Europa, África y Asia, fascinado por Oriente desde su niñez cuando la esclava Rita de Pernambuco le leía libros que iluminaban os misterios de Shiva Deus Indiano. El otro personaje importante es el jesuíta o ex jesuíta José María de la Trinidad y Paz, jovencito que escribía poemas en la Lima virreynal de 1746 –año del terremoto que azotó la ciudad- sometido a la violencia castrense de su padre.
Lo interesante es –por un lado- que la trama histórica del “Gran Miedo de julio y agosto de 1789” es decir el estallido de la Revolución francesa se fusiona con una matanza de infieles en la selva amazónica, por la cual Castillo eleva –discreto pero claro- su voz de protesta ante la colonización occidental de esa zona: “Tanta dulzura barroca que escupe humo, fuego y deja charcos de sangre en el Pastaza impenetrable” y tras llorar la muerte del salvaje Attlé concluye –con equitativa iluminación mística- que selváticos y parisienses “mutuamente no se conocían y van al Paraíso con ángeles custodios, al son de cantos gregorianos, sin violencia, con un aliento de justicia y felicidad”. Y por otro lado el reclamo y postulación de una sensibilidad gay frente a toda la vida: “Esos amores prohibidos, contra natura, esos amores expulsados, todos los días de la Historia” enhebrada a su defensa universal del abusado indio: “jóvenes membrudos. Ápolos de fuego, tallas humanas perfectas y libres revientan en sangre ese 14 de julio de 1789”. Hay aquí no sólo compasión y piedad sino exaltación de la belleza, “deseo, pasión y fuerza es la constante” afirma el narrador.
Finalmente sucumben los dos personajes principales. Albuquerque en Bab El Mandeb por obra de un marinero italiano –Torcuato- y JM de la Trinidad y Paz convertido al Islam en Eritrea. Pero aparece un tercer personaje, Benjamín, cronista de los hechos, quien tiempo después sería (según mi interpretación) un mendigo en la Lima de los días previos a la proclamación de la Independencia. En efecto, el 5 de julio de 1821 un joven oficial patriota –Carlos de Vivanco- encuentra un legajo manuscrito (propiedad del mendigo) que –en nítida metaficción- conformaría el relato que hemos estado leyendo, en momentos en que una asonada de esclavos negros del Rímac provoca lo que al parecer es un considerable incendio en la Ciudad de los Reyes y todo –absolutamente todo- se pierde entre el fuego de las llamas voraces. Un final apocalíptico adecuado para una historia que –en gran medida- se ha basado en la máxima de Virgilio: Trahit sua quemque voluptas es decir, A cada uno arrastra su gusto. Corydón y Alexis, los pastores del genio mantuano parecen estar en bambalinas detrás de los arquetipos de Max Castillo, quien ha sido capaz de ofrecernos un magnífico retrato de época en su bruñido estilo -y al mismo tiempo- el testimonio de una sensibilidad y su reivindicación humana en un campo poco transitado de la literatura de ficción peruana.

18 de enero de 2007
Collingswood, New Jersey
*

"...la primorosidad del estilo, lo cual sería precisamente una herencia carpenteriana, pero en este caso, hay una controlada contensión que libera al texto del –a veces- excesivo barroquismo del notable cubano, otorgándole una frescura y fluidez naturales que colocan a Max Castillo como uno de los prosistas más elegantes, sensuales y finos de la literatura peruana de la actualidad. " RS.

Celebrando esa noche en el Centro Cultural España la novela de Max Castillos. Sus amigos de izquierda a derecha: Josè "Pepe" Falconì, Josè Antonio "Pocho" Rìos, Max Castillo (el autor), Armando Arteaga, y Walter Peñaloza.


Àngeles quebrados de Max Castillo
Por Carlos Espinal Bedregal

Nacer para morir no tiene sentido, reconocer que estamos aquí para ser pasto de la muerte abruma y atormenta. Por eso la cultura construye bellos artificios, como la escritura que permite cada cierto tiempo, a pocos elegidos, el estado de gracia de perdurar más allá de la muerte. Lowry, Sade, Kawabata, Capote, Borges, Kafka, Baudelaire, Poe son sólo algunos de ellos. Que también entendieron que escribir es un acto de audacia, un bizarro desafío, un acto de sublime moral y de resistencia. Max Castillo Rodríguez pertenece a esa raza de escritores tremendos y brutales que tienen el valor de explorar las pasiones del alma humana, ese aspecto oscuro, conflictivo y atormentado de nuestra propia condición y regresar invicto de esa aventura con un libro entre las manos. Un libro insospechado y sin precedentes en la literatura local, un libro de verdad, por un autor sin psaado que por fin nos devuelve el gusto por la literatura.

FICHA

2007 Castillo Rodríguez, Max. Ángeles quebrados. Hipocampo Editores; Lima. 96 pp.

SERIE CAVALTS ARMATS
DE HIPOCAMPO EDITORES

Ángeles quebrados, el libro de Max, comienza su propio camino como sujeto literario. Novela corta hecha a la medida de un lector que degusta, que ficciona, que juega con el lenguaje, que interpela a la historia y a sus actores para mostrarnos un fresco del que pareciera no podremos escapar sin ser parte de una trama hábilmente tejida por este artífice que recién se anima a expulsar sus demonios narrativos.

El libro tiene un diseño de tapa de Lorenzo Osores y las páginas interiores de Alicia Santos. Con Ángeles quebrados Hipocampo Editores inicia la colección Cavalts Armats, que presenta como característica gráfica un formato de bolsillo (17x12 cm.). Luego seguiremos entregando otros títulos de esta serie pensando siempre en el lector de la buena literatura.

marzo 10, 2007

LA POESIA TRUNCA DE JAMES OSCCO ANAMARIA/ ARMANDO ARTEAGA

LA LITERATURA EN APURIMAC


LA POESÍA TRUNCA DE JAMES OSCCO ANAMARIA*


Por Armando Arteaga

James Oscco Anamaría, poeta joven apurimeño, nacido en las punas frías de la comunidad de Calcauso (Antabamba-Apurímac), recién había empezado a publicar sus primeros libros de poesía y de narrativa: “Wakcha Gaviota” (1996), “Relámpagos de amor” (2000), y “Siempre será águila” (2004). El mismo se definía en “Unas palabras sinceras” de la siguiente manera: “Nací al borde de los ríos que cantan su libertad, confundido con las garzas, los zorzales y las torcazas. Confundido con mi gente que hace parir la tierra, haciendo nacer una nueva vida, desde las entrañas de las pachamamas”.


 
El poeta James Oscco, su obra poètica era una expectativa dentro del panorama de la nueva poesìa apurimeña

Pocas veces la poesía sencilla y pastoral de los pueblos andinos atrapa en estas palabras de James Oscco Anamaría el tiempo natural de las cosas ejemplares, sin el resquicio de ningún perjuicio, ni de ser acusado de lirismo absurdo. Era un lenguaje directo su poesía, casi oral, para ser escuchado en primera persona. En Calcauso (tierra de herranzas y huayllias): todos los niños “lunarejos” recitan poemas. El mismo Ossco habla de su poesía: “quiero que mi poesía sea dulce como el vuelo de los picaflores, ardiente como el fuego de los valles, moledor como la granizada de los meses de octubre”. Me parece escucharlo conversar, hablaba en directo, alternaba el yo “poético” con el "nosotros" de su comunidad, lo plural se volvía en él un mensaje coloquial: “Amo la literatura, porque me permite decir lo que me da la gana, de esta porquería realidad”.


Varios poetas han enaltecido el majestuoso paisaje serrano de Apurìmac, entre ellos: Alcides Acuña Arias, y tambièn James Oscco dentro de la nueva poesía.

Trágico suceso la muerte del poeta. Ossco fue asesinado hace más o menos un año de la manera más indigna y sangrienta, su caso (aparte de ser una “carpeta” policial y un “suceso” político (por ser un escritor y hombre de ideas de izquierda) en la bucólica ciudad de Abancay, visitada y bañada por las armónicas aguas del Mariño, al que le han cantado también y meritos aparte “El romancero del Mariño” de Alcides Acuña Arias, esa “urbe” de Abancay: muchas veces movida por cierta ebullición social y trastocada por el impacto ambiental y cultural del “boom” minero de Las Bambas (por ser sede política y administrativa de la región Apurímac), amenazada por cierta “conurbación” urbana: con la llegada de nuevos emigrantes. No dejo de pensar, casi perdiendo el hilo de la lógica en “El poeta asesinado”, la ficción supera la realidad. La realidad parece estoica, amarga, igual al mismo nombre de aquel libro vanguardista “Le poete assassine” del poeta francés Guillermo Apollinaire.



Estoica realidad: una paradoja de la vida "Le poete assassine" de Apollinaire, trágico final también para James Oscco.

La carpeta del “caso Ossco” parecen varias páginas extraídas de un “guión” para un filme macabro y terrorífico, muy digno de Román Polanski, o una secuencia más de “Los crímenes de la calle Morgue” de Edgar Allan Poe. Los diarios de la ciudad de Abancay y de Lima, así como el “parte” policial del referido crimen de Oscco han testimoniado el desastroso acontecimiento, que hasta el momento sigue siendo un “misterio” para que se inspire Ágata Christie, o el argumento de un “relato” policial de Artur Conan Doyle o de Jack Ritchie, o de las horripilantes “narraciones” terroríficas de Everil Worrell o de Seabury Quinn. Tanta “imaginación” de los asesinos ha sido para dejarnos “ineptos”. Simplemente, no hay justicia en el Perú, señores. El crimen de Oscco sigue siendo “una ecuación sin incógnita”. La vida en Abancay sigue igual, sin jurisprudencia, y sin encontrarse a los culpables del crimen: los asesinos andan libres, y hasta el momento no se ha hecho justicia a sus deudos y familiares. No viene el caso aquí ocuparnos de la crueldad con la que han actuado los asesinos, todavía en las sombras de la impunidad.

Por lo que se ve en los tres libros de James Oscco, prometía ser uno de los poetas y narradores actuales más representativos de la literatura apurimeña actual. Ya el profesor Federico La Torre Ormachea en la Presentación de “Relámpagos de amor” había dicho de este libro: “es anunciador de nuevos y mejores productos literarios”.

Oscco, era hijo y paisano, de la misma comunidad de Calcauso donde nació Juan de Espinosa Medrano “El Lunarejo”, de quién Luis Loayza ha recordado en “El sol de Lima”: “El Lunarejo predicó y escribió en español y en quechua. Sus traducciones quechuas de Virgilio no han llegado hasta nosotros, pero los textos clásicos al idioma de los indígenas peruanos y, al mismo tiempo, integrar el quechua a la tradición de la cultura occidental”.

 Wakcha Gaviota, el primer libro de James Oscco.

James Ossco Anamaría no era un continuador de esa “integación del quechua a la tradición de la cultura occidental”, al contrario era un escritor de confrontación con esa cultura occidental, de la que tal vez deploraba. Aunque respetaba, por cierto, a su paisano El Lunarejo”. El modelo confrontacional de su poética y de su narrativa estaba en la perspectiva de la “utopía andina” de Arguedas. Poeta de una visión premonitoria ante su propia muerte, como Melgar (en la queja doliente de sus yaravies), como Vallejo (la existencia como dolor fatal en "Los heraldos negros"), y como Heraud (en el final de su "Arte poética"), se adelantó ante el desdichado suceso de su muerte:

“Mi cuerpo cadáver, quizá sea: para cóndores, para pumas, o quizá para las águilas, es mejor para ellos; pues dentro de ellos viviré cantando harawis tristes y alegres. Entonces mis pachamamas, mis Apus y mi pueblo Lunarejo tendrán consuelo y esperanza”.

Como Melgar, el poeta Ossco Anamaría se consideró “polvo fino y amante”. Como Vallejo: “cargaría mi cadáver a tu cementerio universal”. Y como Heraud, parafrasendo el poema El Río, el poeta Ossco “acepta la posteridad de su destino”:

Yo soy el camino
tronando
truenos
escupiendo
fuegos
abro
rutas
hacia la costa
hacia la selva
Abro
y abro
abriendo.



Relampagos de Amor, su mejor libro de James Oscco.

La poesía de Oscco, como la poesía de otros poetas jóvenes de Apurímac, estaba en transe de ser una excelente poesía. Por lo tanto mereció siempre nuestra atención y nuestro más profundo respeto. Se ha truncado una parte de este proceso de esta nueva poesía apurimeña. Pero no hay crimen perfecto. Tarde o temprano se despejará la incógnita de esta ecuación todavía inconclusa, puesta allí por la insana mano malévola de los halcones reaccionarios y estúpidos que creen que al haber asesinado a un poeta, podrían callar su palabra, y eso jamás sucede cuando un poeta está ligado a una comunidad representativa y popular. La mano bruta del crimen tiene que pagar su deuda con la verdad, que siempre, al final: se abrirán las puertas de la libertad y la pura verdad. Los que lo han asesinado creen que han callado a un poeta, pero un poeta es su obra, sus poemas y sus palabras. Y la palabra de James Ossco era una palabra sincera: Recordadle siempre, quiso con sus palabras purificar el lenguaje de su pueblo, esa fue su tarea esencial, y por ese empeño de autenticidad debemos aceptar el reto de su mensaje.

Uno puede discrepar con Ossco en muchas cosas, pero no se le puede negar su derecho a la “utopía andina”, fuerza cósmica con la que llenaba todo el posible candor de sus poemas, por querer ser siempre la chispa para incendiar la pradera. Y los poetas, también... incendian praderas. Como quería Bretón en Nadja: la belleza será convulsiva, o no será. La vida se reflejaba en un eterno carnaval en su poesía (el “pukllay taki”). Estoy seguro, James, que los que vienen atrás continuaran la tarea de todos los poetas: hablar en directo las cosas de la vida, por el bien de la humanidad: buscar la revolución total del hombre. La fiesta y la vida continúan. Hacer realidad esta utopía soñanda (en poesía) de cambiar las cosas injustas fue todo el empeño de Oscco, y toda esta ilusión estaba referida en sus recientes libros.




En "Siempre seré águila" James Oscco vislumbro su muerte, destacaba también como narrador.

*TRES POEMAS DE JAMES OSSCO ANAMARÍA
 

MAESTRO FUEGO
Maestro fuego
eres el rastro luminoso
eres tierno manante cristalino
eres fogata y relámpago andino
eres el susurro telúrico
del volcán Misti.

Maestro fuego,
eres página sagrada y herida
de la historia humana
Eres la pluma resistente
de los combates milenarios
Eres la fuerza atrevida
como la ola de Paracas
como las aguas de Mantaro
gestas y transformas
el amanecer de los humildes
Como las montañas de Apurímac
Gallardo avanzas en tus luchas.

Maestro fuego,
eres el rojizo choclo urubambino
eres la papa harinosa andina
desayuno combatiente de los humildes
Enseñadme el vuelo
de los picaflores y cernícalos
para vencer al gavilán traicionero
Enseñadme la melodía
de la lluvia, de los ríos y de los truenos
para danzar en la última fiesta.

Maestro fuego,
venenosos gases
nos persiguen y persiguen
mojad tu pañuelo de vicuña
con las aguas del Amazonas
para divisar el camino.

Circa, invierno 1997.
GAVIOTITA BLANCA

Gaviotita blanca, blanca gaviotita
por ti anduve por los desiertos de amor
sólo encontré playas despobladas
mares y olas revoltosas de amor.

Gaviotota blanca, blanca gaviotita
Por ti anduve por los bosques de amor
Sólo encontré árboles marchitos
Tallos y hojas moribundas de amor.

Gaviotita blanca, blanca gaviotita
Te busqué por las orillas del río
te busqué en la sombra de la retama
sólo encontré nuestros recuerdos.

Gaviotita blanca, blanca gaviotita
déjame tu sonrisa y tu pluma
para escribir melodías de amor.

Mollebamba, primavera 1998.


RELÁMPAGOS DE AMOR


Dulce canto de mis días
Dulce sonrisa de mis noches.

Te conocí en setiembre de relámpagos
cuando las nubes florecían primaveras
cuando los manantes cantaban harawis.

Dulce canto de mis días
Dulce sonrisa de mis noches.

Entre nevados que germinan amores
sembramos sueños de fuego
para que el trigo naciera
como la sonrisa de tus miradas.

Y un día y un día infernal
antes que abrieras tus capullos sonrientes
vinieron tempestades ennegrecidos
e hicieron perder tu dulce vuelo.

Dulce canto de mis días.
Dulce sonrisa de mis noches.

Dicen que te fuiste, allá lejos
lejos de tu mirada cristalina
a cazar la estrella encantada
que se desvaneció en tus luces
una noche revoltosa.

Dulce canto de mis días
Dulce sonrisa de mis noches.

Regresa pronto, pronto regresa
Madrugada y relámpago de mi amor.

Si esto ocurriera
viento y lluvia de mis amores
¡ayayay! Ternura con ternura
trenzaremos puente de aguacero
entre tu tierra y la mía
cantando y danzando
entre los chuños y los maizales.

Dulce canto de mis días
Dulce sonrisa de mis noches.


Chalhuanca, primavera 1999.

febrero 07, 2007

CONTRAPOETICA DE BERNARDO RAFAEL ALVAREZ/ ROGER SANTIVÀÑEZ

CONTRAPOETICA DE BERNARDO RAFAEL ALVAREZ
Por Roger Santivánez
Foto: Armand. En la Foto: Roger Santivàñez en Queirolo.
1
Durante el verano de 1974 el panorama urbano de Lima se presentaba dorado bajo un sol esplendoroso. Las reformas del gobierno del general Velasco cambiaban el viejo rostro oligárquico del país. Se vivía una intensa pasión política que –por supuesto- alcanzaba a la poesía. En el centro de aquella marejada social –representada básicamente por la avalancha migratoria andina del campo a la ciudad de Lima y la emergencia de nuevos sectores populares- había estado el movimiento Hora Zero, fundado en 1970.
Quien redacta este documento era uno de aquellos provincianos trasladado a la capital para seguir estudios de Literatura en San Marcos. A pocos días de mi llegada a Lima y mientras deambulaba entre el Parque Universitario, La Colmena y la Plaza San Martín decidí acercarme al kiosco de libros de Don Néstor Jáuregui sito frente al mencionado parque. Allí uno podía encontrar todas las últimas novedades en poesía. Mientras me deleitaba –digamos- con el recién salido número de Haraui o la primera re-edición de Reinos por La Clepsidra, noté a mi costado a un joven de lacio pelo largo que hacía lo mismo; es decir, chequeaba poesía. Embluyinado, en polo y con la reglamentaria peluca de la época Bernardo Rafael Álvarez volteó a mirarme y desde entonces empezamos una conversación que ya viene durando 33 años.
Lógicamente hablamos de nuestras vidas hasta ese instante. Me enteré que venía de Pallasca –en la sierra de Ancash- tenía 19 años y estudiaba en la Universidad Federico Villarreal. El supo que yo era de Piura, contaba 17 y estaba en proceso de traslado a San Marcos. Luego –era imposible no hacerlo- conversamos sobre Hora Zero. Recuerdo que nuestra actitud era crítica al respecto, pero se notaba en ambos una íntima admiración por aquel movimiento de jóvenes poetas radicales. Caminamos hasta la Plaza San Martín y allí nos despedimos. Un tiempo después –en otro de mis walks cotidianos por el cercado- visité a mi amigo Jáuregui en su puesto y lo primero que me mostró fue un delgado volumen poético denominado Aproximaciones & Conversaciones firmado por Bernardo Rafael Álvarez. Emocionado al ver el nombre del joven poeta que yo acababa de conocer le metí el diente al toque y me gustó su fresco tono coloquial emparentado a la onda verasteguiana de En los extramuros del mundo – en el tema amoroso y la línea lírico-urbana- pero sobre todo por el desarrollo experimental de Intihuatana O’clock el largo texto final del libro. Sentado en un bussing de la 59-A leí en la contratapa que Bernardo decía: “No pertenezco a ningún movimiento, pero trabajo con Hora Zero”. Luego me enteraría que esto se refería a su muy cercana relación con Juan Ramírez Ruíz –uno de los fundadores de HZ- a quien solía frecuentar. Pero lo dicho era en verdad una metáfora, ya que HZ a la sazón se había diluido y ya no existía como entidad organizada desde la aparición del tabloide de marzo de 1973. Por su lenguaje la opera prima de Álvarez podría vincularse a la de quienes conformarían la segunda promoción horazeriana, presentada justamente en dicho tabloide, o sea: Alberto Colán, Eloy Jáuregui, (que aún no han publicado libro), César Gamarra, Rubén Urbizagástegui, Elías Durand, Yulino Dávila, Angel Garrido (todos con obra édita) e Isaac Rupay, fallecido en plena juventud en abril de 1974. La única mujer en esta onda sería Enriqueta Beleván con su poema Para encontrarte en una plaza de Lima publicado en el Dominical de El Comercio y recogido en sus Poemas al estilo de una pintura ingenua. En cierto modo podría relacionarse a esta nómina otro grupo –generacionalmente cercano aunque no perteneció a HZ- conformado por Guillermo Falconí (inédito also) Juan Carlos Lázaro, Fredy Roncalla, Armando Arteaga y Oscar Aragón. Y también Luis Alberto Castillo, Enrique Sánchez Hernani y Jorge Luis Roncal. Toda ésta órbita poética (hablo del primer momento de la creación de estos autores) provendría del tono lírico-urbano acuñado por la obra de José Cerna Bazán y principalmente Enrique Verástegui, ambos al interior de HZ en 1970-71, en patente diferenciación con la línea –digamos- épico-ciudadana que representarían los primeros libros de Jorge Pimentel, Juan Ramírez Ruíz o Feliciano Mejía. Otro buen poeta –de esta primera época fundadora horazeriana- como Jorge Nájar tendría fuentes diversas.

2
Ahora estamos en 1977 - 79 y otra vez una gran agitación político-social sacude el país. Pero ésta vez no son las reformas de Velasco, sino justamente el desmontaje de todas ellas realizado por la dictadura militar fascistoide (al modo del Chile de Pinochet) del general Morales Bermúdez, lo que ocasiona el descontento popular y la intensa revuelta callejera, cuyo punto más alto fueron los paros generales del 19 de julio de 1977 y del 22 y 23 de mayo de 1978. La dictadura militar acorralada convocaría Asamblea Constituyente y elecciones generales para 1980. En este ambiente de agudo enfrentamiento de clases me encontraba una tarde en la azotea del local de la Asociación Educativa Tarea en cuya revista del mismo nombre trabajaba el poeta José Cerna Bazán.
Hablábamos de poesía y política. En dicha oportunidad Cerna me mostró con algarabía un poema denominado K presuntamente dedicado a Kafka, pero cuyo fraseo y resonancias entusiasmaban a José, por su dimensión órfica en el plano del lenguaje y su bien lograda perspectiva política. El autor del poema era Bernardo Rafael Álvarez, quien reaparecía por los predios literarios con esa entrega que –por supuesto- salió en uno de los números de Tarea en esa época y es la composición que abre Dispersión de cuervos segundo libro suyo publicado recién en 1999.
Aparte de unos textos publicados en La tortuga ecuestre Álvarez se había borrado del panorama desde circa 1974. En los días de K circuló un poco por el Wony del jirón Belén, pero luego vuelve a desaparecer por casi todos los años 80. Y ya en los 90s otra vez lo encontramos en la bohemia de Quilca. ( Killka con agua de luz o luz líquida de cebada –dice en un verso del libro que motiva esta nota introductoria). Me contó que había formado familia y se había ido a vivir –y a luchar- a Cantogrande (Dos en el paraíso del canto grande reza otro verso). Para mí –en lo personal- fue una gran satisfacción volver a ver al viejo amigo de los poéticos y juveniles inicios. Y entonces retomamos la primera conversación y vendrían las infinitas noches eternas de Las Rejas, Bar de los Recuerdos, Chino Felix, Cholo Tino, Salinas & Marina, Mamani Pub, Galileo, Camaná, Las Pancitas, Rocola, Don Lucho, China Sarita, el estelar Queirolo y al final El Averno. Recuerdo especialmente los días de mediados de la década cuando con Carlos Jallo y Teófilo Gutiérrez lanzamos el único y solitario número de Killka Blues y Bernardo era uno de los más entusiastas colaboradores. Como quedó dicho, en 1999 lanzó Dispersión de cuervos cuyo lenguaje parece ser una antesala de la obra que ahora nos ocupa.

Foto; Armand, En la Foto: Bernardo Rafael Âlvarez en Yacana.
3
Los bajos fondos del cielo es un libro que –desde el título- nos anuncia su procedencia. Estamos ante una poética del lado sórdido y oscuro de la realidad. Pero que –simultáneamente- nos informa de una belleza contenida en él. O mejor dicho: aún en el cielo (en la paradisíaca belleza) hay bajos fondos, miseria, lugares difíciles, turbios, lumpen. Y más claro todavía: aquellos terribles sitios son también hermosos o pueden serlo a través del ojo y la sensibilidad del poeta: Dentro del hedor / También mora la luz afirma. Y es que desde Baudelaire –como lo explica muy bien Hugo Friederick en su notable Estructura de la lírica moderna- ya no sólo lo aparencialmente bello puede ser sujeto de la poesía, sino hasta lo más feo, bajo, degradado e incluso repulsivo (la famosa carroña baudeleriana) serán dignas de la transformación poética. Este cambio de conceptualización revolucionó la poesía de Occidente y abrió un extraordinario cauce para su desarrollo hasta las Vanguardias europeas y latinoamericanas, así como el Modernism y la New Poetry anglo-sajonas. Y por supuesto el Conversacionalismo hispanoamericano. En esta magnífica tradición se sitúa la obra de Bernardo Rafael Álvarez, un poeta peruano nacido en los Andes ( olor a romero en la iglesia de San Juan Bautista de Pallasca ) cuya migración a Lima, la horrible, lo enfrentará a una salvaje lucha por la vida, en la que primeramente tendrá que conquistar un lugar para él y los suyos: Para asegurar la posesión de mi territorio y lo orino –como el can callejero- y tenga que comer pan crudo pan crudo pan crudo crudote –así con esa voz coloquial- aunque luego nos diga con la convicción de un poeta post-moderno: En realidad yo no pertenezco a nada.
Más allá de la intertextualidad vallejiana o martínadanesca –presentes en el libro- la voz de Álvarez se alza en medio de un mundo en estado descomposición Como agua clara / Desde las alcantarillas y construye imágenes mixtas, es decir, tomadas de la realidad o de la literatura pero fusionadas en un nuevo sentido poético, por ejemplo veamos estas adjetivaciones: bodega adiposa o Maldoror grotesco y este verso que es todo un planteamiento la utopía que no es una isla / ni un pedazo de pan o la rosa de teoría (que es la de Adán en este caso) o la plasmación mística Santa Rosita y sus tormentos zumbando en una gota de rocío. Así este lenguaje deviene crítica del entorno contradictorio: En este país / Cóncavo / Cinerario / Candoroso en el cual el poeta llega a decir Y trino / Como ave descuajeringada / Mientras la ciudad excreta / Los rigores de la sociología y los gobiernos. Es decir, una alta conciencia pública e intelectual monitorea los poemas, pero es una que lo afecta en lo personal: Nada me pertenece / excepto la llaga de la experiencia, y a pesar de la dura costra de la vida cotidiana ya que nos constata Tengo el alma de piedra pómez.
Como la de toda la generación crecida por los días de la inmolación del Che Guevara en Bolivia (1967) y antes de la caída del muro de Berlín, la sensibilidad de Álvarez es de izquierda, pero con un matiz particular: mi marxismo sensorial dice el poeta y frente a la realidad nos espeta sin remilgos Agg puf plaf un eructo significando que a veces no nos queda sino un gesto de asco o una interjección y entonces la poesía se convierte en el libelo del repudio / O la belleza de las vísceras. Eso es, poesía visceral, descarnada, testimonio del caos y la putrefacción social, mental y cultural, desde donde se levanta una contrapoética que está contra toda poética, es decir por la creación de una nueva música verbal, quizá embarrada. Así entendemos que el poeta nos informe de su propio ismo denominado Acaso sucielismo y nos alcance este verso de neto corte expresionista: Una sudorosa sonata canta el carro / De la Baja Policía.
Hay un poema específico sobre el que queremos llamar la atención. Se trata del texto De la Divina Hoguera por su excelente confección y la verdad que transmite. A partir de su aparente e impactante apología al mal: Mi demonio no es el de Sócrates ni el de Baudelaire (aunque sí lo es como vimos al principio del punto 3 de esta nota) la dicción discurre en un muy bien conseguido ritmo hasta una desgarradora verificación, su diablo le ha enseñado al poeta a lamentarme por haber nacido / y ser la carne corrupta de ningún poema. Drástica negación de la poesía y elogio de ella misma. Más adelante nos queda claro: Es mi resurrección e indulgencia / La Palabra. Y en medio de ceviche y chanfainita y de los sueños viajando en combi está el afecto: nuestra mirada se cuartea lánguida y sin malicia en el amor. Ya sea por la ternura de un vástago: He visto la sonrisa de mi hijo menor / Irreversible nutricia solar o por la amada compañera: Echo raíces sobre el asfalto / A ver si sobrevivo al fulgor de tu sonrisa.
Llegamos a la parte final del poemario, titulada Cielo Raso donde quizá la violencia verbal se suaviza un tanto, a pesar del autoreconocimiento de lo que podríamos llamar nuestro ser nacional: En la raíz tuberosa de la conciencia retorcida leemos en uno de los cuatro poemas que la conforman. Y para que no quede ninguna duda de su firme adhesión a la poesía –a despecho de la contra-poética- el poeta nos entrega una especie de Ars Poeticae con resonancias de wayno andino: manzana mía / manzana mía y en donde declara enfático y escrito en peruano: Pero mi obsesión eres tú / Poesía desnuda Poesía calata. ¿Para qué más?
No dudamos que con este nuevo libro Bernardo Rafael Álvarez se sitúa en un avanzado paso del desarrollo del lenguaje de Hora Zero -y por eso la caracterización que hicimos al comienzo de estas páginas- dentro del concierto de la poesía peruana que nació hacia 1970 y se prolonga hasta nuestros días. 2 + Bernardo.

[Roger Santiváñez. Orillas del río Cooper, 4 de enero de 2007].
VIDEITOS MANDAN:

febrero 01, 2007

LA LITERATURA EN TUMBES/ ARMANDO ARTEAGA

LA LITERATURA EN TUMBES:

   Imagen tipica en Tumbes.

¡CERCA DEL “ECUADOR” DE MICHAUX!  ¡LEJOS DEL PERÚ!
Por Armando Arteaga

El poeta tumbesino Alfonso Vinces Davis tenía un aire de charro mexicano, allá por los finales del los setenta, mientras bebíamos algún néctar de verano y conversábamos de literatura. ¿De dónde eres? -le pregunté-. Alfonso Vinces Davis me contestó de la manera más natural: ¡Cerca del “Ecuador” de Michaux!.* ¡Lejos del Perú!. Ya lo sabía, era de Tumbes, nada menos.

Yo había estudiado mi primer año de primaria en la frontera tumbesina, de manera que estaba familiarizado con los escenarios y la problemática de la cultura tumbesina. Vinces Davis conocía muy bien lugares como “Cabeza de Vaca”, “Guineal”, “Ucumares”, o “Garbanzal”, y sabía por supuesto mucho más que este modesto interlocutor de whiskies a las rocas, y de la cocina de pescado y de mariscos que es el plato fuerte de la cultura “viva” del norte peruano.

Alfonso Vinces Davis.

Con Vinces Davis nos hicimos amigos, y con premura me presentó a Rigoberto Meza Chunga, quien acababa de publicar su libro “Canto a Tumbes”, y se encontraba preparando su “Primera Antología de la Poesía de Tumbes”, por lo que me solicitaba algunas sugerencias, más tarde Rigoberto me sorprendió con la publicación de su “Dodecaedro”, y mucho después todavía con sus “Leyendas y tradiciones tumbesinas”, que lo ubicaba como el escritor más orgánico de la literatura tumbesina (a pesar que fue, porque ya no está con nosotros, un discreto talareño).

Los esteros y manglares de Tumbes.

Siempre que he podido, he regresado a Tumbes, y cada vez he cuestionado el marasmo cultural que padece por culpa de sus autoridades locales, pero también he celebrado sin ambages, con algunos de sus poetas, la fuerza insurgente de su nueva literatura, de su gran perfil logrado, al separarse de la influencia tutelar literaria de su hermana gemela: Piura.

Alguna vez, encontré paseándose por las calles de la septentrional Tumbes, a los viejos y entrañables maestros: a Mario Florián y a Francisco Izquierdo Ríos, con quienes compartimos largas conversaciones en esa visita. Bromeaba con Don Pancho Izquierdo diciéndole que en los esteros y los manglares de Tumbes bien podríamos llevar al cine su cuento “Tito y el caimán”, a cuya ocurrencia mía Don Pancho celebraba con chicha tumbesina, y picaba sus zarandajas con pescado y chifles. Yo le recordaba –en el mismo instante- a Mario Florián que al poeta ecuatoriano Alfredo Gangotena (ingeniero de minas, afrancesado, rara avis de nuestro simbolismo y surrealismo hispanoamericano) también lo deslumbraron en sus páginas barrocas los atardeceres de Zorritos y de Puerto Pizarro.


"Canto a mi patria india" de Vinces Davis.

Pero, volviendo a la literatura de Tumbes, he leído con cierta admiración a otros escritores tumbesinos: a Félix Hugo Noblecilla Purizaga y sus “Cuentos ecológicos”, a Carlos Garrido Chalen y su “Palabra secreta”, a Andrés Lavalle Dios y su “Mural”, a Alfonso Vinces Davis y su “Canto a mi patria india”, a Julio Chiroque Paico y su libro “Los gallos vigilantes”, a Eduardo Avalos Bustamante y su “Balada del muchacho que partió”, a Carlos Yacila Peña y su “Canto al hombre de América”,  y también,  a Rigoberto Meza .y su "Dodecaedro".

"Dodecaedro" de Rigoberto Meza.

La poesía tumbesina tiene también otros representantes destacados, en la memoria, trataremos de hacer un rápido inventario que pueda servir como un esquema para demostrar la insurgencia de esta nueva poesía que va desarrollando su propio matiz:

-Félix Moran Davis y su libro “Itinerario de vida”
-Víctor Correa Dioses y su libro “Vocales poéticas”
-George Ocampo Prado y su libro “Humanidad”
-Walter Flores Aguilar y sus libros “Lluvia”, “Travesía Continua” y “Estación rutinaria”.
-Aura Vega Olivos y su “Lluvia azul”
-Santiago Medina Ríos y sus libro “Cumaneando”
-Gladys Maritza Rosillo Moran y su libro “Tinieblas en el día”
-Marco Antonio Cabrera Atoche y su libro “Vestigio de lo cotidiano”
-Francisco Martinez Barreto y sus libros “Poemas de un solitario” y Poemas de la melancolía”
-Juan Santos Chulle García y su libro “Los Tumpis y ...otros poemas”
-Eduardo M. Velásquez Cum y su “Poemario”
-Ricardo Pablo Rumiche Herrera y su libro “Poemas”
-Heriberto Panta Chune y su libro “Cumananas del pueblo para el pueblo”
-Salomón Vásquez Villanueva y su libro “El silencio de mi pluma”
-Alejandro Vidal Díaz y su libro “El sol de la razón”
-José Félix Reaño Álvarez y su libro “Antología Otoñal”, poeta al que falta reivindicar.
Las nuevas generación han realizado su aporte literario con los trabajos de Harold Stipf Alva Viale (el más destacado de todos con sus libros “Antes de abandonar la sombra”, “Cañaveral: Libro de Tierra, “Sotto voce” y “El sonido de la sangre”), viajan con él también en estas nuevas voces: Jorge Alexander Silva Moran, Nicanor Chiroque Samame, Luis Abel Quiñónez Zapata, Baltasar Benito Castillo Hidalgo, Yessenia Quispe Cruz, Martín Cornejo Infante, Guillermo Hidalgo La Rosa, Ana María Maizondo Díaz, Fernando Ortiz Chávez, Fernando Panta Moran Edson Fernández Porras, y Héctor Preciado.

Puerto Pizarro.

En la narrativa, se puede decir que la prosa en Tumbes ha ido de la mano con la poesía. José Dolores Silva Dioses es el ¨pioner” de la narrativa tumbesina. Ricardo Noblecilla Morán empezó publicando “Receso”, una novela corta, la primera de su genero en Tumbes. 

Rigoberto Meza Chunga

Me parece que es Rigoberto Meza Chunga quien ha llegado a los niveles muy destacados en narrativa, lo mismo que Manuel Añazco Ruiz y su libro “Don Sata, el rey de los esteros”, David Torres Celi y sus “Narraciones ecológicas”, Samuel Ocampo Huaman y su libro “La sicología del charán y otros textos”, Juan Santos Fulle García y “El maléfico”, Wilson Puell Mendoza y sus “Pinceladas”, Donatila Mogollón Dioses y su libro “Juanito y el lagarto dorado”, Víctor David Feijoo Saavedra y su libro “EL niño del cajón verde”, se suman a estas versiones y otras miradas de Tumbes en su narrativa, otros escritores como Carlos Apolo Torres por su relato “el Vaquero de Pampa Quemada”, Santiago Medina Dios, Alejandro Vidal Díaz y su libro “Juan gringo el vendedor de pescado”, Víctor Correa Dioses, entre otros.
Michaux "ibidem" Ecuador, el libro iluminado de su viaje.

Aunque han fallecido, demasiado jóvenes, varios de estos escritores tumbesinos como Alfonso Vinces Davis, Rigoberto Meza Chunga, Eduardo Avalos Bustamante, y Julio Chiroque Paico, paradójicamente, son sus escritores más representativos, sin embargo la literatura en Tumbes tiene mucha fuerza, y se va a seguir desarrollando, por impulso propio y autónomo, a pesar de todo el olvido republicano en el que se le ha abandonado, por ser región fronteriza con el Ecuador (de allí la alusión de lejanía expresada por Vinces Davis), dejando ya la tutela y el magistrado (hablo en lo literario) de su vecina: la magnética Piura, en horabuena.
El poeta y pintor Henri Michaux.



Dos pinturas de Michaux.

*Henri Michaux, poeta belga-francés, amigo de Gangotena y Supervielle, que escribió su libro “Ecuador” de gran dimensión poética y metafísica, y “L´infini turbulent”. La referencia de Vinces Davis es al libro "Ecuador" de Henrí Michaux, un diario de viajes del poeta a sus 29 años, de apuntes breves y directos, su peripecia por los andes de Ecuador y por la selva amazonica peruana. Navegó por el río Napo para llegar a Iquitos en 1928. El  viaje es su arrebato mundano hacia lo exótico, buscando la belleza de la tierra desconocida.

enero 30, 2007

SI SE HA DE ESCRIBIR CORRECTAMENTE POESÍA/ ENRIQUE LINH

SI SE HA DE ESCRIBIR CORRECTAMENTE POESÌA
ENRIQUE LINH


Si se ha de escribir correctamente poesìa
no basta con sentirse desfallecer en el jardín
bajo el peso concertado del alma o lo que fuere
y del célebre crepúsculo o lo que fuere.
El corazón es pobre de vocabulario.
Su laberinto: un juego para atrasados mentales
en que da risa verlo moverse como un buey
un lector integral de novelas por entrega.
Desde el momento en que coge el violín
ni siquiera el Vals triste de Sibelius
permanece en la sala que se llena de tango.
Salvo las honrosas excepciones las poetisas uruguayas
todavía confunden la poesía con el baile
en una mórbida quinta de recreo,
o la confunden con el sexo o la confunden con la muerte.
Si se ha de escribir correctamente poesía
en cualquier caso hay que tomarlo con calma.
Lo primero de todo: sentarse y madurar.
El odio prematuro a la literatura
puede ser de utilidad para no pasar en el ejército
por maricón, pero el mismo Rimbaud
que probó que la odiaba fue un ratón de biblioteca,
y esa náusea gloriosa le vino de roerla.
Se juega al ajedrezcon las palabras hasta para aullar.
Equilibrio inestable de la tinta y la sangre
que debes mantener de un verso a otro
so pena de romperte los papeles del alma.
Muerte, locura y sueño son otras tantas piezas
de marfil y de cuerno o lo que fuere;
lo importante es moverlas en el jardín a cuadros
de manera que el peón que baila con la reina
no le perdone el menor paso en falso.
Quienes insisten en llamar a las cosas por sus nombres
como si fueran claras y sencillas
las llenan simplemente de nuevos ornamentos.
No las expresan, giran en torno al diccionario,
inutilizan más y más el lenguaje,
las llaman por sus nombres y ellas responden por sus nombres
pero se nos desnudan en los parajes oscuros.
Discursos, oraciones, juegos de sobremesa,
todas estas cositas por las que vamos tirando.
Si se ha de escribir correctamente poesía
no estaría de más bajar un poco el tono
sin adoptar por ello un silencio monolítico
ni decidirse por la murmuración.
Es un pez o algo así lo que esperamos pescar,
algo de vida, rápido, que se confunde con la sombra
y no la sombra misma ni el Leviatán entero.
Es algo que merezca recordarse
por alguna razón parecida a la nada
pero que no es la nada ni el Leviatán entero,
ni exactamente un zapato ni una dentadura postiza.

ANTOLOGIA DE LA POESÌA LATINOAMERICANA (1).

enero 24, 2007

MELODÍAS PARA REFLEXIONAR/ MANUEL VELÁSQUEZ ROJAS

MELODÍAS PARA REFLEXIONAR
Dr. Manuel Velásquez Rojas[i].



En Huari, Ancash: Armando Arteaga y Manuel Valàsquez Rojas (poeta y maestro universitario, autor de esta reflexiòn crìtica sobre la poesia de Ricardo Falla, poeta del grupo Gleba y de la Generaciòn del 70).

El libro Interludios de Ricardo Falla Barreda es un poemario de espacios culturales. En el pasado tiempo, los seres humanos escogían, de los numeros santos que moran en el cielo, algunos para venerarlos en su capilla particular. Hogaño, dicha religiosa costumbre, ha sido reemplazada por otra laica y terrenal. Me explico: algunos poetas, es el caso de nuestro amigo Ricardo Falla, necesitan dar a conocer las individualidades creadoras que admiran, y que, por la recurrencia en la vida de los poetas, realmente, han pasado a la categoría de amigos. Cuando este hecho singular, creo yo, que se expresa el sentimiento de iconofilia, valga este neologismo inventado por mí, para significar que nuestro iconos son camaradas inseparables de nuestra existencia. Los iconos que llenan los espacios culturales de los poemas de Ricardo Falla, pertenecen a la historia, la literatura, la música y a la ficción. Ahora, permitidme una breve digresión o un flash back existencial. Ricardo Falla en sus orígenes literarios, era parte de un grupo de poetas que caracterizaron su poética con una temática realista, popular y urbana (la ciudad de Lima creció con sus versos), y establecieron, además, las formas coloquiales, y los versos de largo aliento. Es cierto que estas características los hicieron distintos, y ahora ya no distantes de la generación que los precedió, la de los años 50. Este grupo poetas, nuevo y novedoso, nació con el nombre de Gleba, quizá haciendo honor a un poema, con el mismo título, de César Vallejo; la historia del grupo continúa, más tarde se proclamaron Nueva Humanidad y, finalmente, con ausencias calladas y opositores activos, se llegó a Hora Zero, este último calificativo con mayor ruido mediático. A este conjunto de poetas, unidos por el tiempo pero distintos en sus creaciones individuales, se les llama la Generación del 70. Ricardo Falla es un de los ganfaloneros de esta generación, por su vocación y condiciones de liderazgo poético, que más tarde se rearfirmará con la publicación de su primer poemario titulado Pequeña historia de conciencia (Lima, 1971), luego vino su polémico Contra viento y marea (Lima, 1973), y los poemarios de madurez Mi Capital, con prólogo consagratorio del poeta Alejandro Romualdo 1979, y Poesía abierta, editada en 1982.
De un primer registro de manifestaciones formales, podemos afirmar: de los postulados de la poética de la Generación del 70, Ricardo Falla conserva el coloquialismo, pero ahora no es la conversación que una tradicional calle de Lima se puede escuchar. No. Ahora es un diálogo con los iconos preferidos por Ricardo Falla. Coloquio que recrea un espacio cultural para el icono y su trascendencia. Se conoce que todo poema ofrece un hablante lírico que es el que modula los versos, es decir es un yo especial solo existente en el poema. Cuando se trata de un poema conversacional, el yo especial pregunta, acepta respuestas y reflexiona sobre los temas planteados. Es un yo y a la vez un tu. Estimo que estas consideraciones iniciales posibilitan y son las necesarias para una aproximación de crítica literaria a los poemas de este libro sustancioso y sustantivo. Exploremos algunos poemas cuyos espacios están ocupados por personas culturales.
El poema Epístola a Amarilis con un fraseo hermoso y a la vez inquisitivo, nos da a conocer las inquietudes de un yo poético que admira a la poetisa del siglo XVII, que se le recuerda, precisamente, por su Epístola a Belardo, que, como todos saben, fue dirigida a Lope de Vega, y en la que esta monja de clausura le declara su amor platónico y le pide que eleve sus versos en elogio de Santa Dorotea. Esta poetisa ha concitado interrogaciones a todos los estudiosos de la literatura peruana que, han pretendido, en hipótesis aventuradas, determinar su nombre, linaje y trayectoria vital. Ricardo Falla en verso sutil y preciso la llama “poetisa de la incógnita”, y luego de platicar largamente con ella, le reclama que devele sus misterios, y le dice así: “Pero tu como idilio eterno/ danos el lugar exacto por donde asciende el aire/ en esta imagen/ en esta tierra/ en el tiempo esculpido por la luz/ y así sabremos como eras/ y como fuiste en la tierra y en la frente”.
Un tema recurrente, en el periplo poético de Ricardo Falla, es reclamar la justicia entre la sociedad humana. Noble empreño que valoramos más, cuando más injusta es la sociedad en que vivimos. Por eso su poema En el espacio Quijotal – para mi sentir – es uno de los poemas más logrados estéticamente, porque ha unido en armonía feliz su inquietud de identidad individual, su admiración por el Quijote (como personaje eterno de la literatura), y su demanda a seguir sus enseñanzas de justicia, y en pos de un ideal de fraternidad humana. Cervantes logró decirnos que la justicia es la razón de un loco, que vive como héroe para sí, aunque desdeñado y befado por los que siempre defienden la razón de las injusticias. El poeta Ricardo Falla, nos habla a sus lectores, con versos que revelan un compromiso hermoso: “No olvides que los cuerpos son sueños/ no son vida/ y el mirar con violencia al mundo/ desintegra la realidad del amor”.
Pero el registro del yo poético, de Ricardo Falla, es amplio como lo apreciamos en los significativos poemas Ante los ojos de Joseph K, Bajo el viento de Ulises, Variaciones ante el mundo de bronce, que esta dedicado al Señor de Sipán, en un vínculo que, a través del canto de admiración, se va revelando la identidad del ser peruano en todos los tiempos. Ofrece, el poeta Falla, además otros poemas como A Carmen de Bizet, Secreto a voces, y el aleccionador Escrito para la memoria de un joven poeta. Me detengo para expresar, mi deleite personal con la elegía La hora de John. Recorrer el siglo XX es descubrir que fue un siglo extraordinario, y que su música popular revolucionó los conceptos y la praxis de escuchar música, de sentir la música. Bastaría citar algunos de sus exponentes para justificar mi aseveración. Nombres como los de Carlos Gardel, Celia Cruz, Los Panchos, Juan Manuel Serrat, Teresa Parra, Lucha Reyes, y, por cierto, Los Beatles, hicieron más hermosa y libre la vida del siglo XX. Y el poema de Ricardo Falla, presenta al personaje de John Lennon que nació en 1940, en Liverpool. Su vida fue un ejemplo de creación musical, y sus opiniones militantes defendiendo la paz provocaron aplausos en los hombres de buena voluntad, y rechazos fanáticos de los belicistas. Un violentista, amante de la muerte y de la guerra, le quito la vida a John Lennon, en Nueva Cork, el 8 de diciembre de 1980. Y el poeta, en el libro que esta noche celebramos, nos dice: “Una vez John en sus invenciones de piano/ hizo del placer tendido las tenciones del corazón/ los registros de la resurgencia/ el centro de las perplejidades/ la creación de lo irreal/ la música capaz de encender momentos/ y escribió y entonoó/ y entonó y escribió/ lo que los sentimientos de cada hombre/ desean cuando ven con tristeza los momentos de la tierra/ en un tiempo de venganza/ y aspiración de muerte”.
El poeta francés Arthur Rimbaud, en un verso célebre afirmó: “Yo soy otro”. César Vallejo, en un poema nos dice: “A lo mejor, soy otro” y, creo, que la lista de los poetas que padecen este desdoblamiento es numerosa. Señalo una idea para comprender este fenómeno de la poesía occidental. La vida nos obliga a ser un individuo atenazado por el poder político, religioso o económico, lo que obliga a resguardar parte de nuestro ser (“otro yo”) para que no muera contaminado. El yo poético, de Ricardo Falla, nos entrega el poema Centinela, en esta pista poética de ser dos en uno. Él dice: “Mi casa tiene un centinela/ sé quien es/ pero no se de donde vino/ ni porque me cuida de los ruidos del mundo/ (…)Él como nadie sabe/ que la realidad da vueltas/ y vueltas y cambia/ sabiendoque hay una cosa que no cambia/ cuidarme la vida/ y no dejar pasar la muerte”.
Un bloque integrado por algunos textos muy valiosos presenta como tema fundamental: el amor y el hogar. Así Caminar a tu lado, A un verso que llega, Entre el cantar y la sombra, Para una melodía en flor de luz, y Sueño por los silvestres dibujos de tu cuerpo. El yo poético, posee ya la madurez de la vida y su forma de sentir y hablar del amor es hermosa, pasional, y a la vez simbólica, con descubrimientos, y resplandores humanos y estéticos. Este sentimiento está a la vez acompañado de la voz poética que une a la pareja. Cada amor es único, un milagro distinto para cada ser. Es uno de los dones de la vida, porque une en intimidad ilimitada y protege la supervivencia de la especie. Digo y afirmo, finalmente, que con la lectura de tus poemas, Ricardo Falla, he crecido como ser humano: me he acercado a los paradigmas culturales y con nuevas visiones los vuelvo a colocar en sus altares. He reflexionado sobre temas de la esencia de la poesía y del destino del ser humano. Y he contemplado una visión de amor ejemplar y bella: por todas estas cualidades de tu libro, te felicito Ricardo Falla, y te reitero, hermano en la poesía, hermano en las lides universitarias, hermano en la búsqueda y anhelo de un mundo mejor, gracias por tu libro y tu amistad.
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[i] Manuel Velásquez Rojas: Dr. en Literatura, profesor universitario, poeta de la Generación del 50. Ejerce la docencia universitaria en el Post Grado de la Universidad Nacional de Educación, La Cantuta, y en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Es autor de estudios sobre César Vallejo, J. M. Arguedas, entre otros, así como de varios libros de poemas.